Confesaba un amigo que lo que le pasaba con ellos es que sus letras eran too much para él. Puede que eso de “galgos, póker y farlopa” no sea para todo el mundo, aunque tan solo haya unos cuantos atrevidos que se queden sin cantar en sus conciertos. Esos a los que asisten desde tiernos preadolescentes emo hasta viejos melómanos nostálgicos del ayer. Porque si algo hay que brindarles a estos jovencitos valencianos de Mala Gestión es la certeza de albergar muchas verdades populares en su último trabajo, Hacemos lo que podemos. Y en esas están: haciendo lo que pueden y cantando como quieren temas, eso sí, digeribles para unos pocos que cada vez son más.
Pablo Prats llega disculpándose por culpa de dos minutos de retraso: estaba en el baño. Se preocupa por cerrar la ventana, porque los coches no dejan de pasar y se escucha mucho ruido desde su casa. Todo eso me cuenta con sus gafas de siempre, algo despeinado y con el móvil a medio cargar. Aun así, la conversación con el bajista del grupo se alarga sin prisas, dejando que por allí pasen temas tan dispares como Sabrina Carpenter o el superhombre de Nietzsche; los “puteros” y calvos de sus canciones y el purgatorio; los lugares liminares y Manuel Carrasco. Tan solo veinte años, insisto, pero en su voz hay mucho de esos viejos de los que habla. Desde luego, son too much, pero qué gusto de Mala Gestión.
¡Hola! ¿Qué tal, Pablo?
Aquí de jueves, semana rara, además, porque ayer fue San Juan. Es como que ha habido dos fines de semana esta semana.
¡Cierto! Allí en Valencia fue festivo. ¿Lo celebraste?
Lo celebré, me acosté a las diez de la mañana. Y no iba a salir, ¿eh?
Bueno, es lo que siempre se suele decir, ¿no?
Sí, sobre todo yo.
Entrando en materia, me gustaría que presentaras Mala Gestión para los que aún no os conozcan, o para los padres de los que ya os conocen.
Pues somos una banda que hace música y, bueno, intentamos hacer música sincera, honesta. La gente dice que es cómica y tal, pero no sé. Ni a mí ni a ninguno de la banda nos gustan mucho las presentaciones. De hecho, nuestra presentación de Spotify era una puta mierda porque preferimos que la gente escuche la música y piense lo que quiera. Ya mucho curro tengo yo con mis cosas como para considerar en qué debe pensar la gente.
Dices que no os gustan las presentaciones, pero en vuestra biografía de Instagram os definís como “banda de ñunk de Valencia”. Ya lo habéis explicado otras veces, pero ¿cómo se define eso? ¿Qué es el ñunk?
El ñunk es una excusa que nos inventamos para cuando nos preguntaran qué hacíamos y, como no sabíamos explicarlo, pues decíamos “ñunk”. Pero al final nos han acabado preguntando más de lo que pensábamos. Si no hubiéramos dicho nada nos hubieran preguntado menos. El ñunk no es nada. O sea, simplemente es una parida que nos inventamos porque, como nos gustaban muchas cosas y muchos estilos diferentes, no nos sentíamos identificados con uno solo. En nuestros discos hay algo de rock, algo de pop, algo de ska, después tienes algo de electrónica. No nos gustaba ceñirnos a una etiqueta, entonces dijimos: pues ñunk, por ejemplo.
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¿Y lo de Mala Gestión de dónde sale?
Eso es gracioso. Es porque Héctor hizo el bachillerato artístico y en un trabajo le tocó hacer un rebranding del logo de Metrovalencia, no sé si ubicas. De la M con un círculo rojo, pues puso, en vez de eso, Mala Gestión, con la tipografía y el logo de Metrovalencia. Y ahí se quedó. De ahí salió el nombre. Al principio, a mí, me molaba mucho. Luego también como que las cosas cobran sentido con el tiempo. Quiero decir, es como un lápiz. Lápiz en verdad no tiene sentido, pero lo repites tantas veces que al final acaba teniendo.
Últimamente parece que todo el mundo habla de vosotros. ¿Sentís que vuestro éxito ha llegado sin avisar?
No, o sea, no ha llegado sin avisar. A mí no me sorprende en demasía porque esto es como una escalerita. Vas pasito a pasito y en todas las... uf, me da mucha rabia que no me salga la palabra en español, stages. ¿En todas las stages...? En todos los pasos que hemos dado hemos tenido muy buen recibimiento y siempre nos hemos sentido una banda exitosa. Una banda querida en todos los espacios a los que hemos ido y en todos los niveles en los que hemos estado. Entonces, tampoco siento que el recibimiento haya sido una sorpresa porque siempre nos han dado mucho apoyo.
Lo que pasa es que ahora es más gente. De hecho, lo que sí nos pasa ahora es que nos está empezando a caer hate, que antes no nos pasaba porque al ser una banda más pequeña, más nicho, solo te sigue la gente que realmente te quiere seguir, porque es difícil encontrarte. Y no sé, tío, ya que vienes hasta aquí, no te quejes.
Es la cara B de llegar a esos otros espacios. En esa línea, ¿os habéis llegado a sentir parte de un relevo generacional de grupos, digamos, indies?
Lo primero es que tampoco nos sentimos tan cerca del concepto de indie. O sea, sí, obvio, porque nos gustan y compartimos público con muchos de esos grupos, pero no sé, no sentimos que seamos el sucesor de Carolina Durante, ni el sucesor de Los Planetas, ni mucho menos. Porque su público es otro. El nuestro creo que es superdiferente. A nosotros nos escucha mucha gente que, a lo mejor, yo qué sé, le gusta el metal, o el punk. El otro día estaba en una casa okupa, en una rave, el día de San Juan, de hecho, y vino una persona y me dijo: “Joder, sois los de Mala Gestión”. Una punki. Y digo: “Sí”. Me dice: “A mí me flipáis porque os vestís pijos pero cantáis cosas así como punkis y no sé qué, y eso me mola”.
“El ñunk no es nada. O sea, simplemente es una parida que nos inventamos porque, como nos gustaban muchas cosas y muchos estilos diferentes, no nos sentíamos identificados con uno solo.”
¿Dijo que vestíais pijos?
Te lo juro. Pero eso, no sentimos que seamos el relevo generacional de nada, sentimos que somos una cosa nueva y el relevo generacional viene de que la gente que nos escucha es más joven, pero no creo que haya un testigo que sí que siento, a lo mejor, que pasa con bandas como Carolina Durante. De todos modos, creo que la música no funciona como un deporte olímpico.
Sí que notas que vuestro público es más joven. Os he escuchado decir que en ocasiones incluso habéis sido el primer concierto de esos chavales. ¿Cómo son vuestros fans? ¿Cómo los catalogarías?
Sí, eso es cierto. Nuestro público es variopinto y es muy joven. Yo diría que la base de nuestro público es gente bastante joven, más joven que nosotros incluso. Yo tengo veinte años; pues, a lo mejor, adolescentes y gente de dieciocho años te diría que es la mayoría. Tampoco podría poner la mano en el fuego, pero sí que siento que cuando voy a un concierto la mayoría de gente es joven. De repente te encuentras a un emo, a un metalero, a peña como muy, y perdóname la expresión, outsider, ¿no? Como típica persona que se siente apartada en clase. Lo entiendo porque yo he sido esa persona. No lo digo desde la burla para nada.
Entiendo lo que quieres decir. Conectando con esto de los conciertos, del público y tal, ¿hubo algún bolo, canción o situación concreta que os hiciera pensar que el proyecto había dejado de ser algo entre amigos?
Desde el principio nos lo tomamos en serio; la actitud de la banda siempre fue muy en serio. Siempre hemos estado entregados a la banda y dedicados, hemos ido a ensayar, hemos dado nuestro tiempo a la banda. Nuestra forma de relacionarnos con respecto a la banda tampoco ha cambiado. Pero sí te diría que pudimos sentir algo así cuando llenamos nuestra primera Sala Moon en Valencia, que son ochocientas o novecientas personas, que es una cosa difícil para una banda de Valencia. Bandas de Valencia de nuestra edad que llenen Sala Moon no hay ninguna, y yo ahora tengo veinte años, pero cuando toqué allí la primera vez tenía diecisiete. Ahí ya sentía que iba bastante guay, la verdad.
Sí que es cierto que ahora, con la gira, que hemos tocado en La Riviera y hemos hecho sold out en prácticamente todos lados, ahora que vamos a ser teloneros de Carolina Durante y tocamos en festivales y tal, sí se hace más evidente, pero no es que me sorprenda, porque es el camino lógico. No sé, me lo esperaba. Teniendo en cuenta cómo estaba siendo la repercusión y cómo nos lo estábamos currando, era de esperar. Pero sí, yo creo que sobre todo se ha sentido en la gente externa. A partir de hacer esas cosas la gente de afuera empieza a darse cuenta de que esto va en serio. Pero yo creo que a nivel interno siempre lo hemos tenido bastante claro.
Este año habéis publicado vuestro tercer álbum, Hacemos lo que podemos.
Ah, porque estás contando el directo ese chustero que subimos, ¿no?
Claro, también lo cuento.
Vale, pues tienes toda la razón.
¿No lo contáis vosotros?
O sea, como álbum de estudio sería el segundo, pero como álbum de Spotify es el tercero, sin duda.
Su título puede sonar a derrota o a resistencia, dependiendo de quién lo escuche. ¿Qué significa para vosotros?
Para mí significa resistencia, cien por cien. Significa… voy a decir una cosa de Nietzsche y no quiero que me lo tomes en cuenta, no quiero que te enfades conmigo, pero es como el concepto este del superhombre. De aceptar que tienes que ser de una manera y tirar, hacer un salto de fe y apostar completamente por ello, ciegamente, porque es lo que te llena. Eso es lo que significa “hacemos lo que podemos”. Es hacer lo que tienes en ti y hacerlo porque no puedes evitarlo. Y punto. A lo mejor no es lo más espectacular ni lo más rimbombante. Quizá no es, eh, Sabrina Carpenter, pero es que no puedes hacer otra cosa. Bueno, a lo mejor en el futuro empieza a ser depresivo, pero por ahora está bien. Por ahora no me deprime el título.
Me fascina que hayas hecho una referencia a Sabrina Carpenter. No me la esperaba.
Ya, tío. Vamos, Sabrina Carpenter y Nietzsche tienen mucho que ver, seguro.
No lo dudo. Volviendo al tema del disco, a lo largo de sus canciones se reflejan distintos ritmos de vida. ¿Crees que hoy vivimos con la sensación permanente de estar llegando tarde a ciertas cosas?
Buah, cien por cien, claro. Yo creo que sí, y creo que tú también lo sentirás, lo sentirá todo el mundo, ¿no? ¿Tú dónde vives?
En Córdoba.
Pues a lo mejor allí sí se está más tranquilo. Pensaba que ibas a decir rollo Madrid o algo así.
“Nos gustan y compartimos público con muchos de esos grupos, pero no sé, no sentimos que seamos el sucesor de Carolina Durante, ni el sucesor de Los Planetas, ni mucho menos.”
Bueno, cuando vengáis a tocar en octubre aquí me lo confirmáis vosotros (risas).
Estuve hace nada en Córdoba, concretamente en Villanueva del Duque, tocando con una banda.
¿¡Qué?! ¿Con qué banda?
Yo es que toco con un tributo a Manuel Carrasco.
¿Esto es verdad o es broma?
Cien por cien verídico. Tocamos en Villanueva de Córdoba y dormimos en Alcaracejos, que además nos pasó una movida muy heavy.
¿Pero lo escuchabas de antes?
Que no, que no tenía ni puta idea. No conocía nada de él. Oye, y ahora me pongo el setlist de veinte canciones y tal, y tiene temas buenos, ¿eh? De hecho, no me desagrada ninguno. Me mola. Mis respetos a Manuel Carrasco.
Regresando al disco, en cuanto al tema de componer, alguna vez habéis dicho que las letras más sinceras son las que os resultan más difíciles de escribir. Este álbum empieza y acaba, precisamente, con los temas quizá más honestos y vulnerables de los trece: Morir lejos de aquí y Correo. ¿Fue casualidad?
Sí (ríe).
¿Sí?
Sí, sí, fue casualidad. Fue más una cuestión musical que de temática. El motivo por el que empezamos con Morir lejos de aquí es porque nos gustaba la batería esa. La sentíamos bastante introductoria, y Correo nos gustaba para acabar porque era como outro chill, no sé qué; era la única canción que teníamos así acústica. Pero no tiene nada que ver con la temática. A lo mejor sí que viene de la mano de alguna manera, pero no hubo ahí un masterplan ni nada.
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Tengo entendido que las canciones las fuisteis sacando en el propio estudio. ¿Estas dos también surgieron así de espontáneas o venían medio escritas ya de casa?
La de Morir lejos de aquí la hizo Elías con la acústica y yo antes le metí unas guitarras eléctricas, pero las dejamos ahí megaolvidadas de la mano de Dios y la acabamos en el estudio. La letra estaba ya hecha entera. Y después, la de Correo la hicimos en casa de Héctor con las acústicas, también estaba más o menos acabada, pero en el estudio le cambiamos el rollo bastante, un rollo más country, más vaquero, porque pensábamos hacerla más pop, así más normal, no sé. Si tuviera la guitarra te lo podría enseñar, pero no me voy a poner a tocar la guitarra ahora (risas).
Hace poco, en una entrevista en RTVE Play, tú comentaste que seguís mucho eso de que, si vas pensando que algo te va a salir bien, te acaba saliendo bien.
Manifestando, que se dice.
¿Os suele funcionar este mantra?
Sí, pero, coño, creo que todos tenemos momentos de paniquear y decir: va a ir todo fatal, está todo acabado. Pero sí, te diría que tanto yo como cualquier persona que considere saludable intenta tener una mentalidad de ‘vamos a tirar para adelante’ y ‘vamos a intentar que las cosas salgan bien y, si salen mal, pues bueno, lo hemos intentado’. Más vale hacer algo, intentarlo y estar vivo que estar todo el día hecho una seta en tu casa. A mí me ha pasado, el hecho de estar como una seta en mi casa durante tiempo, y es un coñazo. Según el cristianismo, cuando mueres está el infierno, el purgatorio y el cielo, ¿no? Pues el infierno no es tan jodido porque al menos estás ocupado, pero el purgatorio, que te dejan ahí sin hacer nada, eso sí que es un marrón histórico.
Ahora mismo ese purgatorio no existe para vosotros porque os encontráis en mitad de una gira por casi toda España. ¿Hay alguna sala o festival que sintáis como una meta pendiente?
Lo que te podría decir sería WiZink Center. Bueno, Movistar Center, perdón, no vayamos a enfadar aquí a ninguna empresa. Pero tampoco lo sé, esos conciertos son los que menos se disfrutan porque hay tanta gente, estás tan lejos… La verdad es que no tenemos en mente ningún sitio como fetiche. Si acaso salir a tocar fuera de España, pero más por el viaje que por otra cosa.
Bueno, te voy a dar una respuesta. Un concepto, más bien. Cualquier sala donde nos reciban guay y tengamos buen rollo y haya buen feeling con la banda, con el público; la gente de la sala curre guay y el camerino no sea una letrina ya es nuestro objetivo. Tampoco mucho más.
Si pudierais compartir escenario con cualquier banda de la historia y haceros un tema juntos, ¿cuál sería y por qué?
A mí me gustaría mucho con los Viagra Boys, que además es verdad que nos copiamos mucho de ellos, porque me gusta su presencia en el escenario. He visto vídeos de sus conciertos y parece que molan mucho. No hay muchos más motivos. Quizá porque siento que sería fácil. O sería fácil o sería un puto caos hacer un tema con ellos, una de dos. Y las dos opciones me molan.
“Más vale hacer algo, intentarlo y estar vivo que estar todo el día hecho una seta en tu casa. El infierno no es tan jodido porque al menos estás ocupado, pero el purgatorio, que te dejan ahí sin hacer nada, eso sí que es un marrón histórico.”
En Noches de casino os acordasteis de una persona que encajaba en el perfil de la canción, y de ahí salió un poco lo de galgos, póker y farlopa. Dejando a un lado la identidad de esta persona, aunque curiosidad no me falte, ¿qué tiene que tener alguien para encajar en el perfil de esta canción?
Pues tiene que ser politoxicómano, para empezar. Ludópata y putero. Tiene que ser el típico tío de toda la vida. Un onvre, sin h, con n y con v. Tampoco mucho más. Haber nacido en España, haber crecido con los valores de España y no haber dudado nada.
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O sea, a un tío del Liverpool no lo ves siendo protagonista de Noches de casino.
En verdad, también. Tiene que ser un hombre, eso cien por cien. Yo creo que ninguna mujer encaja en ese perfil.
En esta canción y también en algunas otras, como Buenos días, Vietnam, no dejamos de ver calvos por todos lados. ¿Qué os pasa con ellos? (Risas)
(Risas) No pasa nada. Yo creo que conscientemente es una cosa que cogimos de Jimena Amarillo, de una vez que fuimos a un concierto suyo y se metía con los calvos. Me hizo mucha gracia. Fui con Elías a este concierto, además. No sé, es un concepto más bien de la música, ¿no? Como del típico señor que hemos hablado antes pero que en vez de ser receptivo con lo nuevo y aceptar que la música cambia, se aferra a que lo único bueno que hay en el mundo es Fito y Los Fitipaldis.
¿Cuál es la diferencia entre resignarse y aceptar que, a veces, simplemente hacemos lo que podemos?
Es una pregunta complicada. Yo creo que la diferencia es que cuando te resignas no eres sincero con el mundo. Una persona se resigna cuando quiere hacer algo y no lo hace por miedo a lo que pueda pasar, y hacer lo que puedes es ir a una entrevista de trabajo y que te manden a tomar por culo, pero hacerla. Es aceptar que es mejor vivir con fracasos que no vivir.
Y la última: ¿hay algo en concreto que al inicio del proyecto hacíais como podíais y ahora ya no os conformáis simplemente con eso?
Hombre, claro, yo diría que todo. Bueno, la música no, la música sí que la hacemos como podemos aún.
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