Hace poco más de un año, Bon Calso empezaba su recorrido por Galicia. Ayer, después de pasearse por todo el país, se subió a la pistola por última vez. Pero recapitulemos, porque esto fue un concierto difícil de superar y de contar. Casi al fondo de Madrid, en el Autocine, había una película que estaba a punto de verse por última vez: el Siete Tour. Aunque lloviese, la cola daba la vuelta a la calle, nadie quería perdérselo. Normal.
La gente miraba la hora en el móvil impaciente aprovechando el retraso para pedir otra cerveza. En cuanto los visuales iluminaron el telón, no pareció importarle a nadie los veinte minutos de más. Tan solo la silueta de Bon Calso y el primer verso de Baccarat Rouge 540 ya encendieron la sala. Y eso solo había empezado. Con las cortinas abiertas y Bon sobre la pistola, todos corearon canciones como Florencia, Panamá y DetoXXX. Aquello era una conexión real.
El público no estuvo quieto en ningún momento y ni el calor de la sala les paraba los saltos. Pero tampoco Calso fue una estatua. Se recorrió el escenario de una esquina a otra. A ratos se escondía detrás de la lona para cantar Me quité de ti; otras veces, se sentaba en el escenario para hacerse el romántico con Don’t Cry o Que te vaya bonito; o se subía a las escaleras para ver cómo todos cantaban Dormimos en la calle y Porsche. Entre adrenalina y nostalgia, hubo hueco para los sentimientos con Diferente. Una canción que el propio Jorge reconoció que era muy especial para él, ya que la escribió en un punto en el que estaba muy abajo en su vida.
La gente especulaba sobre los invitados, o si habría alguno, pero, ¿quién se perdería un final de gira? Para Vía Maffia apareció el primero, superreservado, como buen capo. A los que preguntaban por Mvrk, ahí llegó desde N¥ con Cuerpos. Le siguieron Guxo, encargándose del público con I’ll Take Care, y Enry-K, haciendo rebotar el suelo en Dawg. El colofón lo puso Mda desde lo alto de la pistola.
Bon Calso se volvió a quedar solo en el escenario para cantar las últimas, entre ellas seis nueve. Si de números iba la cosa, tenía que salir 99699, porque como dice Jorge, “Todo’ gritando mi nombre, yo lo soñé desde niño”. Sueño cumplido. No podía faltar la escena postcréditos. Todos de vuelta al escenario acompañando a Jorge en la que había sido una noche salvaje. Que le pregunten a Mda por su zapato que voló, literalmente. Más de dos horas de concierto que dieron para repasar gran parte de su repertorio, incluso aquellas canciones que llevaba mucho sin cantar y ya no recordaba la letra.
Todo el mundo tiene un número favorito, ese al que se aferra como si le diese suerte. En el caso de Bon Calso, no sé si lo tenía claro… hasta ahora. Con el éxito de Número 7 y su gira es evidente. Aún no sabemos qué hará este año fuera de los escenarios, pero si juega las cartas igual, tiene mucho que ganar.




