Está cayendo el sol sobre el mar de Lanzarote. Rodeados de piscinas de sal en tonos de ocre, y acompañados por el fuego de la leña y las velas, contemplamos a Eva Ruiz. A eso hemos venido hasta aquí. Ella canta mientras desfila descalza por la pasarela, envuelta en un largo de gasa negra que se funde con el imponente viento. La presentación de Agua salada es un momento muy especial para su carrera, muy íntimo. Tanto es así que aun siendo prensa, nos rodean los propios familiares y amigos más cercanos de Eva. Un enclave único que incluso antes de que suene la música, ya nos habla de la importancia de este proyecto para ella.
Es un placer estar invitados a tu presentación en un lugar tan mágico como las Salinas de Janubio. Aquí también has grabado el videoclip de Santa Cruz. ¿Qué simboliza para ti la sal?
La sal es pureza, es limpieza. Te recarga, te sientes renovado cada vez que estás en contacto con ella. Por eso también hay tantos rituales que se hacen con sal. Para mí, tirarme al mar a nadar o surfear siempre ha sido una manera de no pensar en nada. Es el único sitio donde mi mente se teletransporta a otro lado y desaparece todo lo malo.
La sal puede ser también la oposición al azúcar. De hecho, utilizas esa antonimia en el estribillo de Santa Cruz. ¿Tú te sientes, de algún modo, ‘antidulce’ o le das una dimensión distinta?
Le doy una dimensión distinta, me encanta el chocolate. Créeme, tengo un problema con el chocolate.
Bueno, ¡está muy de moda el chocolate con sal!
Es bonito tener esa balanza en la vida, lo que te da la sal y lo que te da el azúcar. Es una combinación perfecta.
Llevas once años sin sacar música, y el disco tiene once canciones. Entiendo que en ese proceso, tu acercamiento sea mucho más maduro. Pero me gustaría ir más allá. Si tú fueras la periodista musical, ¿en qué crees que ha cambiado la música de Eva Ruiz?
Sí he sacado singles y canciones sueltas durante estos años. Una de las principales razones por las que me fui a Estados Unidos fue para expandir mi mente y mi creatividad, escuchar y vivir. Necesitaba vivir para poder contar. Encontré un crecimiento ahí de niña a mujer, cambió la manera en la que me veía como artista. Dije, wow, soy mucho más capaz de lo que me imaginaba. Empecé a producir mis propias canciones, a tocar muchos más instrumentos, a sentir curiosidad por cosas nuevas o que antes veía inalcanzables. Me abrió muchas puertas.
Sí, ¿pero cómo se materializa a nivel sonido?
En encontrar quién soy. Muchas veces los artistas intentamos buscar donde no hay, y para mí la respuesta era esta: de dónde vengo, mi raíz. Esta es la esencia de lo que soy, una mujer canaria con ascendencia norteafricana y rodeada de cultura latina. También la influencia de mi abuela, que era de Algeciras y cantaba flamenco. Hacerme la pregunta de quién soy me dio las respuestas que necesitaba para acabar este proyecto.

He escuchado que hay algo de bachata y R&B. ¿Con qué mas te has atrevido o qué más puede sorprendernos al escuchar a Eva en Agua salada?
He encontrado esa balanza en la que da igual lo que haga, soy yo. Si hago una bachata o una balada tocando el piano, me siento yo. Antes tenía miedo pero siento que el proyecto entero coexiste.
Es hermoso lo que dices y es muy importante superar barreras en lo creativo (y con todo). Pero sigo curiosa con esa identidad musical. ¿En qué te encuentras?
En la libertad y en la búsqueda de esa libertad, en mi cultura. Por eso está en el proyecto DJ Spinall, para aportar el elemento saharaui. Mi familia creció en el Aaiún y la canción representa mucho mi dinámica familiar y ese matriarcado. Con Dalex tenía que irme a un R&B, que es parte tanto de su raíz como de la mía. Pero también la bachata y el merengue que he escuchado toda mi vida en las verbenas. Ya no siento que ‘solo pueda’ hacer algo.
Hablas de Dalex, de DJ Spinall y he escuchado algo más de Maikel Delacalle. ¿Cómo ha sido la selección de featurings?
Con Maikel hicimos Quiero contarte, el soundtrack para Culpa tuya. También Ahora que puedo, que escribí en mi habitación con dieciséis años, es una balada que fue soundtrack de Culpa mía. He tenido el privilegio enorme de trabajar con Dre Harris, que ha trabajado con Kehlani y con Michael Jackson. O Fridayy, un artista que adoro y ayudó en la composición. He podido trabajar con muchos artistas que adoro y admiro.
Cuéntame algún secretito más sobre Agua salada, porfa. Siento que las letras tienen mucho peso, hay mucha sensibilidad ahí.
Pues mira, no te equivocas (risas). Foreva, por ejemplo, es una carta a mí misma, a cuando era pequeña.
¿Y Amor de los de antes? Se siente muy especial.
Sí. Me atreví a hacer las trompetas con mi voz y las dejamos así para combinar improvisación salsera con ese momento. Cuando estábamos creando esa canción, vino a mi mente una carta que mi madre le escribió a mi padre, una poesía. Por alguna razón que desconozco, la memoricé de pequeña. Estábamos en el estudio probando y se me ocurrió cantar por encima de la melodía. Y así se quedó, con la primera toma de grabación. Si tuviera que decirte una de las partes que más me pone los pelos de punta de este álbum sé que es ese cachito.
Ahora que llevas esta vida de superestrella, ¿ha cambiado tu relación con tu entorno familiar? ¿Cómo se siente volver a casa?
Igual, por eso sigo volviendo. Está todo exactamente como estaba, y eso es lo más fuerte y lo más bonito. Necesito que mi realidad se mantenga así de estable para que tenga sentido. Me siento muy agradecida de tener un hogar.




