Magdalenita parte de un paisaje concreto: un pueblo de Extremadura, donde la falta de ruido y de medios se convierte en gasolina para la imaginación: menos estímulos, más foco, más historias que mirar de cerca. En su tránsito del lienzo al 3D, el TFG le abrió la puerta a lo que hoy define su universo: stop motion, miniaturas, figuritas y escenografías, con el imaginario de Tim Burton rondando cada decisión. Mostrar el proceso (manos manchadas, materiales, pruebas y errores) no es un adorno: es el corazón de su obra y la razón por la que el público entra y se queda. De ahí nació también un nicho en redes, lejos del algoritmo de moda, con humor, autenticidad y esa mezcla de colores, camp y fantasía que la identifica.
Todo viene de una constelación de gustos que siempre estuvieron ahí (incluida su fijación por las ranas) y que decidió abrazar sin complejos al mirar atrás. Desde ahí imagina su futuro: exponer, hacer stop motion, abrir un espacio propio y dar cabida a artistas de su comunidad. Extremadura y fantasía como declaración de intenciones.
¿Recuerdas el día en que dijiste por primera vez “Hola gais, soy Magdalena y vivo en un pueblo…”? ¿Lo pensaste o simplemente salió así y se quedó?
Fue un poco de repente, la verdad. No me lo pensé mucho, simplemente lo dije. En los primeros vídeos que subí, ni siquiera hablaba, eran con música de fondo. En el primer vídeo que hice hablando me salió así, sin pensar, y se quedó. Mucha gente dice que es una referencia a Tania Acroyoga (risas). No era ninguna referencia, ni siquiera sabía que ella lo decía.
¿Qué es lo mejor y lo peor de vivir en un pueblo cuando tienes la cabeza llena de ideas?
Pues sinceramente, te limita mucho. Hay veces que tienes una idea y quieres explotarla, pero no tienes los medios. O sea, si necesito una cartulina tengo que irme a la ciudad de al lado a comprármela. Pero bueno, también es verdad que el pueblo te permite fijarte en cosas que en otro contexto no verías. Estás tan poco estimulada, por así decirlo, que explotas más tu imaginación. Es un poco las dos caras de la moneda. A mí me encanta el pueblo porque valoro mucho esa tranquilidad.
¿Esa falta de estímulos y opciones constantes ha sido clave en tu desarrollo creativo, en quién eres hoy?
Sí. Yo he vivido siempre en el pueblo (uno de Extremadura), pero me fui cuatro años a estudiar la carrera a Salamanca, y esos años fueron mi peor momento artístico. Era todo nuevo, compartía piso con gente nueva, la uni… Tenía responsabilidades adultas (risas). Estaba tan agobiada y centrada en otras cosas que tuve un bloqueo artístico superfuerte.
Cuando acabé la carrera tenía clarísimo que necesitaba un año sabático. En Bellas Artes estuve cuatro años produciendo cosas, pero ninguna de mi rollo. Era en plan: tienes que hacer un bodegón. Pues lo hacía y punto. Acabé quemadísima. Volver a casa, a mi sitio seguro, con la tranquilidad del pueblo y con horas muertas, me ayudó a desbloquearme y volver a crear.
Cuando acabé la carrera tenía clarísimo que necesitaba un año sabático. En Bellas Artes estuve cuatro años produciendo cosas, pero ninguna de mi rollo. Era en plan: tienes que hacer un bodegón. Pues lo hacía y punto. Acabé quemadísima. Volver a casa, a mi sitio seguro, con la tranquilidad del pueblo y con horas muertas, me ayudó a desbloquearme y volver a crear.
Claro, la creatividad va un poco de la mano con la pausa, con permitirte mirar hacia dentro para que salgan las ideas.
Sí, total. La fantasía es poder crear algo más desarrollado, buscar conceptos, cosas más elaboradas. Rápido no se pueden hacer bien las cosas, al menos artísticamente hablando.
Para la gente que vive en un pueblo y piensa que solo mudándose a una ciudad podrá vivir de lo que le gusta, ¿qué les dirías? Tú eres un poco la prueba de que sí se puede.
Eso me pasa con un montón de colegas míos, que están amargados porque, encima, Extremadura no es un lugar que te ofrezca muchas posibilidades. Pero ahí está también la fantasía: en cómo vives las cosas que te rodean y cómo te las tomas. La tontería de romantizarlo todo a mí me ha funcionado. Vale que en Madrid estén todas las oportunidades, pero a veces con meterme en Instagram ya me enteraba de todo: todo el mundo ha ido a la misma fiesta, al mismo concierto, ¿para qué quiero ir si ya lo veo por el móvil? En cambio, mi pueblo no lo ves en Instagram. Aquí haces una fiesta y de repente hay un caballo, o hay un lago con niños pescando. Es otra realidad y otra fantasía. Yo he intentado apropiarme de eso y enseñarlo como una alternativa más. Y mira, me hice viral con lo de los renacuajos, ¿quién me lo iba a decir? (risas). Aunque parezca que no hay nada que hacer, igual hay un tractor de 1900 con una historia increíble que te inspira y te nutre. La inspiración puede estar en cualquier cosa y en cualquier lugar.

Collar ANENA.
Últimamente se habla mucho de la España vaciada y de cómo lo rural está de moda: la estética del campo, las vidas lentas... ¿Qué opinas?
Sí, lo he visto. Ana Mena, por ejemplo, todos los visualizers de su nuevo disco son en el campo (risas). A mí me parece divino que se enseñe, mientras no sea postureo. Es una cosa que nos pertenece, ese folclore español. Pero también hay mucha gente que solo se acuerda del pueblo en verano, cuando no tiene nada que hacer. Yo intento traer a mis colegas siempre que puedo: si hay discomóvil, les obligo a venir. Quiero que le den una oportunidad y lo disfruten de verdad. Ocurren cosas que no pasan en la ciudad, como hacerte amiga de los abuelos del bar. Los planes son tan cutrillos que ahí está la gracia. En el pueblo todo se siente más genuino, más real.
A mí me pasa que toda persona que invito al pueblo está deseando volver. Igual es precisamente por eso: porque no hay tantos artificios ni postureos.
Total, a nosotros nos pasa igual. Cada vez que salgo por aquí con mis amigos, empezamos la noche con cero expectativas, rollo, vamos a ser los únicos en este botellón, y luego nos lo acabamos pasando genial. De hecho, seguimos la cuenta de Instagram del ayuntamiento del pueblo para no perdernos nada. Y encima, los posts que suben son buenísimos (risas).
Pasamos a tu faceta artística. ¿Cuándo empezaste a modelar figuritas y customizar objetos? ¿Y cuándo te diste cuenta de que podía gustarle a más gente?
Yo siempre he sido de artes. Al principio me dedicaba sobre todo a la pintura, pero llegó un punto en el que necesitaba algo más 3D. En el último año de carrera, haciendo mi TFG, me di cuenta de que lo único que no me había dejado de gustar desde pequeña era Tim Burton. Entonces empecé a asociar cosas: stop motion, miniaturas, figuritas, escenografía, maquetas… En el último año de carrera me metí en eso y me encantó. Odié al profesor y la asignatura, pero descubrí que ese era mi rollo. Seguí por ahí y encontré ese nicho en redes. Enseñé lo que hacía, lo conté con humor y a la gente le gustó.
Quizás también porque no hay muchas creadoras en ese tipo de contenido.
Exacto. El mundo de las miniaturas está muy enfocado a lo warhammer, al LOL, a cosas de tíos (barcos, tanques, etc.). A mí eso no me va: hazme una figurita de Lady Gaga (risas). Para mí también es ocupar ese espacio. Esto no es solo para tíos treintañeros, hay hueco para otros gustos y estéticas.
Lo haces todo tú misma, desde las figuras hasta el vestuario. En los tiempos que corren, el trabajo manual está casi en peligro de extinción. ¿Qué tiene para ti producirlo todo con tus propias manos?
A mí me encanta. Me gusta mancharme, estar en contacto con los materiales. Siento que eso le da poder a la obra. Para mí, lo más importante de una obra es el proceso. Por eso, siempre lo enseño: conectas más cuando conoces todo lo que hay detrás que si simplemente enseñas el resultado final. Disfruto muchísimo del trabajo manual, intentaré no perderlo jamás. Claro que a nivel de producción es más complicado, tienes que buscarte tus triquiñuelas (conseguir materiales, espacio...), pero merece la pena.
Tu estética es muy característica y original. ¿Cómo la definirías en tus propias palabras?
Diría divertida y ecléctica. Colores, fantasía; un poco camp, de repente. El otro día, una niña de mi pueblo, la que me enseñó las ranas, me dijo: “¿Cómo te vistes así?” (risas). Iba con unos pantalones rosas y una camiseta amarilla.
Me encanta (risas). Es que, tus looks parecen casi una extensión de tus figuritas. ¿Sientes que tu imagen se ha convertido en otro de tus lienzos?
Cien por cien. La ropa siempre ha sido una forma de expresarme. Cuando aún no sabía cuál era mi rama artística, ya me gustaba cuidar mis looks.
Me expreso de forma directa con mis obras, pero también de forma indirecta a través de cómo me visto. Aunque vaya en chándal, necesito llevar unas gafas divertidas, las cejas decoloradas o el pelo teñido. Fantasía siempre (risas).
Me expreso de forma directa con mis obras, pero también de forma indirecta a través de cómo me visto. Aunque vaya en chándal, necesito llevar unas gafas divertidas, las cejas decoloradas o el pelo teñido. Fantasía siempre (risas).
Además de crear, también coleccionas. ¿De dónde nace ese afán coleccionista? ¿Siempre lo has tenido?
Siempre. Desde pequeña me encantaban las muñecas, tenía muchísimas. A raíz del mundo de las miniaturas y las figuritas, ese afán de coleccionar ha ido creciendo. Es una cosa que se ha ido desarrollando con el tiempo y cada vez ha ido a más y más y más. Además, tengo como una rueda de obsesiones: Lalaloopsy, Tim Burton, Animal Crossing, Los Sims... y siempre vuelvo a lo mismo.
Pregunta difícil, ¿cuál dirías que es la pieza más preciada de tu colección?
Madre mía, diría un cuadro que me pintó un colega de mi hámster, que se llamaba Cafetera. Me lo pintó en la carrera y lo llevo siempre conmigo. Lo tengo enmarcado y lo guardo con un montón de cariño. Y de figuritas, tengo un peluche que me compré en Wallapop, que es una de mis mayores compras. Es del Animal Crossing, Rese T. Ado, el topillo que te salía cuando guardabas la partida. Es divino y me costó diez euros na’ más. Tiene la etiqueta y es de 2010, costaría una pasta en su momento. Me salió tan barato y es tan gracioso… una ganga (risas).

Si todas estas figuritas de tu cuarto pudieran hablar, ¿qué dirían de ti?
Me meo, pues me dirían que recogiese mi habitación, la verdad (risas), que la tengo siempre hecha un cuadro. Y que me acueste más temprano, que tengo unos horarios que no veas; me duermo a las cinco de la mañana todos los días. Es que yo, de día, hago cosas, pero por la noche es mi momento de inspiración. Me pongo una serie, me saco mi libreta y anoto ideas; es mi momento de pensar, de reflexionar, mi momento más creativo.
En tus vídeos mencionas tu fase emo, tu obsesión con las ranas y tu amor por Animal Crossing, ¿tus referentes de infancia y adolescencia siguen marcando tu forma de crear?
100%. Siempre he tenido los gustos muy claros, y eso influye en las cosas que creo. Siento que cuando estuve haciendo la carrera en Salamanca perdí todos esos referentes. Estaba superperdida, no sabía muy bien hacia dónde tirar, con qué estética me sentía cómoda. Cuando volví a casa dije: tía, esto es lo que te gusta y siempre te ha gustado. Decidí abrazar todas esas cosas que dejé atrás por intentar crecer. Empecé a redescubrir cosas que me gustaban de pequeña y que había dejado de lado simplemente por el paso del tiempo. Por ejemplo, te deja de gustar High School Musical, y luego creces un poco más y te vuelve a encantar otra vez.
Total, creo que nos ha pasado a todas. Me encanta que prediques esto. Creo que mucha gente deja atrás sus gustos de la infancia y, de alguna forma, esos gustos son parte de ti, de quién eres a día de hoy.
Sí, yo tuve esa fase también. Pero luego te pones a recordar y entiendes por qué te gustaban tanto esas cosas. De hecho, el otro día me di cuenta de que a mí las ranas me llevan gustando desde siempre, no es nada nuevo.
Mi madre fue a una casa en la que viví hace tiempo y empezó a sacar cosas y cosas: un cuento de ranas que me encantaba cuando era pequeña, el capuchón de mi cepillo de dientes que era una rana, un peluche que tenía botones y empezaba a cantar, que también era una rana… En la carrera tuve que dibujar veinte veces (con distintas técnicas) un animal, y para sorpresa de nadie, elegí la rana. Siempre he tenido esa fijación, pero nunca la había reconocido. A veces no te das cuenta de que esos gustos son parte de ti hasta que los miras en perspectiva. Yo lo abrazo: hay que abrazar tus gustos de la infancia.
Mi madre fue a una casa en la que viví hace tiempo y empezó a sacar cosas y cosas: un cuento de ranas que me encantaba cuando era pequeña, el capuchón de mi cepillo de dientes que era una rana, un peluche que tenía botones y empezaba a cantar, que también era una rana… En la carrera tuve que dibujar veinte veces (con distintas técnicas) un animal, y para sorpresa de nadie, elegí la rana. Siempre he tenido esa fijación, pero nunca la había reconocido. A veces no te das cuenta de que esos gustos son parte de ti hasta que los miras en perspectiva. Yo lo abrazo: hay que abrazar tus gustos de la infancia.
También te apasiona el cine, especialmente el universo de Tim Burton. Hay demasiadas opciones buenas, pero, si pudieras vivir en una de sus películas, ¿cuál sería?
La novia cadáver, sin duda. Es mi película favorita desde siempre. La estética, el stop motion, todo ese proceso creativo. Todo de esa película me parece una fantasía.
Hazme tu top 3 de personajes de Tim Burton.
Uff… Me gusta mucho el sacerdote de la novia cadáver. Me encanta cómo está diseñado su personaje, es graciosísimo. Mi top 2, La Reina de Corazones, es icónica. Tim Burton le dio una vuelta brutal al personaje. Y el top 1 obvio, la propia novia cadáver, la más mítica, la más perfecta, guapísima, ella es todo (risas).
A la hora de ver una película, ¿priorizas la estética sobre la historia?
Siempre. Cuando era chica, las elegía por los actores, ahora por los colores o la fotografía. Es lo que más me interesa, prefiero que sea visualmente atractiva a que tenga una trama perfecta. Me pasó con Call Me by Your Name: me obsesioné porque es estéticamente preciosa. Otro director que me flipa es Wes Anderson. Sus pelis, sus colores pastel, todo simétrico… me obsesiona ese rollo.
Eso quería saber, más allá de Tim Burton, ¿hay algún director o creador actual que te motive o te haya inspirado últimamente? ¿Recomendaciones chulas que quieras compartir?
Como te decía, de cine la última de Wes Anderson, La trama fenicia. Buenísima. Es como supertonta, pero superdivertida, y las estéticas lo dan todo. Y una serie de Disney que he estado viendo últimamente y que también es superfantasía: Amphibia. Es de dibujitos y trata sobre unas niñas que están atrapadas en un mundo de ranas. ¿Hola? Es divina. Al principio es un poco rara, pero luego pilla ritmo, estoy enganchadísima.
¡Tomo nota! Amphibia parece hecha para ti (risas). Hablando de referentes, vamos a dar un giro hacia el tema de las redes sociales. En un mar de creadores que buscan encajar en una estética o en el algoritmo, tú haces justo lo contrario. ¿Te cuesta mantenerte fiel a ti misma sin dejarte llevar por las tendencias?
No, tía. No me interesa nada de eso (risas). No me van los bailecitos ni los vídeos del mejor sushi que he probado. Caigo más en tendencias de consumismo, veo que alguien se ha comprado una chorrada y me entra la necesidad de comprarla. Pero jamás haría contenido sobre eso, no es algo que quiera transmitir en mis redes. Por ejemplo, llevo yendo a la Feria de Sevilla muchos años seguidos porque mi familia es de allí, y no te voy a hacer cincuenta vídeos del rollo ‘eligiendo mi traje de flamenca’ o ‘qué zapatos me voy a poner para la feria’. Ya hay un montón de creadores que hacen ese tipo de contenido, y yo no siento que vaya a aportar nada nuevo. Entonces, para no aportar nada, prefiero quedarme callada. Eso sí, si hay algún trend que me guste, lo hago, pero le doy mi rollo. Intento adaptarlo siempre a mí, no adaptarme yo a la forma en la que se hacen las cosas en redes.
Ahora tienes una comunidad muy activa y fiel en redes. ¿Cómo llevas eso de ser influencer? ¿Te sientes más artista, artesana, creadora de contenido...?
A ver, soy creadora de contenido porque, al final, me estoy ganando la vida con eso y con la publicidad que hago. Aun así, siempre intento llevarlo a mi terreno. Por ejemplo, si una marca me contrata, puedo hacer una figurita que se adapte a lo que necesitan. O si quieren que grabe un vídeo sobre su producto, le doy una vuelta para que encaje con mi estilo.
Porque, al final, yo soy artista, y si ahora estoy siendo creadora de contenido es por ser artista. De artista es muy difícil ganarse la vida actualmente.
Y, bueno, lo llevo bien; pero es un circo, tía (risas). En mayo no era nadie y, de repente, en tres días tenía medio millón de seguidores en Instagram. Me choca muchísimo estar bebiéndome una cerveza en el bar de siempre y notar miradas o cuchicheos. A veces, salgo de fiesta y a las tres de la mañana me piden un vídeo para su sobrina (risas). Y yo, con tres cubatas encima, pensando: cari, tu sobrina no va a saber ni quién soy (risas).
Es un poco cortarrollo en ese sentido, porque la privacidad la pierdes un poco. Además, como no me he movido del pueblo, creo que es peor. Si viviera en Madrid, a la gente le daría igual, están acostumbrados a encontrarse con gente de redes o famosos. Pero aquí, como soy la única, salgo a beber una cerveza y veo los niños del pueblo con el patinete eléctrico cotilleando.
Porque, al final, yo soy artista, y si ahora estoy siendo creadora de contenido es por ser artista. De artista es muy difícil ganarse la vida actualmente.
Y, bueno, lo llevo bien; pero es un circo, tía (risas). En mayo no era nadie y, de repente, en tres días tenía medio millón de seguidores en Instagram. Me choca muchísimo estar bebiéndome una cerveza en el bar de siempre y notar miradas o cuchicheos. A veces, salgo de fiesta y a las tres de la mañana me piden un vídeo para su sobrina (risas). Y yo, con tres cubatas encima, pensando: cari, tu sobrina no va a saber ni quién soy (risas).
Es un poco cortarrollo en ese sentido, porque la privacidad la pierdes un poco. Además, como no me he movido del pueblo, creo que es peor. Si viviera en Madrid, a la gente le daría igual, están acostumbrados a encontrarse con gente de redes o famosos. Pero aquí, como soy la única, salgo a beber una cerveza y veo los niños del pueblo con el patinete eléctrico cotilleando.
He visto que últimamente has recibido comentarios bastante misóginos. ¿Cómo lo llevas?
Cualquier cosa que diga se queda corta. Es una falta de respeto y de humanidad brutal. Mi contenido es ir a un río a buscar renacuajos, y aún así recibo comentarios tipo “te has puesto ese vestido para tener más visitas”. Intento que no me afecte, sé que no es una cosa personal, al final, vivimos en una sociedad patriarcal. Pero también intento hacer activismo con eso. Por eso casi nunca me maquillo, salgo sin depilar y me da igual. No voy a sucumbir a nada por culpa de esos haters. Y cuanto más les moleste, mejor para mí. Intento molestarlos, porque ellos me molestan a mí simplemente por ser una tía.
¿Crees que a las creadoras jóvenes se les exige justificar más su forma de ser o de vestir que a los chicos?
Sí. Un ejemplo que se me ocurre es @sandramoruizz. Es una chica de Jaén y hace contenido chulísimo sobre Andalucía, recibe un montón de comentarios por su acento. ¿Tú crees que se meten así con @illojuan por hablar andaluz? Es por ser mujer, van a buscar cualquier excusa para meterse contigo. A mí me llevan los demonios porque no puedo hacer nada. Pero bueno, poco a poco… a hacer respiraciones. Menos mal que vivo en un pueblo y puedo salir a tocar césped (risas).
Supongo que todo esto (lo bueno y lo malo de la exposición) también te hace pensar mucho en el futuro. Así que, para cerrar: ¿cómo imaginas a la Magdalenita del futuro?
Me encantaría seguir siendo artista, evidentemente, que es a lo que hemos venido (risas). Me gustaría organizar una exposición dentro de poco con mis obras. Hacer stop motion, piezas audiovisuales, y todo ese rollo me fliparía. Y tener mi propio espacio, para poder dar también espacio a otra gente que quiera exponer. Me molaría mucho meterme en eso: apoyar y dar voz a otros artistas, pero desde aquí, desde Extremadura, y desde la fantasía. Estamos en una comunidad pequeña, pero Mérida tiene una barbaridad de artistas, de gente con un montón de ideas y de ganas, que no puede desarrollarlas porque no tiene la oportunidad. Yo quiero poder dar esa oportunidad a toda esa gente que tiene el talento y las ganas.




