Cinco amigos estudian cine y se retan a ver cómo sale la broma de crear un grupo de música para pasar el rato. Sale bien. No es la contraportada de la carátula de Sing Street, sino la historia de Paco Te Quiero, la banda catalana de indie noventero del momento. Su camino empezó en la escuela de cine, cuando la idea de cambiar las cámaras por sintetizadores era un proyecto temporal y enfocado en la diversión. Ahora siguen buscando el ocio, pero la temporalidad se ha alejado de sus planes para convertirse en el epicentro de su actividad artística.
Gloria, Lucía, Frans, Iosu y Joan llevan cuatro años sacando música, pero la incorporación de Nacho al teclado, su implicación con la banda y su maduración como conjunto los ha llevado a lanzar ahora su álbum debut: hay un pez naranja en el suelo del metro. A través del dream pop, indie, shoegaze, guitarras prácticamente tridimensionales y capas de ruido, la banda ha sentenciado su postura en la nueva oleada de músicos emergentes a través del clásico “todo lo bonito es triste y todo lo triste es bonito” y las nuevas oportunidades. Han traído de vuelta el pasatiempo más quinqui de los adolescentes de los 90: meterte en un garaje a tocar música con tus colegas.
Paco Te Quiero nace de la amistad, pero también de otro ámbito de las artes. Os disteis cuenta de que queríais empezar un grupo mientras estudiabais cine. ¿En qué momento se cambia la orientación de la carrera artística?
En la mayoría de los casos no cambia la orientación de la carrera, solo se compagina. La mayoría de los que nos conocimos en la carrera nos seguimos dedicando al mundo del cine, cada uno desde su ámbito, y siempre lo hemos intentado compaginar con el grupo lo mejor que hemos podido, que no siempre es fácil.
¿En qué punto lo comenzasteis a ver como un proyecto sólido más allá de un experimento entre amigos?
No fue un momento en concreto, sino más bien el resultado de haberle dedicado cada vez más cariño y sobre todo tiempo al proyecto. Nuestra implicación con el grupo ha ido creciendo y eso ha hecho que, de forma natural, nos lo fuéramos tomando de forma más seria y rigurosa y, en consecuencia, que el proyecto fuera adquiriendo algo más de solidez.
Desde que comenzasteis en 2022, no ha habido un solo año en que no hayáis lanzado música. Tres EPs han precedido a hay un pez naranja en el suelo del metro. ¿Por qué llega ahora el álbum debut?
El álbum llega justo ahora por varios motivos. Creemos que hasta ahora no habíamos encontrado el sonido que mejor nos representaba. La creación de los anteriores EPs ha sido una oportunidad para empezar a tocar como grupo, descubrir qué nos gusta y, en definitiva, jugar y probar cosas, sin pretensiones ni grandes objetivos. Ha sido posible precisamente por haber probado y jugado sin miedo. También tiene algo que siempre nos ha definido como grupo.
Otro motivo por el que el álbum ha venido ahora y no antes es que, después de varios bolos, hemos podido ahorrar lo suficiente como para poder invertir en todo el coste que supone grabar un CD.
Otro motivo por el que el álbum ha venido ahora y no antes es que, después de varios bolos, hemos podido ahorrar lo suficiente como para poder invertir en todo el coste que supone grabar un CD.
El álbum, al igual que la discografía que lo precede, sigue el hilo conductor del amor, pero un amor un tanto pesimista, dudoso de sí mismo. Una especie de tira y afloja. Pero sí que se ve un poco de esperanza, ¿no? solo contigo es un pequeño alivio romántico. Todo lo bonito es triste y todo lo triste es bonito.
Sí, totalmente. Pese a la aparente carga emocional y pesimismo que respiran casi todas las canciones, nosotros siempre hemos visto en el álbum una cosa muy nostálgica y esperanzadora. Como algo que es triste, pero a la vez te hace sentir ilusionado. De todas maneras, hemos escrito y compuesto las canciones desde un lugar y lo guay es que cada persona que las escuche las reciba desde otro lugar. El que sea estará bien.
Quizás no es que seamos una generación pesimista con el amor, sino que tenemos una concepción diferente de lo que esperamos de lo “romántico”. ¿Es casi más esperanzador cantar sobre lo que sabes que no quieres? Como una especie de postura romántica que no quiere admitirse a sí misma.
No creemos que seamos una generación pesimista con el amor. Lo que sí que creemos de nuestra generación es que tiene un relato completamente desesperanzador del futuro y que probablemente esto sea lo que afecta el prisma desde el que se miran y se viven las relaciones. También seguramente de ahí ese cambio de concepción en la interpretación de lo romántico.
¿Por qué es tan charlatán el amor? ¿Por qué siempre estamos hablando de él?
Por su universalidad. Porque es algo que todo el mundo siente en alguna de sus formas. Es fácil sentirte representado y empatizar con algo tan universal como el amor.
¿Sirve la música para protegerse de estos sentimientos, o para normalizarlos?
Supongo que, como cualquier forma de expresión, sirve como desahogo y desahogarte siempre es bueno para superar algo o tirar para adelante. Decir las cosas en voz alta siempre hace que parezcan menos graves.
¿Cómo ha sido el proceso creativo del álbum?
Democrático y divertido. Hemos probado cosas sin miedo, como hemos hecho siempre, hemos tenido muchas conversaciones y puesta en común de referencias y, sobre todo, hemos pasado mil millones de horas en el local de ensayo.
¿Qué ha cambiado en vuestra forma de trabajar con respecto a los proyectos anteriores?
Probablemente la aparición de este momento de sentarnos a hablar. Pese a que la intuición sigue siendo en bastante porcentaje el motor de composición, sí que en este proceso ha habido por primera vez una parte más consciente de trabajo. En cuanto a puesta en común de referencias, en saber entre todos qué queríamos construir, qué queríamos transmitir y, en definitiva, en este trabajo previo a la composición. Gracias a estas conversaciones también ha sido más fácil ir todos a una.
La producción no parece acompañar al sentimiento melancólico. Hay muchísimas guitarras y muchísimos sintetizadores metidos entre capas de ruido que, de hecho, hacen que la voz pase a un segundo plano en la mayoría de los temas.
Este cambio en cuanto a la producción del sonido y la relevancia entre elementos surge con motivo estético. Cuando empezamos a trabajar en el álbum, el sonido shoegaze y dream pop formaba parte del clima que queríamos transmitir. Bajo esta premisa, la idea es tratar las voces como una capa instrumental con tal de transmitir una sensación de lejanía, de caos liviano.
hay un pez naranja en el suelo del metro incluye, además, és teu i és meu, vuestra primera canción en catalán. ¿Por qué ahora?
Cuando nos paramos a hablar sobre qué iba a ir el álbum, tuvimos claro que queríamos que girara en torno a la ciudad de Barcelona. Por ello, más adelante tuvimos claro que queríamos hablar de todos los problemas de turismo y gentrificación que sufre nuestra ciudad. En ese sentido, tuvimos claro que, para hablar sobre este tema, no había mejor manera que hacerlo en catalán.
¿Es este otro factor dentro del proceso de haber “cristalizado vuestra identidad”?
La verdad es que sí. Sobre todo, en el sentido de que nuestra identidad es hacer un poco lo que nos dé la gana y nos salga en el momento. Si nos apetece hacer una canción en catalán, pues la hacemos.
¿Cómo os relacionáis con la expresión de los sentimientos en una lengua materna? ¿Hay cosas que no se pueden decir de otra forma?
En el grupo hay tres catalanes, un valenciano, un vasco y un madrileño, por lo que la relación de cada uno con su lengua materna es única y diferente.
Lo que sí que creemos es que hay cosas que solo pueden decirse en un idioma (para cada uno será el suyo). No es lo mismo quererse que “estimarse”, ni es lo mismo un te quiero que un “t’estimo”.
La expresión de los sentimientos en la lengua materna de cada uno siempre será la forma más natural de hacerlo, la que sale sin filtro y la que conecta con la memoria y la identidad. Cada uno quiere en su idioma y con cada idioma se quiere diferente.
Lo que sí que creemos es que hay cosas que solo pueden decirse en un idioma (para cada uno será el suyo). No es lo mismo quererse que “estimarse”, ni es lo mismo un te quiero que un “t’estimo”.
La expresión de los sentimientos en la lengua materna de cada uno siempre será la forma más natural de hacerlo, la que sale sin filtro y la que conecta con la memoria y la identidad. Cada uno quiere en su idioma y con cada idioma se quiere diferente.
¿Es este sentimiento de haber encontrado vuestra identidad como grupo un punto de llegada o un punto de partida?
Sentimos este proyecto como un punto de inicio desde el que seguir construyendo una identidad musical propia. Dicho esto, seguimos con ganas de seguir incorporando ideas, referencias y sonidos nuevos.

