En un mundo donde el cine y la industria musical están llenos de queerbaiting,
Kercho llega para deshacerse de la inclusión forzada. Pero no, el artista no quiere ser ejemplo de nada ni de nadie, sino labrar su propio camino aunque pueda incomodar a cierta gente. “Estoy acostumbrado a no pedir permiso y a que me dé todo igual, las críticas solo me animan a seguir haciendo lo que me da la gana. Me encanta llevar la contraria”, dice en esta entrevista.
En junio publicaba Dando clase, un álbum donde se encuentran el reggaetón y el dancehall. Desde entonces, y desde antes incluso, Kercho ha amaestrado y sentado cátedra sobre ser una baddie y evitar convertirse en una básica en varios escenarios. El más grande, el MADO’26 (Madrid Orgullo), hace escasas semanas. “Soy una muñeka polifacética y basicófoba”, se presenta en esta entrevista. “Vengo a dar clase y a incomodar, que está todo un poco aburrido”, concluye. Por supuesto, queremos aprender con él, así que nos hemos sentado con Kercho para hablar de colaborar con las mariliendres de la escena (Metrika, l0rna, o Kristina), inclusión forzada y el futuro de su carrera como artista.
¿Cómo te gustaría que te presentásemos?
Soy una muñeka polifacética y basicófoba que hace lo que le da la gana sin ningún tipo de filtros. Vengo a dar clase y a incomodar, que está todo un poco aburrido.
La pregunta anterior viene porque muchas veces, cuando un chico le canta a otros, se le encasilla en ‘el artista gay’, ‘el que le canta a hombres’. ¿Qué pensamientos tienes sobre la inclusión forzada?
Entiendo que me asocien a esas etiquetas porque en la escena urbana no es lo común que un hombre cante a otro hombre, pero no quiero que sea lo único que me defina. Como artista aporto muchas cosas más allá de ser gay. La inclusión forzada muchas veces hace el efecto contrario: quiero que mi música la escuche quien quiera, sea hetero o del colectivo. Si encasillamos mi música ahí, los heteros creerán que por escucharme se convierten en gays; cariño, no (creo) (risas).
Muchos artistas no quieren que se les nombre como el abanderado de una marcha social. ¿Tú estarías preparado en este caso?
Yo solo animo a mis niñas a ser ellas mismas y a que no les importe lo que la gente piense. Además, a la sociedad siempre le ha incomodado la presencia de gente como nosotras; ahora lo hacemos aposta. Si eso es una marcha social, sí, estoy preparado. Pero no quiero ser ejemplo de nadie, no soy la persona más correcta ni lo quiero ser, lo correcto me aburre.
Has cantado en el MADO’26. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Pues ha sido la primera vez que doy clase a tantísimo público. Estaba muy sobreestimulado, pero ha sido un show que preparamos muy bien, y ver a las mías entre la gente me ha hecho sentirme en mi safe place. Esto es lo que me hace feliz, y experiencias así son las que te recuerdan el porqué de todo.
“En la escena urbana no es lo común que un hombre cante a otro hombre, pero no quiero que sea lo único que me defina. Como artista aporto muchas cosas más allá de ser gay.”
¿Cómo ha recibido el público tu nuevo álbum?
Después de los tres adelantos, la verdad es que noto que mis muñekas lo han cogido con muchísimas ganas, han entendido perfectamente el concepto y me encanta que utilicen el ‘dando clase’ para empoderarse. Ha sido el proyecto más largo de esta nueva etapa, pero sigo haciendo muchísima música todos los días, mis niñas van a tener Kercho pa’ rato (risas).
Y en tu caso, ¿cómo recibes el cariño de quienes te oyen?
Tengo un poco de síndrome del impostor porque aún me cuesta asimilar que mi música pueda juntar a tantas perfectas y que todas ellas me fueran a supportear tanto. Me encanta que nos apoyemos entre nosotras, sabiendo lo zorras que podemos llegar a ser (risas), pero la clave es unirse para cambiar todo eso que nos toca el coño a todas.
¿De qué das clase? ¿Quieres dar cátedra?
De ser una baddie, de no ser un básico, de ser una muñeka y de hacer lo que nos dé la gana. En esta industria parece que, si no eres hombre hetero y no sigues un estereotipo, no hay hueco para ti. La gente ya se está aburriendo de ese discurso, es todo muy previsible. Además, me parece irónico cuando dicen que no hay gente del colectivo en la industria, cuando cualquier concierto de las grandes divas está lleno de chicas y gays…
Maricones & Muñecas se ha convertido en un himno discotequero. ¿Vas a seguir por ahí o prefieres no mirar los números y hacer lo que te apetezca?
Mentiría si te digo que no me fijo en los números, están ahí y son inevitables, aunque realmente todo esto está pasando porque siempre he sido natural y he hecho lo que me apetecía. Los números me sirven para establecer estrategias con mi equipo, no para condicionar la dirección de mi carrera. Tengo clarísimo lo que quiero representar y estoy aquí para eso.
Desde tu primera canción, Kinki, en 2023, hasta tu último proyecto, ¿qué cambios ha vivido Kercho en este tiempo?
Ha sido todo un proceso de conocerme personalmente y ver dónde me sentía más cómodo. He aprendido que haciendo lo que me da la gana y siendo yo al cien por cien es cuando más me entiendo con el público, y eso es un lujo: a ellas les gusta y a mí más. Además, me estoy rodeando de artistas y profesionales de los que aprendo mucho todos los días para poder dar clase de primer nivel.
Tu estilo se acerca al dancehall con toques de electrónica y también de reggaetón. ¿Qué relación tienes con el género?
Desde muy pequeño me ponía a mover el culo escuchando reggaetón (que no quiero decir que los heteros no puedan mover el culo, pero desgraciadamente no suele ser así), escuchaba las letras y no me identificaba con la parte de los chicos. Con el reggaetón me di cuenta de que era gay, se lo debo todo. Es un género que siempre me gustó y me removió sensaciones muy potentes, pero siempre me dio rabia que no hubiera ningún referente gay en el género, así que aquí estoy, haciendo mi propio reggaetón.
Tenemos el ejemplo de Kristina. El mundo del reggaetón parece pertenecer solo a los hombres cis heterosexuales; si no, te acusan de apropiación. ¿Estás preparado para enfrentarte a estos casos?
Haga lo que haga siempre me van a criticar, si no es por una cosa es por otra. Quienes critican por apropiación lo hacen porque les jode que le metamos más duro que ellos. Nada es de nadie, y lo interesante es que haya variedad. Estoy acostumbrado a no pedir permiso y a que me dé todo igual, las críticas solo me animan a seguir haciendo lo que me da la gana. Me encanta llevar la contraria.
¿Cómo veías la industria musical desde fuera y cómo la ves ahora desde dentro?
Antes lo veía como algo misterioso y ahora solo lo veo como una clase de repetidores, cada uno con su movida. Es muy divertido porque estamos todos locos, cada uno a nuestra manera. Hay una gran variedad de artistas y es muy guay poder compartir referencias, experiencias y estilos distintos, creo que hace mucho más rica esta industria.
El público siempre pide feats. ¿Con quién quieren que colabores? ¿Y con quién te gustaría a ti?
Siempre me piden feat con chicas, sobre todo con Kristina, l0rna y Metrika; son las mariliendres por excelencia y llegamos a un público muy parecido. Con ellas me encantaría, evidentemente, sería una parálisis del sueño para los heterobásicos. Aunque tengo que admitir que otra fantasía sería kerchificar a algún rapero, sonaría muy fresco.
Con bandera o sin, estás ocupando espacios. Gracias y mucha suerte en tu trayecto.
Gracias a ti y a ACERO por el espacio, estáis invitados a la primera fila de la próxima clase del tour.