
Laia: Yo estoy haciendo un catálogo porque vamos a añadir piezas para ocasiones especiales, tipo bodas, que es algo que nos estaban pidiendo desde que empezamos.
Ale: Y yo pesimismo (risas). Realismo, realismo. Laia es la que puede aportar más curación, más sensibilidad, que no digo que yo no la tenga, pero a nivel de escoger producto, ella lo hace mucho mejor que yo. Y yo, aunque Laia también lo tiene, hago más relaciones, contacto para partnerships, otras marcas, instituciones, etc. Me gusta más toda esta parte.
Laia: Exacto, a Alejandro no le da palo nada. Lo que se tiene que hacer se hace. Yo soy mucho más de estar en mi silla, sola, con mi ordenador y mis cosas, pero todo lo que es comunicar el proyecto, explicarlo, buscar partners y todo esto, yo soy incapaz. Yo salgo de aquí y no quiero hablar con nadie de Trent (risas).
Ale: Nos habíamos graduado hacía dos años, yo estaba trabajando ahí, hubo el Covid de por medio, fue una época un poco rara y al final decidí dejarlo. Cuando empecé a pensar en otros trabajos, tenía muchas ganas de empezar un proyecto y sabía que Laia había tenido esta idea, le veía sentido, era algo que había empezado a funcionar en los Estados Unidos y me motivó por varios motivos: por emprender, por la parte de sostenibilidad, el producto, lo innovador.
Cuando me tocó volver, no quería, no sabía qué hacer. Siempre he tenido muchos líos sobre a qué me quiero dedicar, y pensé que sería guay abrir un espacio de diseñadores locales emergentes para dar visibilidad, y esa fue la primera idea. Nadie me hizo caso. Me puse a trabajar en otras cosas hasta que un día, estando en esa empresa de marketing donde me aburría muchísimo, se me ocurrió aplicar el alquiler al tema de los diseñadores locales emergentes. Las piezas son muy caras porque la producción es carísima. Para la gente, acceder a las piezas de estos diseñadores es complicadísimo. Primero, porque no los conocen, y segundo, porque una vez los conocen, los precios son altísimos. Una forma fácil de acceder a ellos era con el alquiler.
Ale: El proyecto era más para poner en común a varios diseñadores y ahí entró el tema del alquiler. Empezamos unos primeros meses con el tema de ropa para bodas y eventos, que es lo que estamos retomando ahora. Luego hubo cosas que no nos representaban y empezamos de cero con marcas nuevas y branding nuevo, y empezó a ser moda. Moda, moda. Pasamos de un extremo a otro. El punto en el que ahora se encuentra es una suma de todos los aprendizajes de todos estos años.
Laia: También estamos transicionando a nivel de catálogo porque trabajar con solo diseñadores emergentes es muy complejo para que la gente venga y pruebe. Si el diseñador emergente está acompañado de una marca de lujo conocida o de una marca más independiente, los usuarios ya tienen un punto de confianza. Además, estas marcas pequeñas nunca tienen descuentos y les dijimos que, después de uno, dos años colaborando, qué les parecía si toda nuestra comunidad tuviera la oportunidad de comprar sus prendas a precios rebajados y así fue.
Ale: El archive sale se hizo para vender los máximos productos posibles de las marcas que no van a seguir colaborando con nosotros. Y, además, mostrarles el nuevo espacio a nuestra comunidad. Cuando llevábamos tres o cuatro meses de obras, queríamos que la gente viniera a conocer lo que estábamos haciendo y que viera la evolución desde el concepto de under construction.
Laia: No tenemos clientes que lo hayan dicho, pero sí amigos que no se van a comprar una pieza de cuatrocientos euros de una marca que no conocen porque no saben por qué cuesta eso. No hay predisposición a pagar precios tan altos por una marca que no conoces, tiene que ser una pieza muy especial.

La curación en Trent es compleja porque no somos una multimarca que vende, sino que también alquila. Cuando vendes, buscas piezas mucho más comerciales que te puedas poner más fácilmente. Pero, a la vez, hago la curación de piezas más extravagantes y especiales de alquiler para artistas o celebridades, que son una pasada pero no te las pondrías en tu día a día. Tienen que estar en Trent porque son parte de la marca y son estampa de por qué nació esta idea, de vestir diferente, de experimentar con la moda.
A mí me gustan cuarenta estilos distintos, pero intento que todo tenga más coherencia, que todo pueda combinar entre sí aunque sean estilos diferentes, que a la vez convergen en algo que va hacia una misma dirección creativa y de estilo.
Ale: Sí, bueno, no está sobre la mesa todavía (risas).
Laia: Soy una amante de los perros y sé que cada vez la gente invierte más en la vestimenta de sus mascotas. Es algo de futuro.
Ale: El tema de las bodas, como fue algo que ya hicimos, al principio le pusimos una cruz. No funcionó bien, no acababa de ser nuestro estilo y nos quedó un poco churro, porque hicimos algo que no nos representaba. Después nos pasamos un pelín de listos y pusimos ropa muy experimental de alquiler para el día a día. La gente que acogió mejor la idea fueron estilistas, que en ningún momento fue nuestra idea inicial, pero vimos que los artistas sí necesitaban este tipo de ropa para ocasiones concretas. Y poco a poco se empezó a interesar gente que sí entendían el concepto de alquiler y que nos empezó a pedir ropa para bodas. Entonces, llegados a este punto, hemos pensado en recuperarlo pero llevándolo a nuestro terreno.
Laia: Nuestra idea a corto plazo es empezar a construir nuestro archivo con las pasarelas que tengamos en mente, desde 1990 hasta el día de hoy, y empezar a construir un catálogo.
Ale: Y otra cosa a muy corto plazo es incorporar ropa de hombre, confío en que puede funcionar.
Laia: Totalmente. Los hombres que invierten en ropa, no me atrevo a decir que invierten más que las mujeres, pero están predispuestos a pagar más porque es más difícil encontrar cosas que les gusten, no hay tanta oferta y, a la hora de diferenciarse, encontrar las piezas que van a conseguir que vayas diferente al de al lado es mucho más difícil.
Laia: Esta cultura de la acumulación es un problema, no tiene sentido. Las piezas no te duran, no estás contenta con tu armario porque no tienes esas cosas que realmente te gustan porque te has gastado la pasta en diez que no eran necesarias, pero como eran más, el volumen parece ser más importante.
Ale: Tiene varias partes. Una es la entrada con unos archivadores como de biblioteca para todas estas prendas tan especiales que se podrán mover y crear espacios diferentes cada vez. Luego están las oficinas, los probadores y un espacio común para activar a nuestra comunidad. La idea era recuperar el estilo de probador de las marcas de lujo, donde te sentabas, tenías tu sofá y eran grandes. Hemos reproducido tres de estilo industrial, pero grandes para poder ir sola, con amigas, con pareja y, en el medio del espacio, queda lo que sería el fórum, que es donde pasarán las cosas. Queremos que sea un espacio para creativos de Barcelona y que pasen cosas, desde eventos hasta desfiles.
Laia: Exacto. Queremos que sea un espacio para poder mostrar todo lo que Trent apoya a nivel creativo, ya sean desfiles con marcas que nos gustan, presentaciones de revistas, de libros, de cosas que queremos apoyar a nivel cultural, con las que nos sentimos identificados.
Entonces, relacionado con lo que es la escena cultural, son todo referentes sueltos. Son muchos proyectos que vas conociendo pero que no son conocidos, quizás. No una identidad que tengas siempre presente, sino que vas conociendo unos creativos de Milán que presentan un proyecto hecho con textiles con la universidad de moda de allí. Pequeños proyectos con los que te vas interesando. Esto es un poco la escena cultural que me ayuda a visualizar lo que va a ser Trent. Es todo lo que hemos ido conociendo a nivel de proyectos más pequeños a lo largo de estos últimos años, pero no referentes grandes como tal.
Ale: Es un poco complejo de explicar porque somos una plataforma que conecta diseñadores. En un inicio no había una inspiración clara, simplemente queríamos crear un espacio donde el protagonismo no recayera tanto en nosotros sino en las marcas. Algo muy clean, neutral, donde nosotros seleccionáramos a los diseñadores y les cediéramos el foco. Con el tiempo, fuimos construyendo una identidad propia, pasando de ser solo una plataforma a convertirnos en algo más, una marca con personalidad propia.
La tienda, por ejemplo, está bastante inspirada en los años 70, en Andy Warhol y su concepto de la Factory en Nueva York. Él cubrió todo el espacio con papel de plata, en parte por falta de recursos, pero también como una forma de darle identidad. Nosotros nos inspiramos un poco en eso: en crear un espacio uniforme, con una estética muy marcada, utilizando pocos materiales y recursos, pero con elementos muy definidos. Verás que todo gira en torno a un solo tono, con estructuras muy claras.
Ale: Eso sí, con el tiempo, y a medida que hemos ido desarrollando Trent, también he ido creciendo personalmente, y quizá me he acercado un poco más a la estética o dirección que hemos ido tomando, sobre todo gracias al trabajo que hicimos con Inés en la dirección creativa. Pero nunca ha sido un reflejo directo de quien soy. Es más bien un lenguaje que he ido entendiendo y aprendiendo.

Trent te invita a atreverte con prendas que probablemente no te comprarías. Y eso, de alguna manera, te da un brillo extra. Es como una pequeña transformación: experimentar con algo distinto, ponerte una pieza que no hubieras elegido si no fuera por el alquiler.
Ale: Creo que tiene mucho que ver con la personalidad catalana, más discreta. Aquí, si te vistes mucho, parece que estés buscando atención. En cambio, en otras ciudades como Londres o París, la gente se expresa sin preocuparse por lo que piensen los demás. Aquí falta un poco de eso. Y aunque hay muchísima creatividad, quizás nos cuesta más salir, ir a eventos, generar comunidad, etc. Justamente por eso queremos ser un punto de encuentro que active ese espíritu. Más que querer que la gente ‘vista mejor’, que es algo subjetivo, lo que nos gustaría es que se atrevieran más a experimentar con su estilo personal.
En Barcelona, por ejemplo, si me fijo en los chicos, la mayoría visten igual, con las tres o cuatro marcas de siempre. Todos van prácticamente clavados, y es una pena porque hay poca diversidad. Lo que queremos con Trent es justamente eso: animar a la gente a jugar más con la moda, a probar cosas nuevas. Y creemos que el alquiler es una vía perfecta para hacerlo, porque permite acceder a piezas diferentes sin el compromiso de comprarlas.
Ale: No nos atrevemos a hacerlo en lo cotidiano. Y eso tiene mucho que ver con cómo somos los catalanes: no es tanto por pereza, sino por discreción. Tenemos esa cultura de no querer llamar la atención, y cuando alguien se arregla demasiado, se percibe como que busca destacar, pero no de forma positiva. Es como si vestirse diferente fuera algo mal visto.
A mí, por ejemplo, me pasó con un jersey, lo acabé comprando después de alquilarlo. Pero no sientes que te estás desprendiendo de algo importante porque ya lo has disfrutado. Has visto cómo encaja en tu vida, y a veces simplemente te das cuenta de que era algo pasajero, que querías probar un tiempo. Y si algún día quieres volver a llevarlo, siempre puedes volver a alquilarlo.
Laia: Lo más difícil es el paso previo, la gente tiene que entender que está pagando por algo que, en realidad, va a tener que devolver. Existe todavía una idea muy arraigada de posesión: si pago por algo, entonces debería ser mío. Y cuando no lo es, cuando solo lo tienes por un tiempo limitado, cuesta entender por qué estás pagando.
Ale: Se trata de pagar por el disfrute. Estás pagando por vivir la experiencia, no por la propiedad. Y esto con la ropa todavía cuesta de asimilar. Es curioso porque hay otros ámbitos donde esto se entiende perfectamente. Por ejemplo, vas a un Airbnb y pagas por estar allí unos días. Nadie espera quedarse con el piso. Yo creo que cuando existe una ocasión concreta o una necesidad clara, alquilar es mucho más fácil. Por ejemplo, si alguien alquila porque se va de viaje y sabe que en cinco días estará de vuelta, o porque tiene una boda o un evento especial, entiende perfectamente el proceso. En esos casos, la gente suele devolver la prenda satisfecha, con la sensación de que ha cumplido su función.
Lo que es más complicado es integrarlo en el día a día. Cuando no hay una ocasión específica, cuesta más tomar la decisión. Ahí surge la duda: ¿Y si pago por esto y luego no me lo quedo? En ese contexto, todavía no estamos del todo preparados; siento que hay más fricción. Pero cuando hay una necesidad clara, incluso da más satisfacción. Porque sabes que has ahorrado dinero, has podido llevar una prenda que probablemente no habrías comprado, y además, te has visto mejor. Es una experiencia que te deja con una sensación muy positiva.
Ale: No, no, para nada. Simplemente, hacía muchos años que había dejado de comprar fast fashion. Ya estaba bastante concienciada con el tema. En parte fue gracias a mi padre. De hecho, la mitad de mi armario está compuesto por ropa suya. Como tenemos la misma altura y el mismo número de pie, ha sido un gustazo poder reciclar muchas de sus prendas. Además, le encanta la moda, así que todas las prendas buenas que tengo, vienen de él.
A partir de ahí, empecé a enfocarme en comprar muy poco, pero de buena calidad. Mucha gente compra constantemente en cadenas y acaba acumulando prendas que luego ni usa. Todos hemos pasado por eso: ropa que se queda en el fondo del armario y que luego te da pena donar, tirar o revender. Yo me acostumbré a tener un armario más reducido, con prendas bien escogidas, y que realmente uso. Cada temporada reutilizo casi el noventa por ciiento de lo que tengo.
Laia: ¿Sabes qué me pasa a mí? Estoy en una situación muy compleja. Antes compraba muchísimo y he tenido fases de todo. Hace ya años que dejé de comprar fast fashion, lo cual encarece el consumo, porque las marcas sostenibles son más caras. Aun así, he ido invirtiendo en piezas concretas de marcas que me encantan desde que estoy en Trent. Pero también me he vuelto muy estricta: conozco tantas marcas y productos que tengo tantas alternativas en la cabeza que me cuesta horrores elegir. Para comprarme unos pantalones, me puedo pasar seis meses buscando. Siempre tengo la sensación de que hay algo mejor, y eso hace que al final no compre nada.
Ale: Yo diría Puchito.
Laia: ¡Todo hombres!
Ale: Hunter Schafer me haría mucha ilusión. Rosalía misma también me encantaría.
Laia: Jack Nicholson y Hunter Schafer. Me encantaría encontrarme a Jack con sus gafas diciendo: Vengo a que me hagáis un estilismo.










