Tras explorar el poder del subconsciente en Lucid Dreams, su anterior proyecto, Danna aterriza en la superficialidad con Wet Dreams, la segunda entrega de su trilogía musical que culminará próximamente en otro álbum, Visions. Si en su etapa previa la mexicana coqueteaba con el pop introspectivo y el R&B, aquí decide soltar las amarras de la contención para construir siete pistas vertiginosas donde la sensualidad no opera como mero decorado, sino como una declaración de autonomía. Es la reafirmación de una figura del pop latino que, lejos de pedir perdón por su brillantez, reclama el control de su propia narrativa.
El viaje arranca con Sueño mojadito, un corte que funciona como declaración de intenciones. ¿La razón? Pues que Danna se sumerge en nuevos sonidos, en una electrónica que nos lleva hasta quemar la pista, levantar los brazos y cerrar los ojos. Esa inercia de club se consolida con Dolce vita, la esperada colaboración con Belinda que marca un hito generacional para el pop mexicano. Lejos del morbo mediático que rodeó durante años su supuesta rivalidad, ambas unen voces bajo una producción synth-pop para evocar cierto hedonismo veraniego que ya echamos de menos. La letra lo dice todo: “Un cigarro y un cóctel / 11 a.m. en el hotel / No me acuerdo qué hice ayer (…) ‘Tamos viviendo la dolce vita”. Nada trascendental, pero, oye, nos encaja.
El ritmo del EP escala en tensión con Khe calor, donde la artista reinterpreta la rumba flamenca que ya nos suena de temas anteriores como el de Lola Índigo, pero llevándola hacia un ritmo más acelerado y en consonancia con este nuevo imaginario de la mexicana. Porque aquí la pista no busca complacer la mirada ajena, sino canalizar el sudor y la energía en beneficio propio.
Las colaboraciones restantes sirven para balancear el abanico estético del proyecto. En Si se acaba el mundo, la química con El Malilla inyecta una cadencia de perreo descarado donde la fatalidad sirve como excusa para la entrega física (ya nos entendéis). Por su parte, Xula, junto a Nicole Horts, aporta la capa de lírica más afilada del disco, reivindicando la autoafirmación personal desde buenas barras. La canción concluye con una especie de decreto sobre la autoestima: “Love my body, love my aura, love my energy (...) Goddess energy, todo llega a mí”, reafirmando que no es un tema de despecho, sino de celebración. Viva la pista de baile, claro, shoutout a Madonna necesario.
El único respiro del disco llega con Obsessed, la pieza más conceptual del proyecto. Con una estructura bilingüe y una instrumentación sedosa, rompe con la velocidad del resto de las pistas para ofrecer una pausa (necesaria) que nos habla de, como dice el propio título, una obsesión por alguien. Ni más ni menos. El disco acaba con Glossy, un tema que nos acerca (y recuerda) al sonido tan característico de artistas como Tyla, y que funciona como pura fantasía y broche de oro del proyecto.
Así, Wet Dreams no es solo un puente hacia Visions; es la prueba de que Danna está encontrando sonido, imaginario y pista clave hacia el tipo de artista que quiere ser, siendo la electrónica su vehículo más convincente hasta la fecha.
Track favorito: Glossy.
