PPL United celebra cinco años desde aquella primera fiesta DIY en L’Hospitalet que dio forma a su manera de entender la música en directo: desde la afinidad, la intuición y el cuidado por la escena. Para conmemorar este aniversario, el proyecto llega cargado de la energía que ha marcado su recorrido hasta ahora y la traslada al Paral·lel 62 de Barcelona, donde veremos nombres como Samantha Hudson, Bernarda, Mainline Magic Orchestra y Yung Prado b2b Misslupe, encargados de elevar esa identidad abierta y poco obvia que define a PPL United. En esta conversación, Miguel Robres reflexiona sobre los orígenes de la promotora, su transformación y la importancia de construir comunidad sin renunciar a la ética ni a la curiosidad.
PPL United nació a partir de una fiesta DIY en L’Hospitalet. ¿Qué tenía esa primera noche que hoy sigáis reconociendo como el ADN del proyecto?
Las ganas de montar conciertos de bandas que nos gustaban y con las que sentíamos afinidad, de una manera u otra. Recuerdo claramente cómo surgió la idea de aquella fiesta: hablábamos de que, si los festivales grandes no nos contrataban (éramos amigos de muchas bandas), nos contrataríamos a nosotros mismos. Creíamos en lo que hacíamos, nos gustaba y teníamos energía.
En estos cinco años habéis pasado de organizar conciertos pequeños a producir eventos de mayor escala. ¿En qué momento sentisteis que PPL United dejaba de ser ‘solo’ una iniciativa entre amigos? ¿Ha cambiado vuestra perspectiva en cuanto a la producción musical?
Al principio, de forma natural, empiezas montando conciertos de colegas y poco a poco vas ampliando el abanico. Con el tiempo, las bandas crecían y nosotros, como promotora, crecíamos con ellas. Una cosa llevó a la otra, de manera orgánica y con mucho trabajo, hasta encontrarnos donde estamos hoy. Seguimos con las mismas ganas y la misma pasión por la música pero haciendo más cosas: algunas más grandes, a las que antes no podíamos acceder, y otras más pequeñas, apostando por nuevo talento.
A nivel organizativo, sería engañoso decir que todo sigue igual. Ahora hay más equipo y más responsabilidad, y todo es un poco más grande, incluidos los problemas. Aun así, en esencia siento que todo sigue siendo lo mismo: nos siguen fascinando los conciertos y todo sigue teniendo un punto de novedad constante, algo que nos mantiene vivos y con ilusión.
Habláis mucho de identidad y comunidad. ¿Cómo se construye una identidad reconocible sin encasillarse en un solo género o escena?
Siempre he programado bandas que me gustan y que creo que tienen algo que aportar, así que imagino que eso va creando una línea estilística de forma natural. A eso se suma que he trabajado mucho con amigos, y se genera una especie de microclima al compartir ideas e intereses similares, algo que podríamos llamar comunidad.
Siento que todo lo que hacemos tiene algo de fresco, más allá de si se mueve entre el pop, el rock, el rap o la electrónica. No pretendemos ser una promotora que abarque todos los estilos, pero sí mantenernos abiertos a ideas y propuestas innovadoras. Me gusta que la gente confíe en nuestro criterio, aunque tampoco buscamos gustar a todo el mundo. Hay promotores muy buenos y válidos en distintos ámbitos y escenas.
¿Qué os llama la atención de un artista cuando decidís apostar por él o ella por primera vez? ¿Qué os hace decir, sí, adelante?
Pueden ser muchos factores. En la oficina solemos decir que todos los conciertos deben tener un porqué. A veces es porque crees que el artista propone algo nuevo y tiene potencial de crecimiento; otras, porque te conecta a nivel personal y sientes la necesidad de hacerlo; otras, porque confías en el criterio de su manager. Cada caso es distinto, pero siempre buscamos ese porqué para no hacer cosas al azar. Preferimos hacer menos proyectos y poder cuidarlos mejor.
“No pretendemos ser una promotora que abarque todos los estilos, pero sí mantenernos abiertos a ideas y propuestas innovadoras. Me gusta que la gente confíe en nuestro criterio.”
Acompañar carreras desde sus inicios implica también asumir riesgos. ¿Cuál ha sido el riesgo más grande que habéis tomado como promotora?
Acompañar una carrera desde el inicio y crecer juntos es, probablemente, lo más bonito del trabajo de una promotora de conciertos. Hay artistas que se quedan contigo durante todo el camino y otros que, cuando alcanzan cierto éxito, deciden tomar otros rumbos. Es una pena, pero forma parte de la realidad del sector.
Nunca hemos asumido riesgos desmesurados de golpe. El mayor riesgo es, en realidad, tener una empresa, un equipo, apostar por la música en directo y decidir vivir de lo que te gusta empezando desde cero. Hemos crecido poco a poco, siempre de la mano de las bandas y de las agencias de management con las que construimos relaciones humanas basadas en el apoyo mutuo.
Cada artista debe construir una estética, un personaje para el público. ¿Cómo sacáis esto adelante? ¿Hacéis un brainstorming, analizáis el público deseado, planteáis los objetivos a largo plazo…?
El trabajo de construcción de la estética y la estrategia de imagen es más responsabilidad de la banda y su management que de la promotora. PPL United se dedica a la producción de conciertos. Con Live in Dallas, donde llevamos el management de artistas como La Élite, Maria Arnal, Yung Prado, John Talabot, Mainline Magic Orchestra o Chico Blanco, sí entramos de lleno en ese tipo de decisiones. En ese contexto, muchas veces se trata de un proceso de brainstorming colectivo, de conversaciones largas y de ir concretando ideas poco a poco. El artista suele tener claro el imaginario que quiere transmitir, y como manager le ayudas a materializarlo: aportas perspectiva, propones, matizas. Esa parte creativa del management es especialmente estimulante.
Cuando se crece tan rápido en la industria musical cuesta mantener la esencia con la que se empezó. ¿Cómo gestionáis el equilibrio entre mantener un espíritu underground y crecer en visibilidad y alcance?
Es difícil definir qué es rápido o lento, o qué es mucho o poco, sin un punto de referencia claro. La clave está en hacer la nuestra sin compararnos constantemente con el resto. El equilibrio lo encontramos en seguir trabajando con bandas que nos gustan, sean grandes o pequeñas, y en entender la visibilidad y el alcance como una consecuencia del trabajo bien hecho, no como el objetivo en sí.
Vuestra programación es muy diversa y poco obvia. ¿Qué papel juega la intuición frente a la estrategia a la hora de programar?
La intuición tiene un peso importante. Muchas veces sabes que un artista te interesa aunque no siempre puedas explicar exactamente por qué. Es una cuestión de confiar en el propio gusto. La estrategia también es necesaria: para que un concierto pueda hacerse no basta con que el artista te guste. Hay que valorar la viabilidad de cada proyecto y encontrar el equilibrio adecuado. Como en las relaciones personales, tiene que ser el momento adecuado.
Habéis trabajado tanto en salas pequeñas como en espacios más grandes. ¿Qué cambia en vuestra forma de trabajar cuando cambia el contexto?
La operativa suele ser muy similar: anuncio, diseño gráfico, ticketing, producción, técnica. La complejidad aumenta cuando trabajamos en espacios especiales, como el Teatro Real, donde hicimos a Yerai Cortés. Son lugares con muchos protocolos, procesos más lentos y normas propias que te sacan de la zona de confort, aunque el espacio sea excepcional. En salas convencionales, ya sean de doscientas o de dos mil personas, el proceso es prácticamente el mismo. De hecho, a veces un concierto pequeño puede dar más trabajo que uno grande. Todo depende de muchos factores.
“PPL empezó como una fiesta entre amigos, así que tenía sentido celebrar el quinto aniversario de la misma manera.”
Desde vuestra experiencia, ¿cómo veis el estado actual de la escena musical independiente en Barcelona y en España?
Siempre están pasando cosas. Hay gente inquieta y activa tanto en Barcelona como en otras ciudades, y la creatividad acaba encontrando su camino. Algunas bandas desaparecen, otras nacen, los estilos se diluyen o reaparecen. Todo parece estar inventado y, al mismo tiempo, todo está constantemente por reinventarse.
¿Hay algún cantante o músico con el que os gustaría mucho trabajar?
Hay muchos, pero ahora mismo se me vienen a la cabeza Mk.Gee y Big Thief.
El evento del quinto aniversario reunirá a artistas muy distintos entre sí, como Samantha Hudson, Bernarda o Mainline Magic Orchestra. ¿Qué queríais contar con el cartel? ¿Qué dice de la identidad de PPL United en este momento?
La identidad de PPL dice que aquí cabe de todo y que hacemos lo que nos gusta con gente que nos gusta. Bernarda, Mainline, Yung Prado y Misslupe son amigos y artistas con los que tenemos una relación cercana. En el caso de Samantha Hudson, no la conozco personalmente, pero me pareció que encajaba muy bien a todos los niveles y me apetecía explorar algo nuevo. Me parece una artista muy interesante.
A nivel de producción y concepto, ¿qué hace especial esta fiesta frente a otros eventos de PPL United y hasta qué punto funciona como un resumen (o un punto de inflexión) de estos cinco años de recorrido?
PPL empezó como una fiesta entre amigos, así que tenía sentido celebrar el quinto aniversario de la misma manera. Yung Prado estuvo en la primera fiesta y poco después empecé a ser su manager. John Heaven, de Mainline Magic Orchestra, también estuvo allí, y cinco años después vuelve a tocar. Hemos compartido muchas cosas por el camino, y eso hace especial este momento. Bernarda es amigo mío desde la infancia y hemos tocado juntos durante años. Al final lo celebramos como nos apetecía, con quien nos apetecía y con todas las personas que quisieran acompañarnos. A veces pienso en lo rápido que han pasado estos cinco años; otras, en que solo han sido cinco. Supongo que el tiempo vuela cuando haces lo que te gusta.
Mirando hacia adelante, ¿qué os gustaría que la gente dijera de PPL United dentro de otros cinco años? ¿Os veis en una escena aún más internacional o estáis a gusto en el punto actual?
Me gustaría que pudiéramos aportar nuestro pequeño grano de arena a la cultura y a la industria musical de este país y demostrar que se puede crecer haciendo las cosas con cariño y de manera ética. Como promotora, que haya artistas que puedan crecer de nuestra mano y que nosotros podamos actuar como facilitadores siempre que sea posible. También me ilusiona que la gente nos siga por nuestra curaduría musical y confíe en nuestro gusto. Que alguien ponga el ojo en un artista que traemos o recomendamos sin conocerlo previamente, simplemente porque sabe que conecta con nuestra línea.


