Reinventarse es complicado. Como artista, cambiar de imaginario entre proyecto y proyecto suele ser la etapa más enrevesada de lo que conocemos como carrera musical. Abhir se pone entre la espada y la pared en Ultraswan, su nuevo disco tras Brown Boy, un éxito sin precedentes en la música ‘poguera’ y la punta de lanza de un sonido que se ha venido desarrollando en el urbano español durante estos últimos años. Un proyecto que, pese a un contenido lírico algo caduco y una monotonía conceptual que degradaba la propuesta, formó parte de una camada de LPs que ahora muchos recordamos con nostalgia.
Hasta hace bien poco, Abhir era Brown Boy. El propio concepto había absorbido al artista. Ya no se trataba de un disco sino de una personalidad, una manera de vestir y de actuar. Lograr desencadenarse de eso y proponer algo distinto era el mayor reto al que se enfrentaba el artista canario. Ultraswan es la respuesta ante esa tesitura. La dualidad hecha disco, el blanco y el negro, el bien y el mal.
La propuesta es interesante y sorprendentemente bien ejecutada. Es una montaña rusa de emociones y sonidos, algo que tanto los productores como Abhir logran encapsular de manera notable. Pese a que el balance sea interesante, pierde fuelle conforme avanza el disco. El contraste se vuelve difuso y va disipándose el factor sorpresa de cuando lo escuchas por primera vez. Aun así, hace que cada escucha completa sea una experiencia divertida y única respecto a otros álbumes del género.
Una de las grandes sorpresas de Ultraswan es la presencia de temas que se alejan de lo que ha hecho previamente el canario. Trata de abrirse paso entre baladas, trap experimental y guitarrazos, cosa que logra con creces. Ha sido una grata sorpresa ver que Abhir no ha dudado en ponerse en la cuerda floja para no caer en repetir fórmulas de proyectos previos. A lo largo del álbum se respira una ambición que nunca antes había transmitido su música. Además, lo bien rodeado que se encuentra en el proyecto hace que todo cobre sentido.
Uno de los platos fuertes de este LP es la plantilla de productores excepcionales que dan forma a la idea. Son los encargados de hacernos sentir vulnerables y, acto seguido, imparables. Si el contraste entre el blanco y el negro en Ultraswan es efectivo, es gracias a su labor. Los bajos en Glasgow te ahogan y ahí te das cuenta de que hace tres minutos estabas emocionándote con la cálida voz de Ralphie Choo en Baby Baby.
Por otro lado, el contenido lírico del proyecto es… complicado. Una de las cosas que más esperaba de Ultraswan era que Abhir recalibrase sus barras y se decantase por la melosidad y el minimalismo de su primer trabajo, Lazos y nudos. Fue una de las conclusiones más agridulces a las que llegué al terminar la primera escucha: hay un claro estancamiento, tanto en códigos como en conceptos. Directamente influenciado por el movimiento Osbatt de Reino Unido, el flex y las referencias a la cultura pop siguen estando a la orden del día, y cansan. Es cuando más sentimental se pone que Abhir nos deja entrever que sigue siendo capaz de erizarnos la piel, véase el primer verso de Dicen que todo.
Cuando paras a observar en cenital Ultraswan, llegas a la conclusión de que es un ejercicio notable, con sus altibajos, pero con un resultado más dulce que agrio. Abhir ha sabido reinventarse y proponer un universo (más visual que sonoro) que casa con su figura, desligándose de Brown Boy, y ese es el punto más fuerte del proyecto. Es un gusto ver a artistas asentados que se muestran tan decididos a dar volantazos en su carrera sin mirar atrás. Parece hasta irónico que el concepto del álbum describa tan bien mis sentimientos con él: al final del día, todo son luces y sombras.
Track favorito: Baby Baby.