Parece que esto de revisitar los orígenes ha venido para quedarse. Bad Bunny no fue el primero en explorar el folklore de su país viniendo de la música más actual, pero sin duda DeBí TiRAR MáS FOTos ha marcado una sintonía que no deja de repetirse últimamente. Una moda sana, más sana de lo que estamos acostumbrados, a la que ha querido sumarse Trueno con su cuarto disco de estudio, Turr4zo.
En esta cuarta entrega, Mateo se sumerge durante catorce temas en los sonidos que ha mamado desde pequeño, cuando abría las ventanas de su casa en La Boca y los ritmos de cumbia, folklore rioplatense o RKT llegaban a sus oídos. Esas melodías que los turros llevan exportando desde finales de los noventa y a las que, con este disco, se pretende homenajear. Además, con este disco casi homónimo también pretende dar su lugar a aquellos ídolos culturales que desde las villas argentinas fueron referentes invisibles de más de una generación.
Mezclado con sus evidentes y heredadas influencias hip hop (de su padre, al cual le agradece este legado en Rain IV), Trueno hace un recorrido por todos los sonidos que alguna vez vivieron en las calles bonaerenses. No solo en el resultado de la composición, también en la selección cuidada de samples y referencias musicales de iconos que fueron ídolos en el barrio. Una larga lista de guiños implícitos y explícitos en la que, por nombrar a algunos, aparecen Los Wachiturros (Turrazo), Gustavo Cerati y Spinetta (Zombi), Calamaro (1000 horas), Gardel (X unas llantas) o Los Pibes Chorros (Bailando sola).
Como acompañante en esta misión, Milo J aparece como la primera colaboración del disco. Nadie con una experiencia más reciente y exitosa en la revisión de las raíces musicales de Argentina que Camilo. Pumas deja la nota folklórica del disco, una canción que moderniza uno de los patrones rítmicos más característicos de la tradición latinoamericana y que, como referencia implícita, utiliza como leitmotiv un verso de Facundo Cabral: “no soy de aquí, ni soy de allá”.
El resto de colaboraciones tampoco pasan desapercibidas. Calamaro y Rubén Rada están en el tracklist sumando credibilidad a un proyecto que está auspiciado por aquellos a los que en parte va dirigido, y Pity Álvarez cierra el trabajo con una narración cediendo el testigo a Trueno en Pity in the Sky. Mención singular hay que hacer a 1000 horas con Andrés Calamaro, quien se ha prestado a reeditar una de sus canciones más reconocidas (Mil horas, junto a Los Abuelos de la Nada) manteniendo la esencia, pero enclavado en un registro más propio de Mateo.
Neo Pistea y María Becerra son los últimos dos que entran en los créditos explícitamente, cuadrando más en concepto la del primero que la de la segunda. Neo se junta a Trueno para rellenar ese hueco que se merecía el trap argentino dentro de la historia de la música nacional con Grillz. Mientras, María nos deja una canción retro pop, 90s, más propia de Puerto Madero que de los alrededores de La Bombonera. Siendo un tema que funciona, turro, turro, no es.
Ya en sus temas en solitario, Turrazo se convierte en el centro conceptual del disco sampleando el tema Tírate un paso, de Los Wachiturros. Llevándose todo el peso de la justificación del nombre del proyecto, esta canción es un ejemplo perfecto de lo que uno se podía esperar cuando se anunció. Una actualización de un clásico villero al subgénero del hip hop que más le cuadrase a Mateo. En este caso, todo un acierto ese ambiente de la bling era con el estribillo melódico. X unas llantas podría ser otro ejemplo de esto.
El resto de pistas en solitario distan un poco más de esta idea de mezclar lo turro con el hip hop más estadounidense y es una lástima, porque los dos temas que se mencionan anteriormente dan ganas de un trabajo completo siguiendo este esquema. Son hits que se disfrutan pero en los que no se ve tanto el sonido popular turro que uno se puede imaginar. Estilo sudaka, algo muy funky y bailable, Zombi, más melancólico y minimalista, o Con el combo, más propio del norte del continente, no parecen tan propios de su contexto y no encajan como el resto con el nombre de Turr4zo.
Sea como sea, un disco completo y lo suficientemente redondo como para aportar a la ola de neoregionalismo musical que está a la orden del día. Un trabajo en el que se puede ver al Trueno más profesional, sabiendo transformar un concepto al cien por cien en música en más de un momento, y en el que se nota mucho mimo a la producción y las influencias que lo han marcado.
Canción favorita: Turrazo.
