Para muchos de los que estamos aquí, el primer concierto de Raly que vimos fue aquel que dio en el Riverland como rookie, cubierto con un chubasquero para protegerse de la lluvia, unas gafas de sol para mantener ese misterio que hay en su mirada y dando saltos y palmadas al aire. Venir a ver su propio show en la sala El Sol es como si no hubiese pasado el tiempo: siguen los mismos elementos aunque estemos bajo tierra y no llueva, pero suponemos que el swag es el swag.
Raly es uno de esos artistas emergentes que se dieron a conocer por redes (por aquí recordamos especialmente aquel TikTok de Sin pero que encendió la mecha y que acabó por explotar meses después). Lleva poco menos de un año bajo los focos, y por eso mismo el grueso de su discografía no llega a la hora. Raly sabía que su concierto no iba a ser muy largo, y por eso mismo tuvo que poner el doble de energía para que nos quedáramos contentos, y vaya si lo hizo.
El artista de Barcelona es consciente de cuáles son sus armas más poderosas y las usó en consecuencia. Temas como hoodie o la reciente Acero (que sabemos que nos ha dedicado en secreto aunque nunca lo vaya a confesar) sonaron varias veces a lo largo del concierto, y el público lo agradeció; por si habían perdido la oportunidad de meterse en un pogo, siempre hay una segunda vez.
La sala El Sol tiene algunas pegas a la hora de hacer conciertos: la tarima no está lo suficientemente alta como para asegurar visibilidad y el sonido deja que desear por momentos, algo normal cuando el público se concentra en frente y a la derecha del artista. Es difícil asegurar una calidad convencional, pero esa es parte de la gracia. La sala se presta a lo punk y a lo irreverente, a liarla y pegar berridos, así que tampoco vamos a sufrir y quedarnos en lo malo.
Dentro de su misticismo, Raly a veces deja salir esa bestia que tiene durmiendo en su pecho y sus hooligans se ocupan de llevar a cabo un sesudo ritual de invocación mediante energía cinética que eleva toda la situación a un estado prácticamente tribal. En temas como el ya mencionado Sin pero o 087 shit p00pin todo se presta para que se líe. La gente conoce y ama estos temas, y se nota el contraste con otros con los que a lo mejor el público no ha llegado a conectar del todo.
Cuando el show se acerca a sus últimos compases, las caras de incredulidad son la regla en la sala: ¿ya ha terminado? Pues sí, y mira que ha cantado casi toda su discografía. Un recital ameno e intenso, pero ya sabéis lo que dicen: lo bueno si es breve, dos veces bueno. El talento que supura este chico estuvo allí ese día, y da fe de ello la presencia de ciertos nombres de la industria que estuvieron presentes entre el público aquel día: Abhir, Saint Lowe, Mayo y Tuiste… Y hacen bien, porque viendo lo que supo hacer en una sala tan pequeña en tan poco tiempo, quitarle el ojo de encima a este chaval sería un absoluto error.


