A Mabel Esteban le gustan muchas cosas: la rutina, pasear en familia, comer, nadar y Burgos, la pequeña ciudad que le ofrece la calma suficiente para dejar volar su imaginación. Es allí donde su espíritu viejo se inspira, y aunque de vez en cuando trabaja con pintura o cerámica, siempre vuelve a su verdadera pasión: el dibujo y la ilustración.
Sus obras se encuentran en la frontera entre la dulzura de la infancia y la oscuridad inherente a la adultez. Entre cuerpos, naturaleza y seres vibrantes de color, se ocultan los miedos y la vulnerabilidad de la propia artista, quien, de manera inconsciente, plasma todas las facetas de sí misma en sus proyectos.  Hoy le robamos un poco de su tiempo para charlar sobre el dibujo, las redes sociales como herramienta de difusión y su recorrido profesional.
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Hace unos meses te entrevistamos para METAL, pero para el público de ACERO que aún no te conoce, ¿podrías presentarte?
Mi nombre es Mabel, trabajo como ilustradora freelance y vivo en Burgos. Mi trabajo personal se desarrolla a través de la ilustración principalmente, pero siempre estoy yendo y viniendo de otras técnicas como la pintura, la cerámica, la escultura o el cómic, porque quiero hacer todo lo que veo y me lo paso muy bien cambiando de soporte. Me encanta la vida tranquila que da una ciudad pequeña, la calma que da la rutina, tengo un espíritu muy viejo. Me encanta pintar, comer, nadar y pasar ratos con mis familias.
Has probado varias manifestaciones artísticas como la pintura o la cerámica, pero siempre vuelves a la ilustración. ¿Qué tiene que te hace siempre volver a ella? ¿Qué significa para ti?
La ilustración es protagonista, sí, desde pequeña he alabado mucho el dibujo en bruto y creo que esto se evidencia mucho en mi ilustración más que en una pintura. Las piezas artísticas que más me conmueven siempre tienen la línea del dibujo imperativa, por eso me encantan las artes orientales, donde tiene gran protagonismo. Pero por otro lado, la ilustración vuelve porque es cómoda, me permite trabajar en Burgos, en mi casa, aunque en realidad esté trabajando para Madrid o Londres, y eso es un privilegio. Aun así, siempre ando yendo y viniendo de disciplina, como ya he dicho.
En una ocasión comentas que iniciarse en el arte es fácil, lo difícil es poder dedicarse a ello. ¿Cuál crees que ha sido el mayor sacrificio que has hecho para poder vivir de esta profesión?
El mayor sacrificio ha sido el estilo de vida, vivir estresada o currando todo el día por tener un trabajo precario o por no saber si más adelante tendré trabajo o no y aprovechar cualquier oportunidad, aunque fuese una basura. A día de hoy hago muchos esfuerzos por intentar reconciliar mi vida laboral con disfrutar de la vida, pero creo que esto le sucede a demasiada gente, es un estilo de vida impuesto. He tenido que aprender a ser amiga de la incertidumbre o, al menos, saber que va a ser tu compañera. Entonces se liberan tensiones.
¿Y la mayor recompensa que has recibido?
La mayor recompensa que he recibido a la vez es precisamente eso, ser feliz trabajando, disfrutarlo de verdad y pensar todos los días que soy muy afortunada.
Tus obras tratan la realidad del día a día desde una perspectiva muy interesante, ya que combinas un estilo dulce e infantil con ciertos toques siniestros. ¿Cómo llegaste a él y de qué manera logras encontrar el equilibrio entre lo alegre y lo oscuro?
Cuando hago una pieza personal hablo de mí, inconscientemente, pero todo el mundo lo hace. Si le pides a cualquiera que dibuje un ser humano es probable que dibuje muchas facetas de sí mismo de forma inconsciente, eres lo que mejor conoces. Yo creo que hago eso continuamente, no es que me autorretrate, sino que retrato las características que intuyo en mí y mis miedos. Lo de la oscuridad y lo infantil sale automáticamente, no es que lo previsualice. Interpreto que es la representación de mi vulnerabilidad (ser niña) y el miedo por lo desconocido (lo siniestro).
“Confío mucho en lo que una mujer madura tenga que contar porque ha vivido más y eso se traduce en aprendizaje. Ojalá como sociedad fuésemos más conscientes de la valía de la vejez.”
Ahora realizas álbumes ilustrados, imágenes de festivales, banners publicitarios, pintura mural y mucho más. Entre tantos formatos, ¿cuál es tu favorito? ¿Te mueves más según el formato del proyecto o la libertad creativa que te den?
Hay proyectos que me encantan porque me piden una imagen tomando como referencia ilustraciones mías ya hechas, y esos son los mejores porque los haces un poco tuyos. Por ejemplo, la banda de música La Luz me encargó la cover de su álbum News of the Universe fijándose en elementos míos y querían precisamente eso. Es estupendo porque es mi lenguaje y lo disfruté mucho. Aun así, me gusta trabajar también en proyectos que te sacan de la zona de confort y te hacen exprimir más el cerebro.
Además de todos estos proyectos, también sacas tiempo para trabajar en tus propias iniciativas, la más reciente, el calendario anual que has diseñado para 2025. ¿Cómo logras combinar y crear un balance entre proyectos personales y encargos externos?
Introduzco mis proyectos en mi agenda como si fuesen un trabajo externo y hubiera que sacarlo adelante con una deadline de un cliente. Si no, sería imposible.
¿Y de qué manera desconectas?
¡Me cuesta! Pero lo intento mucho. Por las mañanas leo y medito un rato para no entrar espídica al trabajo. Me gusta mucho hacer deporte porque me paso el día sentada, me da mucha energía y me libera el cerebro. Y en ratos de ocio hago lo típico: amigas, familia, cine, series, naturaleza y comer. Me encanta comer.
El primer cómic que publicaste, La muda, y el segundo (y último), Algunas criaturas de agua, representan dos momentos vitales de tu vida en los que has necesitado una reflexión profunda y expresarlos mediante la ilustración. ¿Es tu arte una representación paralela de tus vivencias e historia personal?
Algo así. En el caso de los cómics, creo que son reflexiones que he experimentado y he tenido el impulso de expresarlas, tipo, me ha pasado esto y te lo voy a contar a ti para que lo sepas o porque igual te ha pasado lo mismo. Me encanta cuando alguien lo lee y viene a contarme su propia experiencia y hablamos de ello.
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Uno de los personajes de tu último cómic se llama Salmona Vieja, un pez con cara de mujer que simboliza la sabiduría y al cual le tenías bastante respeto por lo que representa para ti, ya que envejecer es sinónimo de marchitarse. Hoy en día, ¿consideras que la edad es un factor decisivo para las mujeres en el campo de la ilustración?
Creo que la vejez está estigmatizada en cualquier ámbito, mucho más si eres mujer. En el caso de los hombres es más sutil, hemos creado esta imagen de hombre maduro y exitoso al que incluso le quedan bien las canas. No es nuestro caso, ya que no es atractivo ver a una mujer con arrugas, vieja pelleja, y nos invaden con rutinas de skin care y tratamientos de belleza que son cada vez más comunes entre mujeres muy jóvenes, incluso niñas.
Personalmente confío mucho en lo que una mujer madura tenga que contar, aunque sea a través de una ilustración, porque básicamente ha vivido más y eso se traduce en aprendizaje. Ojalá como sociedad fuésemos más conscientes de la valía de la vejez.
Como artista que crea personajes femeninos en sus obras, ¿crees que la ilustración es una buena herramienta para combatir este tipo de etiquetas sociales y presiones que existen sobre las mujeres?
Por supuesto, el arte es una herramienta que hay que utilizar, preferiblemente con un buen propósito. Yo hablo de algo que me apela a mí, pero sé que hay mucha gente que se ve identificada en lo que hago yse genera un mensaje comunitario. Eso es bonito.
En cuanto a redes sociales, has logrado crear una comunidad cada vez más grande donde hacer llegar tu arte a más gente, pero quizás también es una forma de comparación y necesidad de más. ¿De qué manera crees que Instagram ha cambiado tu trayectoria profesional?
Aunque con la que cae en este momento me moleste bastante reconocerlo, Instagram me dio la oportunidad de exponerme al mundo sin salir de mi casa y tener trabajo. Aun así, pienso que es una herramienta maldita que genera dependencia a sus usuarios y desencadena trastornos de ansiedad por el constante consumo de contenido. Intento conseguir un equilibrio con las redes sociales para que no me coman pero seguir utilizándolas como carta de presentación.
Si existiera un túnel del tiempo que pudiese conectar con la Mabel de hace diez años, ¿qué le explicarías?
Le pediría tener más confianza en lo que creo.
Y la de dentro de diez años, ¿qué esperas de ella? 
Espero seguir trabajando en lo que me ilusiona. ¡Aunque sea otra cosa!
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