Que la escena musical vive cada día más sometida a la dictadura de TikTok y sus algoritmos es una realidad. Quince segundos pueden bastar para convertir un tema en un fenómeno viral, poner una canción en boca de todos o catapultar la carrera de un artista que acaba de empezar. Quince segundos son, precisamente, una de las duraciones que popularizó la plataforma para los vídeos con audio. También es el título del nuevo EP de Grecas, un trabajo tan extraño como, quizá, necesario que, con sus seis canciones, suma una duración total de un minuto y treinta y un segundos.
Y es que quien avisa no es traidor. Grecas ya dejó clara su postura hace un tiempo en Kan Saito, un tema en el que el rapero expresaba su hartazgo con la situación de la música actual y con el postureo que había empezado a percibir en sus conciertos: “Ya no puedo ser profundo. Saco un tema y solo escuchan los quince segundos (brainrot). Me cago en TikTok y me cago en el mundo”, escupía sin rodeos. Una declaración de intenciones que llegaba incluso a poner sobre la mesa la posibilidad de dejar la música si todo seguía por ese camino.
Pero, como suele decirse, si no puedes con tu enemigo, únete a él. Y Grecas no se ha ido a ninguna parte, sino que ha decidido llevar la contradicción hasta sus últimas consecuencias. Seis canciones, alrededor de quince segundos cada una. Un EP que parece reírse de quienes consumen su música como una excusa para grabarse un TikTok, presumir de haber estado ahí y pasar al siguiente estímulo. Pero el experimento consigue darle la vuelta a la jugada: al ofrecer únicamente fragmentos, Grecas despierta precisamente aquello que parecía haberse perdido: las ganas de escuchar los temas enteros. De pronto, esos quince segundos ya no bastan.
Lo único que cambia realmente es el formato. La esencia del rapero sigue ahí, más viva que nunca. Breve pero claro. Fugaz pero reconocible. Grecas aprovecha para dejarnos algunas barras memorables que, precisamente por su brevedad, se quedan dando vueltas en la cabeza. En Un buen jamón, por ejemplo: “Podría ser Bad Bunny pa llevarte a Nuevayol, pero soy el Grecas baby, te llevé a ese mirador”. También hay espacio para perlitas como “Tengo el inglés de Rosalía en Euphoria” o “Cincuenta pavos al repartidor, soy el novio de la Pombo”, referencias que cualquiera con un mínimo de lore de internet pillará al momento.
Cuando terminas de escucharlo, te planteas qué hay realmente detrás de todo esto. Si se esconde una estrategia de marketing, una crítica a la industria musical o tal vez una provocación a quienes viven atrapados por el scroll infinito. Quizá un poco de todo. Porque 15 segundos funciona precisamente gracias a esa ambigüedad: no necesita explicar demasiado ni posicionarse de más. Le basta con llevar la lógica de las plataformas hasta el absurdo para dejar en evidencia sus contradicciones.
Grecas parece haber entendido la trampa: si cada vez hay más gente que quiere escuchar solo quince segundos, dales quince segundos. Y espera a ver qué pasa. Lo que queda por descubrir es si este experimento se limita a una jugada ingeniosa o si puede servir para señalar un problema real en nuestra forma de consumir música. Sea como sea, lo que no puede negarse es que nos hemos quedado con ganas de más. Porque, efectivamente, quince segundos nunca han sido suficientes.
Track favorito: Manolo Bakez.