Es un cuento que quizá sea tan viejo como la existencia del matrimonio o, incluso, del propio amor: las parejas se conocen, florecen, tienen crisis y se separan… o las superan. Recientemente hasta se habla de las doom-roms, o anti-comedias románticas que retratan el fin del amor incluso antes de formalizarlo, como en El drama. Son películas que encuentran tanto fascinación como algo que decir en el choque de trenes, la algidez catastrófica que llega con el final del amor enraizado en los resentimientos. Términos que dan para hablar de La invitación (The Invite), tercer largometraje como directora de Olivia Wilde, y que se acaba de estrenar en México a través del festival Sundance CDMX.
Es una película que augura los bajos ánimos desde su montaje inicial, presentado casi como una pintura fugaz de colores impresionistas: la felicidad lejana y pasada que alguna vez existió entre Joe (Seth Rogen) y Angela (Wilde). Apenas unos minutos más tarde, los veremos en la resignación de su dinámica ya establecida: él, derrotado; ella, intentando controlarlo todo. Desconectados e incomunicados a tal grado que Joe apenas tiene tiempo de procesar el torbellino que es su esposa cuando vuelve a casa del trabajo: su hija está en una pijamada para que la pareja pueda recibir a sus nuevos vecinos para cenar, la pareja formada por Hawk (Edward Norton) y Pina (Penélope Cruz).
La dinámica, sin embargo, está viciada desde antes de comenzar la velada. Joe se siente emboscado por los improvisados planes para cenar y resiente a la otra pareja por ser particularmente ruidosa durante el sexo. Angela, mientras tanto, parece inexplicablemente dedicada a la misión de agradarles. Las tensiones afloran durante la noche, pero conforme fluyen conversaciones, salen a flote tanto los resentimientos entre los anfitriones como la verdad sobre la vida sexual de Pina y Hawk que, inevitablemente, confronta a la otra pareja con sus formas de enfrentar la vida y ver la realidad del matrimonio.
La invitación es el tipo de película pequeña que, bajo una ejecución convencional, parecería una obra de teatro filmada: tenemos únicamente a cuatro actores moviéndose en el espacio, soltando diálogos y reaccionando. La producción es remake de la española Sentimental, del guionista y director Cesc Gay, a su vez adaptada de su propia obra de teatro, Los vecinos de arriba. Sin embargo, la dirección de Wilde conjuga todos los elementos de la producción para hacer cinematográfico lo teatral.
El set del departamento (el diseño de producción es de Jade Healy y los decorados son de Adam Willis) está diseñado con precisión para incluir ventanas, puertas, muros y pilares en los lugares correctos para que, dentro de las composiciones visuales (fotografía de Adam Newport-Berra) expresen cambios en las dinámicas relacionales entre personajes. Junto con el montaje (de Anthony Boys y Yorgos Mavropsaridis) en sintonía, la imagen consigue expresar la profunda distancia emocional que se acentúa o se reduce entre el cuarteto conforme avanza la velada. La música (de Devonté Hynes) delata y subraya lo que ya vemos: entra en los momentos de mayor tensión y desaparece cuando hay calma o epifanías.
Y sí, hay argumentos necesarios en contra de esta necedad tan perezosa, tan gringa en tantos casos, de producir remakes de películas que ya son buenas por sí mismas (Sentimental ya ha sido adaptada también al francés y al italiano). Sin embargo, hay que decir también que la versión de Wilde es digna, en sus propios términos, de contar una historia con pleno control de la emoción para expresar el ocaso del amor pero también la posibilidad de su nuevo amanecer. Si bien la pareja de Hawk y Pina ya no resulta tan transgresora en la práctica ni desmonta tanto como cree las nociones tradicionales de amor romántico heteronormado, su representación sí que confronta con la realidad de los vínculos sexoafectivos actuales: frágiles, alienados, incomunicados e individuados. Hace falta hablar y conectar, incluso si es necesaria una propuesta de sexo grupal de por medio.
La invitación (The Invite) forma parte de la selección de Sundance Film Festival CDMX 2026, y tendrá su estreno comercial en junio por vía de Cinépolis Distribución.
