Álvaro García es la mente detrás de F. de Luiggi, un proyecto musical y performático que lanzó su primer disco, La vida de Luiggi: El musical, hace poco más de un mes. Una mezcla de indie, electrónica y teatro donde el concierto se convierte en una obra interactiva y un ritual pop. Caos, humor y crisis se unen para construir un relato que celebra el fracaso y el delirio, explorando un sonido fresco y onírico, siempre desde lo absurdo y la locura. Con F. de Luiggi, cada show se convierte en una experiencia única: el público forma parte de la obra y lo cotidiano se transforma en performance.
Hace unas semanas presentabas el nuevo álbum en la Heliogàbal. ¿Cómo lo recibió el público? ¿Cumplió tus expectativas? 
Mi pretensión con este álbum era conseguir que la gente se divirtiera, ¡y lo hizo! Hicimos sold out, había mucha expectación porque llevo dos meses promocionando el show. Yo vi a la gente contenta, fue un delirio absoluto. 
Además, como parte de la performance, se practicó esgrima. ¿Cómo surgió esta idea? 
Quería poner elementos del teatro clásico. Quería representar la idea de pasar un duelo con un duelo real, un duelo de esgrima. A pesar de que el álbum tiene una identidad medieval, no era seguro hacer un combate con espada larga. Investigué y lo más seguro para hacer en una sala de conciertos es un duelo de sable húngaro. Agradezco a Escola Hungaresa de Esgrima por cederme el material.
Insistes en que no es solo un concierto, sino un ritual pop. ¿Qué tiene que pasar para que un concierto se convierta en ritual? 
Me interesa la idea de meter en el mundo de la performance a las personas que vienen a ver una. Quiero que se lo pasen bien y estén tranquilas. Si le doy la mano al público y lo llevo a un lugar en mi obra, la gente se siente parte de esa obra. Este ritual es una parte indispensable de mis piezas. La gente no viene a ver mi delirio, quiero que venga a delirar conmigo, así estamos más conectados y es algo más colectivo. No se puede grabar, hay que vivirlo. También por eso se reparte jamón a mitad del concierto. Quiero que sea una experiencia, no un concierto que puedas poner en YouTube. La vida de Luiggi hay que vivirla.
La vida de Luiggi: El musical está compuesto por nueve canciones. ¿Cómo se estructura narrativamente el álbum?
Se supone que Luiggi es el espíritu de la crisis y el delirio, y su mayor poder es darte un empujoncito para salir de una crisis (y meterte en otra). La Intro te da la mano hacia la madness. Mamá y Papá te hacen nacer en este mundo. La vida de Luiggi te lo enseña. El lechero (The Milker) te da de comer. El Dr. Jamón te presenta un personaje místico que viene a curarte las heridas. Que te jodan es ese picor que sientes cuando las cosas se curan. El imparcial es una despedida de las crisis. Y Mis hermanos es un paso hacia delante de este nuevo mundo. Tachán es un final para que des un paso adelante hacia la normalidad de nuevo. Es como un túnel de delirio, como cuando tienes un momento bajo en tu vida, te tiñes las cejas de amarillo y dos meses más tarde ves las fotos de cuando estuviste un poco de la olla pero te fue genial.
“La gente no viene a ver mi delirio, quiero que venga a delirar conmigo, así estamos más conectados y es algo más colectivo.”
F. de Luiggi es un personaje que personifica la crisis. ¿Qué crisis estás pasando tú ahora mismo?
La de la vivienda. También la de tener varias crisis a la vez, la de las gestiones emocionales en Barcelona y, sobre todo, la de que hay cosas que ya no voy a entender nunca.
Cuando la crisis se acabe, si es que lo hace, ¿crees que el personaje seguirá existiendo o desaparecerá con ella?
El personaje lo he construido para contar historias delirantes una tras otra. Esto solo es el principio de cómo funciona este supuesto sistema de delirio absoluto. Ya estoy trabajando en La vida deluxe.
¿Por qué el nombre F. de Luiggi?
Leí un libro llamado La piedra de la locura. Llamaban a la locura Fou. Durante mucho tiempo tuvimos un lampista en casa que se llamaba Francisco y tenía unos ojos como si fuera el protagonista de El perfume, ojos sin fondo. Fumar empieza por F. (Casi) todas las cosas que empiezan por F incluyen un poco de locura, crisis, delirio.
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Detrás del personaje hay una construcción estética muy definida. ¿Quiénes han participado en la creación de la imagen y el universo visual?
Las mejores. Noelia Cabrera ha hecho la dirección artística de todo este disco y Helena Garriga las fotos. Todo viene de un día en el que fui a hacer un combate medieval con armadura cuando estaba desempleado. Gracias, Sordibus Medieval.
¿Dirías que F. de Luiggi es una máscara para protegerte o un recurso para exponerte aún más?
¡Sí! Es como una armadura robusta y pesada que me protege. Hacía años que buscaba una forma de performar o de expresarme sin toda la presión de hacerlo bien. He encontrado esta fórmula de hacerlo mal muy bien para tener una excusa para que haya problemas en el escenario. Me siento una persona muy sensible a la crítica y a la mínima me hundo.
El cringe y el humor ácido son elementos esenciales en este proyecto. ¿Qué papel juegan?
Un papel esencial: estar intelectualmente por debajo de la supuesta academia del arte elevado y ponerme al nivel del público. Así creo que se genera una sensación ácida. Quiero que la gente piense, yo podría hacer eso, pero cuando de verdad piensan en hacerlo, no lo harían jamás. A mí me parece inspirador. Sales de LVDL pensando que puedes hacer un montón de cosas creativas porque si este (yo) lo ha hecho, yo también puedo. ¡Supongo!
“Me da miedo que la gente me vea y piense que soy un patán, pero más miedo me da el dolor de cuerpo que me genera no moverme.”
Te expones sin miedo a ser juzgado. ¿Siempre has sido así o hay un trabajo detrás?
Hay un motor que me empuja a hacer cosas y no puedo pararlo. Me da miedo que la gente me vea y piense que soy un patán, pero más miedo me da el dolor de cuerpo que me genera no moverme. Durante un tiempo me contuve de exponerme en el instituto y tuve que pagar mucha terapia. No exponerse sale caro.
¿Cómo te describirías hoy, tanto como artista como persona?
Como un tío muy bailongo.
Vienes del ámbito de la comunicación y la microcelebridad en internet. En Instagram tienes una serie titulada Limpiando sofás de gente random. ¿Qué tienen de especial los sofás? 
Que la gente lave sus sábanas y no sus sofás. Es una metáfora (?). En la intimidad nos lavamos mucho, pero nuestro exterior puede estar muy sucio si se ve que está ordenado.
Para cerrar: si F. de Luiggi pudiera dar un consejo hoy, ¿cuál sería?
Hay que mirar el váter después de hacer el dos y pasar la escobilla porque la suciedad genera más suciedad. Uno más, robad en el Carrefour. Uno más, si en una conversación eres la víctima, el verdugo o el salvador del problema, estás en un bucle de drama. Sal de ahí.
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