Hay artistas que necesitan reinventarse desde cero en cada ciclo y otros que, como Shoda Monkas, prefieren construir un imperio sumando cada capa de su recorrido. Ayer, la madrileña Sala Clamores se convirtió en el epicentro de una listening party exclusiva donde el rapero albaceteño desgranó El neolandés, su esperado nuevo álbum. Lejos de la frialdad de las escuchas al uso, la velada tomó forma de conversación íntima sobre el escenario entre Gabriel y la periodista Thais, deshojando track a track las doce composiciones que verán la luz este 9 de octubre y demostrando que la evolución del artista pasa por abrazar sin complejos todas sus facetas.
Durante el encuentro, Shoda dejó claro que este trabajo condensa años de aprendizaje, madurez y exploración sonora. Frente a la idea de retirarse que rondó su mente tras Lo que nos queda de guapos, el artista reafirma su idilio con la creación a través de un repertorio que bascula con soltura entre el rap de estirpe clásica, pinceladas de trap, guiños al reggaetón e incisivas cuotas de romantiqueo. “Soy el CEO del amor”, bromeaba durante la charla al desgranar unas letras impregnadas de devoción por los suyos y un carisma que se mueve con naturalidad entre la contundencia de las barras y la vulnerabilidad.
El proyecto se completa con un cuadro de colaboraciones de primer nivel que reflejan su versatilidad dentro del panorama: desde un registro reggaetonero inédito junto a Ptazeta hasta la complicidad generacional con Juancho Marqués, pasando por la frescura de Zeballos y el golpe de autoridad de su ya publicado single con Natos. Reconociéndose como un ser creativamente mutante que no cree en discursos planos, Shoda Monkas firmó una noche de celebración rodeado de su núcleo cercano, consolidando El neolandés no solo como su entrega más ambiciosa hasta la fecha, sino como la prueba definitiva de que su sonido sigue estando un paso por delante.
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