Aunque a veces no nos encante admitirlo, compartir frontera con Estados Unidos también tiene sus ventajas, sobre todo en lo cultural. En cine, por ejemplo, muchas cosas nos llegan antes que a otros países, o casi al mismo tiempo que allá. Terminamos salpicándonos de estrenos grandes o festivales, y la verdad no nos quejamos. Y el Sundance Film Festival es solo un ejemplo más de eso. Del 30 de abril al 3 de mayo, el Sundance Film Festival CDMX llega a la ciudad de la mano de Cinépolis con una selección bastante directa de su edición más reciente, celebrada hace apenas unos meses en Salt Lake City. Películas que acaban de estrenarse allá y que, en muchos casos, chance no llegarían acá o tardarían muchísimo más.
Si te gusta el cine más allá de lo comercial, seguro tienes algunos de estos films apuntados en tus listas de ‘lo que hay que ver’ o habrás leído, visto o escuchado críticas en prensa u online. Y es que algunas de las pelis indie de Sundance siempre se acaban posicionando como verdaderas joyas que no puedes dejar escapar. La programación del Sundance CDMX funciona como una imagen bastante clara de lo que está pasando en el cine independiente hoy. Y eso, para la cultura cinéfila, importa. Es una forma de salirte de lo de siempre y ver hacia dónde se están moviendo las historias, los formatos y los temas.
Entre los títulos que más llamaron la atención están The AI Doc: Or How I Became an Apocaloptimist, que se mete con la inteligencia artificial desde un lugar mucho más personal, o The Best Summer, que reconstruye una escena musical desde dentro. También destacan One in a Million o American Pachuco, que conectaron por lo íntimo y por las historias que cuentan.
En ficción, la conversación sigue por ese mismo lado. The Invite, dirigida por Olivia Wilde, parte de algo cotidiano pero lo lleva a un lugar incómodo. Saccharine se mueve entre obsesión corporal y horror (ya la llaman la nueva The Substance), mientras que If I Go Will They Miss Me o Chasing Summer se inclinan más hacia lo emocional. Son películas que ya generaron conversación en sus estrenos estadounidenses, pero eso no garantiza nada aquí. El público cambia, el contexto también, y lo interesante es justo ver qué conecta en México y qué no.
Más allá de títulos específicos, lo que trae este tipo de festivales es la oportunidad de acercarte a otro ritmo y tipo de cine. Uno que no está pensado para ser masivo, pero que muchas veces termina diciendo más. Y sí, también es una forma bastante directa de apoyar ese circuito independiente que sigue empujando historias diferentes, y hasta cuando no son las más fáciles de ver.
