Casi como un conjuro, Consolamentum, el nuevo EP de La Ice, busca perturbarte, despertarte, abrirte portales que quizás preferías mantener cerrados. Producido por Ales Fabiani, es una pieza de resistencia cultural envuelta en boom bap noventero, filosóficamente incendiaria y con una visión que rehúye por completo la complacencia. Quien tenga oídos para oír, que escuche.
Cada tema es un manifiesto envuelto en versos que mezclan crítica geopolítica, misticismo, conspiración, calle y disidencia espiritual. A su manera, como una médium, La Ice canaliza siglos de saber prohibido y visión periférica para armar un discurso que no pide permiso, ni perdón. Si el mainstream es templo, Consolamentum es herejía. Si la industria es dogma, esto es apócrifo.
Los adelantos Consolamentum y Marina Abramović ya nos avisaban de por dónde iba la cosa. El primero, una declaración de principios donde se cruzan la paranoia tecnológica, la cultura del sold out, Lovecraft y la ley natural; y en el segundo, La Ice se invoca a sí misma como figura mitológica: guerrera, bruja, outsider. Mención especial a su habilidad para mezclar alta cultura y referencias pop con esa fluidez.
En Sion, la lírica se vuelve aún más afilada. La artista dispara contra el neocolonialismo financiero, la farmacéutica global, los discursos identitarios domesticados y la espiritualidad prefabricada. Todo desde un lugar de dolor consciente, pero también de lucidez.
El cierre con Treinta monedas es, quizá, el momento más apocalíptico del EP: versos sobre colapsos espirituales, traiciones bíblicas y desilusión política, todo con un tono entre el nihilismo y la revelación. “Por treinta monedas han vendido a los humanos”, sentencia.
A nivel sonoro, Ales Fabiani firma un trabajo sólido y sobrio, donde cada base funciona como suelo firme para que las letras puedan alzarse. Hay un respeto absoluto por la crudeza del rap clásico, sin caer en lo nostálgico ni lo repetitivo. El universo visual de Iguana Prod completa esta obra con una estética tan oscura como coherente, que refuerza ese aire de rito y discurso que atraviesa todo el proyecto.
En definitiva, Consolamentum no es un disco para todos, y eso es precisamente lo que lo hace necesario. Es un mensaje cifrado para quienes aún buscan sentido. Un susurro que recuerda que el rap, cuando se hace con alma, puede seguir siendo una herramienta de verdad, resistencia y revelación.
Track favorito: Sion.