Colas larguísimas y un aforo más que superado, eso solo puede significar una cosa: Dominnico ya está aquí y viene listo para dar guerra. La firma celebra su décimo aniversario en la 080 Barcelona Fashion con Soft Armor Fall 2026, una colección en la que se reclama la moda como armadura emocional, un territorio donde la fuerza no se impone desde la rigidez sino desde la sensibilidad y las ganas de fluir. Una propuesta que enamora por su estética tan unida a los 2000 y con ese toque motorcycle marca de la casa.
Fundada en 2016 por Domingo Rodríguez Lázaro, la marca parece entrar en un juego de contrastes. Puedes encontrar desde looks con tonos pastel, blancos y colores más neutros, hasta fucsias intensos, verde ácido y violeta eléctrico. Aquí, la dualidad es el eje central: lo blando y lo duro, lo provocativo y lo industrial, todo conviviendo en una misma narrativa que no busca equilibrio perfecto sino tensión constante.
Por otro lado, hemos visto elementos algo evolucionados pero que definen el estilo Dominnico a la perfección: abrigos de piel, denim texturizado, tacones de aguja con tobilleras metálicas, botas XXL, tachuelas por todas partes, chaquetas de cuero motorista, minifaldas. Pero algo que nos ha llamado la atención en esta edición han sido los pinchos como joya y adornos con flecos en los brazos, dándole una vibra renovada y provocativa. Todo se siente más afilado, más consciente, como si cada detalle tuviera intención de proteger y, al mismo tiempo, exponer. En colaboración con Vinted, además, se cuela una lectura sobre el consumo y la reinterpretación de las prendas, reforzando ese diálogo entre pasado, presente y lo que decidimos conservar. 
Y como ya es costumbre, en los shows de la firma siempre camina alguna celebridad, pero en esta edición nadie se esperaba a la madre fundadora aka Metrika y a Carmen Lomana (shout out a las plásticas) modelando cogidas de la mano. Aparte de ellas, Jessica Goicoechea repetía, pero esta vez abriendo, mientras que Sita Abellán cerraba el desfile. Un cierre a la altura de una colección que no solo celebra diez años, sino que deja claro que Dominnico sigue jugando en su propia liga: más afilado, más emocional y más libre que nunca.
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