Swaggerassic no es solo una marca, sino un universo creativo construido desde la intersección entre el hip hop, el arte contemporáneo y el imaginario japonés. Originario de Gran Canaria, Néstor Benítez nos cuenta cómo la firma ha ido evolucionando en el tiempo, desde el diseño de prendas únicas hacia una práctica artística más amplia que abarca pintura, customización y art toys. Detrás del proyecto, fundado por dos buenos amigos, emerge un creador marcado por la cultura urbana de los noventa y dos mil, el coleccionismo y una conexión casi intuitiva con Japón.
Su trabajo respalda con fuerza el valor del proceso artesanal, alejándose de las dinámicas de producción masiva para situarse en un terreno más cercano al arte. Cada objeto funciona como un fragmento de ese universo personal en constante construcción. Pasando por Osaka, Los Ángeles, Madrid y Canarias, Swaggerassic ha ido sembrando su camino en el arte y la moda de forma honesta y reivindicativa. En esta entrevista, repasamos los orígenes de la marca, su desarrollo y las claves de un lenguaje visual propio que oscila entre la nostalgia, la experimentación y la pureza estética.
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¿Cómo surge Swaggerassic y qué campos artísticos involucra?
Swaggerassic es una marca que nació en 2010 y que más adelante registramos a nivel europeo a través de la EUIPO en 2017. La fundé junto a uno de mis mejores amigos, Jason Sanz (aka Freshtylist), que además fue quien dio nombre al proyecto. Desde el principio, Swaggerassic ha ido evolucionando. Empezó centrada en la creación de ropa y accesorios, muchas veces hechos a mano o customizados, con una intención muy clara de generar piezas únicas, 1/1. Con el tiempo, el proyecto ha ido desplazándose hacia un terreno más cercano al arte contemporáneo. Ahora desarrollo principalmente obra pictórica junto con customizaciones y diseño de art toys. Manteniendo siempre esa idea inicial de pieza única y de experimentación.
¿Qué influencias tiene la marca y qué mensaje intenta transmitir?
La marca está profundamente influenciada por la cultura hip hop y por sus cuatro elementos: DJing, MCing, breaking y graffiti. Desde pequeño, la música ha sido una parte fundamental en mi vida. Mis padres y mi hermana mayor me marcaron mucho en ese sentido; en casa se escuchaba constantemente música disco, R&B, funk y rap, entre otros géneros muy ligados a esta cultura. Al principio me llamaba mucho la atención la estética, especialmente la ropa que llevaban los artistas en las portadas y en los libretos de los CDs. Pero fue alrededor de los siete años cuando empecé a consumir videoclips de forma más consciente.
Cuéntanos más sobre eso y cómo accediste a ese universo visual.
En aquella época no era tan fácil acceder a internet, así que los vídeos se descargaban con programas como Kazaa o eMule, y muchas veces lo hacía en casa de mi primo mayor, que luego nos grababa CDs con música y vídeos a mi hermano y a mí. Muchos de esos vídeos de rap y R&B venían de recopilaciones piratas como Videos Kobra, y todo ese material fue clave para empaparme de la estética del streetwear de los noventa y los dos mil. En estos vídeos descubrí marcas como Fubu, Karl Kani, Evisu, o Red Monkey Jeans. En este momento empecé a adquirir interés por la moda. También tuvieron un papel importante las revistas del género como The Source, Hip Flow o Hip Hop Nation, que me ayudaron a mantenerme al día de la cultura y a seguir construyendo mi imaginario visual.
El coleccionismo también ha estado siempre muy presente en mi vida. Mi abuelo coleccionaba juguetes, sellos y monedas, y tanto él como mi padre me transmitieron esa forma de entender los objetos. Crecí rodeado de juguetes como Street Sharks o Moto Ratones, juegos de rol y cartas como Magic, Yu-Gi-Oh! o Pokémon, y universos como Warhammer. También los videojuegos tuvieron un papel importante, especialmente títulos como Final Fantasy o Metal Gear. A todo esto, se suma la animación, tanto occidental como japonesa, que nunca he dejado de consumir. Desde niño hasta hoy, siempre he mantenido una relación muy intensa (casi obsesiva) con la música, el dibujo y el baile. En esencia, Swaggerassic busca transmitir ese espíritu infantil y nostálgico de la cultura de esa época, en diálogo directo con el hip hop, pero desde un enfoque bastante purista. La idea es que cada pieza, ya sea una camiseta o un pin, funcione como una obra en sí misma: todo está pensado y cuidado al detalle, desde el diseño hasta el packaging y la calidad final.
¿Por qué la cultura japonesa?
Desconozco exactamente por qué me atrae la cultura japonesa, pero desde niño, ya fuera a través del anime, los juguetes, la escritura o cualquier elemento relacionado con ese contexto, siempre me ha generado una gran curiosidad. Es algo que me intriga profundamente y que, de alguna manera, también me produce una sensación de interés constante, mezclada con cierta nostalgia. Es cierto que Asia en general me atrae. A lo largo de mi vida he escuchado música en japonés, pero también mucha música china y coreana. Sin embargo, con Japón hay algo distinto que no sé explicar del todo: es una conexión más intensa, casi inexplicable, que va más allá de lo racional.
“Siempre me interesó esa capacidad de convertir una marca en un universo creativo completo: no solo ropa, sino también arte, diseño, objetos, juguetes, identidad visual y una forma de entender la cultura.”
Swaggerassic nace de un término muy asociado a la época de los 2010s como es el swag. ¿Has pensado alguna vez en cambiarlo o resignificarlo con el paso del tiempo?
El nombre Swaggerassic surge de la unión de dos términos: swag, en referencia al estilo y a la estética vinculada al rap de los dos mil diez, y jurassic, porque siempre nos han encantado los dinosaurios. De alguna manera también conecta con esa idea de infancia y con la nostalgia de los años 90 y 2000. ¿A quién no le fascinaban los dinosaurios cuando era niño? Es una palabra compleja y, con el tiempo, me he dado cuenta de que quizá no es tan fácil de pronunciar como pensábamos al principio.
En algún momento he considerado cambiar el nombre o hacer algún tipo de rebranding, pero es una decisión complicada que requiere tiempo y mucha reflexión, y por eso nunca he llegado a dar el paso. Además, a nivel personal, es un nombre al que le tengo mucho cariño. Es algo que creamos hace años y que ha crecido con nosotros, así que me daría pena dejarlo atrás. Aunque es cierto que no siempre es práctico, especialmente para el público hispanohablante, sigue teniendo un valor emocional muy importante para mí.
¿Cómo ha sido el proceso de desarrollo de la marca desde que se crea hace dieciséis años hasta ahora?
El dibujo siempre fue una constante en mi vida y una de las primeras formas que tuve de expresarme. Con nueve años compré mi primer jersey de streetwear, de la marca Fubu, y a partir de ahí empecé a vestir únicamente marcas como Karl Kani, Enyce o G-Unit, entre otras. Todo eso despertó en mí un interés muy fuerte por el diseño de moda. Cuando conocí a Jason y a otros amigos que compartían mis mismos intereses, empezamos a pensar en crear una marca propia.
Un día, mientras estaba en clase, dibujé el logo en un folio de manera esquemática. Después lo pasé a limpio sobre una minicanasta de baloncesto usando pinturas acrílicas y Posca, le hice una foto y más tarde lo vectoricé. Empecé a hacer algunos diseños en camisetas, aunque los resultados todavía no me parecían lo suficientemente buenos. Más adelante, un grupo de amigos y yo reunimos dinero para producir unas camisetas para uso personal en una tienda de estampación. Se podría decir que esas fueron las primeras camisetas oficiales de Swaggerassic, aunque seguía sintiendo que aún no representaban del todo lo que tenía en mente. Por eso decidí empezar a trabajar las prendas de una forma más artesanal.
¿De qué manera?
Si quería una ilustración en una sudadera, la pintaba a mano; lo mismo con zapatos, gorras u otras piezas. De hecho, incluso antes de crear la marca, ya customizaba calzado, gorras y distintas prendas. Tras años de búsqueda, finalmente encontré manufacturas capaces de producir las cosas como yo quería, llegando incluso a fabricar calzado con diseño propio.
Hoy en día la marca ha evolucionado hacia un rumbo más cercano al arte contemporáneo, centrado sobre todo en mi faceta como artista más que en la de diseñador. Aun así, en el futuro me gustaría retomar el diseño de moda. Todo llegará a su tiempo.
Tu trabajo mezcla moda y arte, pero no todos los diseñadores consiguen moverse con credibilidad en ambos mundos. ¿En qué momento sentiste que Swaggerassic dejó de ser solo ropa para convertirse en un universo artístico?
Desde el principio siempre fue un universo artístico. Al fin y al cabo, muchos de los creadores que he tomado como referencia se mueven entre ambos mundos, el arte y la moda. Yo simplemente he intentado seguir esa línea y emular, cada uno desde su lenguaje, lo que hicieron figuras que admiro como Nigo, sk8thing, Pharrell Williams, Takashi Murakami, Kaws o Marc Ecko. Siempre me interesó esa capacidad de convertir una marca en un universo creativo completo: no solo ropa, sino también arte, diseño, objetos, juguetes, identidad visual y una forma de entender la cultura. En ese sentido, Swaggerassic nace precisamente de esa visión híbrida entre moda, arte contemporáneo y cultura urbana.
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¿Cómo es tu proceso creativo desde una idea hasta una prenda o una obra final? ¿Empieza antes en lo visual, en el concepto o en la narrativa?
Tanto mis obras como mis prendas suelen tener ilustraciones improvisadas. Mi proceso creativo suele depender mucho del azar a la hora de pintar en un lienzo, unas zapatillas, un juguete o una prenda. Doy rienda suelta a la imaginación y digamos que empiezo por una esquina y acabo por la otra, desconociendo cuál va a ser el resultado final. Sin embargo, últimamente para hacer ciertas series de obras y alguna que otra colección de ropa, he intentado llevar una estructura un poco menos caótica haciendo un estudio de campo y una planificación previa. Eso sí, sigo sin hacer bocetos ni usar lápiz, dibujo directamente a rotulador con pintura.
¿De qué marcas o diseñadores te has inspirado a lo largo de tu vida?
Me han inspirado diferentes aspectos como la manera de dibujar de Yoshitaka Amano y Yoji Shinkawa, así como todo el imaginario visual que rodeaba los videojuegos que nombré anteriormente. Me marcaron títulos de consolas anteriores como Sega Mega Drive, Game Boy o Nintendo 64, con juegos como The Legend of Zelda, Donkey Kong Country o Super Smash Bros. El creador de Fubu, Daymond John, sin duda, también fue una gran inspiración para mí. Más marcas como Billionaire Boys Club, Pelle Pelle, Ecko Unltd., Dickies, Nike o Jordan, entre otras.
Los grafiteros canarios me influenciaron mucho; recuerdo ir del colegio a casa mirando las paredes y fijándome en nombres como Since83, Wufi, Blas, Lord Fido u O2H Crew. Ya había visto fotos de prendas de A Bathing Ape, como la icónica imagen de The Notorious B.I.G. con la chaqueta de camuflaje, pero fueron los videoclips de artistas como Cassidy, The Neptunes (Pharrell Williams y Chad Hugo) o Clipse, los que hicieron que me obsesionara con el trabajo de Nigo y con la marca. Especialmente me impactó la mascota de su submarca, Baby Milo. Eso marcó un antes y un después en mi visión creativa y en mi manera de dibujar porque me hizo entender que la ropa podía ser algo exclusivo y que una marca también podía crear juguetes y piezas de colección, capaces de convertirse en iconos culturales. Gracias a todo ese universo descubrí también a artistas como Takashi Murakami o Kaws, que igualmente me influenciaron muchísimo.
Has colaborado con artistas y marcas locales, ¿cómo ves al sector en Canarias? ¿Crees que le acompaña el crecimiento de otro campo artístico como lo está siendo la música urbana?
A lo largo de mi trayectoria he colaborado con distintas marcas y artistas canarios, tanto a través de Swaggerassic como ofreciendo mis servicios de diseño e ilustración. He realizado diseños de logotipos para Twinyi, antigua integrante y vocalista de Unión Lírica. También diseñé dos accesorios de Swaggerassic para Ptazeta, y he desarrollado numerosas colaboraciones con marcas como Funkissimo o Malandra. En una etapa concreta llegué a realizar varias de las ilustraciones más reconocibles de Malandra, y artistas como Dalex, Rauw Alejandro o Miky Woodz llevaron chest bags con diseños llevados a cabo por mí.
El crecimiento de la música urbana en Canarias es algo que, sinceramente, nos ha sorprendido a muchos. Géneros como el R&B o el rap siempre fueron minoritarios e incluso bastante despreciados por gran parte de la sociedad. La estética streetwear tampoco estaba bien vista y, durante años, vestir prendas relacionadas con la cultura hip hop o escuchar esa música podía ser motivo de burla. Los artistas canarios están triunfando hoy a nivel internacional, pero creo que eso también tiene relación con una herencia cultural muy conectada con los sonidos latinos: reggaetón, salsa, merengue y otros géneros con mucha presencia histórica en las islas. En ese terreno, Canarias tiene una base sólida, y eso se refleja en el nivel actual de sus artistas.
Totalmente. ¿Y en lo visual?
En cuanto al arte plástico, Canarias también cuenta con referentes muy importantes. Desde la abstracción de César Manrique hasta el simbolismo de Néstor Martín-Fernández de la Torre, pasando por numerosos grafiteros y artistas urbanos de primer nivel. Hay muchos creadores canarios haciendo un gran trabajo y desarrollando carreras sólidas, aunque quizá sin el mismo foco mediático que los músicos.
En la moda han existido figuras destacadas como Manolo Blahnik, reconocido internacionalmente, pero no creo que todavía exista una estructura preparada para un crecimiento exponencial del sector en Canarias, y menos aún dentro del streetwear. En parte, esto tiene que ver con la falta de tradición previa, de referencias locales y también con una industria textil que nunca terminó de consolidarse plenamente en las islas. Existen marcas interesantes que están creciendo gracias a buenas estrategias de marketing y al impulso de artistas actuales como Quevedo. Pero todavía hay una gran distancia entre el éxito de los músicos canarios y el desarrollo real de las marcas de moda locales.
“En España todavía existe, en ciertos sectores, una concepción bastante limitada que asocia el dibujo o la ilustración con algo infantil. Y, por tanto, con algo de menor valor profesional.”
Gran parte de los diseños de Swaggerassic implican la mezcla de muchos colores y estilos como el doodle art o el superflat. ¿Por qué? ¿Dirías que el color es la seña de identidad de la marca?
Al estar tan influenciado por Baby Milo de Bape mis diseños son tan coloridos, pero no siempre fue así. Hace trece años aproximadamente, debido al estilo all black que predominaba, muchos diseños eran solo en escala de blanco, negro y gris. Como mucho, verde oliva en algún caso puntual. Aun así, sí se podría decir que el color es la seña de identidad de toda mi impronta como artista.
¿Crees que hay suficiente público para tu imaginario en España?
Puede ser que sí, siempre pensé que no, pero en alguna ocasión me he sorprendido gratamente, sobre todo con mi faceta de artista plástico. A la gente le gusta mucho lo que hago en ese ámbito.
Resides en Madrid, y de hecho ya hiciste una exposición titulada Nukiyo-E en la sala Martín Chirino el año pasado. ¿Cómo fue la experiencia y la acogida?
De hecho fue mi primera exposición en solitario, así que estaba muy nervioso. Nunca había hablado delante de tanta gente y era una situación completamente nueva para mí. Sin embargo, la acogida fue espectacular. A la gente le gustó mucho el trabajo y, una vez roto el hielo, me sentí muy cómodo. Hubo muchísimo interés por parte del público y, a pesar de haber hablado durante una hora y media, al terminar muchas personas se acercaron para seguir preguntando, conversar conmigo y mostrar todavía más entusiasmo. Fue una experiencia muy positiva porque además de presentar mi obra, sentí una conexión real con la gente.
¿Qué podemos encontrar en una exposición de Swaggerassic?
En una exposición de Swaggerassic puedes encontrar obras en todo tipo de soportes, incluso algunos poco habituales dentro del circuito tradicional, como tablas de skateboard, juguetes, prendas de ropa o carteras pintadas a mano. Por ejemplo, Nukiyo-E constaba de ochenta obras, entre las que se incluían art toys, tablas de skate y lienzos de diferentes dimensiones. Fue un recorrido por toda mi trayectoria como artista, desde los inicios hasta la actualidad. La exposición concluía con una serie exclusiva creada especialmente para la ocasión, centrada en reinterpretaciones personales de las estampas xilográficas japonesas ukiyo-e. Con esa propuesta buscaba unir tradición japonesa y lenguaje contemporáneo dentro del universo visual de Swaggerassic.
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También expusiste en Osaka en 2024 y fuiste parte de un custom show en Los Ángeles. ¿Qué diferencias puede haber con exponer en Madrid?
En Osaka la gente mostró muchísimo interés. Los japoneses son muy curiosos, y el simple hecho de que una persona de Gran Canaria realizara obras relacionadas con su cultura hacía que conectaran de inmediato. De hecho, muchas personas al ver el cuadro que tenía expuesto pensaban que lo había realizado un artista japonés, hasta que después se toparon conmigo. Además, Japón ha sido el único lugar donde mi trabajo ha recibido un reconocimiento institucional directo. Durante la feria OASIS (Osaka Art Show of International Selections) me concedieron un premio como artista sobresaliente, algo muy importante para mí tanto a nivel personal como profesional.
En cuanto a Los Ángeles, dentro del mundo de los art toys están a años luz. Participé en un custom show de Spaceboidega y la respuesta fue increíble: asistió muchísima gente, había verdadero interés y también un mercado activo dispuesto a apoyar este tipo de propuestas. Aquí en España, cuando se organizan eventos de ese tipo, todavía no suele existir el mismo nivel de atención. Falta una cultura más asentada alrededor de los art toys, aunque por suerte poco a poco están ganando visibilidad y una mayor aceptación.
¿Qué ventajas y dificultades crees que hay para un diseñador hoy en día en España?
No sé si hablaría de ventajas, lo que sí he vivido de cerca son muchas desventajas. En España todavía existe, en ciertos sectores, una concepción bastante limitada que asocia el dibujo o la ilustración con algo infantil. Y, por tanto, con algo de menor valor profesional. Eso provoca que muchas veces nuestro trabajo se menosprecie o no se entiendan el tiempo, la dedicación y el conocimiento que hay detrás de cada proyecto.
En el ámbito empresarial es frecuente encontrar intentos de pagar lo mínimo posible, y a nivel particular también sucede que algunos encargos se quedan a medias o no se valoran con la seriedad que merecen. Por eso, para muchos diseñadores y artistas ha sido y sigue siendo un camino pedregoso. Aun así, también creo que poco a poco está creciendo una mayor conciencia sobre el valor del trabajo creativo, aunque todavía queda bastante recorrido por hacer.
En España las tendencias suelen llegar más tarde que en otros centros neurálgicos de la moda. ¿Cómo ves la cultura del streetwear actualmente?
Durante muchos años aquí no existía una cultura streetwear consolidada, y en general la moda no ocupaba un lugar especialmente relevante dentro de la conversación cultural cotidiana. No fue hasta alrededor de dos mil diecisiete, impulsado en gran parte por las redes sociales, cuando mucha gente empezó a descubrir este movimiento y a interesarse por él desde una perspectiva más amplia. A partir de ahí, el streetwear pasó a tener una visibilidad que antes no tenía. Aun así, creo que en muchos casos el interés actual no siempre nace de una conexión real con la cultura o con la historia que hay detrás, sino más bien del deseo de pertenecer a una tendencia y proyectarlo públicamente. Se valora más la imagen que el contenido. Vivimos en un momento donde, a menudo, hay mucha apariencia y poca pasión. Por eso considero importante reivindicar el valor cultural de las cosas: entender de dónde vienen, qué significan y por qué han sido relevantes, antes de convertirlas simplemente en una estética pasajera.
En el arte contemporáneo, el art toy ha pasado de ser algo marginal a convertirse en objeto de colección. ¿Recuerdas cuál fue el primer juguete que te marcó y que, de alguna forma, conecta con lo que haces hoy?
Lo primero que vi en persona que realmente se acercaba a lo que hoy entendemos como un art toy fueron los Kidrobot Fatcap, alrededor de 2006. Recuerdo que me impactaron muchísimo porque sentí que eran objetos distintos: no eran simplemente juguetes, había detrás una intención estética y cultural muy clara. Aun así, los que más me marcaron fueron los Bape Play de Baby Milo que veía por internet. Para mí representaban algo totalmente nuevo: la unión entre moda, diseño, coleccionismo y cultura pop. Fueron una referencia muy importante y despertaron aún más mi interés por ese tipo de piezas.
“Me encantaría poder vivir de esto sin tanta incertidumbre. Todo lo que conlleva dedicarse al arte exige muchísimo esfuerzo, constancia y también asumir bastantes dificultades y decepciones por el camino.”
¿Qué piezas de exposición o prendas resaltarías de Swaggerassic?
Dentro de las prendas, destacaría especialmente los pantalones vaqueros pintados a mano y la sudadera Full Zip Kekonton, dos piezas que representan muy bien esa intención de convertir la ropa en algo único y con identidad propia. En cuanto a obra reciente, hice un custom BE@RBRICK para Arttoy Gama, del que estoy especialmente satisfecho, tanto por el resultado final como por el proceso creativo. También le tengo mucho aprecio al Ganji de Six Forest que customicé porque es una pieza con mucha personalidad y me permitió intervenir sobre una base muy interesante desde mi propio lenguaje visual.
¿Qué proyectos tienes entre manos ahora mismo?
Del 15 al 17 de mayo volveré a exponer en Osaka, algo que me hace especial ilusión. Japón ha sido uno de los lugares donde mejor se ha entendido y valorado mi trabajo. Además, tengo la intención de irme a vivir allí el año que viene. En este momento me encuentro estudiando distintas galerías en las que podría aplicar para exponer y seguir desarrollando mi trayectoria dentro del circuito japonés. Paralelamente, también estoy trabajando en una futura serie de art toys que incluirá varios de mis personajes. Es un proyecto al que le tengo muchas ganas, aunque requiere una inversión importante de tiempo y dinero, así que habrá que ver cuándo puede materializarse de la forma adecuada.
¿Con qué manga definirías Swaggerassic?
Sin duda elegiría Samurai Champloo. Su desarrollo ambientado en el periodo Edo combinado con una estética anacrónica profundamente conectada con la cultura hip hop lo convierte en una obra perfecta para representar el universo de Swaggerassic. Siempre me ha parecido una fusión brillante entre tradición y modernidad, entre historia y cultura urbana, algo con lo que me identifico mucho. Esa mezcla de códigos aparentemente opuestos, pero perfectamente integrados, conecta directamente con la esencia de la marca.
¿Qué objetivos te gustaría conseguir a corto y a largo plazo?
Me encantaría poder vivir de esto sin tanta incertidumbre. Todo lo que conlleva dedicarse al arte exige muchísimo esfuerzo, constancia y también asumir bastantes dificultades y decepciones por el camino. Me gustaría llegar a un punto en el que todo ese trabajo se valore de verdad, poder tener estabilidad y seguir creando desde la tranquilidad. Al final, más que nada, lo que busco es poder dedicarme a lo que amo y vivir en paz.
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