Diez años después de empezar a construir su propio universo,
DOMINNICO presenta
Supernova en la
080 Barcelona Fashion: una colección que toma a Madonna como punto de referencia, revisita el glamour de los noventa y transforma los códigos de la sastrería en una declaración de intenciones.
¿Qué ocurre cuando una estrella llega al final de su ciclo? Explota, libera toda su energía y se transforma. Con su nueva colección, Domingo Rodríguez convierte esa imagen en el punto de partida de una nueva etapa. Diez años después de irrumpir en la escena, el diseñador revisita sus propios códigos para imaginar lo que está por venir. Lejos de entender el aniversario como un ejercicio de nostalgia, la propuesta evoluciona sin renunciar a su esencia: el exceso, una estética sexy y empoderadora, los contrastes y la cultura pop se mantienen, pero con la mirada puesta en el futuro.
Madonna funciona como uno de los grandes hilos conductores de la colección (como nota: increíble el remix de Hollywood que ha sonado durante el desfile). Más que una referencia literal, representa una actitud: la capacidad de reinventarse, cambiar de piel y convertir la propia imagen en una herramienta de expresión creativa. Su universo Confessions, que regresa con Confessions II, aporta esa estética electrónica, nocturna y excéntrica que atraviesa la propuesta. El resultado es una colección que se mueve entre la energía del dance, la sensualidad y una visión rompedora de la moda como espectáculo.
La colección juega con contrastes que encajan entre sí. Por un lado, la sastrería de inspiración masculina, las rayas diplomáticas y las siluetas que recuerdan al Gucci de Tom Ford; por otro, las minifaldas, las chaquetas deconstruidas tan características de DOMINNICO y los sujetadores convertidos en tops, que llevan el sport and chic a un terreno mucho más provocador. Las líneas de traje adquieren una nueva lectura al convivir con prendas desenfadadas, mientras las bomber y las chaquetas Harrington se reinventan con nuevas proporciones y siluetas.
Entre las piezas más destacadas encontramos una bomber rosa deconstruida y rematada con pelo que conecta la estética urbana con una feminidad exagerada y muy dosmilera. El satén aporta brillo y protagonismo, mientras que las aplicaciones de pelo reciclado suman volumen y dramatismo. Se trata, además, de una de las piezas favoritas del diseñador para esta colección, como nos contaba backstage. Otro de los looks que llaman la atención incorpora un top tipo sujetador transparente decorado con el nombre de Dominnico en brillantes.
El color sigue siendo uno de los grandes sellos de la marca. La colección juega con una paleta que transita del blanco y el negro, encargados de crear contrastes, a tonos más vibrantes y pasteles. El rosa, el amarillo, el azul aguamarina y el lila iluminan los looks con destellos que brillan tanto como una estrella. DOMINNICO no busca abandonar los códigos que han definido su universo durante esta década, sino llevarlos un paso más allá, explorando nuevas combinaciones y formas de vestirlos.
Los accesorios y el calzado también tienen su momento. Las botas altísimas de satén con bolsillos plastrón y los stilettos que combinan raya diplomática y satén trasladan el juego de contrastes a los complementos. Además, la colaboración con Samsung vuelve a unir moda y tecnología a través de una colección de accesorios y un look exclusivo, integrando ambos mundos en la propuesta.
Sita Abellán, encargada de abrir y cerrar el desfile, se convierte en una de las protagonistas de la presentación. Su presencia, vinculada a la experimentación visual y a la cultura pop, encaja con el imaginario de la colección y refuerza esa conexión con una moda que no tiene miedo de jugar con la imagen, la actitud y los códigos establecidos. Por ahí hemos visto también a Metrika, que ya debutó en pasarela junto a Carmen Lomana y que esta temporada ha querido repetir experiencia en solitario.
Con Supernova, DOMINNICO revisita los elementos que han dado forma a su identidad durante diez años sin convertirlos en una fórmula cerrada. La sastrería convive con el pelo, el satén se encuentra con el cuero y los códigos de oficina se desplazan hacia la noche. Todo parece partir de una misma pregunta: qué hacer con el brillo cuando la explosión ya ha sucedido.