‘Gravitas’ significa peso. En la Roma antigua se utilizaba para hablar de autoridades que se caracterizaban por su dignidad, su estatus. El sexto disco en solitario de Elio Toffana es una confrontación del artista con su parte más humana y con su propio legado. El resultado de esta disputa es un derroche de sinceridad e intimismo envuelto en una raperada muy heavy, que nos transporta también a sus años más jóvenes (bajo presión).
Las letras del disco se cuelan en el salón de la abuela de Elio. Son los kilos escondidos bajo el colchón en Aluche y también las fotos de los que ya no están. El artista madrileño reconecta con sus memorias para transportarnos a algunos de los pasajes más oscuros de su vida, con esa perspectiva crítica que ha constituido su sello durante décadas. Reside ahí el acierto del álbum frente al anterior, Aliens, que pecaba de un concepto tanto más superficial. La obsesión sistemática por los charts es veneno para el artista, especialmente para aquel que no busca un posicionamiento, sino su perdurabilidad. Paradójicamente, “sufrir te hace sexy”, como se adelanta a decir el propio Elio en Estos golpes.
La selección de featurings destaca por su equilibrio, que, si bien incluye nombres muy potentes, en absoluto desluce a los temas en solitario. En los mejores casos, incluso amplifica la línea conceptual del proyecto, como es el caso de Borsalino con La$$ Suga o PTSD junto a Lacuei. Solo lloro solo, primer álbum de este artista pamplonés, comparte además muchos de los discursos y tonos que predominan en Gravitas, generando así una coherencia absoluta y transversal entre ambas propuestas.
En otros casos, la colaboración sirve como excusa para sacar su lado más rapero. El ejemplo más claro es su brillante estrofa en Hierro & Cromo, pero también en La manera con Kuma, Se te va de las manos junto a N-Wise Allah o Es así (Lil Supa, Cruz Cafuné, Israel B, Ergo Pro, Ill Pekeño, Dano). Esta última funciona como una especie de Monte Rushmore del rap hispano actual, donde, no obstante, echamos de menos otras dieciséis barras de cada uno de los MCs. A fin de cuentas, One Blood Remix duraba doce minutos y nadie se quejó nunca. Sorprende que un tema con tantos participantes no alcance los tres minutos.
En cuanto a la producción, podemos ver un claro liderazgo de Dano en la selección de beats, al que se suman otros como Govea, El Secreto Produce, Tensei One, Manu Beats, DJ Swet y Gese Da O. La alternancia del sonido de todos ellos aporta dinamismo, mientras que la mano de Dano genera una línea sonora unificada y congruente. Y, sinceramente, el rap es más bien eso: un buen beat y una buena letra.
Por último, mención al buen hacer de los videoclips, los visuales y la fotografía, firmados por Gus Hernández y Quieto Carlos, que conviven a la perfección con ese universo sonoro que venimos comentando. Solo Macarrones escapa a esta línea, pero sin por ello generar una disidencia incómoda; al revés, nos recuerda a la faceta cinematográfica tan presente en la carrera de Elio con una clara referencia al filme Paris, Texas.
Estilo y narrativa: esos son los dos componentes esenciales. Lo primero lo constituye la actitud, el gusto, las cadenas; el cliché si quisieras. A pesar de la aparente banalidad de este aspecto, hay quienes han construido una carrera con solo ese ingrediente. Pero es en la narrativa del personaje donde de verdad reside la estrella. Para atraer al oyente hay que invitarle a tu espacio más privado y confiar en que quiera quedarse a tu lado. “Pasan los años pero quedará el nombre”.
Track favorito: Bad Boyz de Madriz.
