Cerveza y vino, panderetas, gheada y una camiseta de Iago Aspas. Como salir un jueves por zona vieja en Santiago. Por una noche, casualmente de jueves, La Realidad dejó de ser una sala en el centro de Madrid para convertirse en una especie de delegación gallega a cargo de Fillas de Cassandra.
La presentación del disco ya empezó dos semanas antes en la Fundación Granell (Galicia) e Infinito Delicias (Madrid). Bajo la firma de As dúas e punto, las capitales tuvieron su propio juego de las sillas: doce sillas en círculo, cada una con su canción. Quienes entraran, podían pasearse por la portada del disco a la vez que lo escuchaban en primicia. Ayer la cosa fue diferente. La sala era pequeña, pero no en plan ‘no llega’, sino ‘aquí tiene que ser’. Ahora no había doce asientos: solo un escenario, dos sillas y dos voces celestiales. Y mucha música. Sonaban The Rapants, Tanxugueiras, Boyanka Kostova… todo da terra. Pero las que iban a sonar más serían María y Sara. 
El directo duró lo justo y dijo lo necesario, como una buena charla. Sala llena pero con ese punto de reunión privada. Y es que todo parte de esa idea: de la necesidad de reunirse, de cuadrar para volver a verse las caras y, si se puede, arreglar el mundo charlando un rato. Lo dividieron en tres actos, como si de una obra se tratase. Hubo canciones que cantaron solas, otras que acompañaron con el público, rompieron la distancia para bajar a bailar con los suyos… el valor de comunidad en su máximo esplendor.
Y claro, todo esto cobra sentido al escuchar Tertúlia, el segundo álbum de las viguesas tras el éxito de Acrópole. Cambian el foco pero no el fondo. En su debut tiraban de mitología para explicarse; ahora, abrazan la intimidad, la comunidad y el afecto como forma de resistencia. Con doce canciones y una producción de la mano de Çantamarta, el disco juega con dos mundos. Hay temas como cuchicheo o bUCÓLICA que apuestan por la electrónica de baile y la energía, con un punto de agitación. Y otros como Filla filliña o am0r que marcan un descanso emocional tras la fiesta para ordenar lo que llevamos dentro. 
Sus letras se convierten en preciosas declaraciones a amigas que no ven desde hace tiempo, pero también en crudas verdades y protestas. Entre medias, aparecen las colaboraciones con Pipiolas, Abraham Cupreiro (quien tenía un instrumento ideal para el tema), Zetak y Ede. También figuras feministas como Ana Mendieta en Alboroto o Maruja Mallo y sus Verbenas. La tertulia acaba con lodos, escrita con dos copas de vino blanco para juntar ambos mundos y animar a las amigas a lanzarse a vivir.
Si buscas en el diccionario gallego, ‘tertulia’ no aparece por ningún lado. Un concepto tan importante y reivindicativo (porque sí, es necesario sentarse a hablar) no existe para la RAG. Después de tremendo disco, ya pueden ir apuntando los catedráticos: Tertúlia, sí, con tilde en la ‘u’ como nuestros vecinos portugueses. La tertulia tiene muchas formas y espacios. De momento, el próximo será el Recinto Feiral de Pontevedra el 9 de mayo, el inicio de una gira que nos tendrá con el ‘bla bla bla’.
Track favorito: am0r.