Cuenta Belén Aguilera en esta entrevista que para ella “el éxito es vivir con la curiosidad y con las ganas de un niño”, y que esto solo se pierde cuando unx se aleja del centro. Y es que la artista catalana lleva tratando de conectar con este centro desde que empezara a subir covers bajo el seudónimo The Girl and the Piano hace ya más de una década. Y hasta hoy, que no duda en volar lo más alto que pueda, a México, a Estocolmo, a donde sea, para crear todo lo que lleva dentro, sin alejarse de lo que de verdad importa. Ahora nos obsequia con un regalo, mediterrania. Su “pequeña secuela luminosa de Anela” que entrega a ciegas, sin expectativas ni pretensiones. Tan solo desde el centro y desde el amor con el que se han de hacer las cosas.
Aparece a la hora establecida, morena y preciosa como un hada. Luce un conjunto satinado en tonos violetas, tan veraniego que cuesta resolver si se trata de un pijama o de un total look de calle. Pese a estar perfectamente maquillada, luce natural. Toda ella es un poco así. Cercana, próxima, cómoda y muy agradable en sus palabras, pero hay algo que nos separa y no sé muy bien el qué. Puede que sean las largas horas arrastradas de promoción y entrevistas, la delicada salud de hace unas semanas, los numerosos vuelos encadenados, o puede que se deba a esa condición suya altamente sensible, que, en ocasiones, la traslada a otros espacios para protegerla de sí misma.
De cualquiera de las maneras, este encuentro concluyó con muchos y muy sinceros “guapas”, “majas” y “preciosas” disparados en ambas direcciones, y con la confirmación de que Belén Aguilera es mucho más que un referente del pop español actual. Es una artista a lo largo y ancho, sin etiquetas, en España, Suecia y donde ella quiera.
¡Hola, Belén! ¿Qué tal te encuentras?
Bien, muy bien. Ahora cada día es una cosa distinta, porque entre que se vienen festivales, estamos de lanzamiento, promo, no sé qué, no sé cuántos, pues es divertido porque cada día es una aventura.
¿Dónde te pillamos?
Ahora estoy en Madrid. Vengo de Mallorca y me voy mañana a Tenerife.
Wow. Debes tener un descontrol ya de horarios, rutinas, vuelos y de todo.
No, pero lo estoy llevando bastante bien, ¿eh? La semana pasada sí fue terrible, pero ya está. Ahora ya perfecto.
Justo sobre eso te quería preguntar, que sé que estas últimas semanas has estado un poco pachucha de la voz y la garganta, ¿no?
Pues sí. De hecho, me rompí, supongo que ese es un poco el resumen. Me rompí y tuve que ir al hospital a que me inyectasen cortisona por primera vez en la vida. Fue jodido. Estuve muy mal, sobre todo mentalmente, de pensar que no lo podía sacar. Pero bueno, ya todo bien, recuperada. Ayer fui al foniatra y me miró las cuerdas y todo bien, así que tranquila.
Qué bien. Me alegro un montón de oír eso, porque además te tuvo que coincidir todo este panorama con el lanzamiento de tu nuevo trabajo, mediterrania.
Sí, es que además fue precisamente la noche que estuve hecha una mierda y en la madrugada siguiente me fui al hospital. O sea, imagínate cómo viví el estreno.
“Se me da muy bien crear desde la distancia y la nostalgia. No creo desde la vivencia y desde el momento, sino desde el recuerdo.”
Qué mal. No lo pudiste ni celebrar ni digerir ni nada.
Nada. Ahora ya lo he digerido y todo genial. Pero en ese momento, que además yo soy una persona que suele estar a las doce de la noche pendiente... Pues a las diez estaba durmiendo. Y al día siguiente, al hospital. Ese fin de semana pasé bastante por alto el estreno, pero bueno, tampoco me importaba tanto en ese sentido, sino que era más como un regalo. También mejor porque luego te obsesionas.
¿Y por qué ese título?
Evidentemente, del Mediterráneo. La cosa es que yo… Bueno, ¿quieres long story o short story?
La que tú quieras.
Vale, pues la cosa es que llevaba tiempo queriendo dedicarle un proyecto al mar Mediterráneo porque para mí siempre ha sido una fuente de inspiración y de calma. Entonces me di cuenta de que no era solo con el mar, sino también con la meditación, un ejercicio que llevo practicando desde hace dos años. Las canciones que compuse habían nacido de ahí, de la meditación y la contemplación. Además, me gusta porque es ‘mediterránea’ en catalán, ‘mediterrània’.
¿Qué te llevó a comenzar con la meditación?
Realmente fueron deberes de terapia. Soy una persona muy impulsiva y a veces me es muy incómodo sostener ciertas emociones y paso por la vida con piloto automático. Entonces, con la meditación, mi psicóloga quería instaurar en mí esa presencia del momento, de no querer escapar continuamente. Al principio se me hacía completamente insoportable (risas). Pero luego ha sido y es de mis grandes herramientas para antes de un concierto, y para cualquier cosa, es que me viene superbien.
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Teniendo esto en cuenta, ¿cómo estás experimentando la acogida por parte de los fans ahora, con todo ya más asentado? ¿Cómo lo estás sosteniendo?
Pues mira, este proyecto lo lanzo desde el mismo punto de vista que fue creado, que es sin expectativas. Lo lanzo completamente desde el amor y no desde esperar que pase nada con él. Ni bueno ni malo. Me refiero a que muchas veces, con otros lanzamientos, sí que he estado muy tensa, muy pendiente de qué dicen, o de querer demostrar algo, porque estás más expuesta y vulnerable. Pero este lo lanzo desde un punto tan amoroso, tan pacífico y tan desde el agradecimiento, que es más un regalo a mí misma y a quien lo quiera recibir y escuchar, que no tanto un statement profesional, digamos. Aunque sí lo veo así también. Cualquier cosa que recibo también me la tomo como un regalo.
Te esperan unos años repletos de conciertos. De todo el proceso que conlleva poner en marcha y ejecutar una gira, ¿cuál es el momento con el que más disfrutas?
Qué buena. Me gusta mucho esta pregunta porque estoy muy presente en todos esos momentos. De hecho, te voy a decir el que más disfruto y el que más odio (risas). El que más disfruto son los ensayos porque es el momento de materializar las ideas. Pero el momento de en medio, el de desarrollar poco a poco esas ideas hasta que las puedes hacer tangibles, es el que más odio. Porque es adivinar cómo hacer las cosas. ¿Y esto cómo lo vamos a hacer? Aunque luego acaba siendo ‘mira qué guay cómo hicimos esto’, al principio no deja de ser tedioso.
Son muchas cosas en paralelo pasando a la vez. Tienes que encargarte de muchas cosas, se te olvidan muchas otras, hay veces que muchas se pasan por alto. Pero el momento de crearlas, que es el de la diversión, me encanta. Se siente muy de niños pequeños, es como jugar a imaginar cosas. Luego hay que ver si son viables o no, eso es una mierda (risas). Y ensayarlo, que es materializar lo que estaba en tu cabeza, siempre es muy satisfactorio.
Decías en una entrevista que Mejores momentos, una de las primeras canciones que publicaste de este nuevo EP, nacía a raíz de un viaje a Estocolmo.
Sí. La gente se queda un poco en plan, ¿por qué la tía se va ahí? Mira, Estocolmo es la cuna del pop, el lugar del que han salido los mejores grupos, hits y canciones pop de toda la vida de Dios. Era mi momento de ir a surcar los mares y descubrir tesoros y nuevas formas de crear. Fui para ver cómo trabajaban los productores de ahí y ver qué salía conmigo. Me di cuenta de que la gente trabaja desde un lugar que no era el ego, por eso acabé llegando a la conclusión de que son los mejores. Son gente que te da mucho crédito y espacio. Estoy muy feliz de poder haber trabajado allí.
Resulta curioso que el germen de mediterrania surgiera precisamente en una ciudad escandinava.
Total. A mí se me da muy bien crear desde la distancia y la nostalgia. Entonces, cuando creo desde la añoranza, me tengo que ir lejos. Anela la hice en Estocolmo, Libre albedrío la hice aquí, en Madrid, y la primera canción también la hice aquí; o sea, la única que hice cerca de casa fue Inmortal, que la hice en Barcelona. El resto las he hecho lejos porque no creo desde la vivencia y desde el momento, sino desde el recuerdo.
Hace unos meses se hizo muy viral el concepto de libre albedrío en redes sociales a raíz de tu canción, sobre todo en TikTok.
Hostia, sí, eso me pareció realmente fuerte porque la canción llevaba ya fuera un año.
¿Cómo definirías tú el libre albedrío?
Lo definiría como la capacidad de tomar las decisiones que te plazcan de verdad, de elegir tu propio camino, de obrar por tu cuenta. Aunque creo que, en parte, no tenemos libre albedrío porque estamos tan intoxicados y tan envenenados por nuestras propias creencias, culpas, cosas en la cabeza, que no somos dueños. No podemos ejercer el libre albedrío realmente. Porque si lo piensas, ¿por qué coño yo no me podré comer un helado a las ocho de la mañana cuando me levanto?
Este nuevo EP lo has definido como tu “pequeña secuela luminosa de Anela”. ¿En qué medida consideras que tu anterior largo tenía tintes oscuros?
Uf, Anela salió de un lugar oscuro. Quizás no era yo consciente en su proceso de creación, porque a mí todas las canciones me parecían luminosas, pero luego me di cuenta de que era algo luminoso en la oscuridad. Era como una vela, un punto de luz que se encendía dentro de un lugar muy tenebroso. Las canciones eran luminosas teniendo en cuenta el contexto.
Para mí, mediterrania es ese momento en el que el sol está arriba y el agua brillando, y aparecen destellos. Ese momento precioso en el que todo es luz. Anela sucede en un entorno muy oscuro. Se sintió como una luciérnaga. De hecho, uno de los títulos que barajaba era Luciérnagas, puntos de luz en la oscuridad.
En Mis amigos hablas de lo importante que es esa red de la familia que elegimos. ¿Qué tienen las amistades femeninas que no tengan otros vínculos entre mujeres y hombres, o entre hombres incluso?
Creo que más que por el género es por el tipo de amistad. Tengo la suerte de tener un entorno queer en el que somos muy conscientes de que las normas de género impuestas son ridículas, a mis amigos les llamo mis amigas. Las normas de género nos las pasamos por el forro, y aunque todo el mundo, evidentemente, está encarcelado por esas normas no escritas, siento que somos capaces de verlas y de cuestionarlas. Creo que el género queda más en un segundo plano, en este sentido.
Sí es verdad que dentro de mi proceso de aprendizaje he destapado mucha misoginia interiorizada, y eso me ha hecho capaz de crear vínculos muy fuertes y muy sanos con mujeres, y de ver a las mujeres más allá del género.
¿Cómo ha cambiado tu relación con la amistad a medida que ha ido creciendo tu carrera?
Qué bonita pregunta. Siempre, desde muy pequeña, he tenido muchos amigos y la amistad ha sido algo a lo que le he otorgado bastante importancia. Lo que pasa es que, como nunca ha sido algo desde la tara, digamos, o desde la herida, me ha sido fácil perder el foco de esas amistades que eran tan beneficiosas para mí. He perdido amistades por haber tomado decisiones de las que a día de hoy me puedo arrepentir un poco.
No siento que todo el mundo tenga que ser mi mejor amigo. A veces se trata de apreciar un vínculo por lo que es y no por lo que crees que te debe. A mí me gusta mucho la gente que no me exige más de lo que puedo dar porque yo tampoco lo exijo nunca. Entonces estoy muy cómoda en esas relaciones en las que se sobreentiende desde ambas partes la relación, aunque eso también es un ejercicio de madurez que llega con el tiempo.
Hace poco, en un episodio de Arsénico caviar, se debatía sobre la idea de que el pop era una música con la que disfrutar sin pensar demasiado. A ti te suelen ubicar dentro del género, pero tus canciones tienen una fuerte carga narrativa y emocional. ¿Cómo te relacionas tú con la etiqueta ‘pop’?
Ay, no lo conocía, me lo voy a apuntar [y procede a apuntarlo en el móvil]. Es cierto que el mundo de las etiquetas es algo complicado y jodido, y lo aprendes con el tiempo, porque tú de pequeño disfrutas lo que disfrutas, y punto y se acabó. Chimpún. Pero de adulto todo está tan impregnado de estúpidos estigmas y de cosas que no tienen sentido.
La música pop abarca mucho. Quiero decir, es un género tan abstracto. Es verdad que está muy asociado a sonidos menos serios, a algo que no pueda ser trascendental. Pero es que para mí siempre ha sido tan trascendental. Lo vivo de una manera en la que lo que hago es profundo, tiene significado, y lo hago desde el amor y desde el cuidado. Quien lo quiera ver así lo verá, y quien no lo quiera ver así, pues no lo verá.
¿Te consideras bien tratada por la opinión pública?
Eh... Creo que sí. Sobre todo, teniendo en cuenta el contexto actual, donde la gente no trata bien a nadie. Estamos en un momento muy irascible, muy de crítica absurda. Tampoco quiero otorgarle demasiada importancia a cómo soy tratada públicamente porque entonces ya sí que me vuelvo loca de la cabeza. Si tengo que depender de eso… Puf, apaga y vámonos. Intento no prestarle mucha atención porque no quiero que condicione la manera que tengo de crear, ni la manera que tengo de ser, ni nada, tía. Si es que al final la opinión está sobrevalorada.
“A veces se trata de apreciar un vínculo por lo que es y no por lo que crees que te debe. Me gusta mucho la gente que no me exige más de lo que puedo dar porque yo tampoco lo exijo nunca.”
Un ejemplo de tu buen tratamiento por parte de la opinión pública podría ser que este año te hemos visto actuar en los Goya y has sido muy bien recibida.
Sí, aparte siento que este año hay ciertas cosas y espacios que estoy ocupando que ya me dan un poco más de crédito y que me hacen sentir como que, jolín, estoy recogiendo frutos.
¿Qué supuso para ti formar parte de esto?
Uf, estaba cagada viva. He disfrutado mucho de la decisión y la oportunidad de haber estado allí, supone un evento cultural histórico y del arte de nuestro país. Poder aportar mi granito de arena desde otro punto artístico fue increíble. Pero me daba tanto respeto que estaba muy nerviosa y fue angustiante en el momento. A día de hoy, con lo que me quedo es con el hecho de poder haber formado parte de ello. Además, el momento que se me dio fue el in memoriam... Entonces me daba mucho respeto, fue imponente. Pero me siento muy agradecida.
Como artista, ¿qué es lo que más valoras de un directo?
Lo que más valoro de los directos es que lo siento como un momento tan heavy de presencia artística. O sea, es mi vocación y es la oportunidad de estar dándome en cuerpo y alma y ejerciendo lo que más amo, conectando con la gente a niveles astrales. Siento que conectamos desde algo intangible muy bonito, y desde un amor muy puro. Eso es lo que más me gusta.
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Y como espectadora, ¿recuerdas el último concierto que te emocionó de verdad?
Se me viene a la cabeza Mon Laferte en La Riviera, y también Charli xcx, o Caroline Polachek en el Primavera Sound.
Ahora que has mencionado el Primavera, y teniendo en cuenta que nos encontramos en una especie de vorágine de macrofestivales y conciertos a gran escala, parece que se están levantando voces muy críticas y que la burbuja está empezando a explotar. El último detonante ha sido Bad Bunny y su residencia en Madrid. ¿Consideras que se está perdiendo la magia y la genuinidad de encontrarnos con la música en directo?
Creo que más que se haya perdido la genuinidad de encontrarnos con la música en directo, se ha perdido la genuinidad de encontrarnos con algo. Siento que estamos muy enfermos todos. La dopamina instantánea que nos da el puto teléfono... Somos incapaces de sostener algo por más de dos segundos. Estamos completamente rotos, y todo nos sabe a nada. Estamos tan sobreestimulados que somos incapaces de sentir, y culpamos a todo menos a lo que nos concierne. Porque no se trata de hacer más, sino de parar y apreciar más lo poco que haya. Antes era un evento ir al cine, por ejemplo, cuando éramos pequeños, y ahora ir al cine nos suda la polla, y no solo eso, sino que vamos al cine para desconectar, a desestimularnos.
Llegando ya al final, sobre todo con esto último que reflexionas, merecemos ponernos un poco filosóficas. ¿Qué significa para ti el éxito?
(Risas) Después de transitar suficientes años como para decir que tengo recorrido, pero no soy perro viejo, creo que confundimos el éxito con inmediatez y con esos picos de dopamina. Lo que he aprendido es que el éxito es aprender a ser feliz, a sostenerte en el tiempo, a crecer. Vivir con la curiosidad y con las ganas de un niño para mí es el éxito.
¿Y cuándo se deja de sentir esa curiosidad y esas ganas de un niño?
Se pierde cuando se actúa desde el ego y no desde el centro, que es el amor y la pasión.
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