Vine al Bierzo porque me dijeron que aquí se guardan muchos recuerdos, de un tal Festival Observatorio. Sierra alta coronada por el sol, como un visto y no visto, llegó un nuevo solsticio y trajo consigo, de nuevo, tres días de magia, amor y mucha música. El resto del año había vivido en nuestra memoria el recuerdo del verano anterior; ahora vamos a desempolvar el de este (seguro que no fue así, pero hazte a la idea).
Sentirás que aquí uno quisiera vivir para la eternidad. Y el primero en llegar siempre es el afortunado. Qué lujo para el equipo de montaje, que estrena el valle aún entregado plenamente a ellos. Lupe recibe a todos corriendo, todavía mojada de sus saltos al río, sin soltar de la boca un palo muuuy mordido que luego olvidará. (Pasando por el Puente de los Besos, me topé con Chelo, quien me contó que vio pasar a seres mágicos con toneladas y toneladas de paja de centeno, que acumulaban para el taller de @fuerzaminimaresearch y los maestros teiteros). Las mañanas, los mediodías, las tardes y las noches pasaban en silencio, sin dejar rastro del tiempo.
El pueblo fue tomando forma y reflejando lo que nosotros conocemos de él: tarimas de escenario instaladas sobre la pradera, este año adornadas con cuernos de fiordos arreglados por @verdesdegredos_ (crecían y crecían por las noches para brillar junto a la luna, cuando nadie los podía ver). A unos pasos, tiendas, sillas y mesas formaban el campamento base de Observatorio y ocupaban, de portería a portería, el campo de fútbol del pueblo. Se sube la cuesta hacia el auditorio casi a oscuras, pero nos guían las luces del camino, como baldosas amarillas. (Algunos duendes conducían a los humanos hasta la cima). Tres noches y tres madrugadas coronamos la cuesta para llegar a los conciertos de Amore, iuky, l0rna o Tristán! Afloran viejas emociones con la melancolía de Ultralágrima o el groove de Stereo Madness. Del primer al último día se bailó, y se bailó bien. (Mientras esto sucedía, los castaños colaban sus ramas por las ventanas para dejar remedios para el amanecer).
Volvieron amigos del pasado; pasamos el rato con @ofiandonberciano jugando a la furóndiga o flóndiga y a la rana; el equipo de Generación Ya (por fin pudieron entrevistar al Cuerpo Arbóreo); reunión alrededor del mantel de @soulinthekitchen para contarnos lo que había pasado durante ese año, que no era poco. Recuerdo (besar) y olvidar nombres y la vergüenza, amansar la lana de @joaqui.n.a pisándola como uvas, tocar un arpa con una carta del Uno junto a @albacalva_ y @rosindepalo, pero jamás olvidaré que llega otra temporada de incendios y se siguen quemando Ancares y León. Menos abandono y más A.C.A.B. (A Cuidar Al Bierzo). La pradera ahora es amaia do brasil de Mercromina Club: sentar el culo en el césped para bajar con los pies la pendiente del río y, luego, echarse para atrás al darse cuenta de QUÉ frío está.
Rincón lleno de árboles y de hojas, como un baúl donde hemos guardado nuestros recuerdos. Pude leer los de otros y dejar los míos en el Diario de Observatorio de @eduardoaeme, que actuó de memoria común. Cuando cumpla años y no me quepan más, llegarán nuevas gentes con ganas de crearlos. Como poco, el pincho de tortilla del Subiao les fascinará (como me fascina a mí), se tumbarán en el césped a pensar en lo fácil que parece todo (como yo me tumbo en el césped a pensar en lo fácil que parece todo), echarán la cabeza para atrás con tal de ver la luna sobre el castillo (como yo echo la cabeza para atrás con tal de ver la luna sobre el castillo) y distinguirán, atónitos (distingo, atónita), la memoria antiquísima de los castaños y el color de Balboa. (Seguro que sí será así).
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