Virgo, estilista, amante de la música y un explorador de mundos experimentales. Estos son solo algunos de los rasgos que definen a Francisco J Rondón, uno de los nombres más destacados en la escena de la moda (y la música). Famoso por su relación creativa basada en la confianza con artistas como Danna, y por impulsar el talento latinoamericano hacia escenarios internacionales, conversamos con él sobre cómo traduce emociones en vestuario, el beautiful chaos de su día a día y por qué el criterio siempre es la pieza más importante de cualquier look.
Hola, Francisco, ¿cómo estás?
Bien, en movimiento, como casi siempre, y contento. Este año fue distinto: retó mi visión, mis procesos y hasta la expectativa que mis clientes tienen de mí. Fue exigente, sí, pero me ayudó a crecer. Avancé no solo profesionalmente, sino también a nivel personal, y eso para mí vale muchísimo.
Me imagino que a estas alturas del año ya estás por terminar los proyectos pendientes que tienes, ¿no?
Sí, estoy en los últimos detalles. Pero también estoy abriendo conversaciones para los proyectos que arrancan en enero de 2026, y eso me emociona. Estoy en ese punto donde todo se cruza: lo que termina, lo que muta y lo que empieza a asomarse. Me gusta esa sensación de cambio de piel, de limpiar, soltar, reorganizar y comenzar el año from scratch.
Primero que nada, ¿cómo comenzó todo? ¿Desde siempre has hecho estilismo?
No. Mi origen está en el periodismo, que fue lo que estudié. Eso me llevó al audiovisual, y de ahí, inevitablemente, al cine. El cine fue mi primera gran escuela: ahí entendí cómo se construye un personaje y cómo la imagen narra. Después trabajé en televisión, publicidad, videoclips, etc., y poco a poco el camino me llevó a lo que hago hoy: estilismo y dirección estética para artistas y proyectos comerciales.
¿Cómo fue tu entrada al estilismo?
Accidental pero natural. Con el cine descubrí que podía contar historias con vestuario a través de cuerpos reales y en tiempo real, me enamoré de esa posibilidad. Siempre quise formar parte de la industria musical y encontré la entrada a través de la moda. Mi trabajo siempre ha vivido entre esos dos mundos (moda y música). La moda fue, en muchos sentidos, mi puente hacia el lugar donde siempre quise estar.
Llevas una cartera de talentos muy grande, ¿hay alguien con quien te encantaría trabajar en específico?
Admiro profundamente a los artistas que construyen universos completos y que entienden la moda como lenguaje, no como trofeo. Si tengo que nombrar a alguien, Solange, por su visión integrada entre música, imagen, espacio y performance. Y Judeline, que fue de mis artistas más escuchadas este año, su universo estético me fascina. Lo que busco es una conversación creativa que abra mundos nuevos.
Principalmente llevas a Danna, ¿cómo es tu relación con ella?
Muy fluida y muy honesta. Con los años entendimos que cada era tiene su propio pulso y nuestro trabajo es escucharlo. Danna llega con ideas, referencias, sensaciones. Escuchamos la música, vemos imágenes, conversamos y de ahí empezamos a construir. Lo que más sostiene nuestra relación creativa es la confianza. Con confianza todo se vuelve posible.
Los artistas suelen estar siempre en un momento de cambio, ¿cómo ajustas esa visión y tu estilo personal a cada era?
Mi estilo personal no cambia con la era del artista; cambia con el tiempo. Lo que sí cambia es la capacidad de escuchar. Antes de pensar en ropa, pienso en emoción: ¿Quién es esta persona hoy? ¿Qué quiere soltar? ¿Qué quiere decir? Muchas veces mi trabajo es traducir emociones en vestuario. La conversación inicial se transforma en texturas, materiales, cortes y colores. A veces el lenguaje visual aún no existe. Mi trabajo es acompañar ese descubrimiento y darle forma.
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¿Cuál ha sido el trabajo del que te sientes más orgulloso hasta ahora?
De los proyectos donde historia, pieza e intención se alinean. La era Child Star de Danna fue muy coherente y me dio mucha satisfacción. Los tours también son de mis cosas favoritas: ver cómo una narrativa toma vida canción por canción es increíble. El momento en el Palacio de los Deportes con Daniela Spalla y Esteman fue especial: ver meses de ideas convertidas en un universo tangible fue emocionante. Y, por supuesto, la premiere de Wicked en México con Danna usando Iris Van Herpen. Ese momento significó mucho para mí como estilista y como punto de consolidación dentro de la industria.
Siempre hay una línea entre la amistad y la cercanía que puedes tener con los artistas; cuando las cosas salen mal o hay imprevistos, ¿cómo sueles manejar ambas partes ese equilibrio entre lo personal y lo profesional?
Con límites claros y comunicación. La cercanía puede ser un privilegio o una trampa, y uno tiene que decidir conscientemente cómo manejarla. Para mí, la clave es la honestidad: hablo las cosas, las cuido y las separo cuando es necesario. La amistad tiene un ritmo. El trabajo tiene otro. Respetando ambos, todo fluye.
¿Qué influencias alimentan tu visión creativa?
Todo. El cine, la cultura pop, la historia, la arquitectura, Latinoamérica, los archivos, lo cotidiano. Me inspiro mucho al viajar: ver cómo la gente vive en su ropa, cómo se adapta al clima, al ritmo de la ciudad. Soy observador. Un gesto, una conversación, un objeto, una calle… cualquier cosa puede convertirse en una referencia.
Cuando trabajas con prendas de diseñadores locales o latinoamericanos, ¿qué importancia tiene para ti visibilizar ese talento en una estrella global?
Es un compromiso emocional. Latinoamérica está llena de talento que muchas veces permanece en la sombra. Cuando una pieza latina viaja con un artista global, expandimos el mapa cultural, pero también es resistencia, representación y un acto político. Siempre que pueda poner una pieza latina en un escenario global, lo haré. Es mi forma de amplificar lo que somos y lo que creamos.
En los últimos looks de Danna la hemos visto usando látex, transparencias y un acercamiento a una imagen más futurista. ¿Qué te atrae de lo experimental?
Lo experimental reinventa la narrativa del cuerpo. El látex, las transparencias o las estructuras no solo visten, transforman. Me gusta empujar los límites y ver qué aparece del otro lado. A veces funciona, a veces no, pero ese ensayo y error ha ampliado enormemente mi visión sobre lo que puede ser un look.
Antes has mencionado la premiere de Wicked, debo confesar que me encanta ese look de Iris van Herpen. ¿Qué otras firmas te gusta trabajar?
Me atraen las casas que entienden la moda como performance emocional, y también me obsesionan los diseñadores que crean desde la intuición, la rabia, o la artesanía. Trabajo mucho con diseñadores independientes y estudiantes de diseño. Me gusta ver qué están pensando las nuevas generaciones, acompañarlas, darles plataforma. Claro que trabajo con grandes casas, pero apoyar a quienes están empezando crea vínculos creativos muy valiosos.
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¿Tienes un proceso creativo rutinario cuando diseñas un atuendo para Danna?
Todo empieza con una conversación profunda y honesta. Después construyo un universo visual: palabras clave, imágenes, texturas, referencias. Luego viene el proceso silencioso: observar, probar, ajustar. Un look no se impone, se revela. Ese momento donde todo hace clic es de los más mágicos, especialmente cuando lo descubres junto al artista. Al final, ese look es la síntesis de ideas que estaban en la cabeza del artista. Mi trabajo es traducirlas correctamente.
Desde tu punto de vista, ¿cómo ves el panorama de la industria de la moda, especialmente con la gran variedad de contenido e información? ¿Crees que puede llegar a saturar?
La moda va hacia narrativas más personales. Es identidad, expresión, juego, experimentación. Lo importante es limpiar el ruido y encontrar lo propio. Estamos en un momento rico donde las nuevas generaciones están más dispuestas a explorar los límites de la identidad por medio de la moda.
Hablando de saturación, como estilista el trabajo es muy demandante, ¿cómo haces para despejarte cuando estás al borde?
Ordenando. Soy virgo, ordenar me centra. En proyectos grandes, organizar el rack es casi terapéutico. Cuando veo todo el universo frente a mí, puedo empezar a crear. En mi vida diaria, ordeno mi casa y tomo momentos para disfrutar del ocio. Mis amigos, el cine y la música también me sostienen. Escucho música todo el día, me alimenta emocional y creativamente.
He trabajado como estilista y sé lo difícil que es: estar de un lado a otro, cargando maletas, horas de planificación, imprevistos, etc. Ahora me imagino que para ti es ya algo habitual, ¿no?
Absolutamente. El estilismo es caos, maletas, ropa, imprevistos… un beautiful chaos. Tengo un equipo increíble que me ayuda, pero siempre habrá algo inesperado. Lo importante es mantener la narrativa intacta aunque todo alrededor se mueva. Respirar y seguir.
Aparte del estilismo, ¿hay alguna otra parte creativa que te gustaría explorar?
Estoy trabajando en proyectos donde moda y narrativa audiovisual se encuentran. Quiero expandir el styling hacia universos más completos: shows, experiencias, contenido, storytelling digital. Mi estudio está creciendo hacia ese lugar y ese proceso me emociona muchísimo.
Si pudieras dar un consejo a la gente que quiere empezar como estilista, ¿qué le dirías?
Que cultive criterio antes que estética. Que observe, lea, investigue. El estilo nace del criterio, no al revés.
¿Tienes algún otro proyecto personal o profesional con vistas al 2026?
Para mí, 2026 es un año de expansión. Quiero llevar mi trabajo a nuevos mercados, consolidar mi estudio como plataforma creativa y desarrollar proyectos propios donde moda, música y narrativa convivan. Este año me uní a W Management, y junto a María, mi agente, estamos planeando cómo llevar mi carrera al siguiente nivel. Quiero proyectos más grandes, colaboraciones globales y lanzar piezas propias en alianza con marcas establecidas. Todo está en conversaciones, y espero que 2026 sea el año en que esas visiones se vuelvan realidad.
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