Sentarse o acostarse a comer techo es un ejercicio que nos puede dejar secuelas. A medida que pasan los años, cuesta más mirar las velas de la tarta. No todo el mundo quiere dejar de crecer, eso está claro, pero para quien añora su infancia, como Khafal, ¿quién prefiere dejarla atrás? Si le sumas a esto que también vives a miles de kilómetros de tu hogar, ya es un fastidio monumental. Toda una vida no se puede resumir en momentos ideales: “También tengo recuerdos no tan bonitos y momentos en los que he sufrido, porque eso también forma parte de una infancia”. Sonny Boy, su nuevo álbum, no solo trata lo idealizado sino también la influencia del paso del tiempo en alguien con “Diógenes emocional”.
Khafal es un artista canario que lleva mucho tiempo dentro de la música. El rap siempre le ha acompañado, aunque este nuevo proyecto se acerca a sonidos más cercanos al R&B y al pop rock. Las islas han sido el lugar que le ha visto crecer y el sitio que más le inspira. El mar también ayuda, y sobre todo la cercanía con su familia. Él dice que va a volver “si la situación lo permite, porque la vida en Canarias cada vez se está poniendo más distópica y es un poco también ese miedo de que quizá cuando quiera volver ya no pueda”.
Sonny Boy es el nuevo disco del artista chicharrero. En él le acompañan voces amigas como las de su madre, su abuela y Allie. Todo lo que sale de este trabajo va en concordancia con el amor y el respeto que le tiene Khafal a sus raíces. El síndrome de Peter Pan y no entender el tiempo, o entenderlo pero no aceptarlo, también hacen compañía al artista. Un disco que trata sobre los recuerdos de la infancia de un niño canario, que aunque tú no seas directamente él, te va a hacer sentir como si te estuvieran cantando Cumpleaños Feliz ya desde la intro.
Sonny Boy es el nuevo disco del artista chicharrero. En él le acompañan voces amigas como las de su madre, su abuela y Allie. Todo lo que sale de este trabajo va en concordancia con el amor y el respeto que le tiene Khafal a sus raíces. El síndrome de Peter Pan y no entender el tiempo, o entenderlo pero no aceptarlo, también hacen compañía al artista. Un disco que trata sobre los recuerdos de la infancia de un niño canario, que aunque tú no seas directamente él, te va a hacer sentir como si te estuvieran cantando Cumpleaños Feliz ya desde la intro.
Volver a tu infancia, recordar cómo tu familia te cantaba el cumpleaños feliz y los veranos en que jugabas en las playas de Tenerife. Todo esto pasa en Sonny Boy, tu primer álbum. ¿Cómo ha sido ese viaje de vuelta?
Creo que más bien fue como si nunca hubiera habido una vuelta, como si hubiera estado siempre anclado a ese pasado, a esa nostalgia y a esos recuerdos. El ejercicio de Sonny Boy fue, de hecho, intentar dejar eso atrás para poder centrarme en avanzar y mirar hacia el futuro. Soy una persona a la que le cuesta mucho soltar, en general.
Tengo un poco de Diógenes emocional y me emparanoia muchísimo la memoria: perder los recuerdos tan bonitos que hemos podido crear y también los que quedan por venir. A raíz de esa ida a Madrid después de haber crecido en Tenerife se genera un sentimiento muy fuerte de nostalgia. Empiezas a romantizar de una forma casi tóxica porque te quedas solo con lo bueno: los amores que pasaron, las amistades, los planes, todo. Y más cuando vienes de una isla y aterrizas en un ritmo de vida como el de Madrid, en una etapa totalmente distinta como la universidad y luego el trabajo.
Respondiendo a cómo fue ese viaje de vuelta, diría que bonito porque estás atesorando esos recuerdos y rindiéndoles homenaje, que era algo que quería hacer con este disco. Para poder mirar hacia adelante y pasar página necesitaba hacer ese ejercicio, como quien ordena sus viejos trofeos, les quita el polvo y los coloca en una vitrina: está ahí, queda empaquetado en el disco, quién sabe si para la eternidad o para cuando sea. Fue un viaje bonito a la vez que doloroso, y sobre todo una misión que me había puesto a mí mismo.
Tengo un poco de Diógenes emocional y me emparanoia muchísimo la memoria: perder los recuerdos tan bonitos que hemos podido crear y también los que quedan por venir. A raíz de esa ida a Madrid después de haber crecido en Tenerife se genera un sentimiento muy fuerte de nostalgia. Empiezas a romantizar de una forma casi tóxica porque te quedas solo con lo bueno: los amores que pasaron, las amistades, los planes, todo. Y más cuando vienes de una isla y aterrizas en un ritmo de vida como el de Madrid, en una etapa totalmente distinta como la universidad y luego el trabajo.
Respondiendo a cómo fue ese viaje de vuelta, diría que bonito porque estás atesorando esos recuerdos y rindiéndoles homenaje, que era algo que quería hacer con este disco. Para poder mirar hacia adelante y pasar página necesitaba hacer ese ejercicio, como quien ordena sus viejos trofeos, les quita el polvo y los coloca en una vitrina: está ahí, queda empaquetado en el disco, quién sabe si para la eternidad o para cuando sea. Fue un viaje bonito a la vez que doloroso, y sobre todo una misión que me había puesto a mí mismo.
En el disco parece apoderarse de ti el síndrome de Peter Pan. ¿Qué relación tienes con el pasado?
El disco nace desde el amor a ese pasado y desde un profundo respeto. Si no existiera ese cariño hacia mis ‘yo’ anteriores, nada de esto tendría sentido. Todo parte de ese amor. Siento que hay una tendencia bastante habitual, sobre todo en la música urbana y en el rap, a construir un relato de ‘mi infancia fue una mierda y ahora me he convertido en quien quiero ser’. Y este disco, con toda la humildad, va en la dirección contraria: hubo un momento de mi vida en el que tenía todas las certezas y no me hacía preguntas, y a medida que creces te das cuenta de que estás perdido. Cuando te enfrentas a la vida adulta y a todos los desafíos que implica, la pregunta es: ¿cómo puedes volver a encontrar esa verdad que antes parecías tener? Ese es el punto de partida.
¿Se te hace más fácil hablar del pasado que del presente?
Diría que sí, sobre todo cuando estás escribiendo sobre algo, expresándote o queriendo reflejar una emoción o una sensación concreta. Es mucho más fácil cuando es algo que ya has vivido y que has tenido tiempo de reposar dentro de ti. Igualmente, también me parece interesante ese momento en el que te viene una inspiración más inmediata, más impulsiva, y estás en el presente y de ahí surge algo. Pero es más fácil cuando algo ya ha reposado. Es como cuando sales de una peli: al momento tienes una emoción concreta y puedes hablar sobre ella, pero creo que donde más te puedes explayar, divagar y reflexionar es cuando algo ya ha reposado y lo has podido asimilar. Y más en esta vida que va tan rápido.

Junto a esta nueva época, presentas una nueva estética. ¿Qué representa esa especie de balaclava?
Para este disco creo el personaje de Sonny. Sonny Boy de por sí significa como ‘pibito’ en inglés, una expresión que se le dice a los niños, tipo, oh, sonny boy!, o a los pibes en general. También funciona como diminutivo de varios nombres como Santino o Salvatore, por ejemplo, en El Padrino. Me hacía gracia crear un personaje así para poder reflejar todo el concepto del disco que queríamos transmitir desde un punto de vista más humano y más cercano.
Sonny es un personaje pero simboliza esa parte de mí que se niega a crecer y a aceptar el cambio. Está totalmente inadaptado al mundo que le rodea y se niega a afrontarlo por miedo a perderse a sí mismo, a ‘morir’. En los estilismos y en toda la estética buscábamos transmitir eso. Desde el balaclava, donde se me ve la mitad de la cara como adulta actual, y en la otra mitad mis facciones bordadas como si estuvieran dibujadas por un niño. También con las rastas: en una mitad se ven normales y en la otra son de crochet, de colores, y una de ellas es una flor. La flor es un símbolo que acompaña todo el disco porque cuando crece también se marchita. Sonny tiene ese miedo de crecer y marchitarse, pero al mismo tiempo hay un mensaje más esperanzador: las flores, por mucho que se marchiten, vuelven a crecer cada año.
Todo eso se refleja en las prendas, desde el balaclava hasta la americana, que es la prenda por excelencia de la adultez, de ir elegante, de una entrevista de trabajo o de ir a trabajar. Es una americana que además heredé de mi abuelo, mezclada con parches, que es algo que te ponían tus padres cuando de pequeño se te rompía el chándal. Luego la corbata, que tiene el nombre bordado como si fuera un babero de niño y con una tela también de ese tipo. Y los zapatos, que son mocasines con velcro, que simbolizan ese punto intermedio entre la niñez y la adultez. Toda la personalización del traje, la balaclava y demás la hizo nuestra amiga Alex, @alexthvnder, que es la mejor en lo suyo.
Sonny es un personaje pero simboliza esa parte de mí que se niega a crecer y a aceptar el cambio. Está totalmente inadaptado al mundo que le rodea y se niega a afrontarlo por miedo a perderse a sí mismo, a ‘morir’. En los estilismos y en toda la estética buscábamos transmitir eso. Desde el balaclava, donde se me ve la mitad de la cara como adulta actual, y en la otra mitad mis facciones bordadas como si estuvieran dibujadas por un niño. También con las rastas: en una mitad se ven normales y en la otra son de crochet, de colores, y una de ellas es una flor. La flor es un símbolo que acompaña todo el disco porque cuando crece también se marchita. Sonny tiene ese miedo de crecer y marchitarse, pero al mismo tiempo hay un mensaje más esperanzador: las flores, por mucho que se marchiten, vuelven a crecer cada año.
Todo eso se refleja en las prendas, desde el balaclava hasta la americana, que es la prenda por excelencia de la adultez, de ir elegante, de una entrevista de trabajo o de ir a trabajar. Es una americana que además heredé de mi abuelo, mezclada con parches, que es algo que te ponían tus padres cuando de pequeño se te rompía el chándal. Luego la corbata, que tiene el nombre bordado como si fuera un babero de niño y con una tela también de ese tipo. Y los zapatos, que son mocasines con velcro, que simbolizan ese punto intermedio entre la niñez y la adultez. Toda la personalización del traje, la balaclava y demás la hizo nuestra amiga Alex, @alexthvnder, que es la mejor en lo suyo.
Empiezas el proyecto con la intro, La deriva: un audio de tu madre y una celebración de cumpleaños al fondo. ¿Por qué decides empezar así?
La intro es un guiño a un anime que se llama Sonny Boy y que comparte bastante con el concepto del disco. Va sobre crecer y responsabilizarte de tu futuro. La premisa es que unos alumnos van el último día a clase y, de repente, todo lo que rodea a la escuela es un espacio negro y vacío donde no pasa el tiempo, y tienen que organizarse y decidir qué hacer con sus vidas. Se quedan en ese estado que llaman ‘a la deriva’.
Me parecía muy similar a Sonny, que también está estancado, a medio camino entre ser un niño y un adulto. El tema funciona como toda la infancia de Khafal pasando de golpe delante de tus ojos, muy rápido, y al mismo tiempo como el nacimiento de Sonny. A partir de recuerdos de mi niñez hasta ahora es donde nace el personaje. Utilicé audios reales de mi infancia, como mi abuela, mis tías y mi madre cantando el cumpleaños feliz para construir toda esa narrativa.
Me parecía muy similar a Sonny, que también está estancado, a medio camino entre ser un niño y un adulto. El tema funciona como toda la infancia de Khafal pasando de golpe delante de tus ojos, muy rápido, y al mismo tiempo como el nacimiento de Sonny. A partir de recuerdos de mi niñez hasta ahora es donde nace el personaje. Utilicé audios reales de mi infancia, como mi abuela, mis tías y mi madre cantando el cumpleaños feliz para construir toda esa narrativa.
Decidiste presentar como singles del disco noTENGOenemigos, 100 veranos de soledad y unacamaindividualenChicago.mp4. ¿Qué hizo que eligieras justo a estas tres canciones?
100 veranos de soledad la elegimos porque fue la primera que hicimos cuando Sonny Boy aún no era un proyecto como tal. Era un tema más pop dentro de una etapa en la que hacía sobre todo rap, y además teníamos muy clara la idea del videoclip. En una sola canción se representaba muy bien el concepto del disco: ese mensaje de que los veranos ya no son como antes, con Sonny solo en la playa, reviviendo el pasado desde un punto más triste y decadente. Aunque la idea era sacarla justo después de verano, al final se retrasó, pero igualmente decidimos que fuese single por todo eso.
Y luego No tengo enemigos y Una cama individual en Chicago, lo mismo: eran temas que nos gustaban mucho a nivel sonoro y en los que también teníamos muy clara una propuesta visual desde el principio.
Y luego No tengo enemigos y Una cama individual en Chicago, lo mismo: eran temas que nos gustaban mucho a nivel sonoro y en los que también teníamos muy clara una propuesta visual desde el principio.
Dices que tu cabeza te recuerda que todo era mejor antes, eso cantas en QUINCE. ¿Sientes que hoy no estás tan feliz como en los años pasados?
Pues hubo bastante tiempo en el que sí, sobre todo desde que me vine a Madrid y no estaba pasando por una época tan buena. Tiendes a romantizar mucho el pasado y es algo bastante humano, eso de quedarte con lo bueno. También es verdad que esto nace desde mi situación y de cierto privilegio de haber tenido una infancia feliz, con una familia estructurada que me quería y amigos que me han querido y me han apoyado siempre, con sus más y sus menos. No todo es ideal: también tengo recuerdos no tan bonitos y momentos en los que he sufrido, porque eso también forma parte de una infancia.
Pero eso, he tenido la suerte de haber tenido una familia estructurada que me quería, de haber tenido amigos, de haber tenido como una experiencia de infancia canónicamente feliz y que guardo con mucho cariño, al fin y al cabo. A día de hoy, sobre todo en los últimos años y a raíz del trabajo del disco, tanto musical como personal, creo que esa mirada ya ha cambiado bastante. Estoy más contento con mi vida actual; hay mucho por trabajar pero también diría que estoy bien, incluso feliz en muchos momentos.
Pero eso, he tenido la suerte de haber tenido una familia estructurada que me quería, de haber tenido amigos, de haber tenido como una experiencia de infancia canónicamente feliz y que guardo con mucho cariño, al fin y al cabo. A día de hoy, sobre todo en los últimos años y a raíz del trabajo del disco, tanto musical como personal, creo que esa mirada ya ha cambiado bastante. Estoy más contento con mi vida actual; hay mucho por trabajar pero también diría que estoy bien, incluso feliz en muchos momentos.
En Temeridades te acompaña una voz femenina. Cuando haces una colaboración, ¿buscas que el otro artista sienta lo mismo que tú respecto al tema de la canción?
Totalmente, de hecho reconozco que me da un poco de rabia, y es algo bastante del rap y de la música urbana en general: temas en los que se nota que se han hecho en diferido, con un open verse, y que han adaptado un verso a la canción sin que al final tenga mucha coherencia. Y pasa que, a nivel temático y emocional, los dos versos no tienen nada que ver. Yo siempre busco esa coherencia y esa cohesión cuando trabajo con alguien. Allie, aparte de ser mi amiga, ya conocía el concepto del disco, y aun así me gusta trabajar así, con la gente en sesión, en persona, hablar antes… no sé, creo que es bastante importante para que la canción tenga una dirección clara y que todo sume al mismo imaginario.
Con CEO de la Nostalgia explicas lo que es para ti el paso del tiempo y lo que este te arrebata. ¿Crees que controlas ese exceso de nostalgia?
Pues por suerte creo que la controlo bastante mejor. Creo que también estoy lejos de separarme por completo de la nostalgia, y tampoco quiero hacerlo. Creo que es una emoción muy bonita de sentir, y está bien conectar con ella en ciertas ocasiones, siempre y cuando no nos domine, ¿no? Y no seamos dependientes de ese pasado para revivirnos a nosotros mismos. Pero CEO de la Nostalgia es justo ese exceso de nostalgia, valga la redundancia, llevado al máximo: casi como algo descontrolado y decadente. Es ese punto de máxima intensidad que luego termina girando hacia un mensaje más esperanzador: que nunca es tarde para ser feliz.
Aun así, creo que es algo bastante bonito a nivel de estructura del disco, porque Sonny viene de su creación en la intro y todo el viaje va hacia el pasado, desde 100 veranos de soledad, QUINCE, 16, Temeridades, donde se habla también de un amor pasado.
Aun así, creo que es algo bastante bonito a nivel de estructura del disco, porque Sonny viene de su creación en la intro y todo el viaje va hacia el pasado, desde 100 veranos de soledad, QUINCE, 16, Temeridades, donde se habla también de un amor pasado.
¿Sientes que el tiempo pasa mucho más rápido ahora?
Sin duda, la verdad. No sé si es una cuestión de volverse adulto, pero al final tienes más distracciones, estímulos y responsabilidades, y eso hace que todo pase mucho más rápido que cuando eres más pequeño y tienes una vida, por así decirlo, más contemplativa. Y es algo que, de hecho, intento remarcar en el disco y distorsionar un poco todo el tiempo. Desde la intro, que como decía era toda esa infancia pasada de golpe, súper rápido, revisitada desde el presente, hasta 100 veranos de soledad, donde hablo justo de eso: de cómo antes los veranos eran eternos, e incluso te aburrías de que fuera verano y querías que empezara el curso, y ahora es todo lo contrario. Es más cómo: “voy esta semana a ver si coincido con esta gente, a ver si me encaja este plan”, pero no voy a poder ver a esta persona porque está fuera o trabajando, no sé. Creo que es algo que tenía bastante presente en el disco y con lo que estoy totalmente de acuerdo.

Cantas en Preludio de una MUERTE joven sobre que todo está predestinado y sobre qué vas a hacer tú contra eso. ¿A veces intentas luchar contra lo que ya está escrito?
Todo el rato, jajaja. Se me va la mitad de la energía en eso, la verdad. Soy una persona a la que, por lo general, no le gusta aceptar que algo es así porque “tiene que ser así”. O sea, si puedo intentar hacer lo que sea para que las cosas sean como me gustaría que fuesen, lo voy a hacer. No sé, entra ahí mi personalidad un poco perfeccionista y algo cabezota. Pero justo en esa canción, en el preludio a la muerte joven, que ya después de No tengo enemigos y de ese último viaje de nostalgia de Chicago, es como la aceptación de Sonny previa a su muerte, como el propio nombre indica.
Entonces, está ahí un poco despidiéndose y al mismo tiempo quejándose de por qué tiene que morir y por qué tiene que ser así, aun habiéndolo aceptado. Me veo bastante reflejado en esa parte porque, como decía antes, por mucho que entienda algo, puede darme rabia, como el hecho de crecer. Y es algo que también aparece en QUINCE. Así que sí, por resumir, me paso bastante tiempo luchando contra lo que está predestinado, aunque no siempre se pueda cambiar. Pero supongo que es la manera en la que he elegido vivir.
Entonces, está ahí un poco despidiéndose y al mismo tiempo quejándose de por qué tiene que morir y por qué tiene que ser así, aun habiéndolo aceptado. Me veo bastante reflejado en esa parte porque, como decía antes, por mucho que entienda algo, puede darme rabia, como el hecho de crecer. Y es algo que también aparece en QUINCE. Así que sí, por resumir, me paso bastante tiempo luchando contra lo que está predestinado, aunque no siempre se pueda cambiar. Pero supongo que es la manera en la que he elegido vivir.
Terminas con Cree en mí: un solo de saxofón y un disparo que simula tu muerte, enlazando con el título anterior. ¿Qué significa esta muerte?
Sí, al final, como bien decía antes, en el preludio Sonny (ya desde noTENGOenemigos) acepta su muerte y que no puede seguir tomando las riendas si quiere que Khafal siga su crecimiento. Y el tema de Cree en mí ya de por sí conecta sonoramente con el Preludio de una muerte joven, significando un poco ese último adiós de Sonny, esa última actuación. Eso se ve mucho más claro en el videoclip, que tiene una primera parte más narrativa en la que Sonny está en el camerino, preparándose y conversando casi con Khafal, despidiéndose de él antes de esa última actuación.
A nivel musical también quería reflejar eso: desde esos guiños más raperos, con un rap más estético y formal, con juegos de palabras, casi recreándome en mi yo pasado, en ese yo que rapeaba así y que disfrutaba mucho de ese estilo, hasta guiños a mi familia, a mis amigos, y ese último mensaje de Cree en mí como despedida de Sonny, como diciendo que confíe en que todo esto ha servido de algo. Es como decir: “aunque te haya jodido y te haya bloqueado durante mucho tiempo, también te ha hecho crecer y te ha hecho ser quien eres”. Después de ese solo de saxofón —que además es la primera vez que me animaba a meter el saxofón en mis canciones— es ya su última despedida. Y en el videoclip, cuando se pega el tiro, ni siquiera desaparece del todo: salen pétalos en lugar de sangre y se queda su ropa.
A nivel musical también quería reflejar eso: desde esos guiños más raperos, con un rap más estético y formal, con juegos de palabras, casi recreándome en mi yo pasado, en ese yo que rapeaba así y que disfrutaba mucho de ese estilo, hasta guiños a mi familia, a mis amigos, y ese último mensaje de Cree en mí como despedida de Sonny, como diciendo que confíe en que todo esto ha servido de algo. Es como decir: “aunque te haya jodido y te haya bloqueado durante mucho tiempo, también te ha hecho crecer y te ha hecho ser quien eres”. Después de ese solo de saxofón —que además es la primera vez que me animaba a meter el saxofón en mis canciones— es ya su última despedida. Y en el videoclip, cuando se pega el tiro, ni siquiera desaparece del todo: salen pétalos en lugar de sangre y se queda su ropa.
Entre los canarios sabemos lo que cuesta separarnos de nuestra tierra. ¿Volver a las islas te da más inspiración a la hora de hacer música?
Cien por cien. O sea, de por sí, el volver a conectar con mi familia, con amigos míos de toda la vida de allí y con el mar es algo que obviamente me inspira. Y más viniendo de Madrid, como que todos esos contrastes y cambios ya de por sí son inspiradores. Y si encima lo que te aporta es más calma —que a veces cuesta encontrar aquí en Madrid—, creo que es un sitio desde el que es muy fácil crear, y donde la creación sale mucho mejor desde la calma que desde la aceleración. Y de hecho es algo con lo que juego bastante en el disco: desde los audios de Un canario en Madrid, hasta otros que he cogido de unos amigos hablando de por qué ni de coña se irían a Madrid, diciendo en 100 veranos de soledad cosas como “hace frío, no tengo coche”… No sé, en general toda la simbología del mar y esos sonidos lo que quería representar era eso: esa nostalgia de volver a casa y de estar allí.
Bruno, Choclock, me dijo una vez que vivir aquí era un rollo y que realmente él quería estar en su 922928. ¿Cómo llevas el cambio de la tranquilidad de Tenerife al ruido de Madrid?
Coincido al cien por cien con eso también. A mí me gustaría vivir mi vida en Tenerife y terminar allí más pronto que tarde, pero bueno, tampoco tengo prisa por volver en el sentido de que al final gran parte de mi desarrollo musical más reciente ha sido aquí, y tengo muchos amigos —aunque la mayoría de la gente con la que trabajo sean de Canarias— que están viviendo aquí, y echaría bastante en falta el poder hacer música con ellos o todo el equipo audiovisual que está involucrado. Pero sí, 100%, tengo claro que voy a volver y quiero volver. Si la situación lo permite, porque la vida en Canarias cada vez se está poniendo más distópica y es un poco también ese miedo de que quizá cuando quiera volver ya no pueda. Pero sí, no me imagino una vida en Madrid, ni de broma, la verdad. Me gustaría ver más mundo antes de volver a Canarias, pero precisamente porque tengo claro que voy a terminar allí.
Canarias cada vez está más en el mapa musical y saltan los piques: “Si no soy canario no me dan portada”. ¿Cómo te sientes con el auge de la cultura musical canaria?
Pues la verdad es que no entiendo muy bien el pique. Creo que si ahora se le está dando tanta importancia a Canarias es porque ha habido mucho tiempo en el que no se le dio, y eso tenía que explotar por algún lado. Con los artistas que han salido en las últimas generaciones, finalmente ha terminado pasando.
Ya desde antes ha habido una riqueza musical y una calidad enorme, y muchos artistas se han dejado el lomo durante generaciones pasadas, que ni siquiera llegaron a poder vivir de esto. Y me alegra que, por fin, haya podido explotar en mi generación.
Por otro lado, también es verdad que me da un poco de miedo que se encasille la escena musical canaria en la idea de que, para hacer música desde allí, tengas que hacer reggaetón o trap (música urbana en general), y además decir continuamente que eres canario. Creo que en Canarias hay una riqueza y una variedad musical tremenda, y hay que explotarla y también hacerla ver fuera para no crear más estereotipos. Que al final es algo normal, porque el pop rock, por ejemplo, en Canarias tenía una carga brutal y con un montón de grupos que hacían cosas muy guapas, pero muchos de esos proyectos ni siquiera pudieron llegar a vivir de la música, no por su calidad, sino porque en ese momento la industria estaba muy concentrada en Madrid, en todo el tema de la movida, y si no estabas allí parecía que no existías. Y creo que ese “trauma”, por así decirlo, con el pop y el rock en Canarias ha permanecido un poco hasta ahora. Porque al final, si no tienes referentes que lo hayan conseguido, cuando tú quieres hacerlo no te sale igual. En cambio, los que sí rompieron esas fronteras fueron más los proyectos urbanos, desde Soul Sanet hasta Cruz Cafuné o Quevedo.
Entonces entiendo que a día de hoy mucha gente en Canarias quiera hacer música urbana, pero creo que no hay que olvidar el resto de escenas ni reducirlo todo a eso. Y digo todo esto yo, siendo alguien al que le encanta el rap y que lo ha hecho toda la vida y lo va a seguir haciendo. Simplemente me da un poco de miedo que se encasille todo en eso y que se pierda esa variedad.
Ya desde antes ha habido una riqueza musical y una calidad enorme, y muchos artistas se han dejado el lomo durante generaciones pasadas, que ni siquiera llegaron a poder vivir de esto. Y me alegra que, por fin, haya podido explotar en mi generación.
Por otro lado, también es verdad que me da un poco de miedo que se encasille la escena musical canaria en la idea de que, para hacer música desde allí, tengas que hacer reggaetón o trap (música urbana en general), y además decir continuamente que eres canario. Creo que en Canarias hay una riqueza y una variedad musical tremenda, y hay que explotarla y también hacerla ver fuera para no crear más estereotipos. Que al final es algo normal, porque el pop rock, por ejemplo, en Canarias tenía una carga brutal y con un montón de grupos que hacían cosas muy guapas, pero muchos de esos proyectos ni siquiera pudieron llegar a vivir de la música, no por su calidad, sino porque en ese momento la industria estaba muy concentrada en Madrid, en todo el tema de la movida, y si no estabas allí parecía que no existías. Y creo que ese “trauma”, por así decirlo, con el pop y el rock en Canarias ha permanecido un poco hasta ahora. Porque al final, si no tienes referentes que lo hayan conseguido, cuando tú quieres hacerlo no te sale igual. En cambio, los que sí rompieron esas fronteras fueron más los proyectos urbanos, desde Soul Sanet hasta Cruz Cafuné o Quevedo.
Entonces entiendo que a día de hoy mucha gente en Canarias quiera hacer música urbana, pero creo que no hay que olvidar el resto de escenas ni reducirlo todo a eso. Y digo todo esto yo, siendo alguien al que le encanta el rap y que lo ha hecho toda la vida y lo va a seguir haciendo. Simplemente me da un poco de miedo que se encasille todo en eso y que se pierda esa variedad.
Muchas gracias Carlos, gracias por representar tan bien a Canarias.
Gracias a ti, Aram, por tu labor también periodística y por traer proyectos canarios un poco distintos a los que estamos acostumbrados a ver en un medio como puede ser ACERO, con tanta presencia en la península. Se agradece muchísimo tu trabajo y que te hayas pasado por la listening party, por todo, tío. Un abrazo.




