Javier Guijarro continúa consolidando su proyecto personal con una propuesta que refleja su manera de entender la moda y el momento vital en el que se encuentra. Tras presentar su colección Fall/Winter 2026 en París, el diseñador abre una nueva etapa en su trayectoria, manteniendo una identidad propia mientras sigue explorando nuevas formas de expresión y desarrollando su lenguaje creativo.
Hablamos con él sobre sus últimos proyectos, sus fuentes de inspiración y el proceso de construir una marca. Una conversación sobre moda, creatividad y evolución personal, en la que también hay espacio para reflexionar sobre los referentes, las experiencias y las personas que acompañan el camino de un diseñador emergente. Desde su reciente experiencia como jurado de Pelonio New Talent hasta su colaboración con Mercedes-Benz y el fashion film que la acompaña, Guijarro comparte algunas de las vivencias que están marcando su recorrido.
Hola, Javier. Muchas gracias por hablar con nosotros. Me gustaría empezar por tu colección Fall/Winter 2026. Después de años hablando de llegar a París, finalmente ha pasado. Si tuvieras que describir cómo te sientes ahora mismo, con todo lo que está ocurriendo, ¿qué dirías?
Feliz, pero también muy centrado en todo lo que queda por hacer. París ha supuesto, of course, cumplir un objetivo, pero, a la vez, es el primer paso en la dirección que va a tomar el proyecto.
En esta segunda edición de Pelonio New Talent te ha tocado estar al otro lado de la mesa y ser jurado. ¿Cómo se vive pasar de ser el diseñador emergente al que miran a ser tú quien observa y decide qué propuestas tienen algo especial?
Es interesante el cambio de perspectiva en tan poco tiempo porque estar ahí, conociendo estos nuevos proyectos tan poco después de haber presentado el mío, es un feeling raro y hace que sienta una conexión bastante especial con ellos, de los que estoy más cerca que lejos. También ha sido un momento de reflexión y de recuerdos.
Tú viviste hace relativamente poco ese momento de estar empezando y necesitar que alguien apostara por tu trabajo. ¿Crees que un diseñador joven necesita tener clarísimo quién es desde el principio, o que parte del trabajo consiste precisamente en descubrirlo mientras hace?
No, para nada. Creo que cada uno tiene unas referencias, intereses y fundamentos que están ahí desde el principio hasta el final. Pero son unas bases que no necesariamente tienen que ser muy sólidas al comienzo, aunque tienen que existir para saber cuál es la dirección. Luego, el tiempo y el trabajo las van puliendo y les van dando formas distintas. Pero es cuestión de tiempo y, al final, el trabajo de un diseñador debe tener un lenguaje pero transformarse siempre. Si no, no tendría mucho sentido.
El cine parece tener un peso importante en tu colección, pero imagino que también hay imágenes, fotografías, arte o prendas que forman parte de ese imaginario. ¿Qué películas, además de Monster y Over the Garden Wall, te han inspirado?
Como a todos hay muchas películas que acaban influyendo en mi vida y, en consecuencia, en lo que hago. Me atrapan mucho las historias de juventud perdida o el coming of age. Trainspotting sería una, for sure. Nowhere y, en general, todo Gregg Araki y su manera de representar la juventud; Tim Burton y sus personajes.
¿Y qué podríamos encontrar ahora mismo en tu feed de Pinterest?
Ahora mismo, si te soy sincero, en mi feed de Pinterest hay flores porque últimamente he estado mandando muchas, y para explicarles a los floristas lo que estoy buscando cuando estoy a distancia me es muy útil. Aún no sé describir los ramos con palabras de forma que me entiendan.
En esta colección el bosque funciona como refugio pero también como un lugar de incertidumbre. Hay algo paradójico en buscar la naturaleza para reconectar cuando somos una generación cada vez más desconectada de ella. ¿Crees que necesitamos alejarnos de todo lo que conocemos y volver a lo orgánico para poder descubrir quiénes somos?
Es algo bastante personal y cada uno sabe lo que necesita para encontrarse a sí mismo. Yo, personalmente, después de tanta sobreestimulación, información, conflictos y de estas dinámicas de ciudad y del sistema en general que son imposibles de seguir, me siento más en equilibrio si participo de ellas desde lejos, if that makes sense. No solo por el paisaje sino por el entorno en general, la gente, etc. Pero bueno, esto no es nada extraño. Cuando la gente necesita descansar, suele alejarse de eso y acercarse a lo más básico. Aun así, a veces es complicado mantener este discurso y a la vez dedicarte a la moda. Soy un niño de la ciudad pero justo este dilema es lo que me hace.
“El trabajo de un diseñador debe tener un lenguaje pero transformarse siempre. Si no, no tendría mucho sentido.”
Cuando tienes todo un imaginario en la cabeza y después otra persona tiene que convertirlo en una fotografía, ¿cómo haces para soltar el control?
Es una buena pregunta porque justamente para mí eso es un challenge, hasta el punto de que normalmente hago yo las fotos siempre que puedo.
¿Qué te aporta alguien como Brett Lloyd que tú no podrías conseguir fotografiando tú mismo tu propia ropa?
Hay veces que tienes que soltar por falta de tiempo y otras en las que quieres hacerlo porque tienes a alguien como Brett a los mandos, que es ideal. Creo que ha fotografiado mi proyecto desde un lugar muy parecido al que lo habría hecho yo pero aportando experiencia y un ojo muy especial que solo él tiene.
En alguna ocasión has hablado de trabajar sin tener siempre completamente claro qué estás haciendo. Ese ‘no sé qué es lo que quiero’, que también aparece en el fashion film, ¿te sigue acompañando o ahora tienes mucho más claro hacia dónde quieres llevar tu marca?
Tengo claro hacia dónde voy pero creo que dentro de esa claridad también tiene que haber un gran espacio para no saber exactamente qué quieres hacer en un momento determinado o cómo enfocar ciertas cosas. Porque es precisamente eso lo que te permite seguir experimentando e investigando constantemente. Si todo estuviera demasiado claro y hubiera una dirección excesivamente marcada, creo que mataría un poco lo que más me gusta de todo esto y no sería interesante. Así que, aunque conozco mi dirección y mis bases, siempre quiero dejar espacio para no saber exactamente qué estoy haciendo.
El fashion film me produjo una sensación muy concreta: hay una interrupción de esa naturaleza, de esa tranquilidad, incluso de ese state of mind que atraviesa toda la colección. El sonido es especialmente importante para transmitirlo; hay algo externo que irrumpe y rompe ese estado. ¿Puede leerse también de una manera más personal, como una reflexión sobre tu propio camino y sobre cómo el ruido de los demás —las comparaciones, las envidias, la competencia— puede acabar interfiriendo en un proceso creativo? ¿Era algo que querías transmitir?
Bueno, claro, siempre hay una lectura más personal. De hecho, es la forma de leerlo que más sentido tiene para mí, pero nada de envidias o competencia. Cero de eso. Los tiros van más en otra dirección, pero que cada uno lo interprete como considere.
¿Quién es Javier Guijarro ahora? Te lo pregunto porque me interesa pensar en esta entrevista como una fotografía de un momento concreto. Quizá dentro de tres años vuelvas a leerla y te reconozcas muchísimo o casi nada.
Pues soy la misma persona de hace tres años pero en otro lugar. Quiero decir, la gente no cambia tan fácilmente y tampoco he hecho tantas cosas como para que mi vida o mi forma de verlas hayan cambiado de manera radical. Soy yo pero con más experiencia, en mis veinte, explorando la vida. Creo que mi trabajo refleja bastante eso: las cosas que me toca vivir a esta edad, igual que a todos. Pregúntame a los cuarenta.
Tú ya dibujabas ropa de pequeño, antes incluso de saber que aquello era diseño. ¿Hay algo de tu infancia (una prenda, una persona, un lugar, una sensación) que haya acabado convirtiéndose, casi sin querer, en parte de tu imaginario?
Mira, si te soy sincero, seguro que hay muchas cosas de mi infancia que están ahí pero tengo una memoria horrible y apenas me acuerdo de casi nada de mi infancia. Lo que sí tengo claro es que mi entorno, el lugar donde he vivido siempre, mi familia de Barcelona y sus costumbres, y mi familia de Andalucía y las suyas tienen un lugar en mi presente y, en consecuencia, en lo que hago.
“Aunque conozco mi dirección y mis bases, siempre quiero dejar espacio para no saber exactamente qué estoy haciendo.”
La camisa de cuadros se ha convertido casi en un código dentro de tu universo. ¿En qué momento una prenda deja de ser algo que te gusta y empieza a convertirse en parte de tu identidad?
Creo que ha sido un camino bastante natural. Supongo que empieza por verlo en mi entorno, en el pueblo, en mis tíos y abuelos, y por ser algo que a mí siempre me ha gustado vestir. Además, también la veo como un símbolo de confort, del día a día, del hogar, de la vida cotidiana, etc. Y, si se ha convertido en parte de la identidad del proyecto, diría que ha seguido su camino de manera orgánica. Aun así, tampoco diría que es el gran sello. Simplemente es una cosa más que forma parte.
Alba Melendo vuelve a estar contigo en esta campaña y, además, ha sido una persona que ha confiado en ti desde el principio. ¿Qué significa para ti haber construido esa relación con ella?
Es bonito porque es un vínculo que surgió cuando yo no buscaba nada de esto y ahí sigue.
¿Qué dirías que es lo mejor de trabajar juntos y qué has aprendido de Alba a lo largo de todo este tiempo?
Lo mejor de trabajar juntos es que los dos confiamos en la visión del otro. Ella entiende perfectamente lo que busco y me da espacio para hacer lo que quiero dentro del styling, pero al mismo tiempo entiendo su visión y me siento muy cómodo dejando que aporte sus toques y su experiencia. Y eso, de por sí, ya es algo de lo que aprender.
Cuando eres un diseñador emergente, estar bien rodeado puede cambiarlo todo. Cuando ocurre algo importante (París, una colaboración, una campaña), ¿a quién llamas primero para contárselo?
Pues mira, justamente a mí se me olvida contar las cosas. Puedo hablar con mis amigos o con mi familia y que me haya pasado algo importantísimo, pero simplemente no caigo en explicarlo. Luego, de repente, estamos pasando un rato juntos y lo suelto de rebote, sin pensarlo mucho, y es cuando se sorprenden. Pero es eso, no tengo demasiado la costumbre de contar las cosas que me pasan. Es algo que tendría que mejorar.
Se te percibe como alguien bastante transparente y muy conectado con el presente. ¿Cómo crees que esa forma de ser acaba trasladándose a tus prendas?
Qué bien que se perciba así; yo también lo creo:) Me repito bastante con esto, pero mi entorno y todo lo que veo en mi día a día forman parte al cien por cien de lo que luego hago en el taller. Soy un poco como una esponja: me gusta vivir experiencias nuevas y últimamente pusheo para que me ocurran cosas constantemente, que es un ejercicio muy interesante que he empezado a hacer este último año. Como que últimamente me expongo más y de forma intencionada a la vida. Luego estas experiencias me llevan a lugares y situaciones que acaban convirtiéndose en lore de mi vida y en recursos para mi trabajo.
En esta colección hay prendas que parecen haber vivido antes de llegar a nosotros: hilos sueltos, tejidos que parecen haber pasado por el campo, acabados más imperfectos. ¿Qué te interesa de la idea de que una prenda tenga una historia antes incluso de que alguien la estrene?
No es tanto crear una historia para una prenda antes de que alguien la estrene sino entender que detrás de esa prenda hay alguien que la ha hecho, que ha decidido cómo trabajarla, que la ha pensado para otra persona y que lleva adheridos los gustos y las experiencias de quien la está haciendo. Que se note que hay alguien. Y eso a veces se traduce en un hilo más largo que otro, en un botón cosido de una forma en la que quizá no debería estarlo o en una experimentación textil un poco más raw. Al final, es cuestión de que no sea un template de mass market.
Para terminar: ¿qué te ilusiona últimamente que no tenga absolutamente nada que ver con la moda?
Pues nada raro, me ilusiona lo que ilusiona a la gente. Pero ahora mismo me ilusiona crecer con mis amigos, pasar tiempo con ellos, estar en constante movimiento, conocer a gente todo el rato, vivir cosas que no suelo vivir, conectar con alguien a las cinco de la mañana en un antro, que pasen cosas inesperadas, los romances, poder hacer lo que me gusta, el no saber en general y un largo etcétera. Pero también el poder tener una casa, así que a moverse.

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