Probablemente el nombre Flimby te suene completamente ajeno, un lugar que no aparece en ninguna lista de destinos de moda ni en el feed de ningún influencer. Pero, ¿y si te dijéramos que es precisamente ahí donde nace uno de los pares de zapatillas más codiciados del mundo? Sí, hablamos de New Balance. Porque más allá de celebrar su larga historia, la línea Made in UK es un manifiesto sobre artesanía, tradición y cultura.
Te ponemos en contexto. Flimby es una pequeña aldea costera situada en Cumbria, en el noroeste de Inglaterra, enclavada entre los pueblos de Maryport al norte y Workington al sur, con el Mar de Irlanda como telón de fondo. Menos de dos mil habitantes, una estación de tren donde los trenes solo paran si alguien lo solicita, y sin embargo, Nueva York, Tokio y Melbourne están pendientes de lo que sale de aquí. Su nombre, curiosamente, proviene del asentamiento nórdico y significa literalmente ‘el pueblo de los flamencos’, un guiño a la historia de migraciones y oficios que siempre ha definido esta zona. Porque Cumbria es una región con una arraigada tradición en la manufactura de calzado, con una ética de trabajo que se transmite de generación en generación.
Fue precisamente eso lo que vio Jim Davis y su mujer, Anne, cuando, en 1982, abrieron su primera fábrica en Lillyhall, a pocos kilómetros de aquí, poniendo las bases de lo que hoy conocemos como Made in UK. Cuando el negocio creció, no lo trasladaron a Asia en busca de costes más bajos, como hicieron tantas otras marcas de la época. Todo lo contrario. Jim y Anne creían firmemente en la manufactura doméstica: estar cerca del proceso de producción les permitía entenderlo, mejorarlo y controlarlo. Así que en 1991, se mudaron a Flimby, donde la fábrica sigue operando hoy. De sus trescientos trabajadores salen treinta mil pares de zapatillas al mes, cada uno construido a mano con materiales de origen europeo, destinados a las mejores tiendas de calzado del mundo. En un momento en que el slow fashion, la transparencia en la cadena de producción y la trazabilidad son puntos importantes en las conversaciones que dominan la industria, New Balance lleva más de cuarenta años haciendo exactamente eso.
¿Por qué modern craftsmanship? Porque en Flimby conviven dos mundos que, a priori, podrían parecer opuestos, y que aquí funcionan en perfecta armonía. La tecnología más avanzada de la industria del calzado comparte espacio con algo que ningún algoritmo puede replicar: las manos y el criterio de personas que llevan toda una vida dedicadas a esto.
El proceso comienza mucho antes de que una zapatilla tome forma. Hay especialistas que seleccionan a mano las telas y materiales evaluando textura, resistencia y acabado con una precisión que va más allá de cualquier escáner. Después vienen los patrones, el corte de cada sección del calzado, las máquinas de bordado e impresión entran en escena, sí, pero hay ojos expertos detrás de cada una de ellas, controlando que el logo de ocho puntas quede exactamente donde debe estar, que cada línea tenga la tensión correcta, que nada desentone.
Lo que hace verdaderamente especial a Flimby es que el control de calidad no es un paso aislado, sino una mentalidad que impregna cada fase del proceso: hay especialistas revisando en cada etapa, desde que las piezas se unen hasta que el par ya está en su caja, listo para salir. Pero más allá del producto, hay algo igual de poderoso: las personas. Muchas de las familias que trabajan hoy en la fábrica de Flimby llevan generaciones ligadas a ella. Padres, hijos, incluso nietos que han crecido con el olor del cuero y el sonido de las máquinas como parte de su día a día.
Reivindicando esa maestría de la que New Balance se hace eco (calidad, carácter e innovación), la colección Made in UK tiene mucho más sentido cuando sabes lo que hay detrás. Porque cada modelo que la compone no nace de una sala de reuniones ni de un brief de tendencias: nace de Flimby, de sus manos y de una historia que tiene tres modelos como referentes: La 991v1 es el punto de partida inevitable, más de dos décadas siendo el modelo de referencia de Flimby, y en 2026 sigue reinterpretándose con cueros italianos seleccionados por su capacidad de ganar carácter con el uso.
La 991v2 cambia la conversación: es el primer modelo de la serie 99X concebido íntegramente en Reino Unido, con tecnología FuelCell y una silueta rediseñada con un detalle único: la lengüeta lleva inscrito “Made in England”. Finalmente está el Allerdale, el modelo que nadie esperaba. Lleva el nombre del distrito donde vive la fábrica y responde a una pregunta que New Balance llevaba tiempo haciéndose: ¿Qué pasa cuando aplicas todo lo que sabes a una silueta que va más allá del running? Piel y ante premium, suela con guiños al senderismo, y en la lengüeta una etiqueta tejida con ilustraciones del Lake District. Con estos modelos como base, la línea se ha ido reinterpretando a lo largo de los años, desde colores, texturas e innovaciones técnicas hasta su manera de comunicarlo como su más reciente campaña con Rosalía.
En un mercado saturado de lanzamientos efímeros, eso es exactamente lo que diferencia a una marca de una leyenda. Made in UK es la respuesta más honesta que puede dar New Balance a un consumidor que cada vez exige más verdad y menos ruido. Y Flimby, ese pueblo de menos de 2.000 habitantes en la costa de Cumbria, sigue siendo el lugar más inesperado y más lógico del mundo para encontrarla.
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