Volver a la ciudad que te vio crecer puede ser reconfortante. Pero si te has recorrido el mundo, puedes llegar a sentir que se ha quedado atrás. Sin una escena en la que verse reflejada, Yasmina tenía claro que algo había que hacer. Hoy, como promotora impulsa su propio proyecto: Neowarras, una plataforma donde el club se convierte en una identidad política, creativa y social.
Influenciada por ciudades como Berlín o Londres, Yas ha levantado uno de los proyectos más particulares de la electrónica española. Con una visión que va más allá de lo local, las ‘neowarras’ han cruzado fronteras con sus espacios seguros y libres de prejuicios. Y el que les queda por cubrir aún… El más reciente: Berlín. La capital alemana se está convirtiendo en uno de los puntos clave de esta nueva etapa. ¿La prueba? El evento que les espera en OXI el próximo 25 de abril.
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¿Cuál fue la gota que colmó el vaso y llevó a la fundación de Neowarras?
La gota fue volver a la ciudad donde viví hasta los veinte y sentir que el tiempo se había quedado congelado. No había relevo generacional, no había riesgo, no había nada de lo que yo había vivido fuera. Venía de Londres y Berlín, de escenas vivas, y de repente no tenía dónde escuchar esa música ni rodearme de esa energía. Neowarras nace literalmente de esa frustración y de la necesidad de construir el espacio que no existía.
¿Cuántas personas forman Neowarras ahora mismo?
Ahora mismo somos ocho. Es un equipo bastante sólido, muchas están desde el principio y eso también define mucho el proyecto. No es algo puntual, es una estructura que ha ido creciendo con una visión muy clara.
El proyecto nació en 2022, pero ha evolucionado mucho desde entonces. ¿En qué momento sientes que Neowarras pasa de ser una idea local a un proyecto con ambición internacional?
Creo que el cambio no es tanto un momento concreto sino un mindset. Desde el principio nunca pensé Neowarras como algo local, pero sí es verdad que hay un punto en el que empiezas a moverte fuera, a conectar con otras escenas, a entender cómo funciona la industria a otro nivel. Ahí ya no hay vuelta atrás. Ahora mismo, con Berlín y los proyectos que están saliendo aquí, es cuando realmente se materializa esa ambición.
¿Cuáles dirías que son tus principales referentes, tanto musicales como culturales, a la hora de construir Neowarras?
Mis referentes van desde el EBM belga de Front 242 hasta el Eurodance de Cascada a nivel musical. Pero más allá de nombres, creo que lo que realmente me ha construido han sido las escenas en las que he vivido: Detroit, Shenzhen, Beirut, Londres y ahora Berlín. En todas hay algo en común: diversidad, curiosidad y cierto caos que a mí me interesa mucho. También bebo bastante del punk y post-punk de Valencia, y de una forma de hacer muy DIY. Al final, aunque no sea una punk por fuera, lo soy completamente por dentro: no acepto un no como respuesta y creo que eso también define bastante Neowarras.
Estudiaste comunicación, ¿cómo te ayudó eso a sacar adelante el proyecto?
Sinceramente, no creo en los estudios como motor dentro de lo creativo. Todo lo que he hecho ha venido de proyectos paralelos, de moverme, de trabajar gratis muchas veces para acceder a ciertos espacios. Lo que sí me ha ayudado es tener una cabeza bastante estratégica: no soy solo artística, también soy muy operativa y eso en este tipo de proyectos es clave.
“Neowarras nace literalmente de esa frustración y de la necesidad de construir el espacio que no existía.”
En paralelo a Neowarras, estás desarrollando tu faceta como agente de booking y curadora. ¿Cómo conviven estos roles y qué visión tienes a largo plazo dentro de la industria?
Para mí es lo mismo desde distintos ángulos. Al final todo va de lo mismo: detectar talento, construir contextos y generar oportunidades. El booking me permite trabajar con artistas de una forma más directa y global, y Neowarras es el espacio donde muchas de esas cosas toman forma. A largo plazo me interesa posicionarme más como curadora y como figura dentro de la industria, no solo como promotora.
Si antes de empezar la carrera te hubiesen dicho que fundarías Neowarras, ¿hubieses cambiado lo que ibas a estudiar?
No, porque nunca he tomado decisiones en base a la carrera. Siempre he tenido claro que lo mío estaba en la noche, en la electrónica, en la cultura club. Empecé a ir a clubs con catorce años, así que en realidad esto es bastante coherente con lo que siempre he hecho.
En un artículo para GQ decías que ‘neo’ hace referencia al concepto musical que traéis en el clubbing. Mientras, en IG habláis del “mal llamado ocio nocturno”. ¿Tiene relación el nombre con eso? ¿Por qué prefieres decir ‘cultura club’?
Sí, está totalmente relacionado. Neo tiene que ver con traer algo nuevo a un contexto que estaba bastante estancado, pero también con una forma de entender el clubbing como algo cultural, no como consumo. Hablar de ocio nocturno lo reduce a fiesta sin más, y para mí un club es un espacio político, creativo y social.
La estética que rodea a Neowarras (carteles, contenido en RRSS, dresscode) es dosmilera e influenciada por el hyperpop o las raves. ¿En qué te inspiraste? ¿Tenías claro el diseño?
Sí, bastante claro desde el principio. Viene de todo ese imaginario dosmilero, internet early, estética rave, pero pasado por un filtro actual. Me interesaba que fuese algo reconocible pero no nostálgico, que tuviese identidad propia. También hay mucho de DIY, de no querer hacerlo perfecto.
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Ya vais por vuestro cuarto aniversario, ¿qué le dirías a la Yasmina de 2022?
Jamás habría pensado que acabaría viviendo de esto ni que tomar un riesgo así me llevaría a poder formar parte de la industria que realmente me gusta y a construir mis propios espacios y redes. Le diría que siguiera creyendo en sí misma, incluso cuando nadie más lo haga, y que confíe en todo lo que está por venir. Y también que disfrute más de las fiestas y no lo pase tan mal, que no todo tiene que doler para que salga bien.
Mudarte a Berlín supone un punto de inflexión. ¿Qué te ha dado la ciudad a nivel creativo y profesional que no encontrabas en España?
Escala, contexto y red. Berlín te obliga a subir el nivel porque todo el mundo está muy enfocado y hay muchísimo talento. También te da acceso directo a la industria, a artistas, a agentes, y eso cambia completamente cómo trabajas y cómo piensas los proyectos.
Has crecido entre distintas ciudades y escenas, ¿cómo ha influido eso en tu identidad musical y en la forma en la que entiendes la cultura club?
Me ha hecho no casarme con una sola forma de hacer las cosas. He visto escenas muy distintas y eso me ha dado una mirada bastante abierta pero también exigente. Para mí la cultura club tiene que ser viva, inclusiva, arriesgada… si no, no me interesa.
El 25 de abril presentas un evento en OXI en Berlín. ¿Qué podemos esperar de esta nueva etapa de Neowarras en la ciudad?
Neowarras en Berlín se consolida como una propuesta seria con alcance internacional. Estar aquí nos da acceso a un talento con muchísimo recorrido, tanto de artistas que viven en la ciudad como de los que pasan por ella constantemente, y eso eleva mucho el nivel de la curaduría. En OXI hacemos nuestra primera fecha, pero ya hay más a lo largo del verano. Es una ciudad que nos ha recibido muy bien, muy abierta a nuevas propuestas y a gente con ideas, y eso se nota. Esta etapa es, en realidad, la materialización de algo que estaba desde el principio: convertir Neowarras en una plataforma global.
“Para mí la cultura club tiene que ser viva, inclusiva, arriesgada… si no, no me interesa.”
¿Qué es lo que mejor y peor llevas de liderar un proyecto de estas características?
Lo mejor es ver cómo algo que has imaginado se convierte en algo real y conecta con la gente. Lo peor, la carga constante. Al final nunca paras, siempre estás pensando en lo siguiente.
Estamos en un momento en el que la escena electrónica está muy ligada a la comunidad queer. Así que, ¿por qué lanzar una fiesta tan nicho?
Cuando lancé la fiesta casi no había nada así en España, y que ahora ya no se perciba como algo tan nicho es una buena señal. Para mí nunca ha sido algo disidente, he crecido en entornos de mujeres y comunidad LGTB y lo entiendo como lo normal. El objetivo es justamente ese: que deje de ser una etiqueta y pase a ser la forma natural de vivir el clubbing, como ya ocurre en espacios donde no hace falta decirlo para que se sienta.
Se define como un “espacio seguro y libre de prejuicios para todo el mundo, poniendo especial atención en celebrar y cuidar a las mujeres, comunidad queer, trans, y personas racializadas”. ¿Has recibido más críticas o apoyo? ¿Alguna vez tuvisteis que negar la entrada a alguien?
Hemos recibido muchas críticas pero también mucho apoyo. Cualquier proyecto disidente, y más si es en femenino y con una estética bimbo, que para mí es de lo más punk que hay, va a generar rechazo en la sociedad en la que vivimos. A eso se suma el estigma de la electrónica y el hecho de ser una propuesta más enfocada en lo queer y FLINTA, con todo lo que eso implica a nivel de expectativas y desconocimiento. Aun así, creo que hemos ayudado a abrir camino para que surjan más propuestas y que la escena sea cada vez más diversa y rica. Y sí, hemos tenido que negar entradas, y forma parte de cuidar el espacio.
En vuestra inauguración tuvisteis una fiesta con dos salas: una de fiesta y una de cine, y, en YouTube, tenéis un podcast de tres capítulos que lleva dos años sin repetirse. Actualmente, ¿qué más hacéis por la escena?
Me hace mucha ilusión que recordéis ese dato de la primera fiesta porque hay mucho trabajo invisible detrás. Sacar adelante una fiesta así es muy difícil, sobre todo dependiendo de salas que muchas veces no comparten nuestros valores. Que Neowarras siga existiendo ya es un logro, y cada fecha es una forma de cuidar a nuestra comunidad. Me gustaría que no se diera por hecho, porque cada evento implica muchísimo esfuerzo. Ahora mismo el foco está en seguir creciendo y traer artistas cada vez más interesantes.
Uno de vuestros logros del último año fue lograr una gira de verano con al menos una persona árabe. ¿Por qué era tan importante para ti?
Es algo personal, soy medio libanesa y tengo una sensibilidad especial con esto. Siempre intento colaborar con artistas árabes o de origen árabe en las ciudades donde operamos, y más aún en el contexto actual. Vivimos en un nivel de disociación bastante fuerte desde Occidente, así que lo mínimo es dar visibilidad a estos talentos desde un lugar positivo y contribuir a cambiar el discurso racista que muchas veces existe hacia ellas.
En 2025, fuiste finalista en los Premios BIME de Amazon Music en la categoría de organización igualitaria, ¿cómo recibiste la noticia? ¿Te lo esperabas?
No me lo esperaba. Trabajas desde un sitio bastante intuitivo y de convicción, no pensando en premios. Pero obviamente es una validación externa que ayuda a dar visibilidad al proyecto y a abrir ciertas puertas.
Este año has sido seleccionada como una de las cuarenta participantes de KeyChange. ¿Qué significa para ti tanto a nivel personal como profesional?
No me lo esperaba para nada, sobre todo porque nunca he tenido apoyo institucional y siempre he sacado todo adelante por mi cuenta. Me siento bastante como el underdog de los underdogs. Surgió de forma muy orgánica: compartí mi historia en un taller de un festival y alguien de KeyChange se acercó a mí y me animó a aplicar. Lo hice con muchas dudas, pero ahora, después de la primera reunión en Tallinn Music Week, lo veo como una oportunidad muy potente. He conectado con gente increíble de la industria que me está empujando a crecer aún más, tanto a nivel profesional como líder.
Habéis salido de España e, incluso, cruzado el charco con este concepto. ¿Cómo fue la experiencia? ¿La reacción fue la que esperabas?
Las experiencias fuera de España han sido muy eye-opening. La fiesta que hicimos en Nueva York el año pasado con Vyper, Fashion y Gitano del Futuro hizo sold out en Bossa, y lo mismo pasó en Berlín durante la fashion week en enero. Ver que el concepto se entiende y que hay ganas reales de consumir este tipo de propuestas nos ha dado mucha confianza. Por eso ahora queremos seguir afianzando Neowarras en estas ciudades y construir algo sólido ahí.
“Vivimos en un nivel de disociación bastante fuerte desde Occidente, así que lo mínimo es dar visibilidad a estos talentos desde un lugar positivo y contribuir a cambiar el discurso racista.”
¿Crees que Neowarras puede llegar a tener más tirón fuera de España que aquí?
Creo que puede funcionar en ambos, pero fuera hay más infraestructura y más cultura de club consolidada para este tipo de propuestas. Aun así, España está cambiando y también hay espacio para crecer.
¿Qué tres salas de España te gustaría llenar? ¿Y de Europa?
Más que salas concretas, me interesa posicionar el proyecto en ciudades clave y en espacios que tengan sentido con nuestra identidad. No es tanto el nombre del club como el contexto.
Con el cambio de esquema y sala, ¿hay una nueva intención? ¿Hacia dónde vais ahora?
Sí, hay una intención clara de internacionalizar el proyecto y de subir el nivel en todos los aspectos: artístico, curatorial y estructural. Berlín es parte de eso pero no el único foco.
Pregunta típica, pero ¿dónde ves el proyecto en cinco años? Igual nace un Neo²warras.
Lo veo como una plataforma consolidada a nivel internacional, no solo de eventos sino también de talento. Algo que funcione en distintas ciudades pero con una identidad muy clara.
Y para acabar, cuéntanos alguna anécdota curiosa que haya pasado en una fiesta de Neowarras.
Que nuestras warriors se tatúen el nombre de la fiesta.
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