Natalia Lacunza atraviesa una de las etapas más introspectivas de su carrera. Hace falta valor para mirarse, pero en muchas ocasiones también tiempo, y este nuevo disco es el resultado de haber hecho acopio de las dos. N2STAL5IA desde su mismo título nos habla de la situación actual de Natalia, de su identidad, del tiempo que lleva cargado a las espaldas y de lo mucho que suele echar la vista atrás para asegurarse de que todo siga ahí (aunque realmente no quede nada). Este nuevo proyecto es fruto de un proceso largo para el que ha hecho falta paciencia y que encapsula este momento de su vida para poder llevarlo con ella por siempre.
Entrevista extraída de ACERO vol. 12, publicada en noviembre de 2025. Hazte con tu copia aquí.
Apenas un mes nos separa del lanzamiento de N2STAL5IA pero para Natalia “ya está todo el pescado vendido”. El estado en el que la encuentro es muy distinto de aquel en el que se hallaba en nuestra última conversación. Natalia desprende la parsimonia propia de alguien que acaba de terminar un gran viaje, y en cierta manera de eso mismo viene, aunque en esta ocasión le ha tocado caminar por su psique y mirar dentro de sí misma, un concepto en el que pone especial énfasis. En la conversación se adivina esa mezcla de vulnerabilidad y humor que la define, Natalia puede hablar del dolor sin dramatismo y del desamor sin ser catastrofista. Juntos reflexionamos sobre la amistad (que muchas veces duele más que el amor), el apego, la autoexigencia y la necesidad de dejar atrás lo que duele sin perder la ternura por lo que fue. “La nostalgia es una enfermedad”, dice entre risas, pero también reconoce en ella un refugio. Hoy nos acoge en él durante un ratito.
¿Qué tal Natalia, cómo va todo?
Pues muy bien, a ratos (risas), con nervios pero con pragmatismo. Todas las dudas y los demonios se están bajando justo cuando lo tienen que hacer y estoy contenta. Ya está todo el trabajo hecho, ha salido el último single y está el pescado vendido, como se suele decir. Estoy con la mente en la gira y bastante tranquila porque creo que la música que hago no es algo automático, son canciones que se aposentan en el oyente y no tengo una urgencia excesiva de ver cómo reacciona la gente ahora mismo.
¿Lo planteas entonces como un lanzamiento de larga distancia?
Un poco sí, como siempre en mi música. No sé si en algún momento cambiará. Creo que el hype puede ser mucho más frustrante para el artista y por eso intento enfocarlo de una manera más realista. Intento no entrar en esta dinámica de ver cuántas reproducciones tiene en las primeras veinticuatro horas, sino enfocarme más en ver qué tal van los primeros veinticuatro meses. Sobre todo para preservar mi salud y la del oyente. Lo hablaba con Irenegarry, como consumidora, cuando te vienen tantos lanzamientos de golpe, se te quitan las ganas de escucharlos, necesito mi tiempo para que me apetezca. Es una cuestión de salud mental pero también de lógica realista.
¿Qué es lo que más ha cambiado en estos últimos meses?
Pues no sé qué decirte. Ha cambiado que ya he terminado el puñetero álbum, ya está entregado. Ya no tengo la angustia de si el disco será bueno o malo, solo pienso que es lo que es y ya está. Obviamente hay días que piensas que algo podría estar mejor y hay días que pienso: coño, qué ganas de hacer un próximo álbum y mejorar lo presente. Creo que sobre todo, ha cambiado mi estado nervioso, me siento más en armonía conmigo dentro de que vienen muchas cosas y que tengo mucho curro por delante, es un momento angustioso en algún sentido por el trabajo pendiente, y en el que tengo nódulos en la garganta y las cuerdas mal. Lo que pasa es que se me viene una gira con sus ensayos encima, pero creo que estoy consiguiendo no atacarme muchísimo. Tengo mis momentos y mis lloreras pero voy día a día. Aunque hay días que se me apaga la luz, como dice mi último single (risas).
Tiene que ser muy distinta la etapa de crear y la de girar, y parece que la primera sirve de cara a darte seguridad para la segunda, ¿no?
Sí, también se siente muy distinto. El proceso de creación es mucho más íntimo y no estás en contacto con el público. Cuando llega la parte de la gira y la promo te sientes un poco más artista en el mundo real. La parte de creación es más solitaria y de locura, como si estuvieses en una cueva. Hay veces en las que te descubres hablando contigo misma como si hubieses perdido la cabeza. La parte de llevarlo al mundo real siempre se siente más alegre. Empiezas a tocar las canciones en la gira y te vuelves a enamorar de ellas. Cuando las canciones están terminadas y las cantas en directo, todas las dudas que has tenido durante el proceso de composición se convierten en un, coño, claro, si esta canción me encanta.
Entonces no te preocupa el hecho de si el disco será bueno o malo, pero realmente sí que tienes ganas de escuchar el feedback.
Sí, tengo ganas porque sé que habrá gente a la que le gustará seguro y me lo hará notar. En la gira de salas sobre todo, porque es el momento más íntimo con el oyente. Evidentemente es una cosa de ya está, ya está hecho, pero yo también estoy contenta con lo que ha salido.
Esta semana he podido escuchar el disco entero. La primera pregunta es obligada, ¿quién te ha hecho tanto daño?
Joder, pues no lo puedo decir (risas). Es fuerte porque es un disco que habla del daño de un vínculo personal que se ha roto, pero a la vez habla de un momento vital en el que la postadolescencia se ha terminado. Entonces es una sensación de estar en medio de la nada, viendo que personas cercanas que consideraba mi lugar seguro ya no están, y que estoy pasando mi propia juventud con un desencanto que no esperaba. Es una ruptura tanto con la idea de la juventud que ibas a tener, como con la idea de las amistades y los círculos que ibas a tener. Se llama N2STAL5IA, ¿no? Es esta cosa de no querer aceptar que todo ha cambiado, no poder pasar el duelo. Creo que sí se va pasando un poco, que conforme avanza el disco se van viendo puntos de más luz o más aceptación, pero sí, en general es un duelo que no te apetece pasar. No quiero aceptar que esto es así ni que me hago mayor ni que no estás en mi vida.
Sí, porque lo de postadolescencia suena un poco a querer estirar el chicle…
(Risas). Sí, total. Bueno, yo creo que es una cosa que pasa, que cuando tienes veintidós o veintitrés años ya ves que se pone la cosa seria. Los recuerdos de tu adolescencia se van quedando más atrás, y tu dinámica de vida cambia, así como tu forma de estar en el mundo. Ya estás tú sola, amor, tú te lo guisas, tú te lo comes y ya está.
¿Cuál era la idea principal cuando empezaste a trabajar en N2STAL5IA, muy al principio?
No había ninguna, fue por ciencia infusa, que se dice. Realmente siempre me pasa esto. No puedo elegir aquello de lo que voy a escribir, no puedo hacer ese ejercicio, se va escribiendo un poco solo porque mi forma de escribir es el desahogo. También me molaría poder escribir sobre algo que decida previamente, ojalá desarrolle esa skill (risas), pero siento que mi forma de escribir es muy liberadora y es una historia que se va contando un poco sola. No había una idea antes de esto, pero sí que estaba el concepto de la nostalgia, a mí me gustaría que el nombre de este disco se diga como “nostalgia 25”.
¿De dónde sale el 25 del título?
Viene de que lo escribí a mis veinticinco años, y porque sale en 2025.
Un rollo Adele, ¿no? Poniéndole la edad de nombre a tus discos.
No me acordaba yo de esto (risas). Pues viene de esta idea y de que yo siempre he dicho: tío, soy una puta aburrida, siento que todo el rato escribo de cosas profundas y parece que tengo la pena incrustada en mi garganta. Estuve un tiempo pasando de mí. Realmente este disco ha sido un ejercicio de abrazar eso. Igual necesito expresar esto y punto, voy a dejar de cuestionarme. Pues eso, yo estaba dándole vueltas a si llamarlo Nostalgia 25, Nostalgia a secas… Pero me parece que lo de nostalgia es un concepto muy manido. Quería hacer este juego, y al poner el 25 sustituyendo las letras pasaba esto de que se leía “Natalia”, un poco dislexia vibes. Entonces es una metáfora en la que yo abrazo esa nostalgia que está dentro de mí.
“El disco parte de un vínculo muy intenso que acaba rompiéndose. y a partir de ahí llega el colapso: el duelo, la rabia, la apatía”.
Me guardé la frase de “ya no ves a nadie y ahora nadie viene a verte, joder qué pereza me estoy dando de repente” ¿Hay ahí una intención de ser menos protagonista?
Sí, tío, también es esta cosa de ver que me estoy dando un autobombo de la hostia. Es un reflejo de ese momento, de estar hasta el coño de estar todo el día con la cabeza metida en el culo. Es un ejercicio que sigo haciendo, el de quitarle importancia a las cosas, pero refleja un momento en el que no puedes porque estás atascado y se convierte en un bucle sin final. Es como, no tengo ganas de hacer nada, me siento triste, pero es que encima qué puto lache porque estoy obsesionada conmigo misma.
¿Has conseguido darle la vuelta a esa sensación?
Sí, creo que sí. Han sido un par de años raretes, la verdad, pero creo que estoy en el camino. También cuando esto salga a la luz ya me desprenderé de ello y encontraré a una Natalia más luminosa y más ligera.
¿Te pasa aquello de que tiendes a desvincularte del proyecto en sus últimos compases cuando tu trabajo ha terminado y pasas a lo siguiente?
Claro, totalmente. De hecho, hay momentos en los que he tenido la sensación de no saber si esto me define tanto, este disco lleva escribiéndose desde 2023 o incluso antes en algún tema. Estoy llegando a un punto de aceptar que esto representa un momento de mi vida, y seguro que mucha gente está en ese momento. Sirve para lo que sirve en el momento en el que pasa.
¿Te ves en este punto de aceptación por una presión más laboral que artística?
Un poco sí, creo. Pero pienso que convergen las dos cosas: la situación laboral actual, en la que sale el disco y tengo que girarlo, y también ese punto de cariño que le tengo, porque a nivel artístico me llena mucho. Lo acepto por lo que es, por lo que fue a nivel personal y por lo que representa ahora en lo laboral.
¿Eres de atesorar esas partes antiguas de ti?
Sí, sí, sí, sí. Creo que es importante, somos lo que somos ahora por lo que hemos sido antes. Hay que sentir ternura por nosotros mismos en el pasado. También hay temas que digo madre mía… Pero no vas a estar ahí diciendo, joder, me odio por haber hecho esto. Hay algunos temas que no quiero volver a tocar nunca. De hecho algunos de estos los tocaré pero dándoles una vuelta. Lo hablaba con Pau, mi produ y el director musical de mi gira, y me dijo: “Tía, yo creo que todos los artistas tienen que tocar sus hits, deja de dártelas porque al final te debes a tus fans, son temas que les gustan y que les han marcado, al final se lo debes a ellos”. Hay un punto ahí de deshacerte de tu ego, de dejar eso de soy demasiado guay para cantar esto. Intentaré equilibrar las dos cosas y hacer una versión nueva.
¿Con qué canción te pasa esto?
Pues mira, me pasa un poco con Cuestión de suerte (risas). Es un tema del que estoy hasta las narices, a ver, es muy mono pero lo siento muy naïf. Creo que le voy a dar una vueltilla a nivel instrumental, de letra es mona, yo qué sé, tampoco quiero odiarme a mí misma. Lo veremos.
¿Qué es lo que buscas cuando miras atrás?
El problema es ese, que no sé qué estoy buscando. Esto es una cosa de la que me he dado cuenta después, te estás agarrando a fantasmas y no tiene sentido. Está bien que expreses esta sensación, pero esa cosa ya no está y te está haciendo daño. Por eso pienso que la nostalgia es una enfermedad. Por otro lado, mirar hacia atrás y buscar en ti mismo es superimportante, porque creo que la frescura que tienes cuando empiezas las vas perdiendo un poco, por el juicio externo, propio, te vas volviendo más picky, juzgón… Hay algo en la inocencia y la ilusión primera de hacer cosas sin cuestionarte si están bien o mal, simplemente porque las necesitas hacer. Esto sí que es un ejercicio que creo que he hecho en este disco. Es un poco raro pero es contradictorio, como que a nivel emocional he estado escribiendo de cosas que ya no van a volver y no tiene sentido, pero por otro lado sí que he buscado en mí esta naturalidad con mi forma de crear, el tipo de melodías y el tipo de sensaciones. He estado buscando reencontrarme con cómo lo sentía al principio. He querido buscar en mí, no en el exterior.
“Las canciones son conversaciones que ya he tenido, pero que necesito igualmente expresar, y ya está. No te líes con un músico o luego pasa lo que pasa”.
Entonces, ¿has dejado de sobreexigirte?
No, no lo pienso. He dejado de juzgarme tanto o de pensar que lo que tengo que ofrecer no es algo válido, que es muy diferente. Eso no quiere decir que yo no quiera ser mejor cada vez, no va por ahí.
¿Hay un hilo conductor narrativo dentro del disco?
Sí, hay un hilo claro. El disco parte de un vínculo muy intenso, ya sea con una persona, un grupo o una etapa vital, que acaba rompiéndose. Desde Apego feroz se presenta ese estado inicial de dependencia y emoción desbordada, y a partir de ahí llega el colapso: el duelo, la rabia, la apatía. Hablo más de una amistad difusa que de una historia romántica, de ese tipo de lazos que se confunden y acaban doliendo igual. Las canciones van atravesando todas esas fases: el enfado, el vacío, la nostalgia, hasta llegar al reconocimiento de que todo ha cambiado pero también a la certeza de que expresarlo me ha hecho más fuerte. Al final el disco cierra en un punto de aceptación: sigo siendo sensible, pero ahora sé que eso también es una forma de fortaleza.
Creo que es difícil como oyente saber que hablas de una amistad si no te lo explica el propio artista. ¿Lo ves como un tema más delicado?
Sí, y por lo que te digo que es terreno pantanoso, porque es una amistad que se mezcla con sentimientos que van más allá de eso. Te enamoraste o Rápido van un poco de eso, de que esa persona ha sentido algo diferente por ti, y cuando no has podido dárselo de vuelta, todo lo que ha significado esa amistad se va a la mierda, y eso es una gran rotura de corazón. Por eso me preguntas quién me ha hecho tanto daño y te digo que va mucho más allá de una ruptura romántica.
¿Consideras que esta pérdida es una parte del crecimiento?
Sin duda. Me ha enseñado muchísimo: a desidealizar, a entender que todo se renueva otra vez, y que en un día todo cambia y nada vuelve a ser como pensabas que era. Esto pasa y nunca me había pasado de esta forma, por eso me ha costado tanto aceptarlo.
Hablas de duelo y veo que el disco no se presenta a nivel visual como algo oscuro con el color negro, sino que predomina el azul y el blanco,
Sí, pero porque yo no lo he pasado de una forma agresiva. Ahora sí que empiezo a encontrarme más en el enfado, pero nunca he sido una persona reactiva. Siempre lo he sentido todo un poco como Tristeza, de Inside Out. Me duelen las cosas pero no soy reactiva al momento, lo paso en silencio solita y ya está. Por eso es azul y no negro o rojo. Pero ahora estoy muy reactiva, la verdad, además he dejado de fumar cigarros y estoy descubriendo quién soy realmente (risas). Es una cosa que me lleva pasando ya tiempo, pero siento que dejar de fumar ha activado realidades de mí que igual estaba tapando un poco. Opacadas por el humo, detrás del humo no se ve… (risas). Después de toda esta etapa de estirar el chicle hasta el final, ahora soy más capaz de dar puerta.

Mi tema favorito ha sido Sabes qué, ¿de dónde sale la idea de hacer un tema como este, que es tan distinto del resto?
Pues de que me apetecía mazo. Tenía una referencia clavada de hace muchísimo tiempo, de un tema de Antonio Williams llamado Changes. Fui a México cuando fuimos a grabar con Jesse Baez. Fue un viaje chulísimo y el día de Sabes qué estábamos en el estudio y yo tenía en la cabeza lo de hacer algo de este palo. Con Diego 900 he cogido una dinámica de estudio muy guay, nos entendemos mazo. Les dije que no me apetecía cantar ese día ni hacerlo bien, quería hacerlo más gritado, hablado, vomitado, más sucio. Pues salió de una el tema tío, de las pocas veces que coges una refe y sale bien. Fue un éxito en este caso.
¿Te quedaste satisfecha o te planteas hacer más temas de este tipo en un futuro?
Sí me lo planteo, me gusta mucho esta faceta mía. Creo que la voy a explorar bastante. La verdad es que estoy ahí, esa es mi idea.
Noto cierta influencia de Imogen Heap en los coros de Te enamoraste, ¿puede ser?
Efectivamente, bueno, he escuchado Imogen Heap bastante, y no lo había pensado en el tema, de hecho pensaba que me ibas a preguntar por Escuela de calor (risas). Fue lo que salió, la hice con J Curry, un productor de Londres que tiene todo este mundo de estas artistas, y me parece que se crea una cosa superguay en este tema, siento que suena un poco a Chambao incluso. Tiene una mezcla que me parece única.
¿De dónde salen las frases que se escuchan al final de los temas?
Eso sí que tiene un trasfondo de fragilidad, cuando suena lo de “amigas Madrid”, de que pensabas que eran tus mejores amigas pero en verdad era un rollito más superficial. Eso es de una cena con unas amigas y estaban ahí contando un gossip, nadie sabrá de qué va, pero me pareció perfecto para el tema. Hay más cositas, una conversación mía con mi gato y luego unas animadoras en Sabes qué. Ese “N-A-T-A-L-I-A” habla del self-obsession este en el que están las voces de mi cabeza gritándome, pero me molaba la idea de que fuesen mis amigas gritándolo. Se entendía como unas animadoras y unas voces de la cabeza, unas te suben y otras te bajan.
¿Cómo escribes sabiendo que las personas sobre las que hablan estas canciones las van a escuchar?
Las canciones son conversaciones que ya he tenido, pero que necesito igualmente expresar, y ya está. No te líes con un músico o luego pasa lo que pasa. El point de todo esto es que la gente pueda cagarse en alguien a gusto, independientemente de cuál sea ese nombre y cuál sea ese apellido. El punto está en expresar y ya está, y como nadie va a saber quién es y quiénes son pues ya está. Lo sabrán elles, yo qué sé, seguramente ni lo escuchen.
¿Te lo han echado en cara alguna vez?
No. Porque ya no existen conversaciones, no va a pasar nunca. Muerto y enterrado. Puertita cerrada por primera vez en mi vida.
¿No eres de cortar lazos normalmente?
Es que yo soy muy sentía. Tengo una gran capacidad de sentir, de tener cariño y no tener rencor. Por eso te digo que estoy en un punto de mi vida en el que soy bastante más reactiva. En este caso hemos sobrepasado límites que no se pueden sobrepasar y no es una cuestión de decisión, sino de sensación. Cuando sientes que hay un sitio al que ni quieres ni puedes volver ya no hay vuelta atrás. Que la empatía y la consideración no te hagan llegar a puntos en los que estás faltándote a ti mismo.
¿Cómo llevas lo de intentar diferenciarte en un panorama en el que lo diferente se ha establecido como norma?
Ahí está esta cosa de no intentar hacer nada, simplemente hacer lo que te salga y ya está, porque si te pones a mirar fuera y a ver qué se ha hecho y qué no empiezas a perderte. Creo que mirar dentro de ti es importante porque lo otro es muy efímero. Ahora ser raro es guay, pero a lo mejor dentro de dos años volvemos al normcore. No tiene sentido mirar las tendencias. La clave está en buscar lo que es auténtico para ti. No he intentado hacer algo superconcreto y distinto, he buscado algo que necesitase hacer.
En tu gremio han hecho del dolor un lenguaje común. ¿Sientes que hemos aprendido a comunicar el malestar o simplemente a estetizarlo?
Puf… Yo no puedo hablar por nadie que no sea yo. Para mí es una cuestión de exteriorizar y de purgar. También es un tema delicado y yo creo que no lo romantizo, no me gusta estar triste, ojalá hubiera estado mucho más contenta, me encantaría. Pero creo que cuando te pasan cosas que te duelen y te atraviesan, si tienes la capacidad de expresarlas hacia fuera, tienes una forma de desahogarte y que la gente pueda hacerlo también a través de ello. Quizá es un poco típica esta respuesta de “hago música sobre mi dolor para que otros puedan reflejar su dolor y lo saquen fuera de alguna forma”. Pero bueno, es lo que me ha tocado. Quiero explorar otros horizontes, pero si lo estás pasando mal por algo, está bien expresarlo. Respecto a los demás, pienso que estar triste no es tendencia ahora mismo. Mira Ralphie, Rus, Amore, Irenegarry... Todos tocan sensaciones que igual no tienen que ver con el dolor y son cosas más ligeras. Cada uno tiene que encontrar su cosa y punto, eso está bien. La música tiene que expresar todo tipo de capas. Hay muchas cosas interesantes pasando y cada uno lo expresa a su manera.
Entre tanta nostalgia, ¿tienes espacio para mirar al futuro?
Ahora sí, ahora que ya lo he expresado estoy mirando al futuro con ilusión y ganas.
¿Y qué ves?
Pues… no lo sé, la verdad. Estoy viviendo día a día, mes a mes, pensando en cosas llanas dentro de lo que cabe. Me compré una casa en un pueblo y ahora estoy con la cabeza en hacer mi casa, pasar ahí los veranos, leer libros y vivir la cotidianeidad de la forma más aprovechable.
Entonces estás mirando al presente.
Estoy en el presente, pero esa es mi ambición al futuro, no aspirar a algo supergrandioso, aunque mi intención es crecer y llegar a más gente, pero quiero disfrutar de las cosas simples y que esto no se convierta en una ambición que ahoga. Quiero disfrutar del día a día sin ser una artista, y sobre todo disfrutar de mi trabajo, hacer cosas por puro disfrute. Mi sueño es disfrutar de las cosas.
¿Y esto pasa por relajarse un poco a la hora de crear? ¿Tal vez pasar a consumir más que crear?
Bueno, a entender que cada momento tiene su cosa, hay momentos de escucha y momentos de crear. No hay que estar intentando hacer por un tubo, sino respetar los tiempos creativos. Creo que si estás forzándolo no es compatible, hay que trabajar todo el rato pero no puedes pretender hacer algo gracioso cada día, tendrás que hacer cosas pochas y un día te saldrá una cosa chulísima.
¿De qué color es tu vida ahora?
Verde esperanza… (Risas). Dejando atrás el azul, tirando a verde. Verde azulado, o bueno, por tiempo aún es azul verdoso, pero se torna verde azulado.

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