Hay algo en la manicura que sigue sin entenderse del todo. Quizá porque se ha reducido durante demasiado tiempo a lo superficial, a lo decorativo, a lo accesorio. Jonathan, o Filhodokoro, lo sabe. Lo ha visto durante años en la forma en la que se habla, o no se habla, de su trabajo.
Para él, la manicura nunca ha sido solo técnica. Es tiempo compartido, constancia y repetición. Una relación que se construye a lo largo de semanas, meses, años y donde todo tipo de influencias hacen de su trabajo una auténtica dirección creativa. Inspirado por las pop stars Disney de su infancia, las Bratz, las raperas estadounidenses y Madrid Sur, cada set que sale de su estudio lleva consigo una parte de él. 
Cariñoso y con su carisma natural, Jonathan me abre las puertas a su mundo: su habitación. Allí me reciben una bandera de Latto, perfumes árabes y su mesa de trabajo. “¿Quieres que te haga algo en las uñas mientras hablamos?”, me pregunta, y es así como empieza nuestra conversación. 
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No, no, gracias (risas). Encantada de entrevistarte, Jonathan.
¡Y yo de estar contigo hoy!
¿De dónde eres?
De Madrid, Madrid Sur. He vivido aquí toda la vida.
Antes de entrar en lo personal, vamos con unas preguntas rápidas para conocerte mejor. ¿Te parece?
Sí. Me das miedo, tía (risas).
¿Cuadradas o almendradas?
Siempre cuadradas. Almendradas jamás.
¿Atlanta o Miami?
Atlanta for life. Magic City.
¿Mariah o Latto?
Latto. Big mama. Siempre big mama. Period.
Y una un poco más seria, ¿a quién no le darías cita?
Una persona que no entre dentro de mis valores no entra ni en mi estudio ni en mi vida. Aquí solo queremos baddies que huelan bien, a vainilla y coco (risas).
Bien, ahora a lo profundo. Cuéntame cómo era Jonathan de pequeño.
Estaba en su mundo. Se pintaba las uñas con los pintauñas de su abuela, era un enamorado de Hannah Montana, con el pelo largo. Muy a lo suyo, muy metido en sus propias fantasías.
¿Y eso cómo era recibido?
Mi familia me ha aceptado siempre tal y como soy. Soy quien soy por ellos. Fuera igual no, pero en casa me enseñaron a respetarme. En el colegio hubo una temporada mala, de bullying. Es lo que me ha hecho más fuerte ahora. I’m the one, not the two. Sé que si recibo hate no moriré. No voy a cambiar por nadie, soy quien soy.
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¿Hubo alguien (una mujer, un referente, un entorno) que marcara tu forma de mirar la estética y la belleza?
He crecido rebuscando en el baño de mi abuela. Iba allí y volvía a casa lleno de joyas y maquillaje en la mochila. También crecí con todas las pop stars Disney, con las Bratz, etc. Siempre he querido ser quien soy ahora.
También has tenido mucha influencia estadounidense, ¿no?
Siempre. Empecé con clases de inglés y horas en YouTube. Luego llegaron Lady Gaga, MTV, Bad Girls Club, Atlanta y todo su submundo: Kanye y Kim, Future, su ex, las baddies con abrigos de pelo, Morphe, volumen ruso, etc.
Referentes de uñas fuera de España, ¿cuáles dirías?
Nailson7th, que es la que hace a Cardi. Me parece un espectáculo cómo lo defiende y cómo Cardi la apoya. También mi amiga Nikki Panic, de Londres. Japonesas tengo varias guardadas que están completamente locas. Pero en España también hay muchísimas chicas guays, muchísimo nivel.
¿Y tú te imaginas trabajando fuera de España algún día?
Sí, es mi sueño. Algo tipo ATL, como los tatuadores: un tour de uñas. Irme a Londres un par de semanas, hacer uñas y volver, sin dejar a las mías aquí, porque soy quien soy por mi gente.
¿Qué diferencia notas entre la industria de aquí y la de fuera?
Fuera, la industria es otra cosa. Aquí todavía no hay eso. En Londres puede haber veinticinco, treinta o hasta treinta y cinco manicuristas en un desfile. Más que las uñas, es la industria en general. Cuando haces espacio, se valora más todo (maquillaje, pelo, etc.). Aquí no se mueve lo mismo que en Nueva York. Es un tema de alcance.
¿En qué momento decidiste apostar por Dokoro nails?
Mi mejor amiga hacía uñas y me enseñó. Sería 2021. Hice varios cursos y poco a poco fui refinando mi estilo y llegué a la gente a la que quería llegar. Ya van casi cinco años desde entonces. 
¿Cómo fue empezar siendo gay y chico?
Cuando se habla de uñas, siempre se imagina a una chica, y no todas las cosas tienen un género. Yo lo he llevado a mi terreno. ¿Qué chico hace uñas en España como si fuera una estadounidense? Pues yo (risas).
“Las uñas son un lujo. No solo por el dinero, sino por el tiempo, por el curro, por todo lo que hay detrás.”
¿Qué significa para ti ser manicurista?
El diseño siempre me ha encantado, de hecho mi sueño es trabajar en una revista. Y todo eso conecta mucho con lo que hago ahora. Si vienes a mi casa a hacerte las uñas, no voy a copiar algo, voy a intentar plasmar una visión. Por eso casi nunca pido un diseño cerrado. Prefiero investigar, hablar contigo, entenderte. Para mí es un trabajo a dos. En ese sentido, ser manicurista es trabajar de la mano del cliente y dirigir creativamente el proceso entre los dos.
¿Hubo algún momento en estos cinco años en el que pensaste en dejarlo?
Dejarlo como tal, no. Pero sí hubo un momento en el que pensé: vale, esto va en serio. Ya no era solo hacer uñas a mis amigas. Empecé a trabajar con gente que no conocía, con proyectos más grandes, con artistas, y ahí hice el clic. Me di cuenta de que tenía que tenerlo todo bien montado porque ya no era un juego. Estás trabajando con gente potente, con clientas que esperan un nivel y tienes que responder. Empecé a desarrollar mi estilo día a día, aprendiendo técnicas nuevas.
A medida que has ido creciendo, ¿has tenido que decir que no a gente?
En realidad, no tanto. Siempre pongo por delante a las personas que confían en mí. Me da igual si cantas, bailas, eres modelo o a qué te dediques: quien está aquí conmigo tiene nombre y apellidos, eso lo tengo clarísimo. Si ya he dado una cita y después me llama otra persona, aunque sea la presidenta de Estados Unidos, lo primero es ver si quien ya está agendada puede o quiere moverse. Y eso es algo muy bonito y muy importante, porque gracias a la gente del día a día estoy donde estoy ahora. Hay chicas que llevan conmigo cinco años, me han visto desde el principio.
¿En algún momento te imaginaste que llegarías a crear ese tipo de conexión con ellas?
Sí, pasamos mucho tiempo juntas, no es una cita rápida. Pueden ser dos, tres o incluso cinco horas, y eso crea vínculo. Desde el principio hablamos de qué quiere la clienta y de su presupuesto, y lo adaptamos para que salga de aquí feliz. Y luego ya es nuestro momento: música, un podcast, a veces una peli. Hay días que hablamos mucho y otros que no, y todo está bien. Al final es un poco terapia y tiempo de chicas.
¿Cuánto se habla aquí que no se habla en otros sitios?
Mucho. Somos terceras personas que no formamos parte directa de su vida, y eso hace que muchas se abran como si estuvieran con un psicólogo. Es la magia del secreto del manicurista. Además, la gente cree que soy serio, pero luego soy una desquiciada (risas).
¿Cómo ves la comunidad hoy en día?
Está cambiando mucho. Ya no es ‘yo hago uñas y soy la mejor’. Nos apoyamos, nos comentamos, nos respetamos. Cada una con su nicho. Y todas compartimos el respeto por el trabajo de la manicurista. Las uñas son un lujo. No solo por el dinero, sino por el tiempo, por el curro, por todo lo que hay detrás.
¿Qué opinas de las influencers que abren salones de uñas?
Me parece bien. No sé qué hay detrás de cada una, pero si les gusta, pa’lante. Gracias a eso, muchas manicuristas cogen nombre. Al final crean industria. Me parece lícito.
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Has acompañado a varias artistas de tour. ¿Cómo es un día de gira?
Es confianza absoluta. Con La Zowi o con Juicy Bae ya es amistad. Llegas, hay que prepararse, haces uñas mientras están peinando, maquillando, vistiendo. Vemos series, hablamos, comemos. No cualquiera se lleva a un manicurista de tour, y eso dice mucho del cariño y del respeto al trabajo.
¿Cuándo fue el primer, ok, I made it?
Tokischa en 2022, el videoclip de Orgasm de La Zowi, trabajar en la fashion week de Londres… Todo eso fue muy fuerte. Y de repente todo pasó seguido, pero siempre ha sido orgánico. Nunca forzado.
¿Qué le dirías a alguien que no se siente aceptado y quiere empezar algo creativo?
Que se arriesgue. Que aprenda. Que se forme. Que entienda que todo cambia. Aquí no puedes quedarte quieto. Hay que renovarse siempre.
¿Y qué le dirías a tu yo de hace diez años?
Le diría que he conseguido ser una Bratz, que se prepare. No le daría consejos. Todo lo que pasó me trajo hasta aquí. Si hubiera sido más fácil, igual no estaría donde estoy.
Última y obligatoria, ¿manifestaciones para 2026?
Prefiero no decir mucho. Soy un poco supersticioso. Pero una cosa tengo clara: lo que es para ti no te lo quita nadie. Los tiempos de Dios son perfectos. En cuanto a estilo, me encantaría hacer algo más fino, más elegante. Algo tipo Rossy de Palma o Penélope Cruz. Demostrar que no solo sé hacer uñas XL con pedrería, sino también uñas delicadas, con detalles más sutiles y cuidados.
¿Quieres hacer algún shout-out?
Sí. A todas mis clientas y a todas las chicas de la industria que confían en mí: Bea Pelea, La Zowi, Juicy, L0rna, La Blackie, G-La Sosita, Física Mr, Taichu, Metrika, Kristina, euskoprincess… A todas las que han pasado por mis manos, han confiado en mí y en mi arte, y a las que están por llegar. Sin vosotras no sería nada. Dokoro girls for life.
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