Las largas colas de coches que se formaron alrededor del Autocine de Madrid sobre las ocho de la tarde del 15 de enero daban pistas de lo que iba a pasar. Natos, Waor y Recycled J, Hijos de la Ruina en su conjunto, presentaban el cuarto volumen de su joint venture en una listening party, y era imposible evitar los atascos. Para el no autóctono, la cita era poligonera, entre naves y descampados, y ese preludio parkinero solo aumentaba la sensación de la fiesta clandestina que los tres protagonistas pudieron querer montar. Una rave llena de North Face como aquellas que en casas okupas frecuentaba el trío hace más de diez años y que hoy siguen presente en sus letras y ambientes.
Ni la lluvia quitó las ganas a un público fiel e ilusionado por escuchar el nuevo álbum en primicia, titulado Hijos de la Ruina Vol.4. Los accesos al aire libre, sin cobertura ninguna, no ofrecían ninguna protección contra el agua, pero daba igual. Las capuchas venían al pelo tanto estética como meteorológicamente. Lo importante era pillar sitio lo más cerca posible. El inicio estaba previsto a las nueve, y pasado el minuto de la hora prevista, los pitos de impaciencia ya resonaron por el invernadero del escenario. Como respuesta, una cuenta atrás aparecía en los visuales. Diez segundos de cronómetro para que sobre los escombros de atrezzo del tablao se subieran las tres estrellas del rap madrileño.
Con seis ceros en el contador, se encendía una cámara en la pantalla. Recycled J se colocaba en el centro del plano desde el backstage, manteniéndose cabizbajo hasta que el ángulo cinematográfico llegó al primer plano. Entonces, una sonrisa, la suya característica. Daba comienzo la listening party, entre gritos acalorados del público, y en orden salían Jorge, Gonzalo y Fernando. El primer tema era el primero de la nueva tracklist, Otra vez, y de nuevo Hijos de la Ruina volvían al ruedo. Otra vez, con un disco que apuesta por lo oscuro y la crudeza en lo temático, y mezcla de electrónica, boom bap, trap y guitarras rockeras en lo sonoro con toques de R&B y latino que actualiza su sonido.
Todos sabemos que las escuchas públicas son un poco autoregalo, y esta no podía ser menos. Cantada la primera canción del disco, se presentó a todos los músicos que han participado en el disco: BatzOut, Pablo Gareta, The Iconics, Jackstone, SokeThugPro o PMP, entre otros, se subían para acompañar las voces de la ruina como otros de sus hijos, sumándose a su propia fiesta inmediatamente después que los protagonistas. Cada uno, con un pikete negro que parecía ser el código de vestimenta de la noche, demostraba que no cabía en sí mismo y que había venido a disfrutar. Para cuando Bajo zero sonaba en los altavoces, el tiny desk barrial ya estaba montado, con sus copas, sus cigarros y sus abrazos indiscriminados cuando se chocaban.
Durante todo el desarrollo de la presentación, cada canción contaba con un karaoke en los visuales. Nadie duda de que todos los presentes se sabían la discografía del grupo antes del 15 de enero, pero esta parte, por motivos evidentes, era complicada. Nada que no solucionara un lyric video de toda la vida. Gracias a ellos, los pulmones saltaban como si el Vol. 4 hubiera salido hace meses y casi estallaban cuando las colaboraciones del disco eran anunciadas. La primera fue la de Cano, quien firma Penas y glorias y, al ser la primera, hubo esperanzas de que el mismo cantante apareciera por ahí. No fue el caso, ni en el suyo ni en la mayoría del resto, pero bueno, alguna sorpresa sí que hubo.
Uno de los momentos cumbre fue la presentación de Hijos de la capital. Después de tantos años, esta es la primera referencia entre dos pilares del rap madrileño. Dado el gusto por el anonimato de Charlie, era muy optimista pensar que iba a aparecer, pero su ausencia y la de Nasta dolió bastante. Igualmente, las pellas de Lia Kali y Cruz Cafuné fueron otro balde de agua, pero por suerte, Selecta y Suite Soprano vinieron después a salvar los muebles. Este es el primer volumen de Hijos de la Ruina con colaboraciones, y lo cierto es que sonaron muy naturales y contextualizadas, notando que los tres se han querido acercar a otros artistas como en el caso de No sé y Ahá, donde parece que son ellos los que se han acercado a compartir con la catalana y el canario respectivamente.
Estando Recycled J en un grupo es imposible que Selecta no tenga nada que ver con el proyecto, y Madriz ha sido el tema producido por Pablo para este disco. Una canción hardcore que acompaña sonoramente toda la discografía de Hijos de la Ruina y que sigue el ambiente del volumen 4, con un ambiente oscuro y crudo que recuerda por qué se llaman como se llaman. Sule B y Juancho Marqués también se subieron encima del autocine de Madrid para cantar Nada ha cambiado, una referencia que apela a la nostalgia y deja claro que los dos grupos siguen igual de unidos que en los últimos diez años.
La noche iba acabando para todos, aunque suene difícil de creer siendo quienes son. Hay que decir que las decantadoras ya tenían poco whisky, y sin elixir todo tiene menos caché. Como si fueran las últimas horas de una fiesta, Cuando nadie nos mira fue una despedida con mucha melancolía. Un repaso a sus carreras y una lista de agradecimientos a familiares y amores, los cuales, aunque fueron recurrentes durante todo el show, aquí sonaron más contundentes. No había tiempo para bises y, con alguno con la lagrima a punto de salir, puede que tampoco mucho cuerpo. Tocaba entrar en la intimidad y eso siempre se respeta.
Encendidas las luces, el Hijos de la Ruina Vol.4 ya estaba publicado en plataformas, pero durante un rato, los presentes fueron los únicos en el mundo que lo habían escuchado. Ahora viene la gira y los conciertos, entrevistas y crónicas que vayan contando todo, pero el 15 de enero, solo unos pocos habían escuchado la última entrega del grupo compuesto por Natos, Waor y Recycled J.
Track favorito: Los niños del barrio
