Felipe Pirazán tiene esa calma eléctrica que aparece solo en quienes viven entre dos fuerzas: la intensidad del set y la delicadeza de lo íntimo. En él conviven el vértigo y la serenidad, una mezcla que parece sostenerlo siempre a mitad de camino entre la entrega absoluta al personaje y el cuidado profundo por no perderse dentro de él. Tras el éxito inesperado, y quizá abrumador, de la primera temporada de Punto Nemo (Prime Video), Felipe vuelve al rodaje con otro peso en el cuerpo: el de quien ya ha tocado fondo en pantalla y ha sobrevivido, el de quien regresa más firme, más consciente, más dispuesto a mirar de frente las grietas emocionales que su personaje arrastra.
Habla despacio, como quien sabe que cada palabra puede abrir una puerta o cerrar una herida. Y aun así, hay una luz tranquila en su mirada, una claridad que no necesita imponerse. Conversar con él es entrar en un terreno donde lo profesional y lo personal se rozan sin miedo. Esta entrevista nace desde esa honestidad suave, como un respiro entre rodajes, un pequeño refugio antes de que la cámara vuelva a encenderse.
Acabas de terminar el rodaje de la segunda temporada de Punto Nemo, después del éxito enorme de la primera. ¿Cómo ha sido volver al set con un personaje que ahora tiene aún más peso en la historia?
Es la primera vez que retomo un personaje y ha sido toda un experiencia por muchos motivos. La segunda temporada empieza donde acaba la primera, y desde ahí ha sido muy gratificante volver a darle vida a Marco, mi personaje, habiendo pasado por todo lo que ha pasado.
¿Qué fue lo que te movió a decir ‘sí’ a esta segunda temporada? ¿Hubo algo del arco del personaje que te enganchara desde el primer momento?
Definitivamente esta temporada viene fuerte en cuanto al desarrollo de todos los personajes. Marco se redime con todo su pasado y con el hecho de por qué ha acabado en esa isla. El sentimiento de culpabilidad es un claro factor determinante en su arco de personaje. Marco se convierte en esa luz al final de túnel y ha sido muy divertido estar en esa energía.
En esta nueva entrega tu personaje crece, se abre, se complica. ¿Dónde sentiste que estaba el mayor reto: en lo emocional, en lo físico, o en la relación con los otros personajes?
Al principio en lo emocional porque tiene que procesar todo lo que ha pasado. Él se pensaba que iba a ser un trabajo fácil y de repente le da todo un vuelco de ciento ochenta grados. También llega un personaje nuevo que es clave en su desarrollo en esta nueva entrega. Ha sido algo muy especial y nuevo para mí a nivel profesional.

¿Hubo algún detalle del rodaje (una escena, un gesto, un día concreto) que se te haya quedado adherido incluso después de terminar?
Lo primero que me viene a la cabeza es un día que estábamos todo el elenco principal rodando una escena del primer capítulo, donde se nos empezó a ir la olla progresivamente a todos porque era una escena larga y donde teníamos que pasar por muchos sitios. Sumándole el hecho de que era en la playa y subía la marea todo el rato. Acabamos en un ataque de risa grupal.
En 2026 también se estrena Los justos. ¿Qué te atrajo del proyecto?
Que mi personaje es la sorpresa final que no te esperas y que representa al espectador viendo la película. Muchas ganas de ver el resultado final. Trabajar con Fer y con Jorge fue muy bonito.
El año viene cargadito: Els mals noms, recién presentada en Sevilla, seguirá girando por festivales. ¿Cómo estás viviendo esta etapa tan ligada a proyectos que pasan por festivales y que generan conversación antes incluso de estrenarse?
En concreto, este proyecto creo que va a dar mucho que hablar porque trata el tema de la intersexualidad, que es algo muy invisibilizado y un tema del que no se habla con frecuencia.
Els mals noms tiene un imaginario muy particular. ¿Hubo algo en su universo, su estética o su manera de narrar que te resonara especialmente mientras la rodabais?
Lo que más me gustó fue pensar en todo el arco del personaje protagonista. Transitar por todo eso delante de la cámara me parece un reto. A nivel de fotografía estaba muy claro y creo que acompaña a la historia.
“Hacerte responsable de según qué narrativas puede ser un reto. Vivimos todavía en un mundo en el que tener referentes es muy necesario.”
Estrenas también Ravalear, la primera serie de Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta. ¿Cómo fue trabajar con dos directores con miradas tan potentes y tan distintas?
Honestamente fue un regalo. Cuando me lo confirmaron no me lo creía. De entrada, los guiones ya te adentran en todo el universo de la serie, que es el presente en cuanto al tema de la vivienda, los okupas y el poder de la unión familiar.
En los últimos años te has movido entre universos muy diferentes: thriller, drama íntimo, propuestas más autorales. ¿Qué pesa hoy en tu criterio cuando decides aceptar un proyecto?
Me gusta leer un guion que me atrape, dependiendo totalmente del género. Me pasó en su momento con El aspirante o Tribu. Guiones que me apetezca rodar al momento. A nivel actoral me encantaría explorar lo íntimo y el thriller.
¿Sientes que tu relación con los personajes (cómo los lees o cómo los construyes) ha cambiado mucho desde tus inicios?
Totalmente. He notado el cambio desde el hecho de la experiencia y el haber interpretado personajes muy diferentes de lo que soy. Siento que cada vez voy interiorizando diferentes herramientas que me sirven en un momento u otro.
Mirando tu evolución, ¿qué dirías que ha cambiado más en tu forma de trabajar? ¿La técnica, la manera de escuchar, la paciencia, la intuición…?
La intuición siempre ha sido mi primer paso a la hora de trabajar. Estos años he aprendido a observar y a escuchar mejor a mis compañeros. Hago todo lo posible por estar presente y por desarrollar mi parte creativa a la hora de rodar una escena. Me hace sentirme parte de lo que estoy haciendo, no me gusta sentirme un títere diciendo frases que me he aprendido.

A menudo te mueves entre proyectos que exploran zonas liminales, márgenes, fisuras. ¿Qué encuentras ahí que quizá no encuentras en relatos más convencionales?
Pienso que es donde está lo interesante de cada proyecto. Sea de un proyecto de carácter más social, histórico, de actualidad o de puro entretenimiento. En los márgenes está el debate y el conflicto. Eso te tiene que remover o hacer empatizar de alguna manera. También es divertido verte en situaciones en las que en tu vida ni te imaginarías. Ahí está el juego.
¿Hay algún tipo de responsabilidad, o deseo incluso, de formar parte de ficciones que cuestionen, que incomoden y que abran conversaciones?
Sí, creo que tenemos la posibilidad de exponer historias que reflejan el tipo de sociedad en la que vivimos. Hacerte responsable de según qué narrativas puede ser un reto. Vivimos todavía en un mundo en el que tener referentes es muy necesario.
Más allá del trabajo, ¿qué problemáticas actuales te atraviesan como persona y como artista?
Como persona joven que intenta hacerse un hueco en esta industria y que todavía estoy descubriendo quién soy, hay mucha incertidumbre en cuanto a mi futuro. De la misma manera que posicionarse y tener una reflexión sobre el mundo en el que vivimos es un acto de valentía.
¿Hay algún tema, algún territorio narrativo que te gustaría explorar porque sientes que aún no se está contando como debería?
El terror. Es un género que me apasiona desde pequeño, da mucho juego y puede ser muy atractivo para el espectador.
Y mirando hacia adelante, con todo lo que llega en 2026, ¿hay algún personaje, registro o territorio creativo que todavía no hayas probado y que te apetezca muchísimo abordar ahora?
Me muero de ganas por crear un vínculo emocional e íntimo con otro personaje. Me apetece enamorarme y hacer algo más contenido delante de la cámara. También es verdad que los personajes con cierta oscuridad me atraen mucho y ojalá algo que implique la corporalidad y mi expresión física.

