Hay artistas que cambian de sonido. Otros cambian de nombre. Pero muy pocos se atreven a dinamitar por completo la piel que llevaban puesta para empezar de nuevo desde las cenizas. Chiquilla pertenece a esa rara categoría. La artista andaluza, anteriormente conocida como Lil Ella, presenta El orden divino, un trabajo tan crudo como cinematográfico donde el pop oscuro, el imaginario religioso y la vulnerabilidad emocional conviven bajo una misma herida abierta.
En este álbum no hay espacio para la complacencia. Entre carreteras infinitas, pueblos detenidos en el tiempo y múltiples referencias, Chiquilla construye un universo donde la fe, el deseo, la culpa y la identidad femenina se enfrentan constantemente. Sus canciones hablan de relaciones tóxicas, del miedo a perderse a una misma y de la necesidad de encontrar algo, o alguien, a lo que aferrarse para seguir adelante. También del final simbólico de Lil Ella y del nacimiento de una nueva etapa artística mucho más visceral, libre y ambiciosa.
A pocos días de presentar este nuevo universo sobre el escenario de la Sala Maravillas, Chiquilla demuestra que no solo ha encontrado una nueva voz, sino también una narrativa propia capaz de convertir la fragilidad en algo peligrosamente magnético.
¿Qué importancia tiene para ti tener fe? ¿Ha habido momentos en tu vida en los que hayas dejado de creer o luchar por lo que quieres?
Si no la tuviera, no saldría de la cama. Creo que todos necesitamos ese algo en lo que pensar que dirija nuestra atención y energía. Eso es lo que más me fascina: que hasta la persona más cínica cree en algo y se mueve por ello. Y sí, por supuesto, a veces me ha faltado o, más bien, de pronto mi sistema de creencias se ha convertido en algo mucho más oscuro, como pensar que soy irremediablemente desdichada. También es condición humana tambalearse en ese sentido; esos momentos son los más difíciles.
¿Cuál es la razón estética y qué discurso plantea la portada del álbum?
La imagen de la portada es algo que apareció en mi cabeza casi como una visión, no fue nada buscado, pero tiene su aquel. Tiene varios elementos que para mí eran claves en el disco. Las banderillas, que me representan como el toro: gran icono protagonista, ese destino ya escrito, esa fiera domada. Y la pose, que referencia El mundo de Cristina (Christina’s World). Christina era la vecina del pintor, estaba enferma de polio y en vez de usar silla de ruedas, elegía ir arrastrándose. La lectura es medio desoladora, medio esperanzadora, según lo tomes. Mi intención era que el disco también pudiera transmitir ambas.
Has cambiado tu nombre artístico de Lil Ella a Chiquilla. Y en el tema Lovergirl te muestras como una persona impulsiva. ¿Ha sido premeditada esta decisión?
Muy premeditada, subconscientemente. Lo de dejar atrás Lil Ella llevaba años en el aire pero tenía que llegar con razón de ser. Debía llegar antes ese nombre que se sintiera perfecto y el momento oportuno. Creo que ha ido todo encajando solo porque le he dado espacio a que pase así.

¿Qué más ha transformado tu propuesta artística aparte del aka?
Ahora estoy dispuesta a morir en la plaza.
Tu sonido ha cambiado notablemente, de una música más electrónica a un pop oscuro y melancólico. Aunque todavía se perciben influencias de reggaetón y mantienes parte de tu identidad vocal, ¿a qué se debe esta evolución?
Supongo que necesitaba otro lenguaje para contar lo que quiero contar ahora. A veces me encontraba intentando hacer cosas con las que no me sentía nada identificada solo porque era lo que se esperaba de una artista como yo. Además, siempre he sido muy curiosa y he querido hacerlo todo. En mi inconsciencia encuentro las ganas de aventurarme a hacer cualquier cosa que me llama la atención y a meter el dedo en sitios donde ‘no debo’.
En Agosto hablas del amor y la atracción física que sientes hacia alguien que es más que un amigo. ¿Hacia dónde te transporta el verano y ese mes en concreto?
Diría que es mi época favorita del año, es mi ‘ecosistema’, mi cuerpo está mejor en general, funciono mejor. Pero siento que agosto es un mes con una connotación melancólica. Yo no me suelo ir mucho de vacaciones, entonces me encuentro en una ciudad vacía, parece que el tiempo se para, no hay curro que avanzar y parece que tienes un pequeño respiro para procesar el año. Además, en Madrid tenemos las fiestas de La Paloma, que me encantan. Para mí es un mes emocionalmente intenso siempre.
¿Cuánta inseguridad hay en tu música?
Ahora he encontrado la manera de canalizar la incertidumbre y transformarla en algo sólido. Cuando siento que el suelo que piso tambalea, me puedo agarrar a la música. Es lo que conozco, sé cómo funciona, sé cómo va, dónde encaja esto y aquello. Yo decido.
“Me gustaría pasarme toda la vida buscando el sonido que me defina y no encontrarlo nunca.”
Contraponiéndome al mensaje principal de Coto de caza, ¿qué alicientes se deberían dar para que “chicas como tú acaben genial”?
Escribí esa canción después de ver Girl, Interrupted. Para mí el disco surge de esa danza entre vivir desde el poder decisivo que tenemos en lo que nos pasa o cómo nos sentimos y el decantarse por la impotencia de sentirse víctima. Yo bailo todo el rato ahí. Si hay algo que podamos hacer por nosotros mismos, empezaría por creerlo.
ADITA y LOCA son las únicas canciones con batería de reggaetón, aunque se entrelazan bien con el sonido lúgubre del trabajo. ¿Crees que hay algún sonido que te define o simplemente fluyes al son de la música?
Me gustaría pasarme toda la vida buscando el sonido que me defina y no encontrarlo nunca.
Las relaciones tóxicas son un problema importante en la sociedad, que incluso puede derivar en otros problemas todavía más graves. ¿Qué mensaje quieres transmitir con Cadena perpetua e Hice de ti un Dios?
No diría que la intención es alzar un mensaje. No quiero que la gente piense a través de mi música; quiero que les abrace y les acompañe, que les haga bailar, que les toque de alguna manera.
En el videoclip de Hice de ti un Dios hay una saturación brusca de la imagen y se ralentiza la voz durante gran parte del tema. ¿Qué quieres exponer con estos efectos que solo se perciben en tu canal de YouTube?
El vídeo es una parte de la historia de Lil Ella, es su época final. Ella huyendo de todo aquello que había idealizado, lo que sentía que le daba sentido, de su Dios. Que, al final, es lo que se vuelve contra ella y la mata.
Aunque en uno de tus temas dejas claro tu rechazo a Jesús, tu álbum tiene una influencia religiosa muy marcada: en el título, en las letras e incluso en la portada. ¿Qué explicación creativa tiene el concepto de El orden divino?
El orden divino es un sistema de creencias propio de la Biblia que coloca a Dios como protector y figura de autoridad frente al hombre, al hombre sobre la mujer y a la mujer sobre sus hijos. Me parecía una retórica perfecta para encapsular ese sentimiento de destino desdichado y de opresión. Esto es así porque Dios lo manda. Y lo que le ha hecho a las mujeres ese pensamiento a lo largo de la historia, la violencia que se ha justificado en nombre de Dios.
El universo visual del disco mezcla referencias tan distintas como Jamón, jamón, Twin Peaks o Pretty Little Liars. ¿Qué encontraste en esas obras que conectaba tan bien con el imaginario del álbum?
En estas tres veo el común denominador en el pueblo, el sitio remoto. He estado indudablemente inspirada por Andújar en este disco; en general, creo que en esta época de mi vida estoy reconectando y procesando cosas de mi adolescencia, con esos traumas que te configuran el cerebro de pequeña. Jamón, jamón es muy España interior, se siente muy personal a nivel estético, son los paisajes que he visto toda mi vida. David Lynch usa mucho la carretera y esa simbología la he quemado mucho también. Como un no-lugar, un no haber llegado al destino, esa cosa de perderse para encontrarse.
Yo soy muy de historietas y desde las primeras sesiones con Pablo (Doncella) ya fuimos tejiendo todo ese universo que, hasta el día de hoy, sigue escribiéndose, con la muerte de Lil Ella. Me llena mucho inventar historias y jugar.
Yo soy muy de historietas y desde las primeras sesiones con Pablo (Doncella) ya fuimos tejiendo todo ese universo que, hasta el día de hoy, sigue escribiéndose, con la muerte de Lil Ella. Me llena mucho inventar historias y jugar.
Cadena perpetua me parece uno de los momentos más emocionales del proyecto, con una guitarra inesperada, pero especialmente por ese coro final de voces femeninas. ¿Qué querías expresar sobre la experiencia femenina a través de esa colaboración colectiva?
Bueno, es que para mí la imagen de esta canción es algo muy medieval, muy ‘¡que le corten la cabeza!’, y me imaginaba un coro de mujeres cantándole a Juana de Arco (risas). Que te invaliden, que parezca descabellado molestarte o entristecerte por algo que alguien te ha hecho o, en general, que se ponga en cuestión cómo de legítimos son tus sentimientos forma parte de la experiencia vital femenina, y esta canción está inspirada por eso.

Sepultura es el cierre del disco y da fin a tu etapa anterior. ¿Qué experiencias de tu carrera artística hasta ahora te llevas y qué esperas conseguir a corto plazo con tu nuevo proyecto?
Seguir empujando siempre y no despistarme. La vida en la ciudad está difícil, yo hace muchos años que me tuve que poner a currar y, aunque es maravilloso como personas LGTBQ+ poder encontrar comunidad fuera de casa, crear lazos y vivir la adolescencia robada, es fácil perder el foco cuando tienes que dividir tu tiempo de manera tan minuciosa entre el trabajo, el ocio y tu proyecto. Y para sacar adelante un proyecto musical hace falta mucho foco. Yo, más que nada, lo que quiero conseguir es ganarme la vida con esto, que es lo que más feliz me hace.
¿Sientes que ahora disfrutas más haciendo música que hace unos años o todavía tienes una relación complicada con la industria y la creatividad?
Nunca dejé de disfrutar de hacer música, simplemente paré de hacerla. Y ni siquiera es la industria en sí el problema; es más el sistema con el que estoy en constante pulso: dedicarle tiempo a lo que me gusta hacer y pagar las facturas, sentir que el tiempo me persigue y que la única manera es estar todo el rato alerta. Eso marchita todo. El momento presente también tiene cosas muy bellas y si quieres jugar al juego tienes que aceptar el juego, pero no quita que soñemos con un sistema en el que no estemos todos asfixiados y que queramos gente competente tomando las decisiones que nos incumben.
¿Cuánto tiempo te ha llevado hacer el álbum y cuánta gente se involucra dentro de un proyecto así?
El proceso en sí empezó en marzo de 2024. Pablo y yo retomamos hacer música juntos por diversión y nos gustó tanto que decidimos darle caña. Y para finales de ese mismo año ya estaba todo escrito y teníamos como quien dice el cuerpo del álbum, con el orden y todo. La realidad es que sacar adelante un proyecto largo tal y como tú quieres con un presupuesto bajo y teniendo que compaginar entre curros siempre es más lento. Yo soy bastante minuciosa, te diré que podría haber estado un año más, pero también hay que saber soltar las cosas, aunque sean imperfectas; si no, no haríamos nada. Estoy muy contenta de trabajar cada vez con más gente que admiro, enriquece muchísimo lo que hago. Yo lo que más disfruto es compartir, rebotar ideas, es como jugar.
¿Qué podemos esperar de tu próximo show el 11 de junio en la Sala Maravillas, una fecha que marcará un punto de inflexión en tu carrera?
Estoy muy emocionada porque por primera vez voy con banda. Mis conciertos siempre han sido un poco punkis, iba con Rubén (Juguete) y hacíamos lo que nos daba la gana, yo me desenvuelvo bien en el escenario y siempre era muy divertido. Pero ahora que el proyecto está evolucionando me pide darle más emoción y presentar algo más centrado en la música y la performance. Lo estamos pasando genial preparándolo y creo que a todo el mundo que disfrute del disco le va a calar.

