Quevedo se abre el pecho en El Baifo. Siempre ha reivindicado Canarias con su música, pero esta vez dedica todo un trabajo a contar lo feliz que se siente por volver después de una época dando vueltas por el mundo. Acompañando a la alegría y a los caprichos escuchamos ritmos latinos que invitan a bailar, pero también hay hueco para hablar del desamor, la ambición desmedida y otras preocupaciones.
Necesitaba volver a Canarias después de una relación tan intensa con la música y la fama, y reconectar así con las islas y con cómo él las sentía años antes. Así explica Quevedo en el Track by Track de Amazon Music el núcleo de su álbum, que es un trabajo de reivindicación de las ocho estrellas, su cultura y su gente y, a la vez, un viaje por su lado más introspectivo. Apartándose totalmente del sonido del trap, el disco abraza el reggaetón, el pop latino y ritmos de cumbia y salsa, distanciándose de Buenas noches.
Aun así, en las letras seguimos escuchando al Quevedo de siempre. “Ni tóxico ni celoso, caprichoso”; esta es la forma que tiene de explicar el deseo en el segundo track, envuelto en un sonido totalmente de discoteca. Los temas de la fiesta, las verbenas y el alcohol son centrales en la mayoría de canciones, en el sentido de vivir bien en las islas, en un hedonismo eterno.
El track homónimo del disco es otra oda a la condición de insularidad, a la gente y al paisaje de Canarias. ‘Baifo’, como explica él, es la cría de una cabra, y hace un paralelismo entre ese término y el anglosajón de GOAT (Greatest of All Time). Tal vez por eso armó un sonido tan Tego Calderón para este tema, con mucho ritmo y chulería. El siguiente, Gáldar, sigue siendo un regalo para sus paisanos con la colaboración de Tonny Tun Tun, pero ya presagia el tono más de perreo del próximo tramo de canciones.
Scandic es, como se puede adivinar por la referencia en el título, fiesta total con el reggaetón más poderoso. La producción del álbum, toque el género que toque, es espectacular y regala a los oídos potencia y nitidez. La temática fiestera y pasional continúa en temas como Hookah y calor, Ni borracho o La Graciosa, contando este último con la colaboración de Elvis Crespo por su estrecha relación con dicha isla. En 2010ypico, aunque sigue con un duro ritmo reguetonero, la letra expresa más bien vulnerabilidad por la obsesión con una chica y el desamor.
También hay fronteo de fortuna, diamantes, fama y exclusividad en Algo va a pasar, pero es más algo de lo que presumir en conjunto con La Pantera, Lucho Rk y Juseph, en plan, mirad qué hemos conseguido, y es todo para Canarias. Tiene una forma interesante de introducir estas colaboraciones: meter unos versos de Juseph en la outro del tema anterior que continúan en la intro de Algo va a pasar, aunque no tienen nada que ver con lo que cuenta este track.
Hay que hacer una mención al cambio total de tono en Mi balcón, que es un tema muy nostálgico y evocador con el que casi puedes ver delante lo que describe. Quevedo explica que siempre se siente inspirado por la montaña y el mar, pero en este tema va más allá describiendo momentos siempre soleados, de paz, satisfacción y cariño por el lugar de donde es. Musicalmente, cumple su objetivo emocional con la pulsación de unas cuerdas románticas y los coros de Daniela Garsal. Este e Hijo de volcán son los temas más sorprendentes del disco. Ambos tienen una sinceridad absoluta, pero este último actúa como un cierre perfecto, apoyado por Los Gofiones, que te deja pensando en que Quevedo se ha sacado todo de dentro para mostrar la parte fea de la fama y sus consecuencias.
Track favorito: Mi balcón.
