Hay quien se muda para crecer y quien se queda para entender. Vera lo hizo cantando, desde un sur que resiste sin hacer ruido. Se me pasó llamarte, mamá es su carta abierta a la ternura: un disco nacido entre Almería y Granada que la ha llevado, sin despegar los pies del suelo, hasta los Latin Grammy.
Entrevista extraída de ACERO vol. 12, publicada en noviembre de 2025. Hazte con tu copia aquí
Llegó a La Revuelta con un cesto de verduras de su huerto. Plantadas por su padre. Frescas. Como su música: nacida en la tierra almeriense, sin una gran industria, sin artificio. Se me pasó llamarte, mamá nace de una llamada pendiente, de casi dos años de trabajo entre Almería y Granada, y de la necesidad de contar –por fin– todo lo vivido. Un disco íntimo que la ha llevado al punto más bonito de su carrera, con un videoclip que resume todo: mujeres, raíz y ternura. “Eso era lo que quería”, sonríe. Y cuando lo dice, no habla de fama ni de cifras, sino de esa paz que da saber que lo que soñabas ya floreció.
Vera, bienvenida a ACERO. ¿Cómo estás? ¿Dónde te pillo ahora mismo?
Ahora mismo estoy en Granada. Estoy entre Almería y Granada, en realidad. Soy de Almería, pero trabajo bastante por aquí, y mi chico también es de aquí… así que se ha convertido un poco en mi segunda casa.
Algunos te conocimos en la Queens League de 2023, cantando. Pero tu música actual suena más folclórica, instrumental y emotiva. ¿Cómo definirías tu sonido? ¿Quién es Vera?
Creo que justo en eso que acabas de decir. Me cuesta mucho definirme, porque ahora los artistas ya no se encierran en un solo género: experimentamos con muchos. Diría que lo folclórico es la base que más me representa, lo que siento más mío. A partir de ahí voy jugando con lo urbano, la electrónica, el indie… que me encanta. Es una fusión de todas las cosas que me gustan, pero lo que más me identifica es esa raíz folclórica, que la llevo dentro, como algo natural en mí.
Por nuestra parte, lo que sabemos es que Vera acaba de sacar un disco: Se me pasó llamarte, mamá. ¿Qué significa para ti este proyecto? 
Tenía muchísimas ganas de sacar este disco, porque resume todo lo que he vivido y trabajado en este último año y medio, casi dos. Ha sido la etapa en la que más he trabajado en mi vida, en la que más me he enfocado en hacer música. Por eso tenía tantas ganas de que viera la luz. En el disco hay un sonido mío que la gente no había escuchado antes, y eso me daba un poco de miedo, pero también me motivaba: quería que conocieran todo lo que puedo llegar a hacer, gustara o no. Al final el recibimiento ha sido superpositivo, y eso me hace muy feliz. Además, gracias a este álbum el público se ha ampliado, y me ilusiona ver cómo todo va creciendo poco a poco, de forma muy orgánica.
Además, te ha valido la nominación a los Latin Grammy, ¡felicidades! ¿Cómo viviste ese momento?
Pues la verdad, no me lo podía imaginar. Gracias a Dios ha sido con la canción de la que más orgullosa estoy, no solo del disco, sino de toda mi carrera, y eso me pone muy feliz. Siempre me ha dado un poco de miedo pegarme con un tema que sé que representa un momento de mi vida, pero que con el tiempo puede que ya no me refleje igual. Con esta canción siento justo lo contrario: que me representará siempre. Que haya sido la nominación con ella me hace muy feliz, de verdad.
Compartes categoría con Bad Bunny, Ca7riel y Paco Amoroso, y Guitarricadelafuente. ¿Da vértigo?
La verdad es que en mi cabeza ni siquiera pienso en ganar. Ya me parecía bastante difícil estar nominada, no entraba en mis planes para nada. Lo único que siento es orgullo. Poder decir: tío, ¿cómo puedo estar yo ahí, entre esos grandes? Gente a la que además admiro un montonazo. Me parece surrealista, pero también una forma de confiar mucho más en lo que hago, y en lo que mi equipo y yo estamos construyendo.
¿Los escuchas a ellos normalmente?
A Ca7riel y Paco Amoroso, un montón. A Bad Bunny también, obviamente. Pero justo este año estuve viendo los videoclips de Guitarricadelafuente y pensé, buah, esta gente está completamente ida de la olla. Me parece muy fuerte que mi vídeo esté ahí, al lado de los suyos. Sigo sin entenderlo, la verdad. Pero bueno, ¡allí estamos!
¿Qué otros artistas son refugio para ti? Esos a los que vuelves cuando necesitas silencio o inspiración. ¿Quiénes te han acompañado en este nuevo disco?
Para mí, Billie Eilish, desde que la descubrí hace años. Siento que me enseñó a ver la música de una forma que no había visto en otros artistas, y también me ayudó a coger mis propios caminos. Me ha influenciado muchísimo. Luego, artistas que me pongo día a día y que me encantan: Mustafa the Poet, Israel Fernández –lo amo–, Dellafuente… Ahora también estoy escuchando mucho a La Tania, lo que hace me parece precioso y muy diferente. La verdad es que es una mezcla un poco popurrí, un poco extraña. Pero creo que el nexo entre todos ellos es la sensibilidad. Eso es lo que más me llama de un artista: que sea sensible, que transmita desde ahí.
Hablando de tus orígenes: naciste y creciste en Almería. ¿Qué significa para ti esta tierra? ¿Qué huella ha dejado en tu forma de cantar, en tu manera de mirar el mundo?
Para mí, Almería significa tranquilidad, un sitio donde no hay prisa. Y creo que esas dos cosas son superimportantes para ser artista. Siento que no todo el mundo tiene la suerte de nacer en un lugar donde se te permite parar, contemplar las cosas y no vivir con presiones. Por eso me cuesta tanto tomar la decisión de mudarme a Madrid. Sé que a mi carrera probablemente le vendría bien, pero me niego a esa idea, al menos por ahora. Creo que mis mejores canciones han salido precisamente de estar aquí, en mi tierra.
Quedarse allí es una forma de resistencia.
Sí, 100%. Cuando digo Almería también hablo de Granada, porque mi vida es literalmente Almería–Granada. Siento que las dos tienen la misma esencia: en una tengo la playa a dos minutos y en la otra, la montaña. Y sí, creo que somos la resistencia. Cuando hablo con amigos andaluces que se dedican a la música y deciden no irse a Madrid, lo celebro. Tío, de puta madre, de verdad: hace falta que hagamos industria aquí. Tenemos todos los medios para no huir de nuestras tierras y cumplir nuestros sueños desde aquí. Ahora, con esto de la nominación, pienso: joder, si prácticamente no he salido de mi casa y estoy nominada a un Latin Grammy. Cuántas cosas podré conseguir desde mi Almería y mi Granada.
En esa idea de quedarse como una forma de resistencia, ¿qué otros artistas de tu tierra sientes que están haciendo lo mismo?
En Granada creo que la movida lleva más tiempo que en Almería, pero por suerte ahora en Almería estamos viviendo un momento muy guay. Están saliendo muchos artistas nuevos que me parecen increíbles. Hay una chica que me encanta, nosoymery –que además colabora en el álbum–, también Víctor Monte, Víctor Guirado… no sé, Jatabo, que es impresionante. Hay muchos nombres de gente que le está dando a la música como si no tuvieran otra opción, y eso me pone muy contenta. Cuando yo empecé, en Almería éramos tres o cuatro gatos, y me daba pena tener que irme fuera para poder hacer cosas, porque no existía esta red. Ahora sí: hay estudios, artistas, eventos… y se siente que está pasando algo bonito.
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Camisa MANÉMANÉ, joyas TARTI TAILORED, falda diseñada por la estilista.
Vayamos al disco. Se me pasó llamarte, mamá. Cuéntame, ¿por qué ese título? ¿De dónde sale la idea, la herida o la inspiración?
Viene de que estos últimos años, como te decía, he dedicado todo mi tiempo a la música. Y eso también ha hecho que pase muy poco tiempo en casa, que saque muy poco rato para llamar a mi familia. Cuando entras en la rueda de la música te cuesta mucho parar y darte cuenta de que, al final, una llamada de un minuto la puedes tener, da igual que tengas cinco eventos o cinco horas de estudio. Esa llamada debería ser religión. Y yo a veces soy muy desastrillo con eso.
Tengo una relación muy cercana con mis padres, y aunque este proceso ha sido muy bonito, los he echado mucho de menos. Me pasaba que me acostaba en cualquier ciudad y pensaba: joder, no estoy con ellos. Siento que este álbum es una manera de decirles, mirad, he estado haciendo todo esto; no os lo he contado todo, pero está aquí. Es mi forma de comunicarme con ellos. Lo he contado a través de la música.
Como me decías antes, creo que entras en ese conjunto de artistas que desprenden mucha sensibilidad, incluso sobre beats de géneros más actuales, como en Presidente o Cofradía.
Sí, yo creo que sí. Siento que si entrase en un beat como el de Cofradía, que es un rumbambass, y usara los códigos típicos del género, dejaría de ser Vera. Me gusta que, sea cual sea el beat, urbano o lo que sea, cuando yo entro se convierta en otra cosa. Creo que eso es superimportante, es que tampoco sé hacerlo de otra manera.
Toni Anzis es uno de tus productores habituales. ¿Qué tal trabajar con él?
Es increíble. Creo que es el mejor productor que tiene España ahora mismo, aunque todavía hay artistas que no lo saben. Lo tiene todo. Además de trabajar rapidísimo y con una precisión brutal, tiene un talento musical de la hostia. Te toca el piano, la guitarra… es un prodigio. Y yo se lo digo siempre. Encima es superhumilde; ni siquiera sabe aceptar del todo la realidad de lo que es. Y creo que eso es una de las cosas que más me gusta de él: poder trabajar con alguien que tiene todas las de ganar, pero que siempre pone la humildad por delante.
Él también trabaja con Lia Kali. ¿Os habéis planteado colaborar?
Lo hemos hablado varias veces, ella y yo. Las dos admiramos mucho lo que hace la otra, para mí es de las artistas que más escucho y más admiro ahora mismo, de verdad. Ahora las dos estamos muy liadas, pero estoy segura de que llegará el momento en que saquemos juntas el mejor tema de nuestras vidas.
Tus letras están llenas de poesía, de intimidad, de mucha verdad. ¿Cómo trabajas esa sinceridad al componer? ¿Hay alguna canción del álbum con la que sientas que te has abierto especialmente?
Sí, en Ausencia. Es la intro del disco y esa letra la tenía escrita desde hace muchísimo, una noche, sin melodía ni nada. Cuando la quise hacer con Toni me daba hasta vergüenza, porque a veces siento que me expreso con tantísima emoción, con cosas que me importan tanto, que exteriorizarlas me da miedo… No sé, tonterías que tenemos todos, ¿no? Me acuerdo de que cuando la grabé tenía un montón de vergüenza, y luego acabó siendo una de mis canciones favoritas, y también de todo mi equipo.
Y luego está 4 de febrero, que se la escribí a mi hermano, que es un trotamundos. Esa canción habla un poco de eso, de cómo he vivido que mi hermano vuele tan alto, y de lo que eso me hace sentir a veces. Me acuerdo de escribirla y llorar, pero de alegría. Es una de las canciones más importantes del disco, y la que más escucho ahora.
El videoclip de Cura pa mi alma es muy potente a nivel simbólico, con esa pirámide de mujeres de todas las edades acunándose entre ellas. No por nada, como decíamos, te ha valido la nominación. ¿Puedes contarnos más sobre Willy Rodríguez y la idea del vídeo?
Fue superguay, porque Willy también es de Almería, aunque no nos conocíamos apenas. Admirábamos el trabajo del otro, pero nunca habíamos coincidido. Nos cruzamos por primera vez en la puerta de un evento de artistas en Almería, y él me dijo que quería grabar un vídeo conmigo. No me lo creía, porque Willy lleva muchos años currando con gente muy tocha, y no entendía cómo quería trabajar conmigo. Le mandé una carpeta con las demos del álbum, y en el fondo yo quería que eligiera Cura pa mi alma, aunque pensaba que no lo haría porque no era la canción más fácil. Pero al momento me escribió y me dijo: “Tiene que ser esta”. Desde el principio tuvo clarísima la idea: una colmena de abejas protegiendo a la reina. Lo tradujo en esa pirámide de mujeres que me sostienen y me protegen, como lo hacen las madres toda la vida. Aunque seamos mayores, ellas siguen con ese instinto de protección. Y al final salió ese videoclip tan bonito. Willy y yo no podemos estar más felices; desde que lo hicimos, solo han pasado bendiciones.
Entre todas las tomas aparece tu madre. Hay un plano en el que no sabemos si eres tú quien la mira o si es ella quien te despide. ¿Qué significa para ti tu madre en todo este proceso?
Fue increíble. Me acuerdo de estar ese día en la pirámide y no parar de emocionarme. Llorábamos todas: las mujeres del rodaje, los de detrás de las cámaras… todos. Incluso la gente del equipo, que lleva años grabando videoclips, me decía: “Nunca habíamos visto tanta gente emocionarse tanto en un rodaje”. Y yo estaba ahí, apoyada en las piernas de mi madre, cogiéndole la mano, haciendo lo que más me apasiona, y pensé que eso es todo lo que quería en esta vida. Lo que pase después ya da igual, porque con ese momento ya sentí que había ganado. Que mi madre estuviera en todo este proceso fue un regalo. Era justo lo que quería.
Y las otras mujeres que aparecen en el vídeo, ¿quiénes son? ¿Cómo llegasteis a reunirlas?
Vinieron de todas partes de Almería. Había mujeres que se cogieron un autobús desde pueblos a más de una hora y se plantaron allí de buena mañana. Muchas no las conocía; otras eran tías, abuelas o madres de amigas mías, o de mi propia familia. Fue superbonito, porque estábamos todas mis amigas con sus madres, compartiendo algo que iba más allá del vídeo. Se respiraba una energía muy especial.
En el vídeo también vemos a una niña corriendo por el desierto de Tabernas. ¿Qué queda de esa Vera pequeña que miraba el mundo por primera vez? ¿Qué crees que te diría si te viera hoy?
Yo creo que estaría superorgullosa. La verdad es que algo más grande que esa canción, la Vera pequeña no se lo habría imaginado nunca. Desde muy chica sabía que quería dedicarme a esto, desde que nací casi. No tuve ese momento de decir, quiero ser veterinaria, ni nada de eso; yo quería ser artista desde el minuto uno. Si la Vera pequeña me viera ahora, creo que alucinaría. Diría: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Y cuando digo hasta aquí no hablo de números ni de éxitos, sino de lo que siento artísticamente. Siento que he superado con creces lo que alguna vez pensé que podía hacer. Estoy muy feliz, y mi Vera interior… aún más.
En tus canciones siempre hay muchas mujeres presentes. Pobre niña es una de las más duras, una de esas que duelen. Un retrato sin adornos de la violencia y del amor que golpea. ¿Cómo fue escribir algo así?
La verdad es que Pobre niña es una de las canciones que más cosas buenas me ha regalado, y es curioso cómo algo tan feo y doloroso puede transformarse en eso. Creo que fue de las canciones que más rápido he escrito en mi vida. Me acuerdo que estaba en mi habitación, grabándome un top line, y en el primero ya me había salido el estribillo y las dos primeras frases. Era una canción que llevaba dentro, que tenía que sacar de alguna manera. Fue fácil escribirla porque, al final, es algo que yo he vivido, y también me inspiré en gente cercana a mí. Sentía que tenía que hablar de eso, y me salió así, sin pensarlo mucho. Al principio me daba miedo, me decía, no sé hasta qué punto quiero hablar de esto, como desnudándome tanto. Pero al final fue una liberación. De lo más bonito que ha salido de algo tan triste como vivir una relación de malos tratos.
Lo necesario que es que alguien escriba algo así. Al final todas, de una forma u otra, nos reconocemos en ella. ¿Qué te ha devuelto la gente después de abrirte de esta manera?
Totalmente. Yo me di cuenta, a través de Pobre niña, de que mi función en la música no es solo hacer canciones, sino transcender más allá. Ese rol me encanta, y siento que es lo que me hace levantarme cada día con ganas de seguir haciendo esto. Recuerdo mensajes que me hicieron llorar durante días, testimonios de mujeres que se vieron reflejadas. Pero hubo uno que se me quedó grabado, el de un niño que me escribió para contarme que su madre vivía una relación de malos tratos y que no sabía cómo sacarla de allí. A raíz de escuchar la canción, se la puso a su madre, y gracias a eso pudieron empezar a hablar del tema, abrir esa conversación. Ahí entendí que la música puede llegar a lugares donde las palabras no llegan. Y eso, para mí, es lo más grande.
Qué fuerte, tía. Y qué bonito que veas la música de esa manera. Pero claro, también está la otra cara, ¿cuál dirías que fue el momento más agotador de todo el proceso del disco?
Yo creo que los arreglos. Llegó un punto en el que ya ni me apetecía escucharlo. Solo le veía fallos, cosas que no me gustaban. Hubo temas que incluso me llegué a replantear, porque no sabía si me representaban o si me seguían gustando. No sé, fue una etapa un poco horrible, la verdad. Pero bueno, también es parte del proceso. Todo tiene su cara B.
¿Tienes alguna manía al grabar? No sé, rituales raros o costumbres que no cambian nunca.
Sí. En realidad, me adapto bastante bien a todo, pero cuando estoy en un momento de inspiración, como haya el mínimo ruido, alguien hablando o entrometiéndose, me agobio un montón. Necesito silencio, que estén solo las personas justas en el estudio. Si no, se me va. Por eso tampoco me encanta grabar en Madrid: hay demasiado movimiento, demasiada gente. A mí lo que más me gusta es irme a la casa del pueblo de mi amigo, donde grabamos todo el disco, y salir al campo a escribir. Que no haya ni una mosca que me moleste.
Hablemos de La Revuelta. Llegaste allí casi sin planearlo y acabaste con medio país pendiente de ti. ¿Cómo fue eso?
Buah, fue increíble. Cada vez que lo recuerdo me río, porque no me lo puedo creer, de verdad. Todo fue supernatural. Esa semana estaba en Madrid con mil cosas, y de repente dijimos: oye, tío, vamos a La Revuelta. Hasta cancelamos planes porque nos apetecía ir. Fuimos esa tarde, y justo el día anterior me había enterado de la nominación. Estaba con mi prima, que también es mi mánager, en el público, y antes de que empezara el show, en el pre-show, ella levanta la mano y dice: “¡A esta niña la acaban de nominar a los Latin Grammy!”. Se quedó en anécdota, hasta que Broncano lo escuchó y dijo: “Quiero que vengas”. Yo pensé que lo decía por decir. Me volví a Almería, abro las maletas, y mi manager me llama: “Tía, hazlas otra vez, que mañana vamos a Madrid, que vas a La Revuelta”. Una locura. Me lo pasé tan, tan bien.
Y tu padre… que casi se roba el show (risas). ¿Se ha reconciliado ya con Broncano?
(Risas) Sé que no es su programa favorito, pero por su hija lo vería. Si yo fuera parte del programa, él lo vería todos los días.
¿Y ahora qué? ¿Qué viene después de todo esto?
Creo que viene la era más folclórica de mi vida. Estoy muy emocionada, tenía muchas ganas de que llegara este momento. Estoy sin prisas, haciendo música, y todo lo que me está saliendo es superfolclórico, supersentimental. Se viene época de llorar mucho –pero de las bonitas–, y estoy muy contenta, porque es justo lo que me gusta. No sé si acabará siendo un álbum, un EP o solo canciones sueltas. No tengo prisa por resolverlo, pero sí muchas ganas de que empiece a salir pronto.
Y en nada arrancas tu primera gira. ¿Cómo lo estás viviendo?
Tengo muchísimas ganas. Me acuerdo de que cuando cerré la gira me entró ansiedad; pensaba que había tomado una mala decisión, que igual llegaba a una sala vacía, todos esos miedos del principio. Pero ahora que se acerca la fecha solo estoy motivada, con muchas ganas. En algunos sitios las entradas van volando, en otros no tanto, pero lo estoy viviendo con calma, con filosofía. Todo va como tiene que ir.
Lejos de casa… no te olvides de llamar a tu madre (risas).
(Risas). Sí, por suerte ya aprendí la lección y la llamo cada día. Ya me estoy acostumbrando a esta vida, a sacrificar tiempo con mi gente, con mi casa, con mi abuela… que parecen tonterías, pero al principio pesan mucho. Luego te das cuenta de que todo esto lo haces por algo que te apasiona, y vale la pena. Soy muy feliz, y tengo la suerte de que mi equipo también es mi gente. Así que cuando viajamos no me siento tan lejos de casa; estoy rodeada de personas en las que confío, y eso lo cambia todo.
¿Qué te gustaría que la gente sintiera cuando escuche tu disco?
Me gustaría que se sintieran reflejados, que escucharan una canción y pensaran en alguien a quien quieren. O que mi música les sirva para tomar una buena decisión, para reconciliarse con alguien, para llamar a su madre o simplemente para sentir sin miedo. Al final, ojalá mis canciones sean eso: un pequeño impulso para vivir con más verdad, para querer más y para no guardarse tanto. Que se sientan acompañados de verdad.
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Vestido STUDIO CUMBRE.
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Camisa AAA STUDIO, pantalón DIMONI STUDIO.
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