Daniel Sabater
Amor en minúscula
Muchas cosas han pasado desde que Daniel se imaginaba encima de un escenario ante miles de personas, mientras veía alguna escena musical de High School Musical o Camp Rock: desamores, pérdidas repentinas y una abrupta llegada a la vida adulta a sus 22 años. Los éxitos no han sido precisamente pocos a pesar de su corta carrera, que rápidamente catapultó sus canciones a más que envidiables cifras, cuando la pandemia nos obligó a encerrarnos en casa.
Entrevista extraída de ACERO vol. 3, publicada en octubre 2022. Hazte con tu copia aquí.
De todo eso, y de lo complicado que puede ser encontrarse uno mismo en la vorágine de la fama, habla su álbum debut, ya se me pasará. Todavía soñador, aunque con los pies atornillados al suelo, este murciano ha convertido su caos personal en un bedroom pop celestial. Lo ha hecho cuidando hasta el último detalle, “soñando con darnos el disco más bonito”, y con una melancolía tan devastadora como las historias de todo lo que pudo haber sido y nunca fue que él tanto odia.

Huyendo de la obsesión por los streams, y solo dejándose guiar por su afilada intuición, en este disco Daniel nos deja la puerta abierta a su hipnótica intimidad para entrar cuando necesitemos a alguien que nos recuerde que, al final, sin saber cómo, todo pasará.
¿Cómo ha ido la sesión de fotos?
Súper editorial, todavía no estoy acostumbrado. Había varias modelos, un montón de estilismos más atrevidos. Ha sido un día intenso, pero divertido.
¿Qué tal llevas lo de ponerte delante de una cámara?
Siento que tengo dos personalidades que voy activando y desactivando, como Hannah Montana: una es muy tímida, no le pega nada; y en la otra, me meto en el papel y me lo paso bien.
En el directo de Instagram con el Martini se te veía muy cómodo.
Son momentos. En otros, me puede dar más miedo, pereza o sentido del ridículo hablar de mis cosas o exponerme mucho, porque al final esta vida es muy pública.
¿Tienes un gran sentido del ridículo?
Creo que no. Cuando me subo al escenario o grabo un stories, me cuesta poco meterme en el papel y decir, esto es lo que hago. Hay una parte de mí que, en realidad, nunca ha sido especialmente extrovertida.
ya se me pasará da título a tu primer álbum. ¿Te lo imaginabas así cuando subías covers a Youtube?
Para nada. Cuando empecé a hacer música, realmente nunca tuve claro cómo iba a ser mi carrera, y casi cada dos meses iba cambiando de idea. Estoy experimentando, y ahí sigo. No tengo muy claro quién soy, ni a qué sueno o voy a sonar. Esta es la pregunta que peor llevo, solo sé que me gustan muchas cosas. Ahora estoy trabajando en proyectos muy diferentes, y no sé qué va a pasar.
 ¿A veces te gustaría tener las cosas más claras?
Hay veces que sí, porque sería más fácil para mí y también para organizar al equipo. Al final, los artistas somos un producto que hay que entender, posicionar y vender. En este sentido, me lamento por mi caos mental y creativo; pero en lo personal y artístico, me hace sentir muy cómodo, porque quizá un día me despierto y me apetece hacer un tema distinto al de hace unos días, y luego ya valoro si me gusta lo suficiente para sacarlo.
Has estado trabajando en el disco durante dos años en tu garaje en Murcia. ¿Cómo has vivido un proceso tan largo, cómo fue evolucionando?
Cuando decidí que quería hacer un álbum de una vez por todas, quería hacerlo de cero y no recuperar canciones antiguas. Me apetecía experimentar hacia algo más indie, R&B, pop latino..., y llamé a Roy Borland, el productor del álbum. Sabía que, con su sensibilidad y bagaje musical y lo blandito que soy yo a veces, saldrían cosas muy delicadas. Hubo un momento en que me di cuenta de que iba a ser así de sensible, íntimo y especial, y decidí explotarlo al máximo.
¿Cuándo te diste cuenta de que querías hacer música?
La primera vez que toqué un instrumento fue a los cinco o seis años. Mi madre tenía una guitarra vieja y solo sabía tocar dos acordes. Los aprendí, y me gustó tanto que continué. Yo soy generación Disney Channel, y viendo según qué series pensaba en cómo me gustaría ser cantante o músico. Siempre lo tuve dentro. Recuerdo que soñaba con dar un concierto, delante de gente cantando una canción mía.
¿Cómo se consigue un sonido tan hipnótico, celestial?
En la música, lo primero con lo que conecto son las armonías y las melodías. Cuando escribo, siempre trato de encontrar unos acordes que me provoquen algo, un arreglo de una melodía de un instrumento que de repente combina y te eriza la piel. Este álbum en concreto ha sido una mezcla de encontrar la sensibilidad máxima, y hacer unas percusiones lo más potentes posibles para hacer algo tan pequeño como el bedroom pop.
Lo personal por encima de lo formal: ¿el peaje para hacer bedroom pop?
No sé si es por esto, o simplemente por el hecho de hacerlo tú en tu habitación. Se nota cuando una canción sale del portátil de un chaval que se está grabando e intentando ejecutar sus ideas; la diferencia entre eso e ir a un estudio, con sonido de grabación, productor, compositores... Esto se nota incluso en la estética.
Alguien te comentó que estuvo llorando en la cola de la discoteca escuchando el disco. ¿Te planteaste lograr esto?
(Ríe) No en la cola de una discoteca, la verdad. Hice el disco pensando que tenía que tocar la fibra cuando alguien lo escuchase en su habitación, con los cascos. No sé cuántas tardes estuve en el estudio con Roy escuchando en el ordenador las mismas demos, ponerlas en orden y sentirlas lo más potentes o sensibles posible.
¿Te esperabas una respuesta tan positiva?
No sé si es porque soy algo pesimista, pero nunca espero lo mejor. Esta vez me he sorprendido bastante, porque yo sabía ya que el disco no es especialmente el movimiento más mainstream o pro-industry que podría haber hecho. Con este disco no pensé en eso. Sabía que no me daría un salto cuantitativo, pero llegó un momento en el que me dije que haría un disco para que a quien le guste, le encante.
No tener expectativas funciona.
Estoy en una ola muy underground e indie, y otra muy mainstream. Yo mismo sabía que el disco –así me he referido muchas veces, con cariño– es una “fumada”, y da miedo. He querido hacer este proyecto en este momento de mi vida, y para mí ha tenido sentido. A partir de aquí, que lo disfrute quien quiera hacerlo.
 Alguien describió el álbum como “romántico, sexual y salvaje”.
Lo de sexual no lo entiendo, porque creo que no hablo del tema. Entiendo que a veces el disco es muy exagerado en lo sentimental, y aquí puedo entender lo de salvaje, pero lo veo más romántico, triste o intenso. Pero vaya, que si a alguien le da esa vibra...
En el disco te lanzas al bolero, a sonidos más acústicos e incluso al inglés, aunque siempre con un pie en el bedroom pop. ¿Te lo planteas como un juego?
Intenté llevar a mi terreno la mayor sensibilidad acústica posible de otros géneros, y me hace sentir cómodo. Ayer mismo comentaba con mi equipo a ver cómo haríamos esto a partir de ahora, que tengo un proyecto mucho más cañero y loco. Para mí, la música sigue siendo un juego, y me la quiero tomar todavía más así.
ya se me pasará es un viaje emocional de lo frenético de las primeras veces hasta la melancolía, las idas y vueltas y las noches sin pegar ojo. ¿En el amor "no te funciona el freno"?
Mucha gente dice que soy muy introvertido, porque me cuesta mucho hablar de mis sentimientos o expresarlos; pero también que se me nota en la cara lo que siento. Creo que soy la persona más intensa y romántica de la historia cuando estoy enamorado, y la más triste cuando me toca. En el disco, decidimos hacer ese viaje que se plantea como romántico porque es de lo que más fácil se me hace hablar, aunque a veces las letras hacen referencia a cosas que ni siquiera son amorosas, sino más bien a esos ciclos de la vida, vivir el inicio de algo y su fin, y cómo gestionas esa pérdida o cambio.
¿Te han roto el cora’ muchas veces?
No he vivido tantas historias de desamor, porque soy joven y todavía no he tenido tanto tiempo, pero las veces que me ha ocurrido: sí, corazón roto a tope. Tengo de donde sacar.
Eres cáncer, signo de agua, muy emocional. ¿Crees en el horóscopo?
Al igual que según qué cosas paranormales, no lo desacredito ni lo rechazo, porque tengo un lado muy racional; pero sí, según el horóscopo soy muy sensible, y no falla.
Mantienes una relación muy cercana con los fans. ¿El artista en la sombra está muerto?
A veces, me cuesta sentirme con el derecho de compartir ciertas cosas; pero cuando cuidas tanto un proyecto, tienes la ilusión de que haya alguien, aunque solo sea una persona, que en su casa escuche ciertas cosas y les encuentre un sentido. Lo que pasa que hay veces que no me quiero sentir pesado.
¿Síndrome del impostor, quizá?
Total. De vez en cuando no conecto con esa realidad.
Tus fans cazan muchos detalles de tus canciones al vuelo. Debe ser un subidón.
Es de las cosas que más ilusión me hacen de todo esto de la música. Cuando era adolescente, yo era de los que buscaba en internet e intentaba relacionar ciertos discos de artistas o canciones. Siempre fui muy friki de intentar ir dejando pistas, y poder darle a alguien eso que me ha hecho disfrutar tantísimo es como cumplir un sueño, te hace sentir en una nube.
El disco es casi cíclico: empieza con unos pajarillos silbando, y acaba de la misma manera, aunque tras una tormenta. ¿Hay esperanza después del desamor?
Me hizo mucha ilusión intentar construir ese ciclo en el disco y que se pudiese entender que, después de cada tormenta, sigue amaneciendo. A veces es imposible ver la salida, pero al final, quieras que no, acaba pasando.
¿ya se me pasará es el nuevo antídoto al romanticismo, o más bien una aceptación de que la vida adulta es otra cosa?
Muchas veces todo el mundo da por hecho, y es la forma más fácil de explicarlo, que es la primera, una forma de vivir el romanticismo. Realmente creo que lo que hay detrás es el crecer, entrar en la vida adulta y darte con esos palos que en la mayoría de veces o de forma más típica son amorosos, pero que también incluyen pérdidas, cambios.
Tu primer EP, tenemos que quedar, te catapultó al éxito en pleno confinamiento. ¿Cómo lo viviste?
Tuve la suerte de poder centrarme en hacer música, me evadí mucho, y la gente empezó a escucharme. Hay quien me pregunta, “¿cómo es lo de volver a la normalidad en los conciertos?", y para mí ya es un primer cambio, porque mis primeros conciertos fueron con gente sentada con mascarilla a la que yo no podía ver reaccionar, ni tan solo escuchaba si cantaba. Le he encontrado la parte dulce a todo porque no es que yo tuviera mi proyecto musical y de repente ya no pudiera dar un concierto; lo que iba ocurriendo era nuevo de primeras, y lo viví con esperanza.
¿Te ha abrumado este cambio, ha pasado demasiado rápido?
La verdad, sí. Es paradójico, porque mientras hacía el álbum, lo estaba viviendo. Ahora, justo después de sacarlo, me estoy dando cuenta de que la vida en la que me he sumergido es tan ajetreada y vertiginosa que a veces cuesta de asimilar. Esto de crecer ya se lleva mal de por sí, pero cuando lo mezclas con una especie de ventisca de cosas que no puedes controlar, es más intenso.
Tu abuela en bolero de desamor, tu abuelo en ya se me pasará, tu hermano al final de fue bonito mientras duró... Tu familia está muy presente en el disco. ¿Qué significa Murcia para ti?, ahora que vives lejos.
Es otra de las cosas con las que supongo que creces y te das cuenta una vez que cambias de aires, te alejas y tienes menos contacto. Mi familia siempre ha estado ahí, de forma más o menos intensa, pero siempre ahí. Después de dos años aquí, todavía no soy capaz de no ver Murcia como mi casa, y Madrid, como un sitio de paso. Estoy muy enamorado de esa vibra, y la echo mucho de menos.
¿La fama te da vértigo?
Siempre tuve el sueño de poder sacar mi música y que la gente me conociera, pero por mi personalidad no es algo que yo haya buscado o disfrute activamente. A veces me abruma un poco. Intento estar ‘grounded’, ser lo más humilde posible, pero me preocupa lo suficiente convertirme en un gilipollas como para evitarlo.
¿Es un caramelo envenenado?
Todo esto del reconocimiento es una montaña rusa, que puede ser muy peligrosa e incluso drogadicción, en la que se pueden desarrollar muchas inseguridades. No me gustaría llegar a un punto en el que sienta que la cosa me supera; si algún día pasa, siento que encontraré la forma de seguir haciendo música sin que conlleve fama, si es que no consigo encontrarla ya.
La estética del disco está muy cuidada. ¿Hasta qué punto te involucras en la dirección de arte, el concepto más visual?
Antes de lanzarme a hacer música, pensaba que me gustaría ser director de cine, o algo por el estilo. Seguramente hubiese sido muy malo, porque me he dado cuenta de que en lo estético tengo poco talento, pero sí mucha inquietud. Siempre me he rodeado de gente que me ha ayudado, y el disco es un ejemplo de eso: he intentado meter las narices en todos lados, pero tomándome muy en serio la opinión de los demás. De momento, lo mío es la música.
La portada contrasta con lo ambiental y delicada que es la tracklist, con una imagen un tanto agresiva, de estética punk, que recuerda a los 2000. ¿Buscabas ese juego?
Quería encontrar el límite entre pintar el mundo como se está creando en el disco y a la vez darle un punto más de madurez. Quizá la imagen no termina de expresar lo íntimo que es, pero quería dejar la puerta abierta y decir “hay más”.
Muchos temas se han quedado por el camino. ¿Cómo filtras?
Nos costó mucho dar por terminado el disco. Es una relación extraña con la música. Pienso, ¿y si pudiera sacar absolutamente todos los temas que hago? El primer filtro es si la canción se va a entender, si tiene sentido que la saque yo, si conviene. Al final, el pop se trata de hacer algo efectivo. Aunque, personalmente, el único filtro es si al escucharla me provoca una sensación especial, ya sea guay, triste o divertida.
¿Con quién te gustaría colaborar?
Quizá es típico, pero tengo curiosidad por trabajar con Rosalía. Con lo que yo respeto lo que hace, me encantaría sentarme con ella y ver cómo enfrenta un proyecto, cómo ve la música. También me gustaría colaborar con boy pablo, Rex Orange County, Alizzz, Natalia Lacunza... Colaboraré con mucha gente, no me preocupa hacerlo demasiado.
Y ahora, ¿qué queda por hacer?
Musicalmente, estoy haciendo algo que he hecho menos en el CD, en el que he puesto por delante la intención, contar una historia, con sus detalles. Estoy en un momento en el que me apetece jugar a hacer canciones. A nivel general, no tengo ningún proyecto cerrado ni planteado, pero me encanta actuar, dirigir, todo lo que tiene que ver con lo audiovisual... No sería raro que de repente acabase haciendo algo paralelo a la música.
Por cierto, ¿la obsesión por escribirlo todo en minúsculas?
Muchos de mis amigos escribimos así, me gusta que no sea muy formal, como que lo acabo de hacer yo a mano. Últimamente estoy fantaseando con sacar un proyecto solo en mayúsculas. Es otro tipo de código, añade una capa más a todo esto.
Texto
Iván Olmos
Dirección creatíva
Abel Trujillo y Zerek Green
Fotografía
Abel Trujillo
Estilismo
Chamo Armada
Dirección de arte
Aida Salán Sierra
Modelos
Zoe y Sofia (Blow), Sergio y Daniel (Zerek), Margaret (Francina)
Pelo y Makeup
Matthew Tuozzoli con productos Oribe
Makeup modelos
Ainhoa Rojo
Producción y Casting
Zerek Studio
Gaffer
Sergio Pontier
Asistentes de estilismo
Enara Richard y Pedro Ferrer-Onetto
Asistente de arte
Malena Cha
Asistente digital
Isra Lozano
Localización
Nave Sierra
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