El terror nunca ha dejado de acompañar a Sandra Escacena. Desde que debutó en la gran pantalla con Verónica, la película de Paco Plaza que la convirtió en uno de los rostros más prometedores del cine español, su nombre quedó inevitablemente ligado a un género que exige tanto emocional como físicamente. Casi diez años después, la actriz regresa a ese universo con La casa en el árbol, el nuevo largometraje de Luis Calderón, una historia que mezcla duelo, amor y supervivencia a través de una atmósfera inquietante y profundamente simbólica.
En esta nueva etapa, Escacena se pone en la piel de Ale, una joven que atraviesa un proceso de transformación marcado por la pérdida y la lucha por encontrarse a sí misma. Un personaje complejo que le ha permitido explorar nuevas capas interpretativas y reencontrarse con un género que, lejos de encasillarla, sigue ofreciéndole espacios de riesgo y crecimiento.
Hablamos con ella sobre este regreso al terror, la exigencia física y emocional de un rodaje marcado por las noches y el frío, el fenómeno inesperado que supuso Verónica y su permanencia en la memoria colectiva, pero también sobre la evolución de su mirada como actriz, sus referentes dentro del género y las incertidumbres que acompañan a una profesión tan cambiante. Entre miedos reales y ficticios, Sandra Escacena confirma que lo suyo con el terror está lejos de ser casualidad.
En La casa en el árbol, dirigida por Luis Calderón, te adentras de nuevo en el terror. ¿Qué fue lo que te atrajo de este proyecto en concreto?
El viaje que vive mi personaje: cómo empieza y cómo termina la película, y las dificultades que encuentra para poder ser ella misma. Sabía que iba a ser un reto enorme como actriz y que iba a aprender muchísimo de ello, y así fue.
¿Cómo describirías a tu personaje y qué crees que lo hace diferente dentro del imaginario clásico del cine de terror?
Ale es una chica que se está encontrando a sí misma. Está descubriendo quién es y luchando por conseguirlo. Tiene una fuerza enorme y un amor incondicional por su padre, su novio y su perro. Creo que la gente se va a sorprender mucho con el final, porque hay un mensaje que va más allá de querer asustar. Es una película que el público se va a llevar a casa.
La película juega con un espacio muy simbólico como es la casa en el árbol. ¿Qué representa para ti ese lugar dentro de la historia?
La casa en el árbol es el refugio de Ale, el lugar donde puede estar con su novio y desconectar. Pero ese espacio idílico se transforma en terror cuando su novio fallece allí. Pasa a convertirse en un lugar de lucha, de recuerdos y de mucho sufrimiento.
En esta película, la relación amorosa con el personaje de Claudio Portalo es clave. ¿Cómo trabajasteis los dos para desarrollar vuestra química?
Desde el primer momento nos llevamos genial y conectamos mucho. Claudio es un actor muy profesional y hace que todo sea muy fácil. Me hizo sentir cómoda en todo momento y creo que se formó una amistad muy bonita.
¿Recuerdas algún momento especialmente intenso o desafiante durante el rodaje?
En general, el rodaje no fue sencillo. Era nocturno, hacía muchísimo frío y había escenas muy físicas.

El terror ha estado muy presente en tu trayectoria desde Verónica. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con el género desde entonces?
Ha evolucionado mucho conmigo. Con Verónica descubrí el género desde una edad muy temprana y ahora, con La casa en el árbol, lo vivo desde otro lugar, con más experiencia y con una mirada distinta como actriz. Ha sido muy bonito reencontrarme con el terror diez años después.
Verónica está considerada una de las grandes películas de terror del cine español. ¿Cómo viviste aquella repercusión?
Lo viví con mucha ilusión porque era muy pequeña y no era consciente de hasta dónde podía llegar la película. Con el tiempo me he dado cuenta de la repercusión tan grande que ha tenido y es algo de lo que me siento muy orgullosa.
La película triunfó en plataformas y alcanzó una popularidad global. ¿Sigues recibiendo comentarios sobre ella?
Sí, muchísimo. A día de hoy sigo recibiendo mensajes prácticamente todos los días de personas de distintas partes del mundo que han visto Verónica. Es algo que me sorprende y me emociona mucho, porque demuestra que la película sigue llegando a nuevas generaciones de espectadores.
¿Qué crees que tiene el cine de terror que conecta de forma tan directa con el público?
Creo que el terror conecta tanto porque juega con emociones muy universales. Todos sentimos miedo en algún momento, y el cine nos permite experimentarlo desde un lugar seguro. Además, muchas veces habla de temas muy humanos a través de historias que van mucho más allá de los sustos.
¿Te interesa más el terror psicológico o el más físico y explícito? ¿Dónde encaja esta película?
Personalmente me atrae más el terror psicológico porque creo que es el que se queda contigo cuando termina la película. Me interesa mucho esa sensación de inquietud que va creciendo poco a poco. En el caso de La casa en el árbol, creo que encaja más en ese tipo de terror, aunque también tiene momentos muy intensos que mantienen la tensión constantemente.
“Creo que el terror conecta tanto porque juega con emociones muy universales. Todos sentimos miedo en algún momento, y el cine nos permite experimentarlo desde un lugar seguro.”
¿Hay algún referente dentro del cine de terror que te haya marcado especialmente como actriz?
Sí, hay varias películas que me han marcado mucho. Tesis, El silencio de los corderos, Psicosis y La matanza de Texas son referentes que admiro muchísimo. Son películas muy diferentes entre sí, pero todas consiguen crear una tensión y una atmósfera que siguen funcionando décadas después. Como actriz, me parecen una fuente de inspiración constante.
Después de unos años en los que el terror vive una edad dorada, ¿sientes que sigue siendo un género infravalorado dentro de la industria?
Creo que cada vez está menos infravalorado porque estamos viendo películas de terror con muchísima calidad y reconocimiento, tanto del público como de la crítica. Aun así, a veces sigue existiendo el prejuicio de que es un género menor, cuando en realidad puede contar historias muy profundas y complejas a través del miedo.
En una profesión tan inestable como la actuación, ¿cómo gestionas los momentos de incertidumbre?
Es una parte difícil de la profesión y algo con lo que aprendes a convivir. Intento mantenerme conectada conmigo misma, seguir formándome y confiar en que cada proyecto llega cuando tiene que llegar.
¿Qué te sigue dando miedo, en el sentido más amplio, a día de hoy, dentro y fuera de la profesión?
Me da miedo no estar a la altura de mis propias expectativas y también la incertidumbre que forma parte de esta profesión. Pero creo que aprender a convivir con esos miedos también forma parte de crecer.
Mirando hacia el futuro, ¿qué tipo de proyectos te gustaría atraer o construir como actriz?
Me gustaría seguir formando parte de proyectos que me reten como actriz y me permitan explorar personajes complejos, con contradicciones y muchas capas. Me atraen especialmente los thrillers psicológicos, el drama y las historias que dejan huella en el espectador. También me encantaría seguir vinculada al cine de género, porque creo que ofrece muchísimas posibilidades interpretativas.

