En una época en la que casi todo el arte se escapa demasiado rápido por la pantalla, hay proyectos que deciden ir justo en la dirección contraria. Daríalavida lleva años escuchando, preguntando y documentando a artistas emergentes, pero ahora da un paso más: relanza su web como un archivo vivo donde esas conversaciones no desaparecen en el scroll, sino que permanecen, se conectan y construyen memoria. 
Hablamos con Alejandro Gata, su fundador, sobre esta nueva etapa del proyecto: por qué apostar por entrevistas largas cuando todo se consume en segundos, qué significa construir permanencia en medio del algoritmo y cómo un archivo puede convertirse también en comunidad. Porque Daríalavida no quiere ser solo una plataforma, quiere ser algo más raro hoy en día: un lugar donde la escena emergente se cuenta con tiempo, contexto y honestidad.
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Daríalavida relanza su web como archivo central del proyecto. ¿Qué cambia realmente con esta nueva versión y por qué ahora era el momento de hacerlo público y duradero?
Daríalavida siempre ha existido, pero hasta ahora vivía demasiado en el presente: Instagram, lo efímero, el scroll. Y el arte emergente no puede depender solo del algoritmo: necesita memoria. Durante estos últimos tres años, hemos estado en proceso: entrevistando, entendiendo necesidades reales, afinando preguntas, sacando esencia. No tenía sentido construir la casa por el tejado antes de saber qué queríamos proteger y cómo. Por eso el relanzamiento no es un lavado de cara, es un cambio de intención, pasamos de publicar a archivar.
Somos un lugar donde las entrevistas no se evaporan, donde el trabajo queda ordenado y contextualizado, donde los motores de búsqueda también reconocen a los artistas y su trayectoria gana relevancia. Y ahora era el momento porque ya hay volumen y comunidad: más de setenta y cinco entrevistas publicadas, trayectorias cruzándose, universos que dialogan. Ya no es un experimento, es una escena en construcción. Hacerlo público y duradero es decir: esto no es una moda, es un proceso. Y merece quedarse.
Hablas de la nueva web como un núcleo y un archivo permanente. ¿Qué significa para ti construir permanencia en un contexto cultural marcado por la fugacidad y el consumo rápido?
Construir permanencia hoy es ir a contracorriente. En 2021 ya lo escribimos en el manifiesto: no existía un lugar donde lo emergente pudiera nacer, empezar a vivir y mantenerse sin depender del ‘hoy te veo, mañana te olvido’. Un tema dura una semana, un artista viral dura un mes y la conversación se pierde. Para mí, permanencia no es congelar nada, es dar contexto. Que una entrevista se pueda leer dentro de tres años y siga teniendo sentido. Que alguien descubra a un artista porque su universo está bien contado, no porque lo vio dos segundos en un reel.
Hay una capa importante: hablamos desde el emprendimiento creativo, desde el autor que se levanta, trabaja, se expone, duda y vuelve a intentarlo. Esa honestidad hace que otros se identifiquen y, de rebote, se ayuden. Menos ruido y más huella.
Hoy en día, las redes sociales nos han hecho perder el foco de atención y cada vez optamos más por consumir contenido rápido. En un momento en el que todo se consume haciendo scroll, ¿por qué apostar por entrevistas largas y por un archivo que invita a quedarse y leer con calma?
Porque el scroll enseña una estética pero no sostiene un proceso. Las entrevistas largas recogen el momento que, muchas veces, da pie a que un autor siga apostando por sí mismo. Ahí salen sus preguntas reales, sus miedos, su deseo, su contradicción. Eso es lo que construye una carrera cuando no hay foco ni estructura. Y esto no lo digo en abstracto: en una enorme parte de las entrevistas (diría que en torno al setenta por ciento), el propio artista nos agradece la profundidad de las preguntas. Les obliga a parar, a mirarse, a entenderse; a veces incluso lloran haciendo introspección. Lo rápido es útil, claro, pero no puede ser el único lugar donde exista la cultura. Si todo se resume a quince segundos, lo que desaparece es el matiz. Y el arte vive en el matiz.
“Construir permanencia hoy es ir a contracorriente. Un tema dura una semana, un artista viral dura un mes y la conversación se pierde. Para mí, permanencia no es congelar nada, es dar contexto.”
Daríalavida insiste en mostrar a los artistas de forma honesta y no aspiracional. ¿Contra qué tipo de narrativas sientes que dialoga o se opone el proyecto?
Contra la fantasía del éxito instantáneo y sin grietas. Todos podemos intentar viralizarnos, y por eso lo intentamos: porque es una puerta, es real, otros lo han conseguido. Pero el noventa y nueve por ciento sabemos que las cosas se construyen a base de tiempo, coherencia y un movimiento constante hacia tu propia proyección de ti mismo y, por supuesto, con mucho cariño. Nos interesa lo que casi nunca se cuenta: alguien buscando su sonido, dudando de su identidad, mudándose, currando en otra cosa para sostener el proyecto, chocando con industria, con algoritmos, con la comparación. Mostrar honestidad no es romantizar precariedad, es no convertir el proceso en marketing. No queremos que todo sea vendible, queremos que sea verdadero.
Muchas plataformas se centran en el resultado final o en el éxito, en cambio, Daríalavida se centra en el camino y los inicios. ¿Qué te interesa preservar de los procesos, las dudas y las zonas grises de la emergencia artística?
Me interesa preservar el momento en el que nada está cerrado. El éxito tiende a ordenar la historia hacia atrás para que todo parezca coherente. Pero al principio casi nada lo es: hay dudas, decisiones a ciegas, cambios de rumbo. Y esa zona gris es donde se ve quién es alguien de verdad. Muchos de los autores que entrevistamos ya han tomado la decisión de profesionalizarse, pero la propia herramienta con la que se difunden, las redes, les penaliza si no juegan el juego. Por eso existe nuestra web, para que los encuentre quien busca de verdad. Guardar el proceso es guardar la época. Y también es guardar un lenguaje generacional: de género, territorio, comunidad, espiritualidad, precariedad, industria.
En un ecosistema cultural cada vez más condicionado por algoritmos y métricas, ¿qué tipo de valor reivindica Daríalavida que no puede medirse en números?
El valor de la conversación. Eso no se mide en impresiones ni en CTR. Se mide en lo que te pasa después: si te enamoras o no del artista, si vas a buscar más sobre este, si algo se te queda dentro o resonando. Nosotros no preguntamos cuál es tu plato favorito, preguntamos a qué te has enfrentado. Porque queremos una comunidad que se reconozca y se empuje: un autor puede descubrir a otro, recomendarlo, colaborar. Hay entrevistas que no tendrán miles de lecturas, pero generan algo silencioso y real: identificación, acompañamiento, una persona pensando ‘no estoy solo en esto’. Eso no sale en Google Analytics pero existe.
Más allá del talento, ¿qué buscáis exactamente en una persona para decidir que forme parte del archivo Daríalavida? ¿Qué tipo de discursos, actitudes o maneras de estar en la industria os interesa amplificar desde la plataforma?
Buscamos conciencia y compromiso. Que esté profesionalizado (o en camino de estarlo), que quiera validar su trayectoria, que tenga claro que lo que hace no es una moda pasajera. Que quiere hacer mella y perdurar. Cuando esa intención existe, las entrevistas suelen dejar frases tan reales que se quedan resonando. Nos interesan discursos con verdad: migración sin victimismo, deseo sin cosificación, club como ritual, diseño como herramienta política, territorio como identidad, espiritualidad sin postureo. Y también curamos. Ha habido casos en los que, después de recibir respuestas, hemos dicho que no publicamos porque el nivel de dedicación no estaba a la altura del archivo. Precisamente porque el archivo es un compromiso con quien entra.
“Lo rápido es útil, claro, pero no puede ser el único lugar donde exista la cultura. Si todo se resume a quince segundos, lo que desaparece es el matiz. Y el arte vive en el matiz.”
Daríalavida habla de visibilización, pero también de desarrollo. ¿Cómo hacéis que el proyecto no sea solo un escaparate puntual, sino algo que acompañe a los artistas en el tiempo?
El desarrollo empieza en la conversación. No hacemos entrevistas como pieza promocional, son documentos que el artista puede usar como carta de presentación, para su dossier, para un festival, para explicar su universo con profundidad. La web funciona como respaldo, no como impacto momentáneo. Y luego está lo comunitario: Dios los crea y ellos se juntan; Daríalavida es ese lugar. Se leen entre ellos, se escriben, se recomiendan, colaboran. Eso no siempre se ve pero pasa. Una entrevista también acompaña porque se reactiva con el tiempo: hoy es una foto del proceso, dentro de dos años es la pieza que ayuda a entender el recorrido.
Newborn DJ Sets no solo documenta sesiones sino que construye identidad. ¿Cómo se trabaja junto a cada DJ para definir una estética, un relato y una carta de presentación audiovisual que represente quién es y hacia dónde quiere ir?
Porque un set no es solo música, es posicionamiento. Antes de grabar, hablamos mucho. ¿Dónde estás ahora? ¿Qué narrativa quieres construir? ¿Es una carta para promotores, para festivales, para una escena concreta? Trabajamos tres capas: musical (estructura, tensión, riesgo), visual (lugar, luz, ritmo, encuadre) y narrativa (cómo se presenta y qué historia sostiene la pieza). Newborn es un set insignia, un asset que te permite moverte en una industria atomizada, donde hay muchísima gente pinchando en casa con una controladora básica de Pioneer. No es ‘un vídeo bonito’, es coherencia.
El proyecto convive con acciones previas como Ágora, donde los artistas pueden mostrar su trabajo al público de forma presencial y así interactuar con él. ¿Qué papel juega la comunidad y el encuentro físico dentro de una plataforma que también es digital?
Lo digital documenta, lo físico transforma. Ágora es presencia total. El artista siente la reacción del público, cruza miradas, sostiene el fallo y, a veces, recibe algo que no cabe en una pantalla: un ‘me ha pasado lo mismo’. La comunidad no es una palabra bonita, es el tejido que sostiene todo. Haber hecho Ágora de la mano del Hotel Universal Music y el Teatro Albéniz en Madrid nos permitió marcar magnitud. Invertimos mucho, pero porque también necesitábamos validarnos, ser los primeros en creérnoslo para que otros pudieran creer. El archivo da permanencia, el encuentro da impulso. De la mano de Caspe y del Club Malasaña, pusimos la guinda del pastel a una matinée que congregó a trescientas personas.
La plataforma se define como un archivo vivo. ¿Cómo se evita que el archivo se convierta en algo estático y qué estrategias imagináis para que siga creciendo y resignificándose con el tiempo?
Un archivo se vuelve estático cuando solo acumula. Nosotros queremos trazar relaciones, que se puedan leer entrevistas por temas, territorios, disciplinas; que una pieza te lleve a otra y te dibuje un mapa. También queremos documentar etapas: los artistas cambian, nosotros cambiamos. El archivo tiene que reflejar evolución, no congelar a nadie. Una cosa práctica, el archivo no es solo para ‘quedarse ahí’. Cuando un artista lanza algo nuevo, le damos espacio para que use Daríalavida como canal de difusión a la altura de un medio cultural, no como un post perdido.
“El éxito tiende a ordenar la historia hacia atrás para que todo parezca coherente. Pero al principio casi nada lo es: hay dudas, decisiones a ciegas, cambios de rumbo.” 
Este renacimiento digital trae consigo una nueva etapa para Daríalavida. ¿Qué compromisos adquiere el proyecto a partir de ahora, consigo mismo y con los artistas a los que da espacio?
El compromiso principal es con el tiempo y con el criterio. No publicar por inercia. Si algo entra en Daríalavida, entra porque tiene sentido dentro del archivo. Si tenemos que estar un tiempo sin publicar para encontrar a ese autor que queremos curar, lo hacemos. Segundo: honestidad editorial. Preguntas incómodas si hace falta, cuidado en edición, lenguaje y contexto. Nos han ofrecido estrategias de contenido para redes y hemos dicho que no porque el proyecto no va por ahí. Y tercero: memoria. Documentar esta etapa cultural con responsabilidad, sin romantizarla y sin simplificarla. Más archivo que escaparate. Más contexto que tendencia.
El relanzamiento se presenta casi como un nacimiento oficial. ¿Qué expectativas tenéis para el proyecto en 2026?
Si lo sentimos como nacimiento es porque, hasta ahora, Daríalavida ha sido intuición, impulso y prueba-error y, aun así, lo hemos sostenido. Hemos pasado por Lanzadera (con Juan Roig), por aceleradoras como PwC y Madrid Emprende. Llevamos tiempo dando la vida por esto. Nunca me he planteado cerrarlo solo porque no sea rentable: es mi grano de arena a cada uno de los artistas que dan la vida por sí mismos, por su futuro y proyección.
En 2026 quiero estructura y consolidación. Que el archivo sea referencia real para entender lo emergente desde dentro. Que la comunidad se fortalezca con más cruces y encuentros. Que Newborn DJ Sets se afine como carta audiovisual seria. Y, a nivel interno, sostenibilidad: mantener calidad y cuidado sin caer en urgencias. No espero viralidad, espero solidez.
Mirando al futuro, ¿qué tipo de artistas o prácticas te gustaría que alguien asociara automáticamente con Daríalavida dentro de unos años?
Artistas con discurso y coherencia. Gente híbrida, difícil de etiquetar, que no está copiando una fórmula: quien mezcla club y espiritualidad, pop desde la vulnerabilidad sin marketing, territorio como identidad, diseño como activismo, cuerpos disidentes ocupando espacio sin pedir permiso. Me gustaría que Daríalavida se asociara al cuidado; si está en el archivo, hay una conversación real detrás. Ojalá el archivo acabe siendo un mapa generacional, una radiografía honesta de una escena que se construía mientras todo iba demasiado rápido.
Y a nivel personal, ¿qué te sigue empujando a sostener un proyecto como este cuando hacerlo bien implica ir más lento que el sistema?
Me empuja la necesidad de que exista. Me llenan los mensajes de los artistas, los mails, los DMs, los abrazos escritos. Trabajo en otro proyecto que fundé, Estudio Nanoweh, que me permite sostener una vida y dedicarle tiempo a esto y, además, llevo tres años construyéndome como DJ. Crear es mi manera de estar. Ir lento significa renunciar a la recompensa inmediata, sí, pero también significa que lo que construyes no depende de una tendencia. DLV empieza a funcionar como ecosistema, discurso, presencia y herramienta para que otros la usen. Mientras sienta que aporta profundidad en un entorno que premia superficie, lo voy a sostener.
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