Inquieto y ansioso por naturaleza, desde su infancia ya sabía que crear no era solo una opción, sino una necesidad. Sin miedo a explorar, al final fueron la fotografía y la performance las disciplinas que ofrecieron a Tomás Pintos un refugio a través del cual pensar, sentir y comunicar. Desde entonces, ha podido descubrir y reinterpretar todas sus versiones en numerosos proyectos personales y por encargo, siempre en diálogo con su identidad. Ahora, desde Barcelona, nos recibe con una cálida, calmada y sincera conversación sobre qué conlleva ser artista y cómo ha llegado a descubrirlo.
“Es un trabajo constante entender quién sos como artista y también aceptar que eso puede mutar”, confiesa cuando hablamos sobre arte. En su último proyecto, Besos hasta agotar stock, explora precisamente una de esas facetas, donde presenta todas las posibilidades que esconde un gesto tan cotidiano como el beso. Una experiencia, una reacción del cuerpo que puede leerse desde la excitación, el amor o incluso la resistencia; nunca una suposición, siempre traducciones de la realidad. No todes están preparades para el morbo, la tensión o la incomodidad, pero si te llama la atención, Tomás Pintos te espera este julio en Barcelona y en septiembre, en Valencia. Atrévete a romper lo establecido. 
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Siempre se habla mucho de arte, pero poco del artista. ¿Quién es Tomás Pintos?
Básicamente un maricón (e insoportable) que hace performance porque soy muy ansioso para quedarme quieto. Artista visual y fotógrafo cuando no me distraigo con otras cosas.
Por tus estudios en comunicación, imagino que siempre te ha interesado el mundo audiovisual  y todas sus posibilidades. ¿Qué te hace transicionar hacia el arte visual y la performance?
Siempre me fascinó construir universos e historias a través de lo visual. Desde chico armaba películas con mis juguetes, les daba personalidad, vivía mucho en la fantasía. Supongo que era mi mayor escape de la realidad. Creo que eso evolucionó en mi fotografía. No encontraba la manera de generar en el escape algo relevante y me tuve que hacer fotógrafo.Con el tiempo, descubrí en la performance una extensión natural de ese deseo: otro lenguaje con el cual construir y traducir ideas. Me interesó cómo el movimiento podía ser tan narrativo como una foto, y cómo ese lenguaje físico podía expandir mi universo visual. Me gusta pensar en eso: convertir imágenes en movimiento, y movimiento en imagen. Creo que siempre está la pregunta: ¿cómo traduzco mi imaginario en algo físico? ¿Cómo se transforma una idea en algo concreto? Ahí empieza todo.
El pop, lo absurdo y lo cursi son esenciales a la hora de definir tu estilo, pero, ¿dirías que hay  otras referencias que complementan este imaginario?
Muchísimas. Mis amigues y la gente que me rodea son una gran fuente de inspiración. También internet, la cultura pop y lo marginal o queer: espacios donde les maricones solemos encontrar refugio y libertad. Soy una esponja emocional. Mi familia y mi factoría es un lugar donde me  permito estar sensible y permeable, y desde ahí crear. Por ejemplo, en Besos hasta agotar stock trabajé con Zoe Lena Rebecchi, que hizo el diseño sonoro, y es además una gran inspiración para mí. También con intérpretes increíbles con los que conté, como David Grimaldi, Pilar Soliveres, Águila Leite, Mar Garcia y Borja Palacios. Y con Toni de Canillas como curador. Rodearme de gente  talentosa hace que todo sea más fantástico.
A nivel de referentes artísticos, me fascina Marina Otero (si no la conocen, búsquenla, es brillante y brutalmente honesta) y también me inspiran compañías como Peeping Tom, Dimitris Papaioannou, La Veronal, La Sadcum, DV8 Physical Theatre y artistas increíbles como Mabel Olea, con quien tuve el placer de conocer, jugar y crear.
“A veces el artista que sos no coincide con el que querés ser. Y está bien. Personalmente creo que no es ninguna desgracia no saber lo que estás haciendo y no tener todas las respuestas.”
Has trabajado junto a marcas y revistas internacionales. ¿Cómo logras integrar tu visión artística en estos encargos, y qué tan importante es para ti reflejar tu personalidad en ellos?
Siempre intento que haya un intercambio: tomar algo del proyecto pero también dejar algo mío. Adaptarse sin perderse, de encontrar un punto medio entre la  flexibilidad y la identidad. Me gusta que cada proyecto me permita reinterpretarme. A veces me veo a mí misme en versiones que no imaginaba, y eso también es parte del proceso. Construyo universos diferentes para cada encargo que puedan convivir con mi  identidad.
Es un trabajo constante entender quién sos como artista y también aceptar que eso puede mutar. A veces el artista que sos no coincide con el que querés ser. Y está bien. Personalmente creo que no es ninguna desgracia no saber lo que estás haciendo y no tener todas las respuestas.
Tras performances como The Red Room, Trayectoria de figuras sonoras en todas las direcciones al mismo tiempo o Empatía radical, ahora presentas Besos hasta agotar stock. ¿Qué evolución percibes en tus obras y qué te ha inspirado a crear en esta ocasión?
Siento una evolución en el modo en el que me acerco a las creaciones. No vengo de una formación tradicional, así que me acerco desde otro lugar: el de la posibilidad infinita, la curiosidad, la identidad. Quizás de lo único que se trata es de insistir y de entender qué estás haciendo para poder hacerlo más y mejor.
Besos hasta agotar stock surge de una residencia artística en mi última visita a Buenos Aires, una ciudad fantástica que me dio muchísimo, en Nos en Vera. Tuve la hermosa suerte de juntar a artistas increíbles como Julieta Rampulla, Julián Dubíe, Dominique Melhem, Jonas Grasi y El Meinyu  (todas ellas tienen un lugar muy especial en mi corazón). Mezclamos materiales que ya tenía con nuevas ideas y dejamos que la pieza se armara casi como collage vivo.
Poder seguir desarrollándola en Barcelona, en Segundo Espacio, fue otra bendición. Un espacio expresamente pensado para dar rienda suelta a la  creatividad. Ha sido un placer trabajar con ellos y que permitan el desarrollo de  este proyecto tan bonito depositando su confianza en esta propuesta. El beso evoca una sensación de tensión e, incluso por momentos, resistencia.
¿Qué te ha  llevado a explorar este gesto tan íntimo y convertirlo en uno más radical?
No sé. Me gusta mucho besar. Me gusta como gesto de cariño y también de calentura. Me gusta calentarme y calentarte. Es un gesto simple, cotidiano, pero lleno de posibilidades. Y en escena adquiere una fuerza radical. No me interesa tanto representar algo como explorar cómo algo real se traduce al cuerpo y la experiencia.
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¿Diríamos qué es una representación de cómo se muestra el afecto hoy en día?
Creo que son traducciones de experiencias reales (tanto personales como universales) en expresiones artísticas en escena. Quizás hay quienes lo asocien con el afecto o quienes no lo asocien con nada relacionado a lo vincular; bienvenidos la desorientación y el desequilibrio.
¿Cómo crees que el público recibe este gesto desde una perspectiva más física que emocional?
A mi sorpresa, la gente se vuelve loca. Si bien es un gesto muy cotidiano y universal, hay algo morboso, algo voyeur en observar un beso durante tanto tiempo. Hay incomodidad, pero también deseo, ternura, violencia, humor. Estamos muy acostumbrades a vivir el beso como algo cotidiano e íntimo, pero no a observar con detenimiento. Ahí aparece la tensión, lo performativo, lo absurdo.
En el proyecto existe un choque entre cuerpos que se sujetan, se pierden y comparten algo  íntimo. ¿Cómo has dirigido y coreografiado los movimientos, teniendo en  cuenta la intensidad del acto?
Bailo con mucha energía y furia. A veces me gusta exagerar al punto de lo ridículo, jugar con los límites. Me interesa la improvisación como catarsis, y luego ordenarla. También me encanta ver cómo brillan les artistas con los que trabajo. No me interesa borrar sus identidades, sino potenciarlas. Lo que cada uno trae es lo que da forma a la pieza. Estoy muy agradecido de lo increíbles que son todas.
“Me gusta mucho besar. Me gusta como gesto de cariño y también de calentura. Me gusta calentarme y calentarte. Es un gesto simple, cotidiano, pero lleno de posibilidades.”
En general sueles jugar con elementos como el cuerpo, el movimiento de la materia o el  entorno. ¿Qué proceso creativo sueles seguir y qué suele llegar primero: la idea, la acción o la  imagen?
Depende. Cada proceso es distinto. Suelo crear desde el caos y la ansiedad, pero luego intento organizar, entender, traducir. A veces elijo un tema y dejo que todo se active: escribo, archivo, repito, copio, me pongo como sujeto de estudio, me permito dudar. Me gusta ser esponja: absorberlo todo, digerirlo y después devolverlo a ver cómo sale. Creo que es una evolución constante donde nada se cierra definitivamente.
Si no me equivoco, eres de Buenos Aires, y parte de tu vida has vivido allí. ¿Por qué eliges Barcelona y de qué  manera ha influido su escena artística en tus trabajos?
Soy de San Juan, Argentina, una ciudad al oeste del país. Me mudé a los diecisiete años a Buenos Aires, ¡qué ciudad maravillosa! Me dio una excelente formación y desarrollo. San Juan fue mi lugar de nacimiento; Buenos Aires me dio libertad, me formó, me hizo artista.
Barcelona la elegí por la playa, por la idea de ‘Europa’ que teníamos en Latinoamérica. Más recursos, más posibilidades. Después llegás y te das cuenta que es la misma poronga, pero con más racismo. Igual, me gusta mucho estar acá. Me permite conectar con ciudades que amo como Berlín, París o Ámsterdam. Y me gusta la escena, la mezcla, el ritmo que tiene Barcelona.
Has explorado distintos formatos de expresión artística.¿Hay algún territorio todavía  inexplorado que te gustaría probar?
El fútbol (ahre, no). Quizás me gustaría explorar formatos que unan la parte visual que trabajo con lo performativo, creo que sería algo derivado al cine o largometrajes.
¿Si pudieras darle un consejo a tu yo de hace diez años, qué le dirías? ¿Y si pudieras  aconsejar al del futuro?
Al del pasado: sé vos. Tranqui. Todo va a estar bien. Casi todo el mundo se dio  cuenta que eras puto antes que vos, y no les importaba tanto como a vos. Lo que hoy te da miedo después va a ser lo que te haga bárbaro. No dejes que el miedo te devore el alma. Al del futuro: espero que te esté yendo bien y que hayas dejado de robar aguacates del súper.
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