Cuando encuentras un lugar en el que puedes ser tú mismo y expresarte sin filtros, todo fluye distinto. Pero para crear un ambiente seguro, con buena música y un espacio bien aprovechado hace falta algo más que ganas: una organización intachable. Y todo eso lo tiene La Cucaracha, la fiesta en el Florida Park, donde salsa, bachata y demás sonidos latinos llenaron la pista de bailes inolvidables. El pasado jueves estuvimos allí con BERSHKA MUSIC y DICE, y vaya si bailamos.

Madrid lleva desde finales de mayo, y durante lo que va de junio, sonando tropical. La salsa parece correr por las venas de quienes viven aquí. Y aunque, como asegura cierto cantante, “ahora todos quieren ser latinos”, lo cierto es que el pasado 11 de junio parecía bastante fácil conseguirlo: bastaba con pisar Florida Park. Allí fuimos para conocer La Cucaracha, una fiesta nacida en Puerto Rico que, en Madrid, está detrás de Un Ratito Más, el after show más popular para seguir con la buena vibra tras los conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano. La cita contó, además, con la colaboración de BERSHKA MUSIC y DICE.
Cada noche, la fiesta cuenta con un artista o DJ especial. El jueves no se supo quién iba a ser hasta casi el último momento. Y de repente el miércoles, BOOM. El grupo puertorriqueño Chuwi sería el protagonista. Ellos son los teloneros de Bad Bunny en el DTMF World Tour. La noche arrancó con Son de Cuba interpretando clásicos y formando una competición de baile en parejas, donde era imposible no flipar con los pasos de baile. A continuación Tu EX, no tu ex de verdad, sino la DJ puertorriqueña que puso ritmo a los momentos previos de la actuación de la noche. Una enseña de Puerto Rico ondeaba en el local, recordando que allí “no nos podían matar por sacar la bandera”. Se apagaron las luces y, de pronto, Lorén, Willy, Adrián y Wester ya estaban sobre el escenario. Fue increíble verlos tan de cerca cuando apenas unas horas antes habían actuado en uno de los estadios más grandes del país.
Tras el concierto, aún quedaba noche. Un grupo de baile tomó el centro de la pista y despertó envidias con cada movimiento. Después, Payola tomó el relevo con un DJ set pensado para que nadie se planteara irse. Y funcionó: todos aguantaron como campeones hasta el final de la velada. En algún momento, una muleta apareció en mitad de la pista convertida en limbo, la bandera volvió a ondear y el baile, más que regresar, confirmó que nunca se había ido.














