Lo que empezó siendo cosa de cuatro chavales se tradujo en quince mil personas el viernes pasado en el Movistar Arena en Madrid. Un mar de gente que solo se agujereaba para chocar entre ellos mismos de forma algo más deliberada en unos pogos que no dieron tregua. Así fue el concierto de Carolina Durante.

Es aliviador llegar a un concierto que llevabas esperando mucho tiempo tras un largo día de trabajo. Dejas el maletín, cierras las pestañas de Word y apagas el ordenador hasta el lunes (si Dios quiere). La macabra sorpresa te espera cuando llegas al Movistar Arena y ves que el attrezzo que los carolinos han montado en el escenario es una recreación de una oficina monótona como la que acabas de abandonar hace unas horas: paredes amarillas pálidas, plantas de plástico, ordenadores del año de la tana y muchos folios ilegibles apilados.
No sabes bien si es una broma pesada hasta que las luces del ascensor que hay en medio del escenario empiezan a parpadear y sabes que alguien está subiendo por él. Es entonces cuando mucha gente se debió caer al suelo de rodillas, y es que para dar la bienvenida al concierto sonó la sintonía de la serie The Office. Entonces todo cobra sentido, y te das cuenta de que el attrezzo, la melodía y lo que estás a punto de presenciar es una manera de rechazar completamente el hastío que suele ir asociado a ese estilo de vida desde este bastión del indie que ha creado Carolina Durante.
Pocos grupos pueden fardar de haber pasado de tocar en la Sala Wurlitzer a hacerlo en un Movistar Arena, y este es justo el caso de Carolina Durante. Una banda que muchos argumentan que se disfruta más en salas pequeñas por lo cercanos que resultan y también porque estamos acostumbrados a verlos con ese halo de sudor alrededor. Cuando empiezan a tocar los primeros acordes de Joderse la vida, la intro del maravilloso disco que da nombre a esta gira, te das cuenta de que Diego canta totalmente impasible.
Esta sensación sigue en los siguientes temas, y mira que hay temazos: Aaaaaa#$!&, Misil, Famoso en tres calles… En todas estas canciones igualmente hace el saltimbanqui, recorre de lado a lado la pasarela mientras que los fans extienden sus manos para palpar sus pies y mientras Martín, Mario y Juan hacen lo propio en el escenario. Lo que no cambia es la expresión de Diego. Se disipa la frontera entre el personaje de chaval pasota y la pura realidad, y es que a estas alturas Diego ha trascendido el estado de rockstar y maneja un Movistar Arena como cualquier otro concierto. Eso es lo más destacable de este concierto: el control y la seguridad absolutos que se percibían.
Pero como cuando el hombre hace planes Dios se ríe, a mitad de concierto unos fallos técnicos les hicieron tener que parar un momento. Al principio disimularon un poco e incluso cantaron Necromántico a petición de un fan mientras esperaban a que se solucionase el error. El fallo técnico persistió y nos robó unos valiosos diez minutos de concierto. No fue culpa del grupo, pero aun así nos lo devolvieron con creces cuando volvieron por el mismo ascensor acompañados de un cuarteto de cuerdas y algunas trompetas para cantar Elige tu propia aventura. Uno de los temas insignia del disco y que logra alcanzar un valor superlativo cuando tiene este trabajo de instrumentalización en directo. Lo confesamos: cayó alguna lagrimita.
Entre las colaboraciones, todos esperábamos aquella segunda venida de Cristo también conocida como Rosalía, pero no se dio el caso. Lo que sí tuvo lugar fue la aparición de otra de las voces de esta nueva ola de pop-rock que estamos viviendo como lo es Barry B, junto al que cantaron su generacional Yo pensaba que me había tocado Dios. A Barry le vimos entrar antes de empezar el concierto junto a su inseparable Gara Durán, y nos chivaron que ella se iba a ocupar de cantar la parte de Amaia en Perdona (Ahora sí que sí). Pese a la ausencia de ambas, tanto Rosalía como Amaia se llevaron un shoutout por parte de Diego al terminar sus respectivos temas, la última con mucha razón habiendo llenado el mismo estadio una semana antes.
Hubo todos los momentos que te puedes imaginar en un concierto de estas magnitudes: pogo con el artista en medio, Diego siendo manteado como un saco de patatas a lo largo y ancho de las primeras filas… Lo que decíamos al principio, se nota que lo tiene absolutamente controlado. Estos chicos llevan ya a lo tonto unos años subiéndose a escenarios, y eso no solo les da esa capacidad de anticipación, sino también esa condición de banda consagrada, con un mensaje que llega a su público ya sin dificultades ni barreras, sin hacer distinciones entre millenials y generación Z. Sus letras, tanto antiguas como nuevas, resonaban por todo el Movistar Arena hasta el mismísimo cierre, para el cual eligieron la clásica Las canciones de Juanita. Una vuelta a los inicios para coronar el final, porque lo más importante es no olvidar nunca de donde vienes.





