A sus veinticuatro años, Sandra Escacena es todo un icono del cine de terror español. El éxito de Verónica, película por la que fue nominada a los Goya, pasó a través de la gran interpretación que nos descubrió a una actriz cargada de talento y de entrega. A pesar de su posición, Sandra elige los personajes con los que realmente conecta. Así nos lo ha contado cuando le preguntamos por qué se sumó a un proyecto tan arriesgado como La casa en el árbol. Su director, Luis Calderón, lleva trabajando cinco años para conseguir sacar adelante este proyecto, donde se ha dejado la piel guionizando, dirigiendo y produciendo la que es su ópera prima.
La casa en el árbol es un slasher con una firma autoral muy presente, que recorre los bosques del País Vasco a través de los ojos de Ale (Sandra Escacena), una chica que perdió parte de su vida y años más tarde buscará vengarse de la presencia que acecha entre los árboles y le arrebató aquello que tanto le importaba. Una historia cargada de visceralidad, emoción y sangre, mucha sangre. Si eres fan del terror de los noventa, estás en el sitio adecuado.
Con un reparto de lo más diverso, en el que encontramos tanto a actores consagrados como la propia Sandra o a Kándido Uranga, el talento de nueva generación como Claudio Portalo, e incluso artistas que se han labrado una carrera en otros ámbitos, como Mala Rodríguez o Apolonia Lapiedra. Un cóctel que no deja indiferente.
Antes de empezar con la entrevista, quería felicitaros por vuestro trabajo en La casa en el árbol, he comprobado el trabajazo que habéis hecho. Ahora que asoma el final del proyecto, ¿cómo os sentís?
Sandra: Muy contenta. Es cierto que el rodaje fue una experiencia por momentos dura, pero la familia que formamos allí, el ambiente… Fue increíble. Ahora tengo unas ganas tremendas de ver la película, tengo muchísima curiosidad por cómo ha quedado y, por supuesto, tengo muchas ganas de que la gente la vea.
Luis: Suscribo las palabras de Sandra. Es cierto que también me siento un poco cansado. La postproducción está siendo muy larga y hemos estado muy encima de todos los procesos. Tengo muchas ganas de que la película llegue al máximo de gente posible y que todo el mundo entre en nuestra casa del árbol.
Sandra, posiblemente lo más llamativo de tu interpretación sea la entrega física que le has dedicado. ¿Cómo preparas un papel tan exigente?
Sandra: La manera en la que enfoqué este proyecto y este personaje fue dando en cada escena el cien por cien de lo que puedo dar, para que la gente, cuando vea la película y a Ale, entenderá que es una chica que se deja la vida para conseguir su propósito. No tiene ningún tipo de límite para encontrar lo que está buscando, que es algo que quería transmitir en cada secuencia. Hay una parte del filme que es la supervivencia de mi personaje, entonces era necesario demostrar físicamente todo lo que está dispuesto a hacer una persona para sobrevivir. Además, llevar todo al límite de lo físico te ayuda mucho a nivel interpretativo.
Desde luego que La casa en el árbol es un proyecto arriesgado, ¿cómo surgió todo?
Luis: En el cine de terror me siento muy cómodo, es un género que te permite explorar temas a través de metáforas que en otros quizás sean más complicados. Nace de la necesidad de usar el terror como vehículo para transmitir un mensaje.
Por lo que he podido comprobar, fue un rodaje complicado, me gustaría que me contaseis cómo fue para vosotros desde dentro y qué recuerdo guardáis a día de hoy.
Sandra: El recuerdo que tengo es de intensidad absoluta, era como una burbuja. Rodamos de noche, entonces por el día lo que hacía era dormir, preparar las secuencias de ese día, hacer los trabajos de la universidad que tuviera e irme a rodar. Así, durante un mes. Hacía mucho frío, rodamos en un bosque y no era sencillo.
Por otra parte, esto ayudaba mucho a construir mi personaje. Ale sufre todo el rato, entonces, si estaba cansada o tenía frío, incorporarlo a mi actuación era muy interesante. También tengo que decir que el equipo fue fantástico, estaban ahí para ayudarte, para hacerte sentir bien, para llevarte el albornoz y ponértelo, para darte sus propios abrigos. Yo lo que recuerdo fue una familia y muchísima tristeza cuando se acabó.
“Me interesaba profundizar en uno de los subgéneros que más me gusta, el slasher, aunque también bebe del survival y el rape and revenge.” Luis Calderón
Me interesa mucho saber el universo particular de la gente a la que entrevisto, y en concreto vosotros, que presentáis una película de género, me despierta genuino interés preguntaros cuáles son vuestros referentes dentro de la industria y en quién os fijáis a la hora de construir historias como esta o interpretar papeles como el de Alejandra.
Luis: Las referencias son múltiples. Te puedo hablar de directores españoles como Amenábar o Paco Plaza, o estadounidenses que disfruto mucho como Wes Craven o John Carpenter. También un terror más autoral como el de Gaspar Noé y algunas películas de Michael Haneke. Son referencias básicas a la hora de afrontar cualquier película de terror.
Pero en este caso, me interesaba profundizar en uno de los subgéneros que más me gusta, el slasher, aunque también bebe del survival y el rape and revenge. Entonces, La casa en el árbol se adentra en estos tres géneros e intenta conversar con ellos para reflexionar un poco sobre el papel de la final girl en el cine de terror, sobre el papel del psycho killer, y que este villano quizás esté destinado a desaparecer. Una manera  de entender el mundo desde una masculinidad destinada a extinguirse. Creo que lo más interesante en esta película es cómo la final girl  se contrapone al psycho killer entendiendo que la forma de acabar con él es más interna que externa.
Sandra: Soy muy fan del cine de terror. Para este personaje me he dejado llevar más por lo que me ha dicho Luis de alguna película en concreto. He visto mucho cine de terror y bebo mucho de películas como La matanza de Texas, y todo este mundo del survival me gusta mucho. Me guiaba con eso y lo que Luis me iba diciendo.
Sandra, vienes de trabajar en proyectos de gran envergadura y de repente te sumas a una peli independiente. ¿Cómo crees que beneficia el cine de autor al gremio de la interpretación?
Sandra: Como actriz he hecho trabajos de mayor o menor presupuesto, aunque a mí me interesa la historia que se está contando, el guion, el personaje y, por supuesto, el director o directora y el equipo que hay alrededor. A mí eso es lo que me interesa como persona a quien le gusta interpretar y que disfruta haciendo su trabajo. Entonces, a mí lo que haya detrás me da más igual, sinceramente. Incluso te diré que, muchas veces, en trabajos más independientes o autorales, hay una riqueza que no te encuentras en lo comercial. Algo más especial, o con otro tono, que es algo que en todos los proyectos no se encuentra.
Es verdad que trabajos como Verónica, a pesar de ser un proyecto con más presupuesto, creo que Paco [Plaza] le da un sello autoral bastante personal. La casa en el árbol es un proyecto muy diferente, pero como te digo, a mí lo que me interesa es la historia que se quiere contar. A mí, mi personaje me cautivó, se lo dije a Luis la primera vez que hablé con él. Cuando terminé de leer el guion por primera vez, para mí fue un sí absoluto.
A pesar de que el género cada vez tiene mayor cabida dentro de nuestro cine, siempre relacionamos los taquillazos de nuestro país a sagas de comedias; sin embargo, vemos un claro triunfo en el panorama internacional de películas más personales, como puede ser el caso de Sirat o como lo fue hace unos años Alcarrás. ¿Hacia dónde creéis que se mueve nuestra industria? ¿Creéis que el cine español tiene más prestigio fuera del país que dentro?
Sandra: Uy, ¡qué pregunta tan difícil! Abre tú, Luis (risas).
Luis: Pero si yo a ti te veo perfe (risas). Esta pregunta me encanta. Creo que ahora mismo los directores tenemos que enfocar el tiro hacia varias cosas que son importantes. La primera es el tipo de película que se hace en este país. Creo que desde las ayudas públicas, que son esenciales y necesarias, se valoran quizás unos criterios equivocados o adquiridos, y se otorgan únicamente a un tipo de cine. Quizás los directores tenemos que poner el foco en cómo se reparten estas ayudas y los criterios para darlas.
Igual que el valor cultural es muy importante, creo que hay otros aspectos que hay que tener en cuenta y que no tienen cabida, como la comercialidad de la historia o la posibilidad de ser consumida en el extranjero, y esto ya te lo digo como productor. Creo que tiene que haber cabida para todo tipo de cine, y no solo para tres modelos: comedias, thrillers políticos y cine de autor costumbrista con una características muy concretas.
Sobre lo de que fuera de España tiene más repercusión nuestro cine, diría que no. Porque a día de hoy, no hacemos películas que inciden tanto en el mercado internacional. Hay algunas que sí, como el caso de La mesita del comedor. Son películas que podrían tener más proyección dentro de su país.
Sandra: Yo creo que a veces cuesta arriesgar. Las películas distintas terminan siendo de poco presupuesto y, en muchos casos, de poco alcance. Y es una pena, porque hay cine independiente que es una pasada. Las comedias están genial, a mí me encantan, pero darle espacio a películas distintas es muy importante. Hay muchos casos en los que ya hemos visto que les ha ido bien. Hablo desde la experiencia. Verónica, desde que se estrenó en Netflix, fue un éxito y me escribieron de muchas partes del mundo. Creo que se debería apostar más por llevar nuestro cine fuera.
Sandra, en La casa en el árbol interpretas a Ale, un personaje complicado y lleno de aristas. ¿Qué es lo que más admiras de este personaje? ¿Y lo que más rechazo te crea?
Sandra: Lo que más admiro de ella es su valentía, su determinación y el amor que siente hacia las personas que son importantes para ella. Está dispuesta a todo por averiguar qué ha pasado, hacer justicia o ayudarlos y salvarlos. Ella no tiene miedo, ella va hasta el final, va a hacer lo que sea posible para zanjar lo que sea que haya ocurrido.
En cuanto a conflictos con ella, creo que un personaje bien escrito es uno con el que tienes conflictos, como pasa en cualquier relación con una persona. En términos generales, por lo que está contando la película, es ella luchando por lo que cree y para hacer justicia por lo que ella quiere, por lo que solo puedo sentir admiración.
“Creo que a veces cuesta arriesgar. Las películas distintas terminan siendo de poco presupuesto y, en muchos casos, de poco alcance. Y es una pena, porque hay cine independiente que es una pasada.” Sandra Escacena
Luis, muchos autores aseguran que la segunda película es más complicada que la primera. No sé si compartes esta opinión. Me gustaría preguntarte si a día de hoy estás pensando en qué será lo siguiente, o si de momento piensas más en descansar después de todo el esfuerzo que habéis depositado en La casa en el árbol.
Luis: Ahora mismo me gustaría centrarme en disfrutar de la película, presentarla en festivales con la gente y el equipo. En cuanto al futuro, hay algunos proyectos en mente. Quiero seguir en el cine de terror porque es un vehículo perfecto para mandar mensajes frente a los tiempos oscuros que se nos están viniendo encima.
Sé que eres un gran fan del cine de terror, por eso me gustaría preguntarte qué es lo que consideras tan atractivo de este género y qué virtudes te aporta para contar esta historia por encima de otros géneros.
Luis: El cine de terror es un vehículo fantástico a la hora de hacer alegorías que otros géneros no te permiten. El terror tiene una gran fuerza a la hora de reflejar temáticas sociales. Películas como El exorcista, El resplandor, La semilla del diablo o, sobre todo, La noche de los muertos vivientes, son películas políticas. Yo creo en el poder de la metáfora que tiene el género. A día de hoy, directores como Ari Aster o Robert Eggers han conseguido que el cine de terror se reivindique desde los sectores de la crítica más snobs como un medio para reflejar problemas sociales. Perdón por la chapa (risas).
Sandra: No, yo estoy de acuerdo con lo que dices; además, quería añadir que el cine de terror te permite llevar las situaciones al extremo y, a veces, mostrar los problemas de una manera extrema o exagerada te permite que se entienda mejor el mensaje.
Sandra, tú que eres un imán para directores de género como Luis o Paco Plaza. ¿Te ves cambiando de registro a algo completamente opuesto, como puede ser una comedia o un musical?
Sandra: A mí, por gustarme, me encantaría explorar otros géneros. Me encantaría hacer una comedia o un drama. Pero eso no quita que me encante hacer terror, ni muchísimo menos. A mí el cine de terror me encanta como espectadora, pero también porque a veces se dice que el terror solo son sustos, pero puede tener muchas capas. En La casa en el árbol se ve. Hay una cuestión de identidad, yo tengo una pareja en la película a la que amo, tengo un padre, cómo es la relación con mi padre… No es solo una persona detrás de mí intentando matarme.
Para terminar, me gustaría preguntaros por qué creéis que es importante ver La casa en el árbol y por qué la gente tiene que ir a verla a las salas.
Sandra: Yo, a los amantes del género, les diría: si te quieres divertir, ve al cine. Además, creo que es una película que en el cine se va a disfrutar mucho, te lo vas a pasar bien. Por ejemplo, a mí me encanta asustarme, compartir esa experiencia con desconocidos, esa angustia que se respira en el cine. Y más allá de eso, vas a ver una historia profunda, un personaje complejo, una historia brutal. Servirá para que los espectadores se hagan preguntas sobre ellos mismos. Creo que la gente la va a disfrutar mucho.
Luis: Suscribo todo lo que dice Sandra. Si alguien que vea el final de La casa en el árbol se pregunta cómo se ve a sí mismo y cómo ve al diferente, creo que ya habremos ganado y habremos conseguido trasladar el mensaje.
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