Más allá de los clubs de siempre, la noche barcelonesa esconde fiestas que aún no todxs tienen en su radar. Rincones ocultos que, lejos del bullicio, le devuelven a la escena un pulso más genuino. Así es Textura: un refugio colectivo e íntimo que, en cada evento, conecta con nuevos sonidos y artistas, invitándonos a sudar y recuperar la esencia más pura del clubbing. Desliza y descubre todo sobre su último evento.
Esta vez, Textura encontró su lugar en la sala Upload, ese rincón de Montjuïc con alma lyncheana que, teñido de púrpura, se transformaba en refugio frente a la lluvia que calaba Barcelona. Afuera hacía frío, pero dentro, @niebvla nos entregaba las primeras notas de la noche: un set crudo y eléctrico, a medio camino entre lo orgánico y lo digital. Un preludio envolvente que nos fue calentando, preparando el cuerpo para lo que vendría después.
Cuando nos dimos cuenta la sala ya estaba llena, y Ruda Bonillo había tomado el escenario. La cantante y productora barcelonesa siguió tejiendo una fantasía onírica con una puesta en escena magnética y una voz dulce pero afilada. Entre el ambient, el pop y el hip-hop experimental, nos sumergió por completo en Addicted to this Feeling, su último EP, donde la obsesión por alguien se convierte en una droga insaciable. Con Ladrón de mi suerte llegó la certeza de estar atrapadxs en un sueño lúcido. El público, en silencio, absorbido por su universo sonoro. Solo algún coro suave rompía la quietud, pero nadie quería romper el hechizo.
Entonces, como un golpe de efecto, irrumpió NewAgeLov3r y nos sacó de la ensoñación de un tirón. Un latigazo de energía, una sacudida eléctrica. Veníamos a presenciar el debut en vivo de Wake Up We in Lov3, y vaya si lo hicieron sentir. Un álbum donde el rock se empapa de hip-hop, se fusiona con la electrónica y se despliega en capas emocionales que van del éxtasis al desgarro. Pero si algo define su directo es la puesta en escena: envolvente y psicodélica. Algo en su presencia evocaba la teatralidad camaleónica de Bowie, el misticismo de Radiohead y la audacia experimental de Björk. Todo ello acompañado de los guitarristas Pol Romero y Christopher Hauschild, que nos regalaron algunos despliegues salvajes. Y cuando parecía que todo estaba dicho, Ruda volvió al escenario. Con Valentine’s Day, bajaron las revoluciones sin perder intensidad, dejando una última conexión con el público antes de desaparecer entre aplausos.
Ya de madrugada, después de la piti-pausa, Niki Lauda tomó la cabina y no tardó en pisar el acelerador. Con su mezcla afilada de bass, ritmos rotos y vocales femeninos, encendió la pista al instante y desató los primeros bailes serios de la noche. Le siguió Yorgos Gil con un set vibrante y percusivo, arrastrándonos por el UK funk, el tribal y el speed dembow sin darnos tregua. Para cerrar, Myrcene desplegó su clásico viaje hipnótico entre breaks, techno y atmósferas densas que, lejos de bajarnos las revoluciones, nos mantuvieron en trance hasta el final.
Así se despidió la noche. Entre sudor, aplausos y esa sensación de haber vivido algo especial. Un público entregadx hasta el final, una de esas fiestas que te confirman que en Barcelona todavía quedan rincones donde la música manda. Si al leer te entró el FOMO o la alegría de haber estado allí, tranquilx: Textura seguirá sumando noches como estas, así que estate atentx.





