Hay intérpretes que no necesitan levantar la voz para llenar la pantalla. Carla Díaz pertenece a esa rara especie de actrices capaces de construir un universo entero con un solo silencio. Nacida en 1998, creció frente a la cámara, pero es ahora cuando confirma que lo suyo no es una promesa, sino la certeza. Ya lo demostró en proyectos como Élite o La caza, y ahora lo reafirma en La Ruta. Vol. 2: Ibiza, donde da vida a Vicky, un personaje que condensa la nostalgia, la vulnerabilidad y la contradicción de una generación que busca sentido entre el ruido y la euforia.
Entrevista extraída de ACERO vol. 12, publicada en noviembre de 2025. Hazte con tu copia aquí.
En esta segunda temporada, la serie traslada su mirada a la isla balear para explorar una época de transformaciones, excesos y sueños rotos. En ese contexto, la presencia de Vicky ilumina lo que el ojo no siempre alcanza a ver: las heridas que se esconden bajo la fiesta. Carla se mueve por ese territorio con la precisión de quien sabe escuchar. Su actuación no grita, respira. Deja que el espectador se acerque, que encuentre en sus gestos el reflejo de sus propias dudas. Lo dice todo sin decir nada, y ahí está su fuerza: en la economía del gesto, en la inteligencia del silencio.
Hablar con Carla es entender de dónde viene esa sensibilidad, su forma de pensar. El trabajo tiene algo artesanal, casi meditativo. Se prepara a fondo, disecciona cada texto, escucha al equipo y busca siempre la verdad, por pequeña que sea. Tiene una forma luminosa de mirar el oficio, sin cinismo, pero con la conciencia de lo difícil que es sostenerse en él. En ella conviven la disciplina y la intuición, la dulzura y la exigencia.
En La Ruta. Vol 2: Ibiza, Carla se confirma como una actriz capaz de sostener el peso emocional de una historia sin necesidad de grandes artificios. Su interpretación convierte lo invisible en visible, lo cotidiano en trascendente. En tiempos donde la velocidad domina la narrativa, ella elige detenerse, mirar y sentir. Y esa calma, esa honestidad tan poco común, es precisamente lo que la convierte en una de las voces más prometedoras y singulares de su generación.

Hace poco asistimos al estreno de la segunda temporada de La Ruta. ¿Cómo viviste esa noche tan especial?
Fue chulísimo, la verdad. Vinieron muchos amigos y era la primera vez que mostrábamos la serie a gente que no había formado parte del equipo. Fue muy guay porque gustó mucho y recibimos comentarios preciosos.
¿Te acuerdas de algún comentario en concreto?
Me hizo mucha ilusión que varias personas me dijeran que mi personaje se ve muy enigmático. ¿A ti te ha gustado?
A mí me ha gustado mucho. Además, me encanta que tu personaje exprese mucho sin necesidad de hablar
Yo también pienso lo mismo.
Cuéntame, ¿cómo llegó hasta ti este personaje? ¿Cómo se te ofreció el casting?
Bueno, fue curioso, porque una o dos semanas antes de que me llegara el casting me encontré con Blanca Javaloy, la directora de casting, y con Borja Soler, uno de los creadores, en una fiesta en Barcelona. Allí me comentaron que había un personaje en el que podía encajar y que me mandarían la prueba. Así que cuando finalmente me llegó, ya estaba muy expectante, porque me habían contado un poco la historia y me apetecía muchísimo. Cuando leí la separata entré directamente en el mundo del personaje, me atrapó desde el principio. Hice dos castings: el primero con Blanca, que fue genial y muy largo –estuvimos hora y media o dos. Blanca hace castings muy buenos, te deja improvisar un montón. Había tomas que duraban quince o veinte minutos; fue una experiencia muy libre. El segundo ya lo hice con Álex, y también fue muy divertido.
¿Os conocíais de antes?
Le conocía un poco, por amigos en común, pero no éramos cercanos. Después de ese casting tuve que venir a Madrid para hacer coaching para La Ruta. Vol. 2: Ibiza, y mientras esperaba a que me confirmaran si me cogían o no, él necesitaba un sitio donde quedarse. Yo vivía con compañeros de piso y tenía una habitación libre, así que acabó quedándose en mi casa. Y, casualmente, el mismo día que llegó me llamaron para decirme que me habían cogido. Fue muy bonito, porque le recibí en casa diciéndole, por cierto, vamos a currar juntos. A mí todavía no me habían pasado los guiones, pero él sí los tenía, así que empezamos a leerlos.
Joder, qué especial, ¿no?
Sí, fue bastante guay. De hecho, se me había olvidado esta historia hasta ahora.
Cuéntame, ¿cuál era tu relación con Ibiza antes de la serie? Porque creo que todos, al menos nuestra generación, tenemos alguna historia con la isla. Yo, por ejemplo, solo he estado una vez, cuando fui con unos amigos en verano durante la universidad. ¿Cuál era la tuya?
Pues bastante fuerte, la verdad. Conocí Ibiza hace muchos años, antes de la pandemia, en 2017 o 2018, en un viaje muy especial, y me enamoré de la isla. Desde entonces, una de mis mejores amigas vive allí y he pasado todos los veranos en Ibiza. Incluso estuve viviendo allí casi dos años.
¿En serio?
Sí, sí. Bueno, venía a Madrid a trabajar, pero tenía una casita alquilada en la isla y, en cuanto tenía un par de días libres, me escapaba para allá. Siempre me ha gustado muchísimo. De hecho, el primer verano en el que no pensaba ir fue justo cuando me llegó el proyecto de La Ruta. Vol. 2: Ibiza. Fue como una señal: otra vez Ibiza en mi camino. Pensé, qué fuerte.
¿Y te ves en el futuro teniendo una casa allí, algo propio que mantenga ese vínculo?
Me encantaría, claro. Aunque la isla está cambiando mucho. Cada vez se está convirtiendo más en un lugar para millonarios. En la serie se ve muy bien esa evolución: primero la Ibiza hippie de los sesenta, luego la Ibiza de las discotecas en los noventa, y ahora la Ibiza de los millonarios. Fui hace poco, bueno, el verano pasado, y me impactó. Quise volver a algunos chiringuitos que conocía de antes, llevados por payeses, con comida buenísima y precios normales, y de repente habían desaparecido. En su lugar había locales para turistas, con tostadas de aguacate y zumos a siete euros.
Bueno, eso, si lo piensas, también está pasando en Madrid.
Sí, está ocurriendo en todas partes. No sé qué va a pasar.
Da un poco esa sensación, como si Madrid se estuviera quedando solo para los turistas, igual que Ibiza, y los que vivimos aquí todo el año tuviéramos que irnos porque ya no se puede hacer vida con normalidad.
Totalmente. En Ibiza me daba mucha pena, porque muchos amigos de allí empezaron a sufrirlo. Los precios subieron muchísimo, incluso los del supermercado, pero los sueldos seguían siendo los mismos. Entiendo que suban los precios porque el turismo que llega ahora es mucho más adinerado que antes, pero la gente que vive allí todo el año sigue siendo la misma, y no puede asumir ese nivel de vida.
Pienso que ser actor joven en España no te impide comprender lo que viven los jóvenes de este país. No somos Hollywood ni esa industria que te coloca en otra realidad, muy lejos del suelo, ¿no crees?
No, desde luego que no. A ver, sí que es cierto que me siento en una posición en la que no puedo quejarme lo más mínimo. Obviamente hay gente que lo pasa mucho peor. No me siento en condiciones de quejarme en ese sentido, porque soy consciente de que hay personas que viven en circunstancias mucho más difíciles y me considero una privilegiada. Pero sí, claro, está claro que las cosas están cambiando para todos.
Totalmente. Cuéntame, ¿te costó entender o conectar con tu personaje al principio? Lo pregunto porque a veces a los actores no les llegan los guiones en orden y eso complica el proceso.
En este caso sí que los tuvimos desde el principio. La Ruta es una serie que cuida muchísimo a los actores, a la historia y a la interpretación. Es una serie muy de actores, y eso se nota y se agradece. Robert y Clara, los guionistas, son espectaculares, hicieron mil versiones de los guiones, pero siempre tuvimos acceso a todo. Desde el principio pude trabajar con la historia completa, lo cual fue una suerte. Además, la serie no se grabó como se graban normalmente las series, que suelen rodarse de forma cronológica. Como había muchas localizaciones distintas, la grabamos casi como si fuera una película. De hecho, en la segunda semana ya estábamos rodando escenas del final de nuestra trama con Álex. Hicimos mucha preparación previa. Cuando recibí los guiones, tanto Álex como Marina y yo nos preparamos nuestras tramas por separado, pero curiosamente con el mismo coach, Fernando Piernas, que para mí es espectacular. Con él es imposible no entender la historia: te acompaña y te ayuda a conectar profundamente con lo que haces. Y luego, por supuesto, teníamos a Borja, que es el mejor director del mundo. Parece que te estoy hablando de todos, pero es que realmente ha sido un rodaje en el que me he enamorado de absolutamente todo el equipo. Y creo que eso se nota al ver la serie. Ya en la primera temporada se percibía lo bien que funcionaba, y creo que es porque se trabaja con gente con muchas ganas, con talento y con un ambiente muy bonito. Desde el principio sentí una conexión especial con Vicky, la entendí bastante rápido. Obviamente, hubo cosas que tuvimos que pulir, como en todas las historias, y decidir cuál era el mejor camino para contarla, pero fue un proceso en equipo. Nunca me sentí sola. Fue un camino muy bonito de recorrer.
Algo que me ha sorprendido siempre de La Ruta es el tono. La primera impresión que puede darte al oír hablar de una serie sobre esta época de nuestro país es que se trata de una comedia, de un producto divertido y gamberro. Pero la serie se toma muy en serio los temas de los que habla y tiene mucha carga dramática.
Totalmente. Ya pasaba también en la primera temporada. El mundo de la noche es divertido, sí, pero también tiene mucha oscuridad, y no puedes obviar esa parte. Al final la serie habla precisamente de eso: de la noche, de la fiesta, de su cara luminosa y también de la más dura. En la primera temporada quizá los personajes eran más jóvenes y se hablaba más de la amistad, del grupo. En esta segunda parte los personajes han crecido y se abordan temas más adultos: las relaciones, la maternidad, la paternidad, las herencias emocionales y también las genéticas.
Yo, por ejemplo, noto que hay mucha gente que ya no sale tanto. Si les preguntas qué van a hacer el fin de semana, muchos te dicen: “Nada, me quedo en casa, hago planes de día, voy a la sierra…”. Y luego está la otra mitad, la que sigue saliendo a tope. ¿Tú qué papel le das a la noche en tu vida?
Depende mucho de la época en la que me pilles…, incluso de la noche en la que me pilles (ríe). Tengo una parte fiestera, disfrutona, que puede pasárselo muy bien en una noche larga, pero también es verdad que cada vez es una parte más pequeña de mí. Supongo que es normal, que tiene que ver con crecer. Ahora disfruto igual de una buena fiesta, pero mi plan favorito es otro. Me hace más feliz quedarme en casa, cocinar algo rico y ver una película. Para mí, eso ya lo gana todo.
¿Y qué cocinarías y qué película verías?
Ahora estamos en octubre, temporada de Halloween, que es mi época favorita del año, así que tiraría por películas un poco spooky. Soy muy fan de Letterboxd, estoy obsesionada con esa aplicación. Me encanta descubrir cine nuevo y redescubrir películas antiguas. De hecho, últimamente me interesa más el cine clásico que el contemporáneo, aunque voy por épocas.
Ponme algún ejemplo.
A ver… justo el otro día vi una película que me encantó: Daisies, de la directora checa Věra Chytilová. Es sobre dos chicas muy divertidas y alocadas, con una estética increíble. También vi Parents, de Bob Balaban, del 89, que es bastante rara pero me fascinó.
Buah, esa película es bastante rara.
Hace poco vi también otra que me encantó. Todo el vestuario es de Jean Paul Gaultier y me parece preciosa; visualmente es espectacular: The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover.
¿Y por qué Halloween es tu época favorita?
Desde pequeña me ha encantado disfrazarme. Si ves mi álbum de fotos de cuando era niña, en el cincuenta por ciento de las fotos aparezco con un disfraz. Me daba igual el día: podía salir a comprar el pan vestida de Spiderman o de princesa. Y Halloween, además de ser un día de disfraces, siempre me ha atraído por toda esa estética más dark, más misteriosa.
¿Y quién dirías que es la reina de Halloween? Porque la reina de la Navidad es Mariah Carey, pero…, ¿la de Halloween?
Diría que Heidi Klum.
¿Este año de qué te vas a disfrazar?
Estoy dándole vueltas, porque además tengo dos fiestas de Halloween, así que necesito dos disfraces. Sé que uno va a ser Mia Wallace, de Pulp Fiction, 100%. Es sencillo, icónico y me apetece mucho. El otro aún no lo tengo claro. Me ronda la idea de un ángel caído, algo así. Un ángel que ya se ha caído del cielo, que todavía no es un demonio, pero ya no es del todo celestial.
Un buen disfraz para ti sería un bañador rosa, una coleta…, y vas de Margaret Qualley en La sustancia.
¿Te imaginas? (ríe) La verdad es que sería muy guay. Pasaría un poco de frío, eso sí, pero ojo, igual me lo pienso.
Últimamente hemos visto muchos proyectos en los que la fiesta se utiliza como hilo conductor del drama. La Ruta lo hace, y Sirat también, aunque de una forma completamente diferente. ¿Crees que la ficción puede llegar a glamorizar la fiesta?
Bueno, en Sirat creo que precisamente se aborda desde el lado contrario. Hay algo en la película que muestra cómo la noche puede absorberte, cómo puedes llegar a jugarte la vida por ir a una rave, porque hay un punto en el que pierdes el control de dónde estás y de lo que pasa a tu alrededor. Habla justo de eso. En La Ruta tampoco creo que se glamurice la fiesta. Es verdad que hay escenas en las que nos lo pasamos muy bien, porque, al fin y al cabo, la gente también se lo pasa bien de fiesta. Pero no se evita mostrar el otro lado, el más oscuro, el que muchas veces no se ve.
“Más fiesta y más siesta”: esa fue la reivindicación del filósofo Byung-Chul Han durante la Semana de los Premios Princesa de Asturias, como contraataque a la tendencia del individualismo consumista que fomenta el neoliberalismo. ¿No crees que eso es algo que se palpa en nuestra generación?
No lo había pensado nunca, la verdad, pero puede que tenga razón. No lo sé. Sí que es cierto que, al menos en Madrid, desde los años ochenta, desde la Movida, la noche y la fiesta han tenido un papel muy importante. La ciudad ha pasado por muchas etapas, pero la vida nocturna y ese ocio colectivo siempre se han mantenido firmes.
¿Tú dirías que, saliendo de fiesta, has podido hacer amigos o crear vínculos que de verdad luego han continuado más allá de la noche?
Sí y no, como todo en esta vida. La noche es un lugar donde es más fácil relacionarte con la gente, por muchos motivos, y sí, he hecho amigos de fiesta que luego se han convertido en amigos de verdad. De los de cafés, de los de siempre.
No me negarás que la noche, por mucha ciudad como Ibiza, Berlín o Madrid en la que estés, sin las amigas no vale nada.
Hombre, claro, tienes que estar bien rodeada, pero tienes que estar bien rodeada siempre. De noche y de día.
Recuerdo que en una entrevista Anya Taylor-Joy decía que a veces se iba a Berghain a bailar sola. Para mí, salir por mi cuenta me parece bastante aburrido.
Si, a mi también. Nunca me he ido de fiesta sola y dudo que lo haga algún día. Nunca digas de esta agua no beberé, porque nunca se sabe, pero no creo que sea lo mío, la verdad.
¿Y cuál dirías que ha sido la noche más épica de tu vida?
He tenido noches muy bonitas, la verdad. ¿De fiesta? Pues mira, justamente en Ibiza he vivido fiestas muy guays. Creo que cuando una fiesta se celebra cerca del mar, todo mejora. Algo tiene la playa que lo cambia todo.
¿Alguna discoteca o sitio concreto de Ibiza que te flipe o al que guardes un cariño especial?
El Pikes. Es un sitio que lleva toda la vida abierto, también es hotel, y es muy mítico y divertido. No lo conocen tanto los turistas, así que tiene ese encanto más local. Además, tiene una acústica espectacular.
¿Tú te fijas en esas cosas? En plan, en la acústica, en quién pincha…
Bueno, intento, claro. Me gusta mucho la música, así que siempre trato de cultivarme un poco en todo eso. Y sí, la acústica me parece superimportante.
Y hay algún DJ que digas, uf, este me flipa…
Sí, mi amigo Yung Prado. Es buenísimo.
¿No tienes la sensación últimamente de que cuesta encontrar sitios para salir donde no pinchen únicamente techno?
Ya, totalmente. Madrid se está volviendo una ciudad muy electrónica, ¿no? A mí me gusta el techno, pero también se agradece escuchar otros estilos a veces.
¿Y hay algún tipo de música que te gustaría que volviera a estar de moda?
Yo escucho un poco de todo, pero me encanta la música de los noventa, el rock de aquella época, aunque creo que nunca ha dejado de estar del todo de moda. Mis amigos también lo escuchan bastante. Y también me gusta mucho la de los setenta, toda esa escena con The Velvet Underground, Nico… Ese rollo underground me fascina.
¿Qué papel jugó la música a la hora de introducirte en el ambiente de La Ruta. Vol. 2: Ibiza?
Fue muy importante. De hecho, en el guión había muchas indicaciones del tipo “empieza a sonar esta canción” o “entra este tema”. Luego no todas se pudieron mantener en el montaje final, pero desde el principio me hice con una playlist con todas las que aparecían en el guión. A día de hoy todavía me la pongo, porque es buenísima.
Siempre utilizo la música para construir a los personajes. Por ejemplo, en 8, la película que hice con Julio Medem, tenía dos personajes distintos y los diferencié precisamente a través de playlists. Además, como pertenecían a épocas diferentes, eso me ayudaba a entrar en el universo de cada una. Hubo días en los que tenía que interpretar a las dos el mismo día, y la música era la forma más rápida de cambiar el chip. Para el personaje más adulto escuchaba a Estrellita Castro. Y para la otra, que era más joven, tenía canciones de Susi Estrada, una cantante divertidísima de los noventa.
Siempre utilizo la música para construir a los personajes. Por ejemplo, en 8, la película que hice con Julio Medem, tenía dos personajes distintos y los diferencié precisamente a través de playlists. Además, como pertenecían a épocas diferentes, eso me ayudaba a entrar en el universo de cada una. Hubo días en los que tenía que interpretar a las dos el mismo día, y la música era la forma más rápida de cambiar el chip. Para el personaje más adulto escuchaba a Estrellita Castro. Y para la otra, que era más joven, tenía canciones de Susi Estrada, una cantante divertidísima de los noventa.
¿Y qué me dices del cine? ¿Te ayuda ver ficción a la hora de meterte en la piel de tus personajes?
Sí, claro. Cuando estuvimos rodando en Valencia, Álex y yo vivíamos en el mismo edificio, él en el tercero y yo en el segundo, así que éramos prácticamente vecinos. Todos los días nos juntábamos para ver películas, veíamos miles. A mí me gusta mucho ver cine para inspirarme; siento que es una forma de nutrirme de muchos lugares a la vez. No suelo quedarme con una sola referencia o con un personaje concreto, sino que prefiero ver muchas cosas y coger un poco de cada una.
Álex me invitó una vez a ver Los siete samuráis con colegas en su casa, pero no estaba yo en el mood en pleno Primavera Sound (risas).
Sí, nosotros hacíamos ese plan todos los días. Todo lo que se ve en la serie, con tanta fiesta y desenfreno, era justo lo contrario de lo que vivíamos durante el rodaje. Íbamos al gimnasio cada tarde, cocinábamos ensaladas, dejamos de fumar los dos… Estábamos más sanos que nunca antes en nuestra vida.
Más allá de Álex, se nota que con el resto del reparto también ha surgido una conexión fuerte, ¿no crees?
Sí, totalmente. Con todos me llevé muy bien, de verdad. Había algo muy bonito en el rodaje, y era que cada actor que llegaba lo hacía con una ilusión enorme y unas ganas auténticas de trabajar. Eso se notaba mucho en el ambiente. Aunque sólo tuviéramos una secuencia juntos, como pasaba con Fernando Delgado, con quien tengo una trama importante pero pocas escenas, todos queríamos que la historia se contara bien. Ensayamos muchísimo, hicimos ejercicios juntos…, fue muy divertido. Con Lucía Martín Abello también fue muy fácil, porque ya nos conocíamos de antes y eso ayudó mucho, sobre todo porque teníamos que interpretar a dos amigas muy unidas. En general, todo el mundo llegaba con energía, compromiso y cariño por el proyecto. Y eso, al final, se nota en pantalla.
Fíjate que charlando contigo me da la impresión de que eres una actriz que se lleva los personajes a casa…
Sí, totalmente. Yo les sigo dando vueltas incluso después de terminar los rodajes. Es un poco mi forma de trabajar. Cuando me meto en un personaje, lo hago de verdad, a fondo, y hasta que no acaba el proyecto no consigo soltarlo del todo. Aunque siga con mi vida, siempre está ahí, en algún rincón, acompañándome. Y sí, a veces me absorbe un poco, pero también me parece algo útil y bonito. Me gusta trabajar así, vivir el proceso desde dentro y dejarme llevar por lo que el personaje me va enseñando.
¿Hay algún personaje que eches de menos?
Bueno, Vicky es uno de ellos. Pero hay un personaje, al que echo especialmente de menos, que interpreté en una obra de teatro que hicimos hace años, La Pilarcita. Estuvimos dos años representándola en la sala Off del Lara, solo los fines de semana, así que podíamos compaginarla con otros proyectos. Era una obra preciosa, de verdad. Yo estaba en escena toda la hora y cuarto que duraba, sin parar, y cada función era como un viaje. Entraba allí y me olvidaba del mundo; era casi meditativo. Tenía que estar tan presente en el personaje que se convertía en una especie de escape, de refugio. Es un papel al que le tengo muchísimo cariño y que echo mucho de menos.
Se me viene a la cabeza ese papel tan loco que hiciste en la película Delicious, debió de ser muy intenso.
Esa película sí que fue más complicada, la verdad. Tuvimos muchas dudas sobre hacia dónde llevar al personaje, y esas dudas se mantuvieron incluso durante el rodaje, algo que a mí no me gusta nada. Me encanta prepararme mucho antes, llegar al set con todo el trabajo hecho y poder simplemente disfrutar, sentir y dejarme llevar. Pero en Delicious fue distinto. Al principio lo teníamos clarísimo durante la preproducción, pero luego, ya rodando, empezaron a surgir dudas generales: no solo sobre mi personaje, sino también sobre el tono de la película. Recuerdo esas semanas como un pequeño quebradero de cabeza, bastante estresante, la verdad. Aunque por suerte se solucionó enseguida, y al final todo salió bien.
¿Qué consideras imprescindible a la hora de involucrarte en un proyecto?
Bueno, para empezar, que la historia me resulte apetecible. Normalmente tiene que ser un guión que me mueva por dentro, que me remueva algo, que me haga pensar o sentir de una forma distinta. Si leo algo y me deja indiferente, sé que no es para mí. Necesito notar esa chispa, esa sensación de querer contar eso.
Con tu trabajo en La Ruta. Vol 2: Ibiza, ¿te sientes satisfecha?
Con mi trabajo…, a ver, yo soy muy perfeccionista, y siempre tengo esa sensación de que podría haberlo hecho mejor. Pero también agradezco ser así, porque me mantiene en movimiento, con ganas de seguir aprendiendo y mejorando. La primera vez que vi la serie, en un visionado con el equipo, me quedé estresadísima, pero eso me pasa siempre. La primera vez que me veo en cualquier proyecto me juzgo muchísimo, soy muy autocrítica, a niveles que a veces me hacen daño. Pero ya lo tengo asumido, sé que me va a pasar y voy preparada. Y luego, cuando la volví a ver hace poco, con más calma pensé, bueno, no está tan mal. Creo que todo lo que había que contar está contado.

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