Judith Fernández atraviesa uno de esos momentos en los que una carrera empieza a dibujar con claridad su propio pulso. Acaba de estrenar Rondallas, una película íntima y profundamente emocional en la que interpreta a Andy, una joven que intenta recomponerse tras una pérdida reciente, y lo hace desde un lugar de contención, silencio y verdad poco frecuente. Ambientada en un entorno rural gallego que no es solo paisaje sino memoria y raíz, la película habla del duelo, pero también del amor, de la comunidad y de la necesidad de sostenerse en el otro cuando todo parece detenerse. En ese equilibrio frágil, Judith construye un personaje atravesado por la oscuridad, pero siempre en diálogo con una luz que insiste en aparecer.
Casi al mismo tiempo, la actriz ha estrenado Entrepreneurs, una comedia coral que se mueve en un registro completamente distinto y que ironiza sobre el éxito, el emprendimiento y la presión constante por ‘llegar a ser alguien’. Dos proyectos opuestos en tono y forma que, sin embargo, dialogan entre sí y hablan de una intérprete en pleno proceso de exploración, dispuesta a habitar registros diversos sin perder el centro.
Nacida en Corcubión, un pueblo gallego al que sigue profundamente ligada, Judith entiende la interpretación como un acto de escucha, de juego y de entrega colectiva. Su manera de hablar del trabajo, de sus compañeros y de los procesos creativos revela una sensibilidad atenta a lo invisible, a aquello que no siempre se nombra pero lo atraviesa todo. Le interesa el amor en todas sus formas, la observación del comportamiento humano y la música como motor emocional, y concibe su profesión no como una meta, sino como un camino largo, lleno de preguntas, paciencia e intuición.
En esta conversación, Judith Fernández reflexiona sobre el duelo, la comedia, la comunidad, el oficio y la necesidad de seguir creyendo en la fuerza de las historias contadas desde lo humano, desde lo pequeño y desde lo compartido.
En Rondallas interpretas a una joven que ha sufrido una pérdida reciente y que todavía no sabe cómo seguir adelante. ¿Qué fue lo primero que te conectó con ella cuando leíste el guion?
Lo primero que me conectó con ella creo que fue de donde venía. Yo soy de un pueblo gallego, Corcubión, y contar la historia de una niña de pueblo, con toda la fuerza que eso conlleva, me emociona mucho. Además, soy muy fan de las historias de amor, y la de Elías y Andy me caló el alma.
Tu personaje atraviesa un duelo muy contenido, casi silencioso. ¿Cómo trabajaste todo aquello que no se dice pero que está constantemente presente?
Andy está inspirada en mi mejor amiga de la ciudad, Gabriela. Ella perdió a su padre cuando tenía dieciséis años y me resguardé mucho en todo lo que ella me contó. Luego Dani (Daniel Sánchez Arévalo), que ya es mi director favorito del mundo, consiguió crear una burbuja para investigar sin juicio y con amor, teniéndonos muy en cuenta tanto a Fer (Fernando Guallar) como a mí.
Es importante mencionar a Fer todo el rato porque no hay Andy sin Eli, y tampoco hay Judith sin Fer. Si Eli hubiese sido interpretado por otro compañero, no habría sido igual, y me gusta decirlo porque su mirada cómplice tiene mucho que ver con mi escucha, igual que la mano de Dani sosteniéndome. Creo que haber improvisado juntos, los tres, hizo que salieran todos esos temas de los que los personajes no hablan con palabras. Me parece muy bonita esta pregunta porque Dani escribe sus guiones de una forma tan inteligente y tan humana. Por eso Rondallas está llena de conversaciones que hablan sin hablar, como la vida misma.
El duelo no es lineal y la película parece respetar mucho ese proceso. ¿Hubo momentos en los que sentiste que el personaje avanzaba sin darse cuenta?
Por supuesto, y es precioso verlo. Andy está muy aferrada a su oscuridad, es muy terca y le cuesta ver que está encontrando luz. Supongo que esto es muy humano, al menos a mí me resuena. Hay muchas ocasiones en las que nos gusta seguir en nuestro círculo vicioso de oscuridad. Creo que es porque nos compromete más salir a buscar la luz.
¿Qué fue lo más complejo de interpretar emocionalmente este papel y qué crees que te ha dejado a nivel personal?
Soy muy afortunada porque no he atravesado de primera mano ningún duelo relacionado con la muerte. Entonces, ponerme en la piel de Andy e intentar entender el huracán que estaba atravesando fue complicado pero a la vez muy fácil gracias a Dani. A nivel personal, creo que Andy y todo su viaje, acompañada de sus compañeros, me recordaron que necesitamos del otro para sobrevivir. Me recordó que casi siempre nuestra realidad no es para tanto y que la persona de enfrente también puede estar atravesando su propia oscuridad. Y, sobre todo, me recordó que el amor y la comunidad lo pueden todo.
Rondallas habla de la dificultad de seguir viviendo cuando algo se rompe por dentro. ¿Qué crees que acaba sosteniendo a tu personaje cuando todo parece detenido?
Sin ningún tipo de duda, Elías y todo lo que tienen juntos. Él le recuerda por qué iban a la rondalla, le recuerda cuál era exactamente esa magia que les llenaba el alma. Elías dice en un momento que echaba de menos tocar la gaita sin pretensión de nada, recordando que da igual desafinar y que lo importante es divertirse. Y hay un momento en el Ifevi, rodeados de casi ocho mil personas de público, en el que se miran y se dicen: “Estamos tú y yo solos divirtiéndonos. ¿Solos? Solísimos”. Creo que eso resume perfectamente por qué Andy se sostiene en mitad de la tormenta.
Casi al mismo tiempo has estrenado Entrepreneurs, una comedia con un tono y un ritmo muy distintos. ¿Cómo fue pasar de un drama tan íntimo a una sátira coral?
Rodar Entrepreneurs fue sencillo y muy gustoso porque, primero, Óscar Ortuño y yo no llevábamos el peso de la comedia; éramos la escucha de todo lo cómico que ocurría. Además, fue fácil y aprendimos muchísimo porque estábamos rodeados de compañeros y de un equipo con una gran trayectoria en este género. Verlos trabajar y desenvolverse en el chiste con tanta facilidad hizo que saliera de allí con un máster. Me siento muy afortunada de haber formado parte de esta historia.
Entrepreneurs ironiza sobre el éxito, el emprendimiento y la presión por ‘llegar a ser alguien’. ¿Qué te interesa de que la ficción se acerque a estos temas desde el humor?
Son temas muy reales y muy humanos. Sobre todo, la gente de nuestra profesión o de otras ramas artísticas puede sentirse muy identificada, y también mi generación, que tiene estas cuestiones muy presentes. Tratarlos desde el humor me parece muy acertado porque, de alguna forma, les quita todo el peso que como sociedad les damos.
“Hay muchas ocasiones en las que nos gusta seguir en nuestro círculo vicioso de oscuridad. Creo que es porque nos compromete más salir a buscar la luz.”
¿Qué aprendiste de trabajar en una comedia tan afinada en el ritmo y el timing, y cómo crees que eso dialoga con tu trabajo en registros más dramáticos?
Aprendí muchísimas cosas. Me llamaba mucho la atención la rapidez con la que encontraban el chiste, su capacidad imaginativa. Entendí que confiaban muchísimo en su intuición y que trabajaban desde una libertad admirable. Todos los aprendizajes interpretativos pueden aplicarse a cualquier género. Siempre he creído que el género lo definen el guion y la historia, no la forma en la que se interpreta. Si buscas la verdad en el guion que te han entregado, el proceso creativo te lleva al resultado más cómico o más dramático. O eso creo yo.
Mirando ambos proyectos, ¿sientes que te encuentras en un momento de exploración de registros muy distintos dentro de tu carrera?
Por suerte, estoy al inicio de mi carrera, y eso significa que todavía me quedan todos los registros, personajes, almas y vidas por vivir. Me encuentro en un momento muy afortunado, abrazando hacia donde todo esto me lleve.
A la hora de elegir un proyecto, ¿qué pesa más para ti: el personaje, la historia o el reto que te propone como actriz?
Cualquiera de las tres cosas puede hacer que me decante por un proyecto concreto. Me parecen elementos fundamentales a la hora de elegir representar la vida de otra persona. Siempre elegiría algo que me resonase en el alma, ya fuera por el personaje, la historia o el reto. El cuerpo es muy sabio, así que confío ciegamente en él.
¿Hay algo que te obsesione o te conmueva especialmente y que haga que ciertos personajes o historias se repitan en tu camino?
El amor, en todas sus formas y versiones. Me parece el motor que mueve el mundo y, al mismo tiempo, siento que tiene una energía tan desconocida y tan única que siempre me atrae. Por eso busco dónde está el amor en cada personaje, por qué o por quién daría la vida.
¿Qué te inspira fuera del set: otras disciplinas artísticas, personas concretas, momentos vitales?
La naturaleza me inspira y me conecta mucho; mis amigas, su constancia y su fuerza arrolladora. Me gusta observar el comportamiento humano en el día a día (suena un poco creepy, lo sé), pero lo hago como una ojeadora de emociones, gestos, tics… cosas humanas que luego puedan servirme para la interpretación. Y la música, que es uno de mis elementos favoritos en el proceso creativo de cualquier personaje.
En una profesión tan expuesta y cambiante, ¿qué es lo que más te inquieta ahora mismo y qué es lo que más te ilusiona de seguir dedicándote a la interpretación?
No sé si hay algo que realmente me inquiete. Tengo tanta pasión y tanto amor por esta profesión que no siento una preocupación personal concreta. Si tuviera que nombrar algo externo, sería el cine: me preocupa que se convierta en un hábito extraordinario y no en uno ordinario. Me encantaría recordarle a la gente que el cine está hecho para verse en las salas y que probablemente sea una de las actividades más terapéuticas que existen hoy en día. Me ilusiona absolutamente todo de este camino, que sé que será largo y lleno de baches, pero al que me enfrento con paciencia e ilusión por todo lo que venga.
Si miras a la Judith que empezó a actuar y a la de ahora, ¿en qué sientes qué ha cambiado más tu forma de estar en los proyectos?
Empecé muy pequeña, como Lolis (mi hermana en Rondallas), así que supongo que en ese momento era más inocente frente al trabajo, sin saber muy bien qué significaba todo aquello. Pero cuando me hacen esta pregunta siempre pienso más en las similitudes: en la ilusión que sigo teniendo, en la constancia, en las ganas, en la certeza de que esto es lo que más amo en el mundo. Y seguir sintiendo que cuando estoy sobre las tablas o en un set estoy en el patio del colegio, jugando y creyéndome todas las propuestas que me lancen.
Si el público se lleva una emoción concreta después de ver Rondallas, ¿cuál te gustaría que fuera y por qué?
Me encantaría que salieran recordando la importancia de la comunidad, del poder que tiene juntarse con la persona de enfrente. Que se llevaran la sensación de que nada es para tanto y que, definitivamente, no hay nada tan importante como para enfrentarnos con tanto odio los unos contra los otros. El amor lo salva todo y, cuando dejemos la Tierra, creo que nos recordarán por cómo hicimos sentir a los demás.
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