La primera vuelta que daba a Vías me teletransportó directamente a un paseo en solitario, ese camino donde el pensamiento se mezcla con el ruido de tus propios pasos y del entorno que te rodea. Para la segunda escucha ya me estaba adentrando en un recorrido mucho más íntimo, pausado, cargado de preguntas pequeñas y silencios largos. Este álbum de Gazella profundiza precisamente en esa sensación de tránsito emocional, planteando espacios para habitar la duda, la espera y el movimiento.
El título ya lo dice todo. Por si aún no te has enterado, Vías no es un destino sino un trayecto. Es ese camino nuevo que se forma cuando la ruta habitual ya no sirve, cuando una pérdida, una ausencia o un cambio te obliga a pisar donde nadie pisaba antes. Así suena el disco, como un espacio donde cada canción funciona como una estación en la que se puede bajar a respirar.
Musicalmente, la banda valenciana da un paso adelante. Su sonido, antes más definido por el shoegaze, ahora se expande con electrónica experimental, psicodelia y estructuras que abrazan la repetición como forma de trance, sin perder de vista la delicadeza pop.
Por su parte, las letras, sin ser crípticas, están llenas de imágenes súper potentes. Hablan del regreso, del adiós, del duelo, de esperar a alguien que ya no está. Pero lo hacen con una contención que duele más que si lo cantaran con dramatismo, porque muchas veces lo que más cala es lo que no se dice del todo.
En el primer track, Volver, la vocalista Raquel Palomino canta como quien pide perdón sin saber si alguien la escucha, y la repetición de ese mismo verbo se presenta como el intento constante y fallido de volver a algo que ya no existe. Mientras tanto, la imagen de Solsticio sugiere un momento de cambio o de umbral, y la letra lo expresa con preguntas como “si me voy, ¿tú vendrás?”. El tono es delicado y nostálgico, dejando ver la influencia del ambient y la repetición krautrock.
Kim & Jimmy, tanto a nivel sonoro como lírico, es uno de los temas más oscuros del disco. Mientras que este cuarto tema remite a la pérdida amorosa y a la confusión tras una ruptura, la llegada de Ábalo pone sobre la mesa aquella situación donde la despedida nunca se logra dar. A la vez que la canción se resquebraja en la pregunta "¿cuándo llegará el momento de decirte adiós?, uno se da cuenta de que no siempre se puede, y que a veces, el duelo es sólo silencio y mirada al vacío.
El título de Aracea, a pesar de hacer referencia a una planta, la letra habla de un “dolor aquí en el costao’”, de una herida abierta y de algo arrancado. El estribillo “llévame a la noche sombría” repite la idea de dejarse ir hacia un lugar oscuro, casi como un acto de entrega. Con Un lugar, el grupo nos regala un cierre sutil y muy emotivo. “Vamos a andar, a ningún lugar” parece resumir todo el disco: caminar por caminar, sin esperar un destino claro. Hay una cierta aceptación final, una forma de estar en paz con la ausencia.
Por esto y mucho más, Vías no necesita grandes estribillos ni momentos explosivos, su fuerza está en la constancia. En seguir andando aunque no se sepa muy bien hacia dónde y en cuidar de uno mismo cuando todo lo demás se cae. Es inevitable escucharlo y no pensar en los caminos personales que cada uno recorre, en esas rutas internas que se crean a base de memoria, de pérdida y de amor. Este álbum deja espacio para transitarlos.
Track favorito: Cielo gris.
