El cine de terror está viviendo una racha increíble. Y no solo por la cantidad de grandes historias y películas que está dando, sino también por la aparición de personajes que se convierten en emblemáticos al instante. Si el año pasado conocimos a la ya mítica tía Gladys, que le consiguió a Amy Madigan el Oscar a Mejor Actriz de Reparto por Weapons, este año hemos conocido a la inolvidable, aterradora y sanguinaria Nikki, interpretada por Inde Navarrette, que ya se postula como una de las mejores interpretaciones del año. ¿Y de dónde ha salido Nikki? De la retorcida mente de Curry Barker, un director que empezó a resonar en YouTube gracias a su película de terror de bajo presupuesto Milk & Serial y que este año ha estrenado su ópera prima, Obsession.
La premisa de la película es sencilla y bebe de muchas historias que todos hemos visto: una persona se obsesiona con otra hasta alcanzar niveles enfermizos. La diferencia aquí es que Barker añade un componente sobrenatural. Un chico se enamora de una chica, no es correspondido y recurre a un hechizo, o a un embrujo, para conseguir que ella se obsesione con él. Y eso desencadena consecuencias macabras y terribles.
Podría sonar manido, incluso previsible, pero lo que de verdad importa en Obsession es cómo Barker toma un concepto muy simple y lo exprime hasta sus últimas consecuencias. Con un presupuesto de menos de un millón de dólares, la película ya ha recaudado más de doscientos millones, una cifra que Hollywood no va a olvidar fácilmente y que seguramente lanzará la carrera de todos sus protagonistas. Pero más allá de los números, lo verdaderamente impresionante es cómo el joven director convierte una premisa aparentemente poco original en el marco perfecto para grandes interpretaciones, recursos limitados brillantemente aprovechados y una banda sonora que acompaña con inteligencia cada descenso a la oscuridad.
Barker venía de Milk & Serial, una historia intensísima que mezclaba amistad, violencia y manipulación emocional hasta llevarlo todo al límite. Pero en Obsession ha conseguido depurar todo ese exceso para ofrecernos una historia más simple, donde el terror no está tanto en lo físico como en lo emocional. La interpretación de Inde Navarrette consigue que temamos de verdad aquello de lo que su personaje es capaz, porque los niveles de barbarie van escalando de forma progresiva y arrastran al espectador a una espiral de violencia de la que es imposible apartar la mirada.
Y tampoco hay que restarle mérito a Michael Johnston, cuyo personaje encarna a la perfección el retrato que Barker hace de una generación que prefiere elegir el camino fácil antes que esforzarse, que evita arriesgarse, confesarse o ser honesta consigo misma. Porque lo que de verdad aterra en Obsession no es su monstruo, sino el grupo de amigos que retrata: cuatro jóvenes que mienten, se engañan entre sí, solo verbalizan lo que sienten cuando ya es demasiado tarde y viven instalados en la victimización. Ese es el verdadero terror de la película: el de una generación incapaz de enfrentarse al mundo y a sí misma.
Y es que a uno siempre le cuesta mirar a los monstruos que ha creado, sostenerle la mirada a la oscuridad que ha provocado. Pero, en el fondo, el pozo más oscuro siempre es el que habita dentro de cada uno de nosotros. Y es ahí donde Curry Barker hunde a sus protagonistas. Porque en Obsession nadie es víctima y nadie es verdugo, aunque la película quiera hacérnoslo creer. Todos se traicionan a sí mismos. Y quizá por eso disfrutamos tanto viéndolo: porque siempre es más fácil mirar hacia otro lado.
